Vecin@s en peligro de extinción

Esto es el extracto final del artículo “Vecinos en peligro de extinción. Turismo urbano, movimientos sociales y exclusión socioespacial en Barcelona” publicado por la Revista PASOS.

Conclusiones

A lo largo de los anteriores párrafos he intentado demostrar que los movimientos sociales urbanos no son ajenos a las dinámicas de acumulación del capital que, bajo el neoliberalismo, han tomado la ciudad como uno de sus principales nichos de actuación. Ya sea mediante la confrontación de auténticos frentes de clases, siguiendo la concepción marxista más clásica adoptada por gente como Jean Pierre Garnier (2017), ya mediante una influencia indirecta que se manifestaría a través de dinámicas consideradas bajo el prisma de una exclusión socio‑espacial –precarización laboral, incompatibilidades sociales e ideológicas, etc. ‑ las, actividades de movimientos como la plataforma #EnsPlantem no obviarían en ningún momento esta consideración, suponiendo una respuesta tanto a nivel de acción directa, como discursivo.

Ahora bien, la contestación de la plataforma del Poblenou contra el fenómeno del turismo coincide en el análisis de las consecuencias finales del mismo, esto es, el incremento del precio de la vivienda, los cambios en la fisionomía tradicional del barrio y las consecuentes tendencias de desplazamiento socio‑espacial, aunque éstas vendrían a sumarse a las ya generadas por anteriores proyectos urbanísticos, no pudiendo achacarse las mismas, en solitario, al turismo. Quedaría por dilucidar si los próximos pasos de #EnsPlantem acabarán por abarcar también dicha cuestión.

Por otro lado, hay que destacar que dicho análisis no ha caído, hasta ahora en relatos turismofóbicos, más cercanos al fenómeno NIMBY que a consideraciones de tipo material, que sí se han visto en plataformas de barrios cercanos.

Por último, destacar la importancia de este tipo de movimientos, así como sus acciones, para la consecución de cambios en el poder urbano actual. Como me dijeron Clara y Robert, dos de las personas que participan en la plataforma, en una de las asambleas a las que pude asistir: “No se han cumplido al 100% nuestras expectativas. Si acaso hemos alcanzado el 60‑70%, así que no podemos verlo todo de color de rosa, que tenemos que seguir con las acciones en la calle […] tenemos que hacer cosas, hacerlas entre todos.

Publicado en acumulación por desposesión, Antropología del Turismo, Antropología social y cultural, Antropología Urbana, privatizaciones, turismo | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

Grandes eventos en Barcelona, una cuestión de clase

Fuente: publico.es

Este artículo fue publicado originalmente en el diario Público el pasado día 03/04/2019 y en catalán en el diario Públic el 02/04/2019.

Grandes eventos en Barcelona, una cuestión de clase

Todavía no ha comenzado la campaña electoral y los distintos candidatos empiezan a mostrar parte de sus programas. Entre las medidas más llamativas se encuentra la celebración de una nueva olimpiada, por parte de Manuel Valls, o una Exposición Universal, esto de la mano de Collboni. Para un sector de los estudios urbanos, decir que Barcelona es una ciudad que ha crecido a golpe de mega evento se ha convertido en parte del relato hegemónico sobre el desarrollo de la ciudad. Sin embargo, parece indudable que la celebración de grandes acontecimientos de tipo cultural, artístico, religioso o deportivo ha formado, y forma, parte del adn de la ciudad y de la forma que tienen de entender ésta sus dirigentes.

Echando un ojo a la historia reciente de Barcelona, el primero de los eventos dignos de mención sería la celebración de la Exposición Universal de 1888. Aún es posible notar su presencia en la ciudad: desde el Arc de Triomf hasta el propio Parc de la Ciutadella, pasando por el Passeig de Lluis Companys como gran arteria urbana contemporánea. La idea de celebrar este tipo de exhibiciones había nacido en 1851 en la Inglaterra de la Revolución Industrial y el despegue capitalista cuando la, cada vez más consolidad, burguesía inglesa decidió exhibir su enorme poder a través del despliegue de una Gran Exposición de los Trabajos de la Industria de Todas las Naciones. Barcelona fue la siguiente ciudad en acoger un acontecimiento de tales características, no en balde, la capital de Catalunya llegó a alcanzar una enorme concentración de actividad industrial, de forma que parte de su entramado urbano fue conocido como el Manchester catalán.

El siguiente evento destacable es la organización de la Exposición Internacional de 1929. En esta ocasión, la transformación alcanzó parte de la montaña de Montjuïc. La Plaza de Espanya o las actuales instalaciones de la Fira de Barcelona, entre otras, son hijas de aquel momento. La enorme cantidad de población de otras partes del Estado que había acudido a trabajar en la industria de Barcelona o en la construcción del Metro, además de en la propia Exposición, y que ocupaba, con sus infraviviendas, parte de aquella zona, se vio desplazada, entre otros, a barrios de nueva creación, como Bon Pastor, con el consecuente obtención de enormes plusvalías mediante la generación de procesos especulativos que beneficiaron enormemente a los prebostes locales con conexiones con el poder del Estado.

La ciudad habría de esperar a después de la Guerra Civil, en concreto a 1952 y al Congrés Eucarístic, para poder celebrar su siguiente gran acontecimiento. Con él, las élites franquistas buscaron cierto reconocimiento internacional, así como, de nuevo, transformar parte de la ciudad. Las inversiones se centraron, en esta ocasión, en la apertura de las Avenidas Príncipe de Asturias y Josep Tarradellas, y en monumentalizar parte de la Gran Via y la actual Plaça Francesc Macià. Se creó, también, un nuevo barrio: el actual Congrés i els Indians, en el Distrito de Sant Andreu.

Sin embargo, nada de esto podría compararse al evento de los eventos, la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992. Aunque la idea de llevar a cabo una celebración de tal dimensión ya había pasado por la cabeza del exalcalde franquista Josep Maria de Porcioles –el cual había llegado tarde a la fiesta del Congrés Eucarístic-, hubo que esperar a la llegada de la democracia y a la legitimidad que esta otorgaba a las nuevas instituciones y poderes locales para poder desplegar tan enorme metamorfosis de forma desconflictivizada. Hoy día no es una exageración decir que existe una Barcelona de antes y después del 92. La ciudad, que abrió sus puertas al mar y fue capaz de poner en marcha una serie de potentes e importantes infraestructuras, como las Rondas, creó también un nuevo barrio, la Vila Olímpica, epítome del anti-tejido urbano y representante manifiesto de aquello que se ha venido en denominar ciudad dormitorio. La zona, actualmente, cuenta con una de las rentas familiares disponibles más altas de Barcelona, a gran distancia de barrios vecinos como el Besòs, del mismo Distrito. La deuda generada por la celebración de las Olimpiadas, de más de 5.500 millones de euros de presupuesto y financiado en un 66% por las administraciones públicas, principalmente, el Ayuntamiento y el Estado, no se acabó de pagar hasta el año 2009, es decir, más de 17 años después de su celebración, con el consiguiente apalancamiento y restricción de inversiones necesarias a nivel local.

Y eso sin sumar la ruina que supuso el Fòrum de les Cultures, enorme inversión en cemento y hormigón que ha dado lugar a una de las zonas de menos intensidad de uso de la ciudad: la Zona Fòrum. Sin embargo, la actuación sirvió para romper con la consideración de Barcelona como una ciudad consolidada, quebrar la continuidad de su entramado y crear un nuevo, elitista y diferenciado barrio en la ciudad, Diagonal Mar, además de intentar esconder, tras una nueva fachada urbana, barrios como La Mina.

Los proyectos de renovación y planificación urbana implementados como origen y resultado de la celebración de estos eventos manifiestan, además, otra característica: que la historia urbana de esta ciudad es, principalmente, la de unas élites, políticas y económicas, que han tratado de moldearla a su imagen y semejanza. Cualquier intento de dividir su historia urbanística, al menos la más reciente, en etapas más o menos consistentes –con fabulosos pasados de urbanismo progresista incluidos- o en función de la escala de la intervención, choca con el evidente carácter de clase de estas grandes transformaciones, las cuales han ido ahondando en las diferencias y desigualdades de los diferentes grupos sociales que conforman la ciudad. Barcelona es, cada vez más, un mosaico social y espacial, entre otras cuestiones, debido a estas intervenciones.

Por eso, cualquier propuesta de celebración de un mega evento –sea una olimpiada o una Exposición Universal- debe ser tomada con bastante cautela. Barcelona tiene enormes problemas –falta de vivienda asequible, bajos sueldos, saturación y privatización de espacios urbanos, etc.-, como para retomar dinámicas que abundarían en los mismos. No podemos olvidar que los grandes eventos en Barcelona han sido, y serán siempre, una cuestión de clase.

Publicado en acumulación por desposesión, Antropología Urbana, David Harvey, Ideología, Marx, neoliberalismo, Sociología, turismo | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario

Manifest: Contra el racisme, aquí i allà, acció i reflexió

Arran del brutal assassinat d’en George Floyd a Minneapolis, la campanya de protestes contra el biaix racial que acostuma a adoptar la violència policíaca als Estats Units –i no únicament allà, penseu en els casos recents de Sant Feliu Sasserra o Premià de Mar– ha derivat en una onada global d’indignació que pren els símbols més il·lustres del projecte colonial com a diana. Res no és casual, res no és gratuït. Richmond, Bristol, Houston, Londres, Miami o Anvers ja han experimentat accions iconoclastes contra les imatges de reis, conqueridors i altres protagonistes d’una vasta estructura de dominació de la qual el comerç d’esclaus cap al continent americà va ser-ne la manifestació més deshumanitzadora.

De de l’Institut Català d’Antropologia ens afegim a aquest moviment manifestant la nostra solidaritat amb les protestes que sovintegen arreu, com també la nostra comprensió respecte a les agressions que estan rebent les estàtues que commemoren la discriminació i l’oprobi colonials. I ho volem fer tot assenyalant que creiem arribat el moment d’encetar un debat públic, serè, sobre el sentit d’aquestes figures també als nostres espais públics, un debat que comprometi la ciutadania oferint-li tota la informació necessària per tal que pugui jutjar l’oportunitat de mantenir, o en cas contrari enderrocar, les imatges de personatges que encarnen una història tèrbola i complexa. Si les nostres administracions es mostren obertes a assumir un repte que en aquests moments trobem inajornable, que no tinguin cap dubte que les antropòlogues d’aquest país hi participarem amb esforç i responsabilitat.

Publicado en Activismo, Antropología Política, Antropología social y cultural, Racismo | Etiquetado , , | Deja un comentario

Gentrificación en el corazón de la excepción sueca

Fuente: Propia

Artículo publicado originalmente en El Salto, el pasado día 17/10/2017

Gentrificación en el corazón de la excepción sueca

“Recuerdo cuando un día, un amigo mío que trabajaba como camionero me dijo, ‘oye, se ha mudado a mi bloque un tipo que, me dicen, es presentador de televisión’. Ambos nos extrañamos, ¿quién vendría a vivir a un sitio como Södermalm, lleno de antiguas fábricas y viviendas obreras? Más tarde nos enteramos de que un músico muy popular también había comenzado a vivir en el barrio. Y una periodista… Un continuo goteo de gente conocida y con recursos. Así comenzó todo”. El relato de Toni sobre la reciente historia de la isla de Södermalm, en Estocolmo, forma ya parte de los cánones de los procesos de gentrificación que han vivido –y viven- muchas de las grandes ciudades de Europa y Norteamérica, aunque también en América del Sur y Asia. Sin embargo, este caso cuenta con una característica añadida: Estocolmo es la capital de Suecia, el paradigma del Estado de bienestar y la socialdemocracia, la excepción sueca.

Al comienzo de la década de los 90, la vivienda en alquiler en Suecia suponía un 57% del total. De este porcentaje, un 22% se encontraba gestionado por la administración, principalmente local, a través empresas públicas; el 16% formaba parte del sector cooperativo y un 18% pertenecía al sector privado. Para el año 1992, Suecia invertía en políticas de vivienda un 4,10% de su Producto Interior Bruto (PIB) cuando, a modo de comparación, España solo dedicaba a ello un 0,98% un par de años antes. Tal y como recogían diversos informes europeos (European Parliament, 12/1996), la política de vivienda sueca se caracterizaba, junto a la de los Países Bajos y el Reino Unido, por una intensa intervención estatal, contando con el sector de provisión de viviendas públicas de alquiler más extenso de la Unión Europea (UE), y niveles de inversión superiores al 3% del PIB.

Sin embargo, la crisis económica que vivió el mundo a comienzos de la citada década y la necesidad de cumplir los criterios de convergencia fijados por el Tratado de Maastricht, unidos al cambio ideológico general sufrido tras la caída del Muro y la desintegración de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), llevaron a Suecia, entre otros, a emprender un potente y dirigido proceso de reestructuración general. El cambio llegó a Suecia para quedarse con la victoria del Partido Moderado, liberal de centro-derecha, el cual gobernó entre los años 1991 y 1994 e introdujo cambios fundamentales en las políticas socialdemócratas tradicionales: recortes de impuestos, disminución en el gasto público, cheques-escolares, privatizaciones parciales en el sistema de salud, la liberalización del mercado de las telecomunicaciones y la energía, así como la privatización de grandes empresas públicas. Cuando los socialdemócratas volvieron al poder de la mano de Göran Persson, no solo no revertieron dichas políticas, sino que abundaron en ellas.

En relación a la vivienda, los sucesivos gobiernos suecos promovieron una notable expansión de la propiedad, redujeron las ayudas al alquiler y fomentaron y liberalizaron el mercado hipotecario, algo que facilitó las condiciones de acceso a la financiación, sobre todo mediante las consecuentes reducciones de los tipos de interés resultado de la convergencia europea. En lo referente al sector público de alquiler, se pusieron en marcha políticas de privatización y reformas legales que permitieron, a modo de ejemplo, transformar las empresas municipales sin ánimo de lucro en ordinarias empresas capitalistas. La vivienda pasó, de este modo, de suponer como señala David Harvey en el artículo adjunto, “un techo sobre tu cabeza, un buen lugar, rodeado de gente agradable”, a una simple mercancía en manos del capital local e internacional.

El proceso relatado por Toni comienza justo entonces, a finales de los 90, cuando Södermalm, tras un periodo inicial en el que sus antiguos edificios y calles -rastros de un pasado industrial- habían atraído a colectivos de artistas y representantes de la contracultura local, pasó a convertirse en un área con fuerte presencia de clases medias y altas, bohemios y miembros de las clases creativas que pueblan sus galerías, calles peatonalizadas y terrazas con privilegiadas vistas al Báltico y sus islas. Un simple paseo por Södermalm muestra, además, como su paisaje urbano ha cambiado. Las antiguas tiendas han dado paso a franquicias de conocidas cafeterías y tiendas de productos naturales y bioresponsables, además de agencias inmobiliarias que muestran pisos de 56m2 y una sola habitación a 4,39 millones de coronas, unos 450 mil euros al cambio actual.

El caso sueco demuestra que el desplazamiento socio-espacial, la gentrificación, solo es posible mediante una intervención estatal que, a veces, puede llegar al paroxismo. Este es el caso de aquellas políticas urbanas que emplean directamente la intimidación, el mobbing o la violencia simbólica con el objeto de forzar el destierro de una parte de su población, como en el caso de la ciudad de Landskrona, una ciudad de tamaño medio del sur de Suecia donde el alcalde ha llegado a realizar declaraciones en la prensa –Sydsvenskan, 23/09/2012- pidiendo a los inmigrantes y los receptores de ayudas sociales que se marchen de la ciudad.

Actualmente, el país se encuentra en una situación controvertida. Las políticas emprendidas han conllevado una importante reducción en la producción de vivienda nueva a pesar de la alta demanda existente. Las medidas destinadas a suplir las necesidades están basadas en el fomento del mercado a través de la agilización de los procesos de planificación y gestión urbanística, ayudas a los constructores privados de viviendas, etc. Sin embargo, los precios continúan altos, los inquilinos de alquiler público, siguiendo una lógica aplastante, se niegan a abandonar sus viviendas, aunque muchos se han subido al carro de la privatización.

Tal y como me recordara Toni, “la vieja socialdemocracia sueca no existe, acabó con la liberalización de capitales”. En definitiva, posiblemente estemos antes el fin de la excepción sueca.

Publicado en acumulación por desposesión, Antropología Urbana, privatizaciones | Etiquetado , , , , , | 1 Comentario

Los olvidos del derecho a la ciudad

Los olvidos del derecho a la ciudad

Reseña del libro: Apropiaciones de la ciudad. Género y producción urbana: la reivindicación del derecho a la ciudad como práctica espacial. María Gabriela Navas Perrone y Muna Makhlouf de la Garza (Coords.). Pol·len Editorial, 2018

Publicada en la Revista de Antropología Social

El “derecho a la ciudad”, término acuñado por Henri Lefebvre en 1968 pocos meses antes del mayo francés, parece estar viviendo una nueva primavera. No es exagerado decir que su uso se ha vuelto casi cotidiano en medios de comunicación y debates políticos y académicos. Así, desde hace un tiempo es frecuente encontrar, incluso, alusiones reiteradas a este concepto entre aquellos y aquellas antiguas activistas que hoy se encuadran en los conocidos como “nuevos municipalismos” (Mansilla, 2017).En lo que respecta al Estado español, debido a las características propias de su marco competencial y de acción administrativa, el derecho a la ciudad tiene su principal campo de aplicación y batalla política entre los movimientos sociales urbanos (MSU) (Castells, 1997), así como en Ayuntamientos y corporaciones locales. Los ejemplos de su instrumentalización en ciudades como Barcelona y Madrid son elocuentes en este sentido. Así, en el Manifiesto de apoyo a Barcelona en comú, publicado en vísperas de las elecciones municipales de 2015, el derecho a la ciudad venía explícitamente recogido cuando se mencionaba que las ciudades se habían convertido en “un escaparate al servicio de las políticas neoliberales que dificultan la vida y la convivencia en la ciudad.[Poniendo] en riesgo el derecho a la ciudad de los vecinos y vecinas”[1]. Esta alusión directa no fue tan expresa en el programa de Ahora Madrid[2], la candidatura municipalista que actualmente gobierna la capital de España. Sin embargo, ésta si recogía algunos elementos vinculados a la concepción catalana del término. Expresiones como “vecinos y vecinas”, “ciudad al servicio de los intereses de unos pocos” o“convivencia” aparecían recogidos aquí y allá en las propuestas madrileñas. Algo común también a ambas candidaturas fue el hecho de dejar de lado en sus documentos expresiones que, tradicionalmente, se habían venido usando desde la izquierda para calificar las prácticas de gobernanza municipal de las últimas décadas. Así, términos como“capitalismo”, “neoliberal/neoliberalismo” (con la excepción arriba señalada) o “clases sociales” fueron aparcadas en aras de una aproximación pragmática centrada en los problemas directos de una ciudadanía[3] siempre presente.

En relación a esto, últimamente están apareciendo, desde la antropología, artículos y libros que abordan la cuestión desde una perspectiva amplia y no exclusivista que incorpora, además, las miradas de ciencias como la sociología o la geografía humana e, incluso, el urbanismo y la arquitectura. En relación a esto, la obra compilatoria Apropiaciones de la ciudad. Género y producción urbana. La reivindicación del derecho a la ciudad como práctica espacial viene a poner sobre la mesa dos cuestiones fundamentales: por un lado, el marcado carácter anticapitalista del concepto original lefebvriano, algo que tanto los relatos mediáticos como las visiones más institucionales parecen olvidar, y, por otro, la patente desigualdad que viven las ciudades, no solamente en relación a cuestiones vinculadas con la clase social, sino también a variables como el género, las expresiones no heteronormativas de sexualidad o los grupos sociales racializados; elementos estos que desenmascararían la concepción tradicional del derecho a la ciudad como fenómeno aplicable a un supuesto ciudadano modelo, individuo neutro e indiferenciado. Pero vayamos por partes.

Ya el prólogo escrito por Danielle Provansal se cuestionan elementos clave del pensamiento urbano actual que han sido aceptados de forma acrítica por gran parte de la academia[4]. Definiciones como la de “espacio público”, esto es, aquel espacio de y para la ciudadanía, lugar de encuentro y metáfora democrática, pero también de reconocimiento social y de poder, que, entre otras cuestiones,ocultaría ciertas dicotomías que le acompañan indefectiblemente, como la división entre espacio público y espacio privado. Para Provensal, aceptar esta segmentación supone naturalizar la actual jerarquía existente en las relaciones entre géneros, manteniendo el primero como ámbito por excelencia del hombre y situando a la mujer como reina del segundo.

A denunciar la apropiación institucional del derecho a la ciudad dedica María Gabriela Navas su capítulo introductorio. Para esta arquitecta y antropóloga, el recorte al que se ha sometido a este derecho oculta la actual “economía política del urbanismo neoliberal” (Navas, 2018: 28) y trastoca completamente la visión original de Lefebvre del derecho a la ciudad como “derecho a la vida urbana” (Lefebvre, 1978: 138)[5], esto es, a la prevalencia del valor de uso sobre el valor de cambio. Esta consideración parece legitimar, además, aquello que Laurence Coste denominó como la insalvable “gestión despolitizada y tecnocrática” (2012: 12) de la ciudad, de forma que afianzaría el discurso del fin de la Historia (Fukuyama, 1992) y el ‘thereis no alternative’ thatcheriano.

Por su parte, María Rodó-de-Zárate realiza, desde una perspectiva interseccional, una aproximación teórica feministaa este derecho. Mediante la presentación de un estudio comparativo entre las ciudades de Manresa (Barcelona-España) y Ponta Grossa (Paraná-Brasil), la geógrafa catalana señala que la conceptualización tradicional del derecho a la ciudadparece olvidaraspectos clave como el espacio privado -por ser aquél donde se manifiestan de forma más evidente las relaciones patriarcales de poder-;  el derecho sobre el propio cuerpo sexualizado-a veces excluyente en determinadas prácticas de participación-; y elementos emocionales como el ‘estar bien’ en los espacios urbanos abiertos, el cual propone analizar mediante una metodología innovadora, los Mapas de Relieve de la Experiencia.

Los siguientes dos capítulos se circunscriben a la realidad ecuatoriana. En el primero de ellos, las miembros del Colectivo de Geografía Crítica del Ecuador hacen hincapié en la responsabilidad institucional de la República del Ecuador en la violencia ejercida sobre las mujeres. Y para ello señalan la inexistencia de fuentes de información veraz y asequible que permitan realizar un seguimiento y, por tanto, aplicar políticas que garanticen la seguridad y el ejercicio del derecho a la ciudad por parte de las mujeres ecuatorianas. Tras un periodo de reflexión y articulación con otras organizaciones de la sociedad civil del país, el propio Colectivo emprendió la tarea de elaborar una cartografía que permitiera mostrar aquello que han denominado la “Geografía del Feminicidio en Latino América” (Zaragozinet al, 2018: 90). Entre los apuntes teóricos planteados destaca el uso de una terminología considerada más adecuada para subrayar la mencionada desatención y corresponsabilidad por parte del Estado en la violencia ejercida sobre las mujeres[6]. El segundo de los capítulos con protagonismo ecuatoriano pone su foco sobre la realidad cotidiana que padecen parte de las vendedoras callejeras de la ciudad de Quito. Tras una serie de políticas de carácter neoliberal implementadas en el país durante la década de los 80′ y los 90′, el tan recordado Consenso de Washington (Stiglitz, 2003), gran cantidad de mujeres se vieron empujadas a buscar el sustento familiar como comerciantes informales en las calles y plazas de las principales ciudades del Ecuador. Sin embargo, en el caso de Quito, la determinación del Gobierno local por hacer que la ciudad pasara a ser considerada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO conllevó, además, una serie de medidas punitivas e higienistas que acabaron, finalmente, por desplazar la informalidad que representaban estas mujeres más allá del centro histórico. Este auténtico UNESCOCIDIO (D’Erasmo, 2014) vivido por las vendedoras, las lleva a ocupar nuevos emplazamientos y a desarrollar novedosas formas de reciprocidad y ayuda mutua, ejemplo de las cuales representa la constitución de su propia agrupación de comerciantes, la Asociación Matha Bucaram, vehículo democrático y representativo que las empodera y las hace conscientes de su propia realidad frente a instituciones y otros colectivos.

A cómo las jerarquías en el uso del espacio comienzan a una edad muy temprana, y en lugares considerados inocuos, como los patios de las escuelas, dedica el equipo de la Asociación Equal Saree su capítulo llamado Espacios de juego y desigualdades de género en la infancia. A través una metodología de Acción Investigación Participativa, y un proyecto llevado a cabo en el colegio Joan Solans del municipio de Granollers (Barcelona), las autoras reflexionan sobre cómo la disposición física de los diferentes elementos que conforman el espacio del recreo de esta escuela conllevan profundas implicaciones de género. Así, las autoras denuncian hechos como que las principales y mayores áreas del patio se encuentren dedicadas a deportes competitivos, agresivos y activos, típicos de los niños, mientras que las niñas han de buscar ciertas áreas de carácter intersticial para poder desarrollar sus propias modalidades de juego, más tranquilas, con el agravante de que esto no se considera un efecto del propio diseño del espacio, sino como algo ‘natural’ y ‘consustancial’ a la propia realidad de ambos grupos. El trabajo realizado por Equal Saree muestra, además, la potencialidad que este tipo de investigaciones tiene a la hora de implementar medidas reguladoras y preventivas en aras de una mejor y más eficaz política de igualdad desde la Escuela.

El capítulo escrito por la antropóloga Helena Fabré también incide en la realidad de la diferenciación de género y el uso del espacio desde edades muy tempranas. Tomando como punto de partida una investigación previa dedicada a la desaparición de la fiesta de las hogueras de Sant Joan de la ciudad de Barcelona (Contijoch y Fabré, 2016), la investigadora barcelonesa subraya como esta cultura infantil, hoy desaparecida, era sobre todo masculina,delimitando el papel de las niñas a tareas de carácter secundario. La calle, por tanto, no es –y era- ese espacio público y neutral que nos señalan constantemente, sino uno desigual y subordinado para una parte muy importante de la población infantil, la femenina. De esta forma, en los días del #metoo y las huelgas feministas, Helena Fabré nos convida a recuperar cierta memoria de exclusión como elemento referencial de una lucha, la de la ocupación del espacio y, por tanto, del derecho a la ciudad para las mujeres, que todavía mantiene plena vigencia.

El último de los capítulos está dedicado a las nuevas formas de reivindicación del espacio público de parte del feminismo vasco. Tras un breve recorrido por la historia de dicho movimiento, la autora, Maribel Egizabal, centra su análisis en una serie de acciones llevadas a cabo por dos colectivos feministas específicos. El primero de ellos, con sede en el municipio vizcaíno de Portugalete, perseguía convertir un “espacio de temor” (Egizabal, 2018: 232) de la localidad, esto es, un área de escasa visibilidad e iluminación a determinadas horas del día, en otro plenamente accesible para las mujeres a través de medidas de recuperación del barrio, evitando aquellas de carácter securitario. En este sentido, la apuesta fue rescatar para la población aquel ‘ballet de las aceras’ (2011: 78) del que nos hablara Jane Jacobs.  En el segundo de ellos, la autora destaca las acciones desarrolladas por la Asamblea del Movimiento Feminista de Pamplona, la cual, mediante una serie de representaciones de alta carga performativa, pretendió realizar una impugnación colectiva a una situación que el colectivo consideraba generalizada: la sensación de inseguridad, así como las frecuentes agresiones sufridas por las mujeres durante la celebración de las fiestas, sobre todo en horario nocturno[7].

Para finalizar, este libro forma parte de la última línea de obras relacionadas con la antropología puesta en marcha por Pol·len Edicions y que se centran, principalmente, en cuestiones urbanas. Pese a algunas fallas de edición y corrección, el libro se presente como una oportunidad magnífica para recuperar un concepto, el derecho a la ciudad, aunque sin desnaturalizar su concepción original e incorporando una visión más amplia del mismo, teniendo en cuenta, sobre todo, que si no es un derecho para todos y todas, el derecho a la ciudad no dejará de ser exclusivo para una parte de la población y, por tanto, excluyente para el resto.

Bibliografía

Borja, Jordi. (2011). Espacio público y derecho a la ciudad. En VVAA, El derecho a la ciudad (pp. 139-164). Barcelona: Institut de Drets Humans de Catalunya.

Castells, Manuel. (1997).Movimientos sociales urbanos. Madrid: Ed. Siglo XXI.

Costes, Laurence. (2012). Del ‘derecho a la ciudad’ de Henri Lefebvre a la universidad de la urbanización moderna. Urban, sept.-feb.: 1-12.

Contijoch, Marta y Fabré, Helena. (2017).La ciutat de les fogueres. Els focs de Sant Joan i la cultura popular infantil de carrer a Barcelona. Barcelona: Pol·len Edicions.

Delgado, Manuel. (2016). Ciudadanismo. Una reforma ética y estética del capitalismo. Madrid: Ed. Catarata.

D’Eramo, Marco. (2014).Unescocidio. New LeftReview, 88: 52-59.

Egizabal, Maribel. (2018). Nuevas formas de reivindicación del derecho al espacio público desde el movimiento feminista. Haciendo frente a los lugares de temor. En Navas Perrone, M.G. y Makhlouf, M. (coords.) Apropiaciones de la ciudad. Género y producción urbana: la reivindicación del derecho a la ciudad como práctica espacial (pp. 217-252). Barcelona: Pol·lenEdicions.

Fuckuyama, Francis. (1992). El fin de la Historia y el último hombre. Barcelona: Planeta.

Jacobs, Jane. (2011). Muerte y vida de las grandes ciudades. Madrid: Capitán Swing.

Lagarde, Macelona (2006). Del femicidio al feminicio. Desde el Jardín de Freud, 6: 216-255.

Lefebvre, Henri. (1978).El derecho a la ciudad. Barcelona: Península.

Mansilla, José A. (2017). Los nuevos municipalismos y el fin de la Historia. Quaderns-e, 22(1): 1-4.

Navas Perrone, María Gabriela. (2018). La vida urbana como derecho a la ciudad. En Navas Perrone, M.G. y Makhlouf, M. (coords.) Apropiaciones de la ciudad. Género y producción urbana: la reivindicación del derecho a la ciudad como práctica espacial (pp. 25-44). Barcelona: Pol·len Edicions.

Stiglitz, Josepth. (2013).Los felices 90: la semilla de la destrucción. Barcelona: Taurus.

Zaragozin, Sofia. (2016).Interseccionalidad constituida en el Espacio. Escuela de Estudios de Género, Boletín Anual, 5: 40-48.

[1]Las cursivas son mías. Para más información sobre el ‘Manifiesto’ ver: https://barcelonaencomu.cat/es/manifiesto-de-apoyo. Sobre el programa electoral de Barcelona en común (BeC) ver: https://barcelonaencomu.cat/sites/default/files/programaencomun_cast.pdf. Es justo señalar que el programa de BeC sí recoge en una ocasión el término ‘clases sociales’ al referirse a los embarazos adolescentes (pág. 41).

[2] Para más información ver: https://ahoramadrid.org/ahora-madrid/programa/.  El Manifiesto por Madrid, publicado por el Observatorio Metropolitano, documento que actuó como base teórica-programática de una parte de lo que posteriormente fue Ahora Madrid, recoge en su última página “la gran oportunidad para reactualizar ese viejo ‘derecho a la ciudad’” (2009: 70)

[3] El antropólogo Manuel Delgado ser refiere a esta forma de actuar como “ciudadanista” (Delgado, 2016).

[4]Referentes intelectuales de los “nuevos municipalismos”, como Jordi Borja, vienen apostando desde hace tiempo por una visión del espacio público completamente desconflictualizada, presentando éste como “condición y expresión de la ciudadanía, de los derechos ciudadanos” (2011: 140).

[5]Para Pedro Jiménez-Pacheco, el derecho a la ciudad sería, más bien, la propia lucha por el valor de uso en el espacio urbano. Comunicación personal. Agradezco al Dr. Jiménez-Pacheco su aportación al debate sobre este tema.

[6]Así, se escoge el término fenimicidio, en cuentas de femicidio, por resaltar el primero la omisión del Estado (Lagarde, 2006)

[7]El desencadenante de ambas acciones, tanto la de Portugalete como la de Pamplona, fueron dos intentos de agresión a

mujeres. Habría que destacar, sin embargo, que ambas acciones se produjeron antes del conocido como ‘Caso de la Manada’, cuando una chica fue forzada y violada por un grupo de hombres el 7 de julio de 2016.

Publicado en acumulación por desposesión, Antropología social y cultural, Antropología Urbana, Geografía, Marx, neoliberalismo | Etiquetado , , , | 1 Comentario

Antropología, razas y COVID-19: la desinformación de un artículo de El País

Carta enviada al Defensor del Lector de El País en respuesta al artículo “No diga raza” de Javier Sampedro publicado el 13 de abril.

Este documento recoge las firmas hasta el día 4 de mayo, las firmas actualizadas después de ese día están disponibles en el enlace https://forms.gle/FRMKpAfMPdA72b4Z6

Antropología, razas y COVID-19: la desinformación de un artículo de El País

Como profesionales de la Antropología, desde la ASAEE (Asociación de Antropología del Estado Español) queremos llamar la atención sobre la necesidad de ser cautxs y dar una información muy precisa sobre la categoría “raza,” desterrada por los genetistas (y la Antropología) desde hace ya muchas décadas. El Sr. Sampedro no sólo no es cauto, sino que defiende el uso de esta categoría al tiempo que ridiculiza a quienes no la utilizamos en nuestros estudios científicos. El autor se descalifica a sí mismo afirmando, por ejemplo, que las personas de piel negra son buenos músicos de jazz debido a su exclusiva carga genética.

El artículo trata un tema importante, la vulnerabilidad al COVID-19 de la población hispana y afro-americana en Estados Unidos. Pero, para hacerlo, defiende la existencia de razas y critica a la Antropología porque “cambian raza por etnia y a seguir escribiendo tesis”. Cuestionar el término “raza” es imprescindible porque biológicamente no existen distintas razas y porque culturalmente sus efectos clasificatorios crean unas diferencias que se leen (como en la propia columna) en clave de superioridad y/o supremacismo racial con consecuencias nefastas.

Por último, nos parece completamente inexacta, desinformada y malintencionada la crítica que se hace a la Antropología. Sampedro se refiere a esta disciplina en tono caricaturesco y paternalista diciendo que sus profesionales “se pasan el día estudiando a tribus del Amazonas que no han tenido contacto con la civilización”. No, no nos “pasamos el día” con pueblos del Amazonas, y cuando lo hacemos, sin duda, no es para buscar “razas”. Este es un ejemplo más de un desconocimiento que el autor puede remediar si consulta la web de ASAEE (asaee-antropologia.org/antropologia/la-profesion) para ver la variedad de cosas que se hacen en Antropología.

En un momento tan difícil en el que la información veraz y contrastada es más necesaria que nunca, les pedimos que se contraste la información antes de publicar artículos como este, en el que se trasmite la idea de que “naturalmente” hay disciplinas superiores a otras y “razas” superiores a otras.

Para conocer el listado de firmantes, clica aquí.

Publicado en Activismo, Antropología social y cultural | Etiquetado , , , , , | 1 Comentario

Los expertos son los nuevos sacerdotes

Fuente: elpaís.com

Si hay una palabra, un término que, estos días, ha adquirido notable relevancia, este es el de experto. Desde el Gobierno central se señala que la situación volverá poco a poco a la normalidad “cuando lo digan los expertos”. Cada día, esperamos frente al televisor, la radio, la prensa o el ordenador para ver, escuchar o leer la “opinión de los expertos”. Todos conocemos, en mayor o menor medida, los nombres de alguno de estos expertos. En un tiempo y un espacio sin fútbol, sin nuevas producciones musicales o cinematográficas, sin nuevas estrellas mediáticas, los expertos han tomado su lugar; estamos en sus manos, los expertos nos salvarán.

En la Introducción para la crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, Marx nos señalaba cómo la reforma protestante iniciada por Lutero había “transformado los clérigos en laicos, porque ha convertido los laicos en clérigos. Ha liberado al hombre de la religiosidad extema, porque ha recluido la religiosidad en la intimidad del hombre. Ha emancipado al cuerpo de las cadenas porque ha encadenado al sentimiento.” Lo que el filósofo alemán nos quería aportar con estas palabras era que, con la desaparición del papel tradicional del sacerdote -el clérigo-, los individuos podían, por fin, relacionarse directamente con Dios, sin intermediarios. Así, habiendo liberado a la comunidad de creyentes de parte del poder terrenal de la Iglesia, la había emancipado, pero también dejado expuesta y desamparada sin una figura que pudiera, desde ese momento, interpretar y dar sentido a esta relación. Lo que Marx anunciaba era que Lutero, en cierta medida, había inaugurado la modernidad; una modernidad exenta de ritos y mediaciones que daría comienzo, como sería posible ver poco tiempo después, no solo al inicio de una novedosa forma de relación con lo sagrado, sino también al reinado de la razón, de la ciencia y la tecnología; a la era del hombre prescindiendo de Dios.

Sin embargo, este abandono de lo sagrado no trajo consigo una laicización total de la sociedad si no, más bien, todo su sustitución. Como bien señalara el antropólogo Josep Ramon Llobera en El Díos de la Modernidad, el ser humano encontró pronto nuevas deidades a las que venerar, como la nación, la democracía o la misma ciencia, las cuales vendrían acompañadas de la figura carismática del político, el pensador, el técnico.., el experto.

En estos momentos de confinamiento impuesto, tiempos de zozobra social, económica y social, de angustia sobre nuestro futuro, vemos como, quizás, nunca disfrutamos realmente de esa teórica emancipación. Nos hemos sometido sin mucho cuestionamiento a las restricciones implantadas por unos políticos que, además, se encuentran en manos médicos, biólogos, epidemiólogos, virólogos y otros tantos -logos que deciden sobre nosotros desde una aproximación supuestamente neutra, la ciencia, pero que como toda obra humana no deja de ser política. De este modo, estos expertos median entre nosotros y nuestro futuro, convirtiéndose en los nuevos sacerdotes.

Publicado en Antropología Simbólica, Antropología social y cultural, Ideología, Política, Religión | Etiquetado , , , , , , | 2 comentarios

Respuestas al Cuestionario sobre Protesta Juvenil

Respuestas al Cuestionario sobre Protesta Juvenil del Grup de Recerca en Joventut, Societat i Comunicació (JOVIScom).

Durant el seminari es va parlar de la gran capacitat de mobilització que ha demostrat la joventut en moments puntuals, però també en la seva menor implicació en el treball diari d’organitzacions polítiques. Com s’explica que hi hagi grans mobilitzacions, si els agents polítics més estables són tan febles? Fins a quin punt això és un fenomen nou o més accentuat que en el passat? Quines diries que en són les causes principals?

Yo creo que si algo caracteriza este tiempo en el que vivimos es, precisamente, el de la disolución de las grandes estructuras clásicas que han dado sentido -y estructurado- el comportamiento de las sociedades capitalistas de las últimas décadas. Podemos discutir los motivos, pero yo soy de los que piensan que es precisamente el giro neoliberal del capitalismo el principal factor para explicar algo así. Este es un fenómeno que explicó Marx en su momento para analizar la emergencia del capital; para que éste se produzca fue necesario, previamente, acabar con otras formas de relacionarse, de producir, etc. El nacimiento del capitalismo se construyó sobre las bases de un momento anterior. Algo así pasa con las nuevas formas políticas: el triunfo de los últimos 40 años de neoliberalismo se deben, en gran medida, a la eliminación de los mediadores clásicos como actores políticos, sociales y económicos: los sindicatos, los partidos políticos, etc. Pero esto no significa que la conflictividad haya desaparecido, todo lo contrario, pero los modos de expresión son distintos. Colectivos más efímeros, más espontáneos, con menos ímpetu por alcanzar el “poder”, sea eso lo que sea, sino más bien centrados es esferas no institucionales. Un ejemplo de esto sería que la conflictividad urbana ya no tiene como escenario la puerta de las grandes instituciones (Generalitat, Estado. etc.) a la que reclamar cambios, sino otros lugares más simbólicos que están relacionados, más bien, con elementos representativos del mundo actual, las sedes de los bancos, de los hoteles, etc. Los movimientos sociales saben dónde está realmente ostentado el poder, y este no es en los diferentes niveles de la administración de lo público.

També es va parlar de l’aparició -sobretot en les protestes post-sentència- de formes de participació més disruptiva o violenta. La literatura coincideix a identificar un allunyament de la joventut respecte les formes de participació més institucionalitzades, creus però, que això va acompanyat també d’una tendència cap a integrar/legitimar repertoris de protesta més disruptius?

La excepción a lo que he comentado antes sería, precisamente, la sentencia del procés. Aquí, serían las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado aquellas instituciones contra los que se dirigió esta conflictividad, en este caso, representada por la Jefatura de Policía de Via Laietana, pero no otros lugares como la Delegación del Gobierno, etc. Si desaparecen los modos tradicionales de vehicular la conflictividad social y política, es normal que ésta se manifieste de manera altamente expresiva, mediante violencia de todo tipo, física, simbólica, etc. Todo está relacionado.

Un altra aspecte molt present en el debat va ser el creixent distanciament de la joventut amb les institucions polítiques i com la protesta permet vehicular la participació a part de la política institucional. Segons el teu punt de vista, perquè es produeix aquest distanciament? Fins a quin punt diries que aquest descontent amb les institucions comporta també un qüestionament més profund de la democràcia liberal com a sistema?

Creo que he respondido a esto en la primera pregunta. Sí, hay un vaciamiento de la democracia y sus formas tradicionales de institucionalización con el neoliberalismo. El Estado y sus diferentes instrumentos están deslegitimados en la misma medida que el propio capitalismo, ya que se han mostrado como elementos útiles a él, no a los intereses de la mayoría. Es por esto que surgen nuevas propuestas y alternativas, que se vieron más profundamente también durante el 15M, en torno a asociaciones y redes de ayuda mutua a nivel de barrio, etc.

En el seminari, els i les activistes també van posar de manifest la contradicció que hi ha entre aquest distanciament institucional i el fet que gran part de les demandes dels moviments socials necessiten que les institucions prenguin determinades decisions. Fins a quin punt creus que aquestes mobilitzacions són efectives per transformar la realitat que critiquen? Quin paper juguen les polítiques públiques?

Yo creo que los poderes públicos se mueven por la presión social. Es decir, si de algo sirven son, precisamente, para mover la actitud y la dirección de las políticas. Otra cosa es si es ahí donde, verdaderamente, reside “el poder”, o es en otros agentes, como bancos, empresas multinacionales, etc. Esto por un lado, por otro, lo que sí manifiesta este tipo de movilización es una tendencia a un cierto “cambio cultural”, es decir, a resignificar valores, actitudes, etc, que hasta este momento tenían una consideración distinta.

Publicado en Antropología Simbólica, Antropología social y cultural, Antropología Urbana | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario

Abajo la gentrificación

Fuente: Euronews

Este artículo fue publicado originalmente el pasado 25/07/2019 en el diario El Confidencial.

Abajo la gentrificación

El pasado día 19 de julio, el conocido economista liberal Juan Ramón Rallo publicaba un artículo en estas páginas titulado “Viva la gentrificación”. En él, y justo después de tan poco disimulado título, Rallo procedía a loar la labor de esta compleja dinámica urbana mediante el siguiente argumento: la gentrificación no deja de ser un proceso beneficioso para los vecinos y vecinas de los barrios desfavorecidos ya que, entre sus características, se encontraría la atracción de determinado capital humano y social que repercutiría positivamente en la zona disminuyendo la pobreza y facilitando la movilidad social.

El texto continúa con una definición de la gentrificación basada en tres elementos principales. Primero, el objeto de la gentrificación, esto es, un vecindario previamente deteriorado. A esto le sigue el hecho de que dicho lugar es transformado por la llegada de nuevos residentes con una mayor capacidad adquisitiva y nivel estudios que los residentes tradicionales. Y tercero, estos nuevos residentes mejoran el paisaje físico del barrio iniciando un círculo virtuoso que acabaría por modernizar completamente la zona. Rallo se extiende en sus consideraciones sobre la gentrificación señalando que la izquierda, ese ente lleno de prejuicios, estaría profundamente equivocada en su análisis de dicho proceso, ya que, como demuestra una investigación en marcha financiada e impulsada por la Federal Reserve Bank of Philadelphia (sic!), la gentrificación no solo no desplaza a los vecinos y vecinas con menos ingresos, sino que éstos, al permanecer en el barrio, pueden disfrutar de los beneficios generados por las mejoras inducidas tras la llegada de los nuevos residentes.

Pero esto no queda aquí, el estudio citado por Rallo –no publicado en revista académica alguna y, por tanto, sin pasar por la prescriptiva revisión científica- también parece demostrar que ese pequeño porcentaje de población que se ve obligado a abandonar la zona –menor al 3%, es decir, la gentrificación no generaría desplazamiento socio-espacial, sino un incremento total de la población-, no ve alteradas sus posibilidades de empleabilidad, pobreza o movilidad, sino que únicamente ve aumentada su “tristeza” por tener que abandonar su barrio, amigos y redes sociales. Por último, una vez superado ese pequeño obstáculo, la gentrificación continuaría inundando la zona con sus beneficios: reducción de la pobreza, incremento de los precios de la vivienda y, atención, aumento de la probabilidad de acceso a los estudios universitarios por parte de los niños y niñas de aquellos entornos familiares más desfavorecidos de la zona, y todo gracias al contacto –y a la magia, se entiende- de éstos con los nuevos residentes universitarios.

Lo más destacable de la argumentación del estudio, y del propio Rallo, es que todo el proceso parece darse en un cierto vacío social, es decir, en un entorno urbano donde no opera ningún sistema social y económico que pueda ser determinado, y determinar, el comportamiento de los grupos sociales que en él interactúan. Esto, no obstante, podría no ser olvido de Rallo, sino, más bien, el principal esquema conceptual con el que trabaja el (neo)liberalismo, esto es, el de supuesta existencia de una sociedad formadas por sujetos conscientes e iguales que toman decisiones altamente razonadas bajo la premisa de la maximización de sus egoísmos particulares, los cuales, bajo una perspectiva agregada conduciría al mejor de los mundos posibles. En definitiva, la gentrificación sería, simplemente, el mercado trabajando.

Ahora bien, si cambiamos el foco y lo situamos en la forma en que la ciudad es producida bajo el capitalismo, quizás podamos añadir un poco más de luz a las causas de la gentrificación y desmontar, de paso, las argumentaciones esgrimidas en el mencionado artículo. Para comenzar, podemos reformular el concepto de gentrificación dado por Rallo de la siguiente manera: estaríamos hablando de aquel proceso desarrollado en una determinada área urbana –una calle, un barrio, etc.- donde los vecinos y vecinas pertenecientes a las clases medias, medias-bajas y bajas son sustituidos por otros de clases medias-altas y altas. La introducción del concepto “clase” no es baladí, pues la gentrificación debe ser considerada como un eslabón más de las dinámicas de acumulación de capital protagonizadas, cada vez más, por las ciudades desde los años 70. La gentrificación, pero también la turistificación, la disneyficación o la museificación de los centros históricos, constituyen desarrollos que expresan, mediante el protagonismo de distintas variables, la constitución de la ciudad en mera mercancía. Así, a raíz del giro neoliberal, las urbes de todo el mundo se han constituido en escenario ideal para la supervivencia del capitalismo; las dinámicas de explotación han saltado las paredes de las fábricas y se extienden a lo largo y ancho de las ciudades vinculadas a la producción inmobiliaria y a los servicios. No se trata únicamente de la vivienda, aunque su protagonismo es ineludible, sino de la totalidad del entorno urbano y de su reconfiguración en espacio de y para el consumo.

Una vez resituado el concepto, la llegada de los nuevos residentes -actores necesarios para la generación de plusvalías y, por tanto, igualmente explotados- con formas de relacionarse entre sí, y con el espacio, distintas de las tradicionales en el vecindario, generaría una sucesión de cambios en el paisaje urbano -el comercio, los servicios, los espacios de socialización, etc.-, inducidos por las formas de hacer ciudad de estos nuevos residentes. Así, el inherente desplazamiento se produciría no sólo por el incremento del precio de la vivienda –aquí Rallo parece olvidar que gran parte de las clases populares de las ciudades no son propietarias de sus viviendas, sino que viven de alquiler y, por lo tanto, no se benefician de su revalorización-, sino también por la nueva especialización funcional del entramado socioeconómico local, el cual originalmente está destinado a la reproducción social. Para demostrar esto no hace falta, como lleva a cabo el estudio financiado por la Reserva Federal de Filadelfia, abarbar los barrios centrales de las 100 mayores urbes de Estados Unidos, aunque también es cierto que seleccionando la muestra, cualquier resultado es posible. Siendo mucho más humildes, para el caso, por ejemplo, del barrio del Poblenou, en Barcelona, entre los años 2008 y 2018, la renta territorial ha aumentado 6,3 puntos, mientras la población y la estructura de edad se han mantenido más o menos constantes. Pese a la evidente dificultad de extraer enseñanzas, desde los censos a la hora de cuantificar los desplazamientos de población,  podemos conjeturar que este incremento de la renta, que además abarca los años más duros de la crisis, no se ha debido a una mejora súbita de los ingresos de las familias, sino de una sustitución parcial de la población local agilizada por la reforma de la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) de 2013, la cual facilitaba una aceleración en la rotación de los inquilinos e incrementos de hasta dos dígitos en la renta los alquileres, al menos en los últimos 4 años.

Además, para que esto ocurra no es necesario que el barrio o la calle se deteriore previamente. De hecho, en aquellas transformaciones altamente vinculadas al turismo sería justo lo contrario: barrios de clase media, ya reformados, que pasan a formar parte de los destinos turísticos; ningún turista se adentra en entornos deteriorados. En este caso, además, el desplazamiento socio-espacial es más evidente, ya que, en gran cantidad de ocasiones, antiguos hogares son mercantilizados como apartamentos turísticos.

Ni la reducción de la pobreza, ni el ingreso en la universidad de los hijos e hijas de las clases populares de barrios bajo procesos de gentrificación son posibles si estos se han tenido que marchar con sus familias a zonas más asequibles, rompiendo un tejido social que, en gran cantidad de ocasionados, sustituye al salario social que, quizás en entornos más generosos, suple la ausencia de escuelas infantiles cercanas y baratas o permite jornadas laborales poco flexibles y empleos bien remunerados.

En definitiva, y como decía hace poco el sociólogo Javier Gil, negar las consecuencias negativas de las dinámicas de gentrificación para las clases más desfavorecidas sería algo así como una forma de terraplanismo inmobiliaro. Abajo la gentrificación

Publicado en Antropología social y cultural, Antropología Urbana, David Harvey, Marx | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario

¡Ah! Pero, ¿esto es una plaza?

Fuente: Propia

Este artículo salió originalmente publicado el pasado día 20/10/2017 en eldiario.es y catalunyaplural.cat/

¡Ah! Pero, ¿esto es una plaza?

Hace unos días realicé un peculiar ejercicio con mis alumnos y alumnas de grado. La idea era, dentro de la asignatura de Introducción a la Sociología y Psicología del Turismo, confirmar o refutar una sencilla hipótesis a través de una práctica breve de observación participante en un espacio cercano a la Escuela. El lugar escogido fue la Plaça dels Països Catalans y la hipótesis la siguiente: “La Plaça no funciona. Se trata de un lugar básicamente de paso debido a su diseño y construcción”. Esto nos dio luego pie a repasar el origen de este tipo de urbanismo en la ciudad y a plantear posibles alternativas.

Como titulaba el periodista Llatzer Moix, hubo un momento en la historia de Barcelona en que ésta fue La ciudad de los arquitectos. La llegada de los socialistas al poder en 1979, de la mano del PSUC, no lo olvidemos, supuso el acceso a la Casa Gran de una nueva generación de políticos y políticas demócratas que, además, provenían supuestamente de una tradición de izquierdas, portando nuevos aires a las formas de entender la política municipal. Y digo supuestamente porque, tal y como señalara el ex Molt Honorable Jordi Pujol, muchos de ellos eran socialistas de Sant Gervasi, esto es, vecinos y vecinas de una parte de Barcelona históricamente poblado de gent benestant.

Sea como fuere, el comienzo de la década de los 80 en la ciudad condal se caracterizó, entre otras cuestiones, por la escasez de recursos económicos, los inicios del sueño olímpico y la acción acelerada de un Gobierno que se veía en la necesidad de satisfacer las peticiones del poderoso movimiento vecinal de aquel entonces, a la vez que trataba de desmantelarlo. El año 80 fue también el de la llegada a la Delegación de Urbanismo del arquitecto Oriol Bohigas. Aunque éste, famoso por su legendaria afirmación en torno a las necesidades urbanísticas de Barcelona –dignificar el centro y monumentalizar la periferia-, no llegó solo al Ajuntament, sino acompañado por muchos de sus ex alumnos, alumnas y discípulos, los conocidos lápices. Toda una generación de arquitectos que pudo, por fin, poner sus manos sobre Barcelona.

El impulso político, la escasez de recursos y las tendencias arquitectónicas en boga entre los lápices llevaron, entre otros, a la popularización de las conocidas como plazas duras. Serían estas aquellas donde abundaba el hormigón y el cemento, siendo la cubierta vegetal un elemento insignificante, cuando no en directa extinción. Un ejemplo de ello es la actual Plaça dels Països Catalans, frente a la Estación de Sants.

El entorno de la Estación de Sants es objeto de controversia al menos desde la época de Trias en el Ajuntament. Suyas son las palabras, allá por 2015, de que la zona era “una vergüenza lamentable”. El Gobierno de Barcelona en comú, acompañado por los socialistas, como no podía ser de otra manera, retomó la idea de intervenir en el área a través de un plan de “recuperación y protección de los espacios públicos modernos en la ciudad”. De este modo, y tras el consiguiente proceso participativo –marca de la casa en comú-, la idea es reconocer el valor de éste y otros emplazamientos, tales como el Moll de la Fusta y los parques de Diagonal Mar.

Entre las conclusiones de los alumnos y alumnas del grado se encontraron algunos elementos que, quizás, puedan ser de interés tanto para el vecindario como para el equipo municipal. Paso a recogerlos a continuación. En general se considera a la plaza como un lugar de paso; la gente viene y va, mucha proveniente de la Estación de Sants: viajeros de negocios del AVE a Madrid, usuarios de Rodalies, etc. Se trata, además, de un lugar sucio, sin bancos donde conversar o simplemente pararse un instante a recuperar el resuello, ni ningún tipo de vegetación. Tampoco existe equipamiento o instalación alguna que permita una cierta presencia constante en su entorno. En las interpelaciones realizadas a los caminantes, éstos se sorprendían incluso de que el lugar tuviera la consideración de plaza, aunque ésta fuera reconocida con un Premio FAD en el año 1984. En general, la percepción de la misma era como un espacio feo, sucio y con poco uso, aunque algunos vecinos y vecinas de la zona todavía recordaban la zona como un lugar de encuentro y esparcimiento. Entre las propuestas elaboradas se encontraban las de dotar a la escena de algo más de colorido, zonas verdes que permitan respirar al paseante; bancos y espacios de descanso colectivos, evitando los equipamientos individuales que impiden la conversación y, por último, la instalación de zonas infantiles, áreas para perros y un entorno delimitado en exclusiva para skaters, verdaderos amos del lugar a determinadas horas del día. En relación con el entorno, pacificar el tráfico, reduciendo la presencia de vehículos en general, y conectar la zona con la cercana Avenida de Roma.

Éstas y otras ideas podrían ser de interés si la intención es, verdaderamente, que se produzca una reapropiación por parte del vecindario de una plaza que, por muchos premios que tenga, no ha sido nunca nada más que una plaza dura. Y, a veces, ni eso.

Publicado en Antropología Urbana | Etiquetado , , , , , , , , | 1 Comentario