Ya está aquí

Fuente: Metrópolis Abierta

Este artículo se publicó originalmente en el Diario Público el 12/01/2019.

Ya está aquí

Ya está aquí. Tal y como se podía prever, el discurso securitario ha logrado imponerse entre los vecinos y vecinas de Barcelona. Así lo señala, al menos, el último barómetro semestral publicado por el Ayuntamiento, el cual sitúa, por este orden, la inseguridad, el acceso a la vivienda y el encaje de Catalunya en España como los principales problemas de la ciudad. El turismo, por su parte, desciende hasta la séptima posición cuando hace solo seis meses se encontraba entre los tres primeros puestos de la lista.

Un breve repaso al último trimestre del año podría ser suficiente para evidenciar cómo la seguridad ha ido acentuando su presencia en el centro de la atención pública y política local. Baste recordar que, en la rueda de prensa de presentación de su candidatura a la alcaldía, a finales de septiembre, Manuel Valls ya señaló que su victoria electoral supondría acabar con el legado de Ada Colau, el cual el político francés resumía en ‘los narcopisos y el top manta’. La temprana acción de Valls abrió una campaña electoral que, ya entonces, se antojó larga e intensa, y aunque el resto de actores en liza no parecieron, salvo excepciones, seguir la misma estela, las reclamadas actuaciones policiales puestas finalmente en marcha, sobre todo, en Ciutat Vella, con el objetivo de frenar el fenómeno de los narcopisos, así como los distintos, aunque minoritarios, tsumanis vecinales, acapararon la atención pública y contribuyeron a presentar la cuestión como un elemento de destacado protagonismo.

Los sociólogos llevan tiempo advirtiendo que, si hay algún momento en que la metodología estadística no conforma una imagen altamente fiable de los hechos, este es cuando se acerca a la cuestión de la seguridad. Y esto ocurre, entre otras razones, porque no todos los delitos son puestos en conocimiento de las autoridades, y porque la sensación general de seguridad es muy sensible a elementos que, si bien contribuyen a conformar la opinión pública, no tienen por qué estar directamente relacionados con la realidad, como, por ejemplo, una machacona campaña publicitaria de sistemas de alarma. De este modo, las últimas estadísticas del Ministerio del Interior señalan que ha habido, con respecto al año 2017, un incremento de ciertas formas de delincuencia de baja intensidad en la ciudad, como los robos y los hurtos, mientras que otros han descendido sorpresivamente, como el tráfico de drogas. Esto no quita, sin embargo, para que Barcelona siga apareciendo entre las ciudades más seguras del mundo. Así lo señala el informe anual que publica el semanario The Economist, el cual teniendo en cuenta aspectos tales como la salud, al tecnología, las infraestructuras y la seguridad física, situaba en 2017 a la capital de Catalunya en el puesto número 13 a nivel global, justo detrás de Madrid y Frankfurt, pero antes que Bruselas, Londres y París.

Situar la seguridad como elemento protagonista del debate público puede tener, además, consecuencias inesperadas. Solo hay que fijarse cuando, en entornos cercanos, opciones políticas que así lo han hecho han acabado por impulsar a aquellos partidos que hacen de ello su bandera principal y su razón de ser. Y si no, que se lo pregunten al propio Valls, o anteriormente a Sarkozy, que cuando intentaron jugar esa baza en la política francesa solo lograron favorecer al Frente Nacional. Aquí, hasta no hace mucho, nos hemos presentado ante la opinión europea como uno de los últimos bastiones de resistencia frente a la penetración de la extrema derecha. Sin embargo, con el desembarco de VOX en Andalucía hemos sido testigos de hasta qué magnitud se trató sólo de una ilusión momentánea. Avivar, desde distintos sectores políticos y mediáticos, la cuestión securitaria por cuestiones electorales puede tener un beneficiario inesperado que, de hecho, ya está aquí.

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Aeropuertos: espacios de consumo y consumo del espacio

Font: Autor

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation el pasado día 18/09/2018.

Aeropuertos: espacios de consumo y consumo del espacio

Cuando este verano tuve que coger un avión para visitar a parte de mi familia en Menorca, caí en la cuenta de la obligatoriedad que existe, una vez realizado el check-in, de atravesar la sección de Duty Free del Aeropuerto del Prat, en Barcelona, y así continuar avanzando sin problemas hacia la puerta de embarque señalada. Al volver desde Menorca, la situación volvió a repetirse. Es posible que esto ocurra desde hace tiempo y no le haya prestado la atención requerida, pero en esta última ocasión el hecho me ha llevado a plantearme una seria de reflexiones que me gustaría dejar aquí plasmadas.

Hoy en día, los aeropuertos son considerados elementos atractivos en sí, factores de dinamización territorial y generadores de experiencias personales. Estas infraestructuras de transporte, las cuales vivieron su momento de máxima expansión a partir de la inmediata postguerra mundial, fueron diseñados originalmente funcionales y escasamente diferenciados, y han sido mostrados, tradicionalmente, como espacios fríos y deshumanizados. De este modo se les ha adjudicado, con bastante frecuencia, la característica de no-lugar popularizado por el antropólogo francés Marc Augé. Sin embargo, los actuales aeropuertos son pensados bajo una mirada más humana y acogedora. Entre otros, podemos citar como ejemplo de este nuevo tipo de equipamientos, el proyecto de nuevo aeropuerto internacional de Ciudad de México. Ahora bien, muchas veces esta concepción del aeropuerto como una infraestructura, no sólo práctica y cómoda para el transeúnte, sino además estéticamente valiosa y útil como herramienta de desarrollo, adolece de ciertas dosis de fetichismo de la mercancía, en el sentido marxista del término.

Vayamos por partes. La perspectiva del no-lugar augeniana hace referencia a aquellos “espacios donde no pueden leerse las identidades, ni las relaciones, ni la historia”. Son equiparados a cajeros automáticos, habitaciones de hoteles o supermercados. Esta visión, un tanto negativa, olvida claramente que, para determinados grupos sociales, los aeropuertos no sólo tienen identidad e historia, sino que son el proscenio donde se manifiestan importantes procesos sociales de los que son protagonistas. Solo hay que recordar la historia magistralmente narrada por Steven Spielberg en The terminal donde el protagonista de la misma, encarnado por Tom Hanks, vive varios años en una terminal de aeropuerto, o las recientes huelgas protagonizadas por el personal de tierra de aerolíneas como Iberia o Ryanair en el Aeropuerto del Prat de Barcelona. Habría que preguntarles a unos y otros, si para ellos y ellas los aeropuertos son espacios sin identidad, relaciones o identidad.

Por otro lado, el mismo aeropuerto de Ciudad de México, ideado por el combo Normal Foster+Fernando Romero, lleva ya invertidos más de 1.300 millones de dólares, entre alegatos de corrupción, excesivo impacto ambiental y sobrecostos, en un país con un 43,6% de su población viviendo en la pobreza, según la Revista Forbes. La construcción de un aeropuerto supone un enorme coste de oportunidad: dada la situación actual del Tesoro de muchos países, su diseño y construcción supone dejar para otro momento inversiones no tan visibles, pero quizás más necesarias.

Por otro lado, el mencionado fetichismo de la arquitectura que caracteriza a algunos de ellos, véase también el Aeropuerto Adolfo Suarez-Barajas de Madrid y su Terminal 4 diseñada, entre otros, por Richard Rogers, suele venir acompañado por otra de sus formas: el de la tecnología. De forma que la sensación de deshumanización y miedo que generan los aeropuertos, sobre todo tras los lamentables atentados del 11S en Estados Unidos, pretende ser superada por una decidida apuesta por medidas tecnológicas -robots, radares, escáneres- que prometen ofrecer algo imposible: la seguridad total. De este modo, un ambienta agradable, bien definido y con cierto gusto, nos humanizara repentinamente; un proyecto, una tecnología y una construcción adecuada aleja de nosotros el regusto agrio de las amenazas internacionales. Sin embargo, la realidad sería, más bien otra. La conversión de los aeropuertos en plazas públicas -ágoras, zocos, foros-, espacios agradables, desconflictivizados, capaces de acogernos y darnos un contexto, los ha llevado a convertirse en auténticos centros comerciales, espejos de una sociedad que basa su existencia en el consumo.

En este sentido, los aeropuertos se mueven en dos tipos de consumo: el consumo del espacio que supone el desarrollo de una infraestructura como la de un aeropuerto -con su ingente impacto ambiental, territorial, social y económico, muchas veces acompañado de procesos especulativos de suelo-, y su conversión en espacios de consumo. Es precisamente en este último sentido en el que podemos interpretar la obligatoriedad de pasar por la sección de Duty Free antes mencionada o las prácticas empleadas para la concesión de licencias de restauración y cafetería, las cuales han acabado repercutiendo negativamente, en ocasiones, en las condiciones laborales de sus trabajadores y trabajadoras.

En definitiva, cualquier aproximación a la realidad de los aeropuertos actuales debe dejar a un lado la perspectiva ciertamente simplista del aeropuerto como infraestructura-espectáculo y generadora de desarrollo, y abarcar, además, las consecuencias sociales, económicas y medioambientales que el desarrollo de tales equipamientos supone.

 

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Se coge antes a un mentiroso que a un mantero

Fuente: vozpopuli.com

Este artículo se publicó en día 20/01/2019 en el Diario Público

Se coge antes a un mentiroso que a un mantero

Ésta semana hemos vuelto a ser testigos de cómo diversos hechos, estirados y tergiversados en aras de un futuro rédito electoral, acaban cayendo por su propio peso. Así, el pasado miércoles 16, el candidato a la Alcaldía de Barcelona –no se sabe muy bien aun por parte de qué partido o plataforma-, Manuel Valls, exponía en el Hotel Cotton House, invitado por Barcelona Oberta y la Fundació Barcelona Comerç, las líneas generales de su futuro programa electoral. El contexto en el que se celebraba el evento es el de una serie de jornadas que organizan ambos lobbies del comercio barcelonés con los futuros alcaldables de la ciudad.

En su presentación, Valls parecía querer volver a la Barcelona de otros tiempos: se manifestaba en contra de la extensión del tranvía por la Diagonal; planteaba la necesidad de repensar el sistema y la estructura actual de los carriles-bici y las super-manzanas; apostaba por vincular el futuro de Barcelona a la celebración de unos Juegos Olímpicos de Invierno; subrayaba la importancia de continuar impulsando la capital catalana como sede principal de grandes eventos, ferias y congresos, y, finalmente, volvía señalar el top-manta, y la supuesta permisividad del actual equipo de Gobierno en el Ayuntamiento, como uno de los problemas fundamentales de la ciudad. En definitiva, un salto atrás de casi dos décadas.

Pues bien, dicho esto, no pasó más de un día en que algunos medios de comunicación se hicieron eco de una reciente sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona donde se descarta enérgicamente que el fenómeno del top-manta suponga un grave perjuicio económico para marcas como el F.C. Barcelona o Louis Vouitton y Michael Kors. La argumentación esgrimida por la sentencia es de una lógica aplastante: el consumidor-tipo de estos productos no es –“ni remotamente” señala la sentencia- el mismo que podría adquirir las copias de los originales que se ofrecen en las calles de la ciudad. La sentencia no omite la comisión de infracciones, pero las rebaja a la imposición de multas de entre 120 y 240 euros. Por último, la Audiencia señala que no existe ninguna prueba, ninguna, que permita demostrar la existencia de mafias o estructuras delictivas estables en torno al top-manta.

De este modo, si las investigaciones judiciales y los hechos no hacen más que negar la supuesta peligrosidad que generan los manteros en Barcelona, ¿por qué no dejan éstos de aparecer como uno de los principales problemas, tanto para los políticos y políticas, como para algunos medios de comunicación y asociaciones empresariales, algo que ha acabado por calar en la opinión pública local? Este es un artículo de opinión y no un texto resultado de ningún tipo de investigación al respecto. Sin embargo, creo que es posible señalar algunos aspectos que podrían estar detrás de este tipo de iniciativas. Por un lado tendríamos, como ya he señalado en alguna ocasión, el intento de sacar ventaja electoral mediante el continuo espantajo de la supuesta situación de inseguridad e incivismo que vive Barcelona, variable ésta que podría tener el efecto de avivar fuerzas reaccionarias como VOX, que hacen de esta lógica su principal elemento discursivo. Pero, por otro lado, está el hecho de la marcada posición elitista y xenofóbica que esta postura manifiesta, aspecto íntimamente ligado al protagonista de estas declaraciones y a algunas de sus actuaciones. Cabe, además, recordar que la idílica Barcelona de los 90 fue una ciudad construida sobre las espaldas de sus clases populares y en virtud de una idea de ciudad elaborada por su burguesía ilustrada. Los resultados de ese experimento son evidentes: desahucios, precarización y desigualdad.

En definitiva, se coge antes a un mentiroso que a un mantero. Conviene mantener los ojos abiertos y los oídos atentos porque se avecinan unos meses donde este tipo de contradicciones se presentaran de forma frecuente.

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La memoria histórica de los voluntarios uruguayos en la Guerra Civil

Fuente: columnauruguaya.wordpress.com

Este artículo fue publicado originalmente en El Salto Diario el día 8/01/2018.

La memoria histórica de los voluntarios uruguayos en la Guerra Civil

El impacto de la denominada Guerra de España en países del contexto latinoamericano fue tal que, como bien señalan los autores del libro Los voluntarios uruguayos en la Guerra Civil española (Ediciones Banda Oriental, 2017) en su introducción, no sería hasta la Revolución Cubana, a finales de la década de los 50 del pasado siglo, y la aparición de figuras como Ernesto Che Guevara, que gente como Buenaventura Durruti iría desapareciendo, poco a poco, del imaginario político continental. Si bien las Brigadas Internaciones, y el papel que éstas desarrollaron en la contienda española, son hoy día conocidas y reconocidas en países como la propia España, Estados Unidos o Francia -aunque esto no fue siempre así y, por ejemplo, en Norteamérica muchos de los integrantes del Batallón Abraham Lincoln fueron posteriormente represaliados por el macartismo-, la participación en ésta y otras unidades militares de la República Española de contingentes latinoamericanos ha gozado de menos difusión entre el público en general. Por otro lado, conjuntamente al escaso conocimiento de la intervención de cientos de voluntarios del otro lado del Atlántico en la que podemos considerar como la primera guerra contra el fascismo a nivel global, tampoco ha sido frecuente contar con acceso a información abundante y veraz sobre las motivaciones, las organizaciones políticas originarias, los líderes e ideólogos -muchas veces de origen español-, o las publicaciones elaboradas por aquellos y aquellas que atravesaron el océano para unirse a la disputa, o bien ya se encontraban en España al no haber tenido el éxito esperado haciendo las Indias.

El objetivo de la obra pasaría, así, por constituir como objeto de estudio –desarrollado como episodio y éxodo de la gran tragedia española- el legado de los voluntarios internacionales uruguayos, miembros de las clases populares, obreras y estudiantiles del país, en nuestra Guerra Civil desde una posición histórico y política clara: aquella que podríamos denominar como de antimemoria, esto es, la relacionada con las víctimas y los vencidos, tal y como señalara el geógrafo Jacobo García. Y para ello los autores nos embarcan, no en la vida de grandes personajes, de próceres o líderes de grandes movimientos y partidos de masas, sino en la mucho más humilde trayectoria vital de gente como José B. Gomensoro Cabezudo, Virgilio Bottero Mortara y Pedro Trufó Rúa, estudiantes de medicina y derecho respectivamente; de Roberto Cotelo, autodidacta obrero e hijo de obreros de padre vasco y madre gallega o de Luce Fabbri, educadora de origen italiano. Éstos, junto a tantos otros, en el periodo de entreguerras y en el ambiente cada vez más hostil del Uruguay de la dictadura de Gabriel Terra, impulsan y organizan organizaciones como la Federación Obrera Regional del Uruguay (FORU), primera central sindical uruguaya de carácter nacional, la Asociación Juvenil Libertaria (AJL) o la Unión Sindical Uruguaya (USU), todas de tendencia anarquista. Además, ponen en marcha publicaciones como Caminos o Esfuerzo en un intento, no solo de llevar a cabo labores de proselitismo político, sino también de dotar al movimiento libertario de una base teórica y reflexiva apropiada y abundante.

Sin embargo, los protagonistas del libro no son solo miembros de organizaciones y colectivos anarquistas, sino también socialistas y comunistas que viven en sus propias carnes la rearticulación política que supone la desaparición de la II Internacional y el nacimiento de la III, o Internacional Comunista; el surgimiento, desde el Partido Socialista de Uruguay (PSU), del Partido Comunista del Uruguay (PCU), en línea con lo sucedido en otros países, como la propia España, y el diferente apoyo y orientación que van tomando estas organizaciones en relación con las directrices provenientes desde la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Mientras esto sucede en Uruguay, en España, los generales golpistas Sanjurjo, Mola, Franco y Goded llevan a cabo una sublevación militar que desemboca, poco después, en una cruenta guerra que duraría casi tres años. Gabriel Terra, el dictador uruguayo, inicialmente dubitativo, acaba apoyando los contemporáneos regímenes fascistas italiano, nacionalsocialista alemán y, cómo no, el dictatorial autodenominado Bando Nacional encabezado por Franco en España. Este hecho supone, entre otras cuestiones, un intento de rebelión contra Terra en la propia Uruguay, pero sobre todo, que decenas de militantes comunistas miren irremediablemente hacía la Madre Patria a la hora de iniciar cualquier lucha contra el incipiente fascismo mundial. Surgen, de este modo, personajes como Juan José López Silveira, conocido como “El Tape”, condecorado militar y escritor de un conocido manual sobre la táctica de guerrillas, o su hermano mayor Román López Silveira, pero también Abraham Setty, Angel Tzareff, José Facal y tantos otros.

La labor de los autores de Papeles de Plomo cobra aquí aun más valor si cabe ya que, además de la tarea de enmarcar la trayectoria de cada uno de los personajes citados no solo en el desarrollo de la contienda española, sino también posteriormente en los pavorosos campos franceses para refugiados españoles o en el infierno de aquellos de concentración alemanes -como la propia Mauthausen-, en su vuelta a Uruguay, en la organización de Comités de Ayuda diversos e, incluso, en latitudes y momentos tan exóticos como el África de la Segunda Guerra Mundial, en una encomiable investigación archivística llegan a localizar hasta 18 nombres de uruguayos, o nacionalizados uruguayos, participantes en las Brigadas Internacionales, así como en otras unidades del Ejercito de la República. A la complejidad de cualquier investigación -complejidad de los materiales, falta de medios, de acceso a la información, ausencia de testigos vivos, etc.- hay que sumarle aquí el hecho de que muchos de los uruguayos y uruguayas que lucharon en la Guerra Civil ya estaban en España al comienzo de la sublevación fascista, tenían pasaporte español, con lo que no se integraron como extranjeros en las citadas Brigadas o, una vez disueltas éstas por Negrín en 1938, permanecieron en España luchando en unidades regulares de lo que iba quedando de resistencia republicana.

Por este y otros motivos, un libro como Papeles de Plomo no solo es pertinente en el momento histórico que estamos viviendo, donde incluso regímenes aparentemente consolidados -como la propia democracia española surgida de la Constitución del 78- están siendo puestos en duda, sino también necesario, ya que viene a cubrir un hueco en la historia y en la memoria de la lucha antifascista y nos permite, además, alejarnos de los caminos más trillados y tópicos recorridos a la hora de acercarnos a la realidad latinoamericana histórica y actual.

En definitiva, Papeles de Plomo supone una propuesta fresca y coherente con el renacer del interés por el estudio de la memoria; de su búsqueda en virtud de la necesidad de las sociedades modernas de dotarse, una vez desaparecidas la redes de seguridad que ofrecían las pequeñas comunidades tradicionales y las familias, así como de las grandes certezas de la modernidad, de una identidad colectiva, de una narrativa propia y un lugar en el mundo. Quizás lo último real.

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El turisme com farsa

Este artículo fue publicado originalmente en La Realitat el día 19/06/2020.

Durant els dies de confinament viscuts a conseqüència de l’Estat d’Alarma (EA), els carrers de moltes ciutats i pobles s’han vist desproveïdes d’una presència habitual: els turistes. En el cas de la capital de Catalunya, obstinada des de fa dècades a esdevenir una Copacabana barcelonesa, tal com deixés dit l’alcalde franquista Josep Maria de Porcioles, l’efecte de veure el seu entramat urbà buit de visitants ha estat encara més impactant, si cal.

Durant escassos tres mesos, llocs tan visitats com el Barri Gòtic, la Rambla, les platges i altres han estat testimonis de canvis impactants en la seva forma d’ús habitual, aquella que donava prioritat al valor de canvi per sobre d’una forma de producció de l’espai basada en relacions socials desmercantilitzades, al servei de l’espontaneïtat, la trobada i la sociabilitat potencial típica dels espais urbans. Nens i nenes jugant a la pilota a la porta d’una Catedral reformulada fa gairebé cent anys per mostrar l’esplendor d’una classe social en concret, picnics a l’aparcament del Parc Güell, indret cedit, no oblidem, a la ciutat per al seu ús i gaudi pel propietari original o un Turó de la Rovira que ha recuperat part de la funció principal de la seva transformació, esdevenir un espai d’esbarjo basat en la recuperació de la memòria històrica de Barcelona.

No obstant això, aquesta postal idíl·lica d’una ciutat de i per als seus veïns i veïnes sembla tenir els dies comptats. L’aposta decidida per accedir a una suposada nova normalitat ha portat als diferents nivells del poder polític de l’Estat a posar-se mans a l’obra i acabar, com més aviat, amb aquest miratge. Per a això, des del Govern central, després de molts tires i arronses, s’han flexibilitzat les mesures que impedien el lliure desplaçament entre territoris i s’ha proposat una obertura de fronteres que permeti l’arribada del maná del turista estranger. Encara que, a l’hora d’escriure el present text, no hi ha concretades mesures específiques d’ajuda a el sector, des de Madrid també s’ha assenyalat la necessitat d’avançar en aquest sentit a nivel financier. La Generalitat camina, des de fa mesos, perduda en els seus raons, i al màxim que ha arribat ha estat a plantejar campanyes microsegmentadas amb l’objectiu d’atraure un públic molt concret provinent, en la seva gran majoria, de la resta de l’Estat. I l’Ajuntament de la ciutat… bé, l’Ajuntament de la ciutat és una altra història. A la dinàmica de flexibilització en la concessió de llicències de terrasses més àmplies, el que ha comportat un pas més enllà a la terrazificación dels seus carrers i places, cal sumar-li una aposta decidida, sobretot per part de PSC, soci de Govern de Barcelona en comú, pels avantatges d’un suposat turisme de qualitat -llegeixi, de i per rics-, per recuperar el turisme de creuer i per considerar l’actual Pla Estratègic de turisme 2020, vigent, com la panacea que, amb la seva sola presència , acabarà tots els mals generats per una dinàmica de dècades.

Com deia Marx a El 18 Brumari de Lluís Bonaparte, “la història ocorre dues vegades: la primera vegada com una gran tragèdia i la segona com una miserable farsa”. De aprofitar la situació extraordinària plantejada pel COVID19 per repensar el model de turisme que ens ha portat fins a una situació de massificació, increment insostenible dels lloguers, privatització de l’espai públic, precarietat laboral, impacte mediambiental, etc., depèn que la nostra ciutat no acabi, definitivament, com una farsa.

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La lavanderización de los barrios de Barcelona

Fuente: Opcionis.com

Este artículo fue publicado originalmente en eldiario.es y en catalá en catalunyaplural.cat el pasado 3/11/2017.

La lavanderización de los barrios de Barcelona

Un amigo y yo hacemos colección de los nuevos términos que aparecen, sobre todo en el ámbito académico, pero también en el político, para hacer referencia a determinados procesos urbanos que ocurren actualmente en las ciudades.

El rey de los mismos es gentrificación; creo que no hace falta decir nada más de este concepto. Define aquella dinámica que se produce en determinadas áreas de la ciudad y que consiste en la sustitución de un determinado grupo de vecinos y vecinas de clase social media-baja por otro grupo de clase social más elevada y el consiguiente desplazamiento del primero de éstos. Luego tenemos el de la turistificación, es decir, el referido a aquellas zonas, principalmente urbanas pero no exclusivamente, que ven como su complejidad y su mezcla de usos inicial se ve alterada por una cierta especialización: el monocultivo turístico. Para el término turistificación existen algunos sinónimos, como el de resortización –de resort-. En realidad, todos estos neologismos hacen referencia a procesos interrelacionados cuyo origen se remontan a la estrategia neoliberal centrada en la extracción de plusvalías de las ciudades y de su vida urbana. Así, tras la apariencia neutra de proyectos y planes de dinamización de la economía urbana se producirían efectos colaterales significativos –entre otros la creación de zonas exclusivas y, por tanto, excluyentes-, los cuales vienen precedidos de determinados síntomas, más o menos visibles, y que suponen evidencias del tipo de área y, por ende, de ciudad, que se acaba determinando.

Uno de estos síntomas es la aparición de ciertos establecimientos, comercios y tiendas que, solo unos años antes, resultarían extraños en el paisaje urbano de algunas áreas, calles y plazas. En el caso de Barcelona, por ejemplo, podemos hablar de un incremento sustancial de negocios vinculados al auge turístico de la ciudad condal. Alimentación, inmobiliarias, colmados, restauración, degustación, panaderías, etc., están directamente vinculados a la preeminencia de un sector que se encuentra basado en el consumo de bienes y servicios por parte de unos visitantes temporales, los y las turistas, y en sus necesidades. Sin embargo hay otros, menos evidentes, como las colchonerías o incluso las lavanderías, que parecen resaltar la deriva turística de determinadas áreas de la ciudad.

Si tomamos, por ejemplo, la zona del Eixample Dreta en torno a la calle Diputació, entre Marina y Passieg de Gràcia, llama la atención la apertura reciente de un indeterminado número de lavanderías. Y digo indeterminado porque no existen estadísticas oficiales actualizadas sobre su cuantía, pero solo es necesario darse una vuelta por el entorno para ver cómo estas han proliferado. Hace unos meses, un conocido medio de comunicación, resaltaba el número de este tipo de establecimientos, muchos de ellos en régimen de franquicia, que se estaban abriendo y la oportunidad de negocio que suponían. Solo dos de las más conocidas –la Wash y Fresch Laundry- cuentan con más de 46 establecimientos esparcidos por la ciudad, algunas de los mismos, en la misma calle Diputació. Sin embargo, esto no tendría por qué extrañarnos. Esta calle, justo entre los límites antes señalados, cuenta con un total de 44 apartamentos turísticos legales, mientras que Airbnb, que por todos es sabido no indica la localización exacta de los alojamientos que ofrece, señala 1.544 apartamentos en la zona, de los cuales el 68,1% son completos –hay que señalar, sin embargo, que muchos apartamentos legales son también ofertados en la plataforma de supuesta economía colaborativa. Por otro lado, el Departamento de Estadísticas del Ajuntament de Barcelona señala que el barrio del Eixample Dreta ha experimentado, de 2010 a 2016, un incremento del 2,3% en la importancia del sector turístico y la restauración, pasando del 9,2 al 11,5% en esos siete años. La existencia, pues, de las lavanderías supondría un síntoma que precede a los efectos colaterales antes reseñados.

Así, si mi amigo y yo quisiéramos colaborar con la inflación de nuevos términos para referirnos a procesos urbanos en marcha podríamos señalar la lavanderización como uno de ellos. Mientras, los efectos colaterales conceptualizados por estos neologismos, suman y siguen.

 

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Respuestas a un cuestionario para la revista Tagebuch

Me han preguntado sobre el 15M para la revista Tagebuch, de Austria. Os dejo aquí mis respuestas.

¿Qué cambió el 15M en la sociedad espanola? 


Para mi supuso un punto y seguido en la repolitización de la sociedad. Con mayores y menores impactos por territorios, clases, generaciones, etc., pero desde luego, el despertar después de un cierto periodo de inercia política donde ideas como las clases sociales, los movimientos vecinales, los barrios, el feminismo, el ecologismo, etc., estaban un poco de capa caída. Quizás más los primeros, más vinculados a la cuestión material, que los segundos, pero sí, digamos, el periodo de efervescencia social más importante, y más transversal, desde la antiglobalización de finales de los 90, ppios. de los 2000.


¿Qué queda? 


Queda un par de cosas muy importantes, al menos: por un lado, una ruptura de la hegemonía, del consenso social sobre un determinado tipo de sociedad, de un capitalismo “amable”, y de un acuerdo intergeneracional que permitía el funcionamiento del ascensor social, ambos aspectos que ya no existen. Y, por otro, los restos de unas organizaciones sociales de base, movimientos vinculados al territorio, ciudad, barrios, etc., que no se veían desde las organizaciones vecinales de los 70-80 y que, con sus particularidades, seguimos viendo hoy en forma de PAH, sindicatos de vivienda, de barrio, etc. Eso, y nuevas formaciones políticas.

¿Es la retirada de Iglesias un fin de ciclo como dicen algunos medios?


No sabría decirte, desde luego es el fin de un personaje. No creo que de un ciclo. Me parece que los cambios a nivel infraestructural, la materia prima de la que está hecha la sociedad, son tan profundos y la han fragmentado tanto, que su correspondencia superestructual, la política, la cultura, el derecho, etc., son un reflejo de eso mismo. Iglesias no está, pero la sociedad de la que él emergió, sí.

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¿Se han vuelto locos estos americanos?

Fuente: politico.com

Fuente: politico.com

Este artículo fue publicado originalmente en eldiario.es y catalunyaplural.cat el pasado 15/11/2016.

¿Se han vuelto locos estos americanos?

¿Cómo es posible que los votantes de Estados Unidos hayan elegido a alguien como Donald Trump? ¿Es que acaso no lo han visto mil y una veces proclamando su racismo y su machismo?, ¿es que no han –hemos- sido testigos una y otra vez de su más absoluta grosería, su inquietante falta de escrúpulos, su evidente chulería? ¿Qué ha podido pasar? ¿Son, realmente, los estadounidenses esos paletos descerebrados que nos muestran las teleseries? ¿Se han vuelto locos estos americanos?

Asistimos, ahora, a toda una catarata de interpretaciones, análisis, revisiones y estudios, más o menos serios, que intentan explicar el por qué de esta elección. Somos testigos de multitud de cuadros comparativos, esquemas y representaciones que nos muestran porcentajes de votos divididos y clasificados en función de la raza, la clase social o el sexo de los estadounidenses, en un intento de escudriñar, con herramientas del fondo de cajón de la sociología, qué ha pasado, qué, supuestamente, ha podido fallar para que tal personaje vaya a gobernar los destinos del mundo durante los próximos cuatro o, dios no lo quiera, ocho años. Lo que nadie parece preguntarse, no al menos en voz alta, es por qué si antes las encuestas y los estudios fallaron, por qué ahora van a aceptar en un diagnóstico post-electoral.

Asistimos, además, a una pugna teórica –otra más, algo muy propio de determinadas instituciones, sobre todo académicas, pero también de empresas de comunicación-, por ver qué principios o marcos se ajustan mejor a las insondables razones de los votantes para tal elección: que si se ha puesto de manifiesto que las bases materiales de los norteamericanos no sirven como factor explicativo fundamental, que si el racismo sigue estando en el centro de la vida social local y, por tanto, se trata de un tema cultural, etc.

Con un poco menos de ambición, sin embargo, y a un nivel a medio camino entre lo sociológico y lo filosófico –considerando los mensajes, los relatos y los hechos que nos llegan desde el otro lado del Atlántico-, quizás sea posible dejar entrever una pequeña luz, alguna pista que aporte algo de sentido a toda esta supuesta sinrazón. Y digo supuesta porque -por otro lado, algo muy fácil de decir a toro pasao- creo que el resultado no podría haber sido de otra manera.

Así que aquí va mi hipótesis: la victoria de Donald Trump en las elecciones norteamericanas se ha debido a la interpelación directa que éste ha realizado a un grupo social concreto y diferenciado de la población estadounidense que, en cierta medida, ha sido la gran olvidada de las políticas públicas del país, la antigua y empobrecida clase media y clase obrera blanca. Y esta interpelación se ha basado en el uso de determinados dispositivos ideológicos que han logrado sustanciar, tomar conciencia de sí, a este grupo social en tanto que sujetos independientes. Es decir, y como decía Louis Althusser, ha reclutado sujetos entre los individuos, transformando a los individuos en sujetos.

Además, y continuando con el pensamiento de Althusser, estos miembros de una clase media y baja empobrecida han sido interpelado por otro Sujeto que les ha lanzado el siguiente mensaje: “Yo soy como vosotros y vosotros podéis ser como yo”, reforzando el mecanismo y cerrando el círculo de la práctica ideológica. Este hecho, mucho más difícil de ser llevado a cabo entre las minorías, es fundamental para entender el fenómeno Trump. Así, las propuestas de éste, la renegociación del Tratado de Libre Comercio con México y Canadá, la eliminación el TTIP, el control de fronteras restringiendo la movilidad empresarial y de trabajadores, el establecimiento de aranceles, etc., se dirigen directa y concretamente a este grupo social. Que sean propuestas veraces y efectivas no importa, la conexión entre sujetos y el reclutamiento ya está hecho.

Y así está el tema, aquella gran bolsa de estadounidenses blancos provenientes de entornos sociales depauperados ha votado por el nacionalismo económico, el mantenimiento de puestos de trabajo en el país, por echar fuera a los inmigrantes con los cuales tienen que competir, etc., algo que no debería sorprendernos en una Europa que ha sufrido recientemente el Brexit. Ambas situaciones son altamente parecidas.

Y, ojo, que esto tiene mucho que ver con la falta de expectativas y de esperanzas que el Partido Demócrata genera en esos mismos sectores sociales, ya que las promesas de la preparada Hillary Clinton no iban más allá de un cierto status quo económico y social. El papel de la izquierda institucional no solo es el de presentarse como alternativa política en un contexto de rivalidad electoral, sino también el de canalizar el descontento y la lucha por una sociedad diferente.

De esta forma ahora, quizás, cabría preguntarnos, ¿por qué en España se sigue votando al Partido Popular? ¿Es que están locos estos españoles?

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Un camino a la escuela para todos y todas

Fuente: xarxanet.org

Fuente: xarxanet.org

Este artículo fue publicado originalmente en el blog de El País Seres Urbanos, el pasado día 11/10/2016.

Un camino a la escuela para todos y todas

En el libro La ciudad de los niños, el psicopedagogo italiano Francesco Tonucci apuesta por reforzar el proceso de aprendizaje escolar –en cuestiones como el fomento de la autonomía infantil o la capacidad para relacionarse entre iguales, por ejemplo- utilizando la propia calle para ello. Para Tonucci, las ciudades, sobre todo aquellas del orbe occidental, aunque no solo, se han vuelto hostiles para niños y niñas por diversos motivos. Entre estos podríamos citar la dictadura que el coche ejerce sobre los espacios urbanos, pero también la puesta al servicio del proceso de acumulación capitalista de aceras, plazas y plazoletas, descampados, soportales y arcadas, espacios que, no hace tanto tiempo, eran testigos del reinado de niños y niñas sobre nuestros barrios y ciudades. Y aunque algunas urbes, como Barcelona, de forma totalmente desafortunada, han intentado establecer pautas para que la chiquillería vuelva a tomar las calles, a día de hoy esto aparece como una batalla perdida.

Ahora bien, hablar de chiquillería en general podría ocultar parte de la realidad del problema y, por tanto, dificultar una aproximación eficiente a la búsqueda de soluciones y al planteamiento de alternativas. Los niños y las niñas no viven en igualdad de condiciones el espacio urbano, sino que se encuentran limitados, entre otros elementos, por cuestiones de género. Y no solo, como se encargó muy bien de recordarnos la antropóloga Helena Fabré en un reciente artículo, por la falta de libertad de la mujer joven para moverse libremente por la ciudad, por el dominio del niño -en masculino- sobre el mundo del juego, o por el destino asignado a las niñas, ya desde pequeñas, al ámbito de lo privado –tareas relacionadas con los cuidados, etc.-, sino también, y relacionado con esto último, por las dificultades que éstas tienen para acceder, en igualdad de condiciones, al mundo escolar y, por tanto, a su educación y su futuro.

Tal y como nos recuerdan estos días organizaciones como la ONGD Sonrisas de Bombay, a nivel global, más de 61 millones de mujeres jóvenes no han podido alcanzar un nivel mínimo de alfabetización y, en el ámbito donde ésta trabaja, los slums de la capital económica de la India, muchas niñas abandonan la escuela a edades realmente tempranas. Son hechos como estos los que la han llevado a poner en marcha proyectos como Girl Child Education, con el objetivo de promover la vuelta de las mismas a los programas escolares de educación formal, hecho del que deberíamos ser aun más conscientes un día como hoy, 11 de octubre, Día Internacional de la Niña.

Así, un camino a la escuela en sentido amplio debería tener en cuenta, si verdaderamente queremos alcanzar los señalados objetivos de fomento de la autonomía y la sociabilidad infantil, aquellos principios estructurales que impiden a las niñas acceder, no solo a calles y plazas en igualdad de condiciones que los niños, sino también al más elemental derecho a una educación que les permita ampliar sus oportunidades.

Este camino escolar, por tanto, adquiere gran relevancia en el espacio urbano, por supuesto, pero debe comenzar por garantizar una educación de todos y todas en igualdad ya que, solo así, será posible conseguir una auténtica ciudad de y para los niños y las niñas.

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El Turó de la Rovira de Barcelona, ¿coherencia con el modelo de ciudad?

Fuente: Ajuntament de Barcelona

Este artículo fue publicado originalmente en el diario El Salto el día 06/08/2019.

El Turó de la Rovira de Barcelona, ¿coherencia con el modelo de ciudad?

En 2009, el Gobierno del entonces alcalde por el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), Jordi Hereu, aprobó el primer Pla Estratétic de Turisme de la Ciutat de Barcelona, con horizonte 2015. La iniciativa respondía a uno de los aspectos recogidos en el Pla d’Actuació Municipal (2008-2011): promover un modelo de turismo que potenciara el equilibrio entre residentes y turistas, preservando los valores de la ciudad. Entre sus tres principios básicos se encontraba una apuesta decidida por un tipo de turismo coherente con el modelo de ciudad; un equilibrio en la relación existente entre visitantes y turistas, y la búsqueda, bajo cualquier circunstancia, de la sostenibilidad social, económica, medioambiental y patrimonial de Barcelona. El Pla perseguía evitar los guetos y los barrios exclusivamente turísticos y apostaba firmemente por la cultura como eje vertebrador de la oferta turística.

A Hereu, y a su Gobierno de coalición con Iniciativa per Catalunya – Els Verds (ICV), no les dio mucho tiempo a ver como crecía y se desarrollaba su criatura, ya que en 2011, el PSC abandonaba, por primera vez desde la reinstauración de la democracia en 1979, la sede de la Casa Consistorial. Eso sí, en el trayecto pudo de llevar a cabo algunas de las propuestas recogidas en el Pla Estratègic, en concreto, la idea de fomentar la distribución de las rentas generadas por el turismo, como actividad básicamente económica, al conjunto del territorio de Barcelona, esto es, desconcentrar el turismo. Para ello, entre otras cuestiones, Hereu impulsó la recuperación de las baterías antiaéreas del Turó de la Rovira, las cuales, tras un proyecto de dignificación y mejora de los accesos, llegó incluso a ganar, en 2012, el Premio Europeo del Espacio Público Urbano otorgado por el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) en colaboración con otras instituciones similares de nivel europeo.

La llegada de Convergència i Unió (CiU) y el alcalde Trias a la principal institución de la ciudad solo unos meses después de la inauguración de los, también conocidos, como bunkers del Carmel, con una visión business friendly y una intención decidida por dejar su impronta, desarticuló, en gran medida, los tímidos intentos realizados por los socialistas por gobernar el turismo de la ciudad. Para Trias, el Pla Estratègic había realizado un buen diagnóstico de la situación pero había errado en sus conclusiones y propuestas. Los convergentes creían que la capital de Catalunya tenía que apostar claramente por la Marca Barcelona; convertirse en uno de los principales destinos de turismo internacional; atraer a los cruceros –y los cruceristas- a su Puerto; definir claramente la oferta turística; valorizar sus infraestructuras y mejorar y ampliar el abanico de recursos gastronómicos y hoteleros. Para ello, la estrategia era clara: descongestionar el centro de la ciudad; mejorar las conexiones internacionales del Aeropuerto; eliminar la excesiva burocracia administrativa para el sector turístico; aplicar con firmeza la normativa municipal existente (como la Ordenanza Cívica); mejorar la financiación de la promoción turística; luchar contra la negativa percepción sobre el turismo que empezaba a instalarse entre los vecinos y vecinas de Barcelona, y elaborar un plan de movilidad y señalización adecuado. Todo ello sin olvidar algunas de las máximas típicas de las formaciones de tinte conservador: la mejora de la seguridad, la limpieza y la iluminación de su espacio público y el fomento de la colaboración público-privada. Los resultados de este tipo de política no se hicieron esperar. Proliferaron las solicitudes de licencias para nuevos equipamientos hoteleros (hoteles, hostels, albergues, etc.) y se alcanzaron cotas nunca vistas en la privatización del espacio urbano (mesas y sillas de terrazas) y en la masificación de determinados lugares emblemáticos, hecho que llevó, incluso a la institución de controles de acceso en sitios como el Parc Güell. En lo que respecta al Turó de la Rovira, su conversión en nuevo referente turístico y simbólico de la ciudad bajo la excusa de la distribución de las rentas y la desconcentración turística, fue más allá de la inicial solicitud y participación del vecindario en procesos en post de la merecida dignificación de la memoria de un lugar que simbolizaba la labor de los perdedores de la Guerra Civil, así como la aportación de la inmigración de otras partes del Estado al desarrollo y al crecimiento económico de la propia ciudad de Barcelona.

La llegada de Barcelona en Comú al Ajuntament en 2015 supuso un antes y un después en las políticas turísticas que venía viviendo la ciudad desde hacía décadas. La aprobación del Pla Especial Urbanístic d’Allotjaments Turístics (PEUAT), instrumento legal que perseguía regular la implantación de establecimientos turísticos –hoteles, hostales, albergues, residencias colectivas de alojamiento temporal y apartamentos de usos turísticos-, así como la elaboración y el desarrollo de un nuevo Pla Estratègic de Turisme 2020 que, con sus limitaciones, volvía a poner en el centro del debate la gobernanza turística, se encuentran en el Haber de su actuación municipal. En el Debe, una Ordenanza de Terrazas que no acabó de limitar la privatización del espacio público urbano y no contentó a nadie, ciertas contradicciones con respecto al desarrollo de infraestructuras como el Puerto o la generación de un efecto centrifugador en instalaciones y visitantes ocasionada por algunas de las medidas adoptadas. Con respecto al Turó, los comunes respetaron la Modificación del Plan General Metropolitano (MPGM) de 2010 que habían impulsado los socialistas, el cual, entre otras cuestiones, contemplaba la expropiación de 300 viviendas y la pavimentación-urbanización de actuales zonas verdes con el objetivo de establecer definitivamente el Parc dels Tres Turons, al cual se le añadía la celebración de un concurso internacional de idas.

Las últimas elecciones han dado como resultado el denominado Acord d’Esquerres per al Govern de Barcelona entre Barcelona en Comú y los socialistas. Tras el reparto de carteras, estos últimos han vuelto a ostentar responsabilidades en el área de turismo con, entre otros, el encargo de desarrollar el Pla Estratègic aprobado en el mandato anterior, mantener y revisar parcialmente el PEUAT, renovar y ampliar sectorial y territorialmente el Consorci de Turisme, mantener la línea de trabajo desarrollada hasta el momento en el control de los apartamentos turísticos irregulares y avanzar en la gestión del montante correspondiente a Barcelona de la tasa turística recaudada por la Generalitat. Con respecto al Turó, el Acord señala dar continuidad a las acciones en torno al Parc, pero sin mencionar una revisión de la propuesta del MPGM 2010.

Mientras, el proceso de turistificación de los bunkers ha desencadenado, como era de prever, toda una serie dinámicas contraproducentes para la zona y sus vecinos y vecinas: gentrificación, masificación, especulación inmobiliaria, disneyficación, homogeneización comercial, etc. La inclusión del Turó en los circuitos del Capital han conllevado la mercantilización de su espacio, su conversión, desde la memoria de un espacio (republicano, obrero, furtivo), a una nueva atracción incrustada en las principales guías y mapas de Barcelona.

Su coherencia con el modelo de ciudad es total, pero no con aquel que siempre representó el sueño húmedo de la clase política progresista de la ciudad –vibrante y dinámica ciudad del Mediterráneo-, sino otra al servicio de la atracción de inversiones y turistas.

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