Queremos acoger

Fuente: Propia

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La gente de Il lavoro culturale me pidió un artículo sobre la manifestación del 18 de febrero #VolemAcollir. Esta es la primera versión en castellano que escribí del mismo.

Queremos acoger

El pasado sábado nos levantamos con un artículo de Elvira Lindo en El País titulado “Adiós Gran vía”. En dicho texto, la escritora elaboraba una crítica altamente superficial a la multitud, a las masas, y lo hacía escondida tras referencias cultas y ese cierto desparpajo que la ha hecho famosa. En defensa “del individualismo solidario contra la sociedad de masas”, citando a Albert Camus, justificaba su posición frente a la entrega que, siempre según la autora, se había hecho del paisaje urbano a las clases populares. Más allá de estas consideraciones ciertamente elitistas de la autora gaditana –hace bien en reconocer que, en determinadas ocasiones la tildan de pija, pues artículos como el reseñado, así parecen confirmarlo- desde mi punto de vista comete un craso error al igualar a los usuarios de calles y plazas con los consumidores, a la multitud con la sociedad de masas. En lo único en que se podría estar de acuerdo con ella es en la consideración de que, ciertamente, hace tiempo que los poderes públicos han dejado el paisaje urbano –la ciudad, en definitiva- en manos del Capital (con mayúsculas). Algo que a ella le molesta profundamente, entre otras cosas, porque no le permite llegar, en tiempo y forma, a su lugar de trabajo.

Decía Manuel Delgado que el fantasma que recorría Europa en el siglo XIX, y que tan famoso hicieron Marx y Engels, no era tanto el comunismo, sino las masas; unas masas organizadas que, a través de su presentación y apropiación del espacio urbano sembraban el terror entre una poderosa burguesía industrial que, no solo se hallaba al mando de las economías nacionales, sino que también estaba alcanzando el poder político. Conceptualizaciones como espacio público o el propio desarrollo de disciplinas como la psicología social o la incipiente sociología –con autores como Gustave Lebon o Gabriel Tarde a la cabeza- pusieron su grano de arena a la hora de enfrentar un fantasma que suponía el gran miedo burgués, en palabras de Artemio Baigorri. Desde entonces, muchas cosas han cambiado, otras no tanto.

El mismo sábado que Elvira Lindo publicaba su artículo se producía una de las mayores manifestaciones que ha vivido Barcelona en los últimos años –de hecho, dejando de lado aquellas vinculadas al 11 de septiembre, se trataría de la más multitudinaria desde el No a la Guerra de 2004- y la mayor de Europa en relación con la política de refugiados que se está aplicando en el viejo continente. Unas 160.000 personas, según la Guardia Urbana, y más de medio millón, según los organizadores, rellenaron de tal manera el espacio comprendido entre la céntrica Plaça de Urquinaona y la Barceloneta que, ya había finalizado el recorrido, cuando todavía quedaba gente en el primero de los emplazamientos que no se había movido de su sitio. El objetivo de tal demostración de poder de las masas –no deja de ser curioso que, en inglés, manifestación se traduzca por demonstration– no era otro que el exigir al Gobierno del Estado que cumpla con sus compromisos en lo referente a la acogida de refugiados, así como una mayor valentía en las políticas de acogida y en la resolución final de los distintos conflictos que se llevan a cago en Siria y Oriente Medio. Y todo esto enmarcado en el particular conflicto que vive el Estado español y que se manifiesta, parafraseando a la geógrafa Doreen Massey, en distintas geometrías del poder. Por un lado, el mencionado acuerdo alcanzado por el Reino de España en el seno de la Unión Europea (UE) de acoger a más de 17 mil refugiados de los que, a finales del año pasado, solo habían llegado setecientos; por otro, el empeño del Ajuntament de Barcelona en presentarse, junto a otras instituciones municipales del Estado, como Ciutat Refugi, olvidando, cuando le conviene, ofrecer tal refugio a vecinos y vecinas que ya habitan la ciudad, y, por último pero no menos importante, el papel de una Generalitat de Catalunya embarcada en un inacabable desafío al Gobierno de Madrid bajo principios independentistas, con todas las contradicciones que ello contempla. Unos por acción y otros por omisión intentaron sacar partido de la manifestación del sábado.

“Queremos acoger”, era posible leer en algunas de las pancartas. Queremos, es decir, la primera persona del plural, nosotros, la gente, las masas, muy lejos de las consideraciones y las llamadas a la responsabilidad individual de gente como Elvira Lindo que no acaba de entender que aunque hayan pasado más de cien años, las masas, como el dinosaurio del cuento de Monterroso, siguen ahí.

PS: En un titular -ciertamente sacado de contexto- del diario online Público, el periodista Jaume Grau ponía en boca del físico Jorge Wagensberg una frase que, no solo se puede considerar falaz, sino que se encuentra claramente cargada de sentido político. “Somos individualmente inteligentes y colectivamente estúpidos”, venía a decir un texto que, entre otras cosas, subrayaba la capacidad del ser humano por incidir negativamente sobre la estabilidad ecológica de nuestro planeta. Estos días, sin embargo, en Barcelona hemos sido testigos de, precisamente, todo lo contrario. El 18 de febrero asistimos en Barcelona a un verdadero acto de inteligencia colectiva –aunque a algunos les pese- cuando miles de personas salieron a la calle para manifestar su deseo de cambiar las políticas europeas y estatales de asilo a los refugiados. Mientras, unos días después, un estúpido acto individual –que puede verse en la foto- negaba tal derecho mediante un grotesco NO escrito sobre la pancarta de un colegio del barcelonés barrio del Poblenou que se solidarizaba con tal propuesta.

Son precisamente este tipo de manifestaciones urbanas las que deben hacernos comprender el verdadero poder de las masas. En aras de ello, sirva el anterior texto.

Referencias bibliográficas

Baigorri, A. (1994) “Gabriel Tarde, el gran miedo burgués a las masas”, en insumisos.com < http://www.insumisos.com/lecturasinsumisas/El%20miedo%20burgues.pdf>

Tarde, G. ([1904] 1986) La opinión y la multitud, Madrid: Editorial Taurus.

Marx, C. y Engels, F. ([1848] 2013) Manifiesto del Partido Comunista, en pce.es <http://www.pce.es/descarga/manifiestocomunista.pdf>

 

 

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El patrimonio en el marco del nuevo turismo urbano

Este texto lo escribí como introducción al proyecto de IIIas Jornadas Internacionales de Antropología del Conflicto Urbano: Las trampas del Patrimonio Cultural y sus efectos socio-espaciales a celebrar en Buenos Aires, Argentina, en 2017. Una versión del mismo fue publicado la semana pasada en el blog Seres Urbanos de El País.

El patrimonio en el marco del nuevo turismo urbano

Desde hace unas décadas, asistimos a un cambio gradual en lo concerniente al turismo urbano como fenómeno global. Desde la consideración de las Tourist Bubbles (Judd, 1999), donde los elementos vinculados al turismo y el entretenimiento permanecían separados del resto de la ciudad, hasta aquellos emplazamientos donde, de manera cada vez más frecuente, los usos urbanos cotidianos conviven con los turísticos, de forma que cada vez es más difícil separar los unos de los otros. Los cambios en los gustos y en las demandas de estos consumidores de espacio (Lefebvre, 2013) se han movido, de esta manera, desde las artificiosas recreaciones existentes en ciudades como Las Vegas, en Estados Unidos, o los entornos emblemáticos como el del Taj Mahal, en la India, a la búsqueda de experiencias de ciudad bajo la premisa, siempre utópica, de vivir el destino junto a las denominadas “comunidades locales”, y donde los ejemplos de Barcelona o Berlín (Fuller y Michel, 2014) se nos aparecerían como punta de lanza. Esto es, por ejemplo, lo que venden empresas como Airbnb o su más reciente plataforma Trip, las cuales construyen, de esta manera, una oferta (Pellicer, 2017).

Así, anteriores aproximaciones a fenómenos urbanos como la gentrificación o los problemas de transporte y movilidad han quedado, en cierta medida, obsoletas, ya que es imposible diferenciar los efectos generados por la presencia constante y decidida de consumidores de espacios turísticos, de aquellas otras dinámicas originadas por nuevos vecinos y vecinas que desembarcaban en ciertos barrios en busca de experiencias urbanas (Fuller y Michel, op. cit.).

En este novedoso contexto, el patrimonio juega, cada vez más, un papel fundamental como disputado recurso turístico. Los centros históricos –auténticos reservorios de elementos ideológico-simbólicos- han pasado a convertirse en parques temáticos, dando incluso nombre a un nuevo fenómeno, el de la disneyficación, donde la memoria colectiva está ausente y el turismo ha acabado desplazando al modelo de relaciones sociales anteriormente vigente (Camerin, 2016). Sin embargo, como no puede ser de otra manera bajo la lógica del Capital, la necesidad de nuevos mercados y nuevos espacios para el consumo amplía y traslada el interés del mercado llegando, incluso, a los antiguos suburbios obreros y residenciales. La idea tras ello no es más que continuar con el proceso de mercantilización de las relaciones sociales, acabar con los barrios corsarios, y aprovecharse, como una broma sarcástica, de pretéritos intentos de “monumentalización de la periferia” (Capel, 1994). Sin embargo, esto no queda aquí, ya que los propios habitantes de la ciudad, esto es, tal y como se señalaba anteriormente, las comunidades urbanas se han acabado convirtiendo en un reclamo más, en un elemento del patrimonio –habría que debatir si intangible o no-, donde, se espera “el concurso pasivo de una muchedumbre de usuarios-figurantes que debían avenirse en todo momento a colaborar” (Delgado, 2016).

El contexto de todo ello no deja de ser aquella máxima que daba título a una canónica obra de David Harvey (1989) – el paso de la gestión al emprendimiento – y donde el geógrafo británico destacaba y alertaba sobre el rol cada vez más importante que jugaban las ciudades, en las actuales sociedades occidentales, en las dinámicas de acumulación.

Hete aquí que el papel de las ciencias sociales debe ser constatar los efectos que dichas transformaciones están suponiendo para la vida urbana, en una nueva vuelta de tuerca de fenómenos anteriores, y dar respuesta, en la medida de lo posible, a todos aquellos y aquellas que entienden y conocen que, no hace tanto, existía la aspiración de convertir la ciudad en un verdadero espacio de y para el uso (Lefebvre, 1969).

Bibliografía

Camerin, F. (2016) “El proceso de reconversión de los faros en Italia: el Proyecto “Valore Paese – Fari”, en Blog Urbs, [http://www2.ual.es/RedURBS/BlogURBS/el-proceso-de-reconversion-de-los-faros-en-italia-el-proyecto-valore-paese-fari/]

Capel, H. (1994) “La transformación de Barcelona en una ciudad bella y bien equipada”, en Scripta Vetera, Edición electrónica de trabajos publicados sobre Geografía y Ciencias Sociales [http://www.ub.edu/geocrit/sv-10.htm]

Delgado, M. (2016) “Todas las ciudades están poseídas”, en El Cor de les Aparences [http://manueldelgadoruiz.blogspot.com.es/2014/11/todas-las-ciudades-estan-poseidas.html]

Fuller, H. y Michel, N. (2014) “‘Stop Being a Tourist!’ New Dynamics of Urban Tourism in Berlin-Kreuzberg”, in International Journal of Urban and Regional Research, vol. 38.4, pp. 1.304-1.318.

Harvey, D. (1989) “From managerism to entrepreneurism. The transformation in urban governance in late capitalism”, in Geografiska Annaler. Series B, Human Geography, Vol. 71, No. 1, pp. 3-17.

Judd, D. (1999) “Constructing de tourist bubble”, en Judd. D. y Farnstein, S. (eds.) The Tourist City, London: Yale Press University, pp. 35-53.

Lefebvre, H. (1969) El derecho a la ciudad, Barcelona: Editorial Península

Lefebvre, H. (2013) La producción del Espacio, Madrid: Capitán Swing

Pellicer, Ll. (2017) “Airbnb lanza su plataforma de ocio y experiencias ‘Trips’ en Barcelona”, en Elpais.com [http://ccaa.elpais.com/ccaa/2017/02/27/catalunya/1488219708_912822.html?id_externo_rsoc=TW_CC]

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#CARRERS: NO

Vist a la Plaça Sant Bernat Calbó, Poblenou, Barcelona (07/03/2017)

Font: Pròpia

 

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¿Qué haces Trias?

Fuente: ajuntament.barcelona.cat

Fuente: ajuntament.barcelona.cat

Este artículo se publicó originalmente en el Periódico Diagonal el 31/03/2015

¿Qué haces Trias?

Estos días nos encontramos en Barcelona con una amplia campaña de publicidad institucional que nos invita a recuperar el espacio público urbano del Paseo de Gràcia y la Diagonal para uso ciudadano. La apuesta, impulsada desde el Ayuntamiento, persigue dinamizar esta área de la ciudad durante 16 domingos continuos, desde mediados de marzo hasta finales de junio, en base a una serie de actividades (caminatas de marcha nórdica, conciertos, paseos en bicicleta, exposiciones, itinerarios culturales, la instalación de nuevo mobiliario urbano, la celebración del día de la tapa, vermuts con música, etc.) y cuenta con un presupuesto total de 371.000 euros a razón de 12.000 euros por domingo.

Más allá de la necesidad, o no, de invertir esta cuantía de dinero en el desarrollo de una serie de acciones de carácter lúdico-festivo y del coste de oportunidad que supone no gastarlo en otras zonas y sectores de Barcelona que presentan una mayor necesidad -no olvidemos que, según el Sindic de Greuges, unos 50.000 niños y niñas en toda Catalunya sufren malnutrición, o que la ciudad cuenta con distritos enteros, como Nou Barris, donde se producen hasta 16 desahucios diarios-, y a riesgo de que me llamen demagogo cuando, según datos municipales, el Gobierno de Trias ha incrementado el presupuesto destinado a servicios sociales en más de un 43% en los últimos cuatro años, no puedo evitar preguntarme: ¿Qué haces Trias?

Para encontrar una respuesta a esta pregunta podemos partir de la hipótesis, más o menos fabulosa, de que el actual Ayuntamiento barcelonés es un gran fan de la apropiación pública y popular de la ciudad. Así se podría explicar que se financie y se fomente la ocupación de viarios y aceras por parte de la ciudadanía, cerrando, además, amplios e importantes sectores de la ciudad a la circulación de los vehículos privados. Sin embargo, algunas señales, aquí y allá, nos hacen dudar de que esta sea la apuesta real de la institución municipal.

Si por algo se han caracterizado los últimos Gobiernos de Barcelona, independientemente de su color político, ha sido por avanzar precisamente en dirección contraria. Prueba de ello es, sin duda, el hecho de que Barcelona ha sido la primera de las grandes ciudades del Estado español en contar con una ordenanza municipal, altamente restrictiva, que pretende regular cada uno de los aspectos y actividades que pudieran llevarse a cabo en su espacio urbano. Desde penar y limitar la venta y el consumo de alcohol en público, hasta la necesidad de pedir permisos municipales para celebrar cumpleaños infantiles en los parques y jardines de la ciudad. Esta tendencia al control y la privatización del espacio urbano se ha visto acelerada con la entrada en las instituciones locales de Convergència i Unió (CiU). Entre otras cuestiones, el partido nacionalista ha encontrado en la venta, a bares y restaurantes, de las aceras de nuestras plazas y calles, un nuevo maná desde donde, conjuntamente con el sector privado inmobiliario y turístico, extraer provechosamente las plusvalías producidas por la ciudad. El incremento en el número de terrazas ha sido exponencial y los conflictos manifestados, nuevas versiones de la eterna disputa entre el valor de uso y el valor de cambio, casi continuos. Es por cosas como estas que se nos presentarían ciertas dudas sobre las verdaderas intenciones del Gobierno municipal a la hora de plantear esta recuperación del espacio urbano.

Como contraposición, yo soy de los que piensa que esta iniciativa perseguiría, tal vez, todo lo contrario. A través de un discurso de cierto carácter progresista, el de la recuperación ciudadana del espacio de la ciudad, paradójicamente no se escondería más que una nueva vuelta de tuerca a la privatización de la misma. Con el agravante de que, además, lo estamos pagando entre todos. Porque no me digáis que no es ciertamente sospechoso que se lleven a cabo estas actividades en la Milla de Oro barcelonesa, el Paseo de Gràcia, y en la propia Diagonal, objeto de transformación urbanística en las últimas semanas. El primero, además de contar con algunas de las firmas de lujo más reconocidas y piezas turísticas de renombre como la Casa Batlló o la Pedrera, es objeto reciente de experimentación con algunas de las medidas de la Barcelona Smart City, como las Smartquesinas (sic), 8 paneles informativos situados en algunas paradas de los autobuses urbanos que han costado 560.000 euros. Y la segunda, con una remodelación muy controvertida mediada por la asociación de comerciantes de la zona, que verá ampliar sus aceras para la disposición de terrazas. Ambas actuaciones se ven necesitadas de la aceptación popular para calmar unos ánimos vecinales ciertamente encendidos en vísperas de unas elecciones locales.

Así que, a la pregunta de “¿Qué haces Trias?”, yo respondería sencilla y llanamente con un “Lo de siempre”.

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Un artículo y un tweet sobre exclusión

Fuente: @sninobecerra

Fuente: @sninobecerra

Ha sido encender el ordenador, entrar en Twitter y en algunos medios de prensa online, leer un par de artículos y ver un par de fotos y entrarme ganas de escribir este artículo. Yo es que me cabreo fácil, se ve.

Al lío. Los textos en cuestión podéis encontrarlos en eldiario.es o en elpais.com y se centran en un informe recientemente publicado por esa entelequia llamada Bruselas y que, en esta ocasión, pero también en otras muchas, se denomina Comisión Europea. Algo así como el Ejecutivo Comunitario, que dirían los eurócratas. Pues bien, el Informe España 2017 avanza que el Reino de España (yeahh, el Reino, en el siglo XXI) creció –esto es, vio incrementado su Producto Interior Bruto (PIB)- por encima del 3% el pasado año, pero que esto no ha supuesto mejoras ni avances en determinadas macromagnitudes de carácter social. De hecho, pese a volver a tener una economía en movimiento, aproximadamente el 30% de los españoles y españolas vive en riesgo de exclusión social, siendo esta realidad mucho más cruda en la infancia y los jóvenes.

Y claro, lo primero que uno se pregunta es: ¿cómo es que recuperando tasas de crecimiento superiores al 3%, el Reino de España mantiene dichas tasas de exclusión social? Es más, ¿cómo es que, cuando mes tras mes nos cuentan que la tasa de desempleo –primera política social del Partido Popular- se ve reducida, seguimos manteniendo dichos niveles de exclusión? La respuesta aparece clara cuando se reorienta la pregunta. Es decir, si en vez de extrañarlos por tal conexión de sucesos –crecimiento y exclusión-, los relacionamos directamente de la siguiente forma: ¿tenemos una alta de crecimiento porque ha aumentado la exclusión social? La respuesta es SI.

Lo primero que hay que decir al respecto es que pobreza y exclusión no son exactamente la misma cosa. La mayoría de los organismos estatales e internacionales utilizan variables macroeconómicas cuando hablan de pobreza. Es mucho más sencillo hablar de pobreza que de exclusión social, sobre todo porque no cuestiones los mecanismos que la producen. Por ejemplo, en España –que sigue los procedimientos estadísticos de Eurostat en estos casos- decimos que hay pobreza cuando los ingresos por unidad de consumo se sitúan por debajo del 60% de la mediana existente en un momento determinado. Esto hace que esta tasa varíe cada año, conforme varíe la mediana. A modo de ejemplo, en 2014 este dato estaba en torno a los 26.785 euros para una familia compuesta por dos adultos y dos niños o niñas, situándose la tasa de pobreza en 16.719 euros anuales. Ahora bien, una familia con esa cantidad de ingresos es pobre, pero otra con un euro más ya no lo es. Son las cosas de las estadísticas –por no hablar de quien, por ejemplo, puede vivir en una ciudad como Barcelona, con alquileres superiores a los 700 o 800 euros en muchas zonas, con esos ingresos-. No entrará a considerar otras cuestiones sobre el concepto de exclusión para centrarme en responder a la pregunta anterior.

Por otro lado, este dato, pese a que cambia anualmente en función de la renta familiar, es de carácter estático, es decir, no muestra la realidad estructural –relacional- que hay detrás del número. Y lo que suele haber detrás de dicha cuantía no son otra cosa que dinámicas de poder, de clase, de imposición y dominación, en definitiva, de explotación. La reforma laboral del PP, de la que el informe de la Comisión también se acuerda a la hora de hablar de exclusión, ha tenido mucho que ver en establecer esta reestructuración del poder de clase cuando a desarmado completamente la capacidad de negociación que, hasta ahora, mal que bien mantenían los sindicatos. El resultado, todos lo conocemos, es una acentuación de la precarización laboral, algo que ha hecho que aumenten los denominados trabajadores pobres, esto es, aquel grupo social que, pese a tener un puesto trabajo, no consiguen alcanzar los ingresos antes señalados. Este grupo supuso, para el año 2016, un total del 14,8% de los trabajadores y trabajadoras. Pero también ha modificado el origen de los ingresos de los hogares. Así, las rentas provenientes del trabajo llevan años cayendo –un -5,2% en 2013- mientras que las del capital suben –un 3,6%- para el mismo año, otro ejemplo manifiesto de tal desequilibrio del poder económico.

Es decir, y para terminar, la exclusión no se produce PESE a que haya crecimiento económico, sino, precisamente, DEBIDO a dicho crecimiento económico, el cual está sustentado y soportado por unas clases trabajadoras y populares cada vez más explotadas.

Para terminar, no se me olvida, la foto a la que hace alusión el título del artículo y que lo ilustra, está tomada del perfil de Twitter del economista Santiago Niño Becerra. Viene acompañada por la siguiente frase: “Hoy 07:15 h. Barcelona. c/Taulat. Junto a hoteles de cinco estrellas. Se está volviendo a los años 20: miseria junto a riqueza”.

Pues es todo, amig@s!

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#CARRERS: Més de patis

Vist al carrer Ramon Turró, Poblenou (Barcelona, 21/02/2017) concretament a una illa que prest desapareixerà degut a que, sota el PGM de Barcelona, ja estava proposada la seva eliminació. Al seu lloc construiran uns blocs de Metrovacesa. Una antiga forma de vida molt arrelada al Poblenou està per desaparèixer.

Font: Pròpia

Font: Pròpia

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Hasta la victoria final… del capitalismo

Fuente: elconfidencial.com

Fuente: elconfidencial.com

El Gobierno lleva un par de semanas amagando con la aprobación de un Decreto-Ley que acabe, finalmente, con uno de los últimos bastiones del fordismo, el sistema regulado de relaciones entre el capital y el trabajo en vigor en Occidente desde la Segunda Guerra Mundial hasta mediados de los años 70: los servicios portuarios.

Bajo la excusa es la obediencia, esto es, de la necesidad de cumplir con las Directrices aprobadas por la Unión Europea (Europa, siempre Europa), así como con las sentencias de su alto Tribunal, el Consejo de Ministros aprobará, si nada lo remedia, la libertad de establecimiento en el sector de la estiba en los puertos de interés general. Para facilitar tal labor, muchos de los medios de comunicación al servicio del discurso oficial -la mayoría con un gran porcentaje de su accionariado en manos de fondos de inversión, bancos y empresas multinacionales con posibles intereses en el sector- llevan ya unos días envenenando el ambiente con titulares altisonantes y amenazadores, “Si alguien nos engaña vamos a reventar todo lo que encontremos” (La Razón), “Los estibadores aseguran estar dispuestos a “reventarlo todo” (El Mundo), o con otros que señalan a los trabajadores de los puertos como unos absolutos y completos privilegiados “Las condiciones laborales de los estibadores están por encima de lo que sería lógico” (ABC). El objetivo no es más que disponer a la opinión pública en contra de los estibadores y a favor de la reforma, algo que ya intentaron llevar a cabo los conservadores, cuando alcanzaron el poder en 2011, en relación con los funcionarios y sus supuestos privilegios, y que solo las movilizaciones y el nivel de politización alcanzado tras el 15M consiguió detener.

Sin embargo, a lo que venimos asistiendo no es más que otro episodio -no será el último, os lo aseguro- de aquella vieja lucha de clases que Warrent Buffet reconocía que gente como él iba ganado. Como decía anteriormente, la forma en que el capitalismo surge tras la crisis de sobreacumulación de los años 70, el neoliberalismo, puede ser interpretada, como señala David Harvey, “como un proyecto utópico con la finalidad de realizar un diseño teórico para la reorganización del capitalismo internacional, o bien como un proyecto político para restablecer (…) el poder de las élites económicas” (2005 [2007] 24). Es decir, como el programa de reinstalación del viejo liberalismo individualista de corte decimonónico que había conducido a las crisis anteriores, la última de ellas, la el 29, con tan funestas consecuencias. Y en esas estamos.

La traslación de las políticas neoliberales puestas en marcha por Reagan y Thatcher en Estados Unidos y el Reino Unido a finales de los 70 y principios de los 80 tuvieron en España su primera plasmación a través de los Pactos de la Moncloa, y se vieron, posteriormente, santificadas a nivel europeo mediante el Tratado de Maastricht, algo que solo gente como Julio Anguita se atrevió a denunciar en su momento.

La idea tras estas políticas es que la liberalización acabará beneficiando, de una forma u otra, a todos. Desde el ahorro que teóricamente supondrá para los consumidores, al obtener productos más baratos en el mercado, hasta una supuesta mayor eficacia económica, ya que las inversiones se dirigirán a los sectores de mayor rentabilidad, un mayor desarrollo regional general, nuevos logros en la transparencia y la previsibilidad, así como la inducción de una mejor y más rápida innovación y transferencia tecnológica. Esto es lo que dicen los libros de texto que se estudian en la mayoría de las Facultades de Economía de todo el mundo. La realidad es, más bien, otra.

La imposición del neoliberalismo, como última y triunfante versión del capitalismo, y sus políticas liberalizadores, no deja de ser un intento de instauración de una sociedad utópica y desigual que únicamente puede ser impuesta mediante la fuerza y la coerción (esto no lo digo yo, sino Karl Polanyi en “La Gran Transformación”). En el caso de la reforma de la estiba, su liberalización conseguirá atraer a numerosos fondos y empresas que someterán a los trabajadores y trabajadoras actuales a nuevas y más duras condiciones laborales. Sus sueldos serán mermados, sus contratos inestables y reconfigurados y la supuesta eficiencia y eficacia económica en forma de ahorro e inversión se trasladará -solo- al bolsillo de los empresarios y accionistas de las nuevas empresas. Las infraestructuras pasarán a ser amortizadas en mayor plazo con vista a obtener más beneficios y el Estado perderá, además, otra herramienta que le capacite para influir en la economía nacional.

En definitiva, este nuevo avance hasta la victoria final del capitalismo europeo y mundial no supondrá más que la consecución de otro sector de trabajadores pauperizado y desprotegido. Cuando los índices de desigualdad y exclusión continúan creciendo y el fenómeno de los trabajadores pobres parece haberse instalado definitivamente en nuestro país, esto solo supondrá otro paso -otra batalla perdida- en una guerra de clases que dura ya más de dos siglos.

Referencia bibliográfica

Harvey, D. (2005 [2007]) Breve historia del neoliberalismo, Madrid: Akal.

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