#CARRERS: Imagina i Crea…

Vist entre Sancho de Ávila i Ciutat de Granada, Barcelona (28/11/2016)

Font: Pròpia

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Una vivienda es más que una casa

Fuente: Jordi Antolín

Fuente: Jordi Antolín

Este artículo fue publicado originalmente en El País, en la sección Seres Urbanos de #PlanetaFuturo, el 14/02/2015.

Una vivienda es más que una casa

Me contaban el otro día que, en el contexto de la India urbana, de las grandes ciudades y los slums, resulta muy complicado obtener resultados tangibles en proyectos de cooperación al desarrollo. Aunque no lo parezca, un pequeño habitáculo formado por maltrechos materiales reciclados recogidos de aquí y allí, en una calle cualquiera –si se puede llamar así al espacio que queda entre las abigarradas filas de casas- tiene un coste, y éste no es precisamente pequeño. Asentados, en gran cantidad de ocasiones, en terrenos privados, aunque sea en estas condiciones hay que pagar un precio por tener un techo sobre tu cabeza. Es más, existe un mercado inmobiliario en el interior de los slums. Estos habitáculos se alquilan, compran, venden, traspasan y ceden. Esta es una de las razones por las cuales llevar a cabo cualquier tipo de proyecto en estos contextos es complicado.

Cuando una familia llega a una de estas ciudades, como Bombay, donde entran cada día 900 de las mismas, suele asentarse en las inmediaciones de familiares, vecinos o conocidos. Se forman, de esta manera, verdaderos núcleos, más o menos homogéneos, en cuanto a idioma, religión, procedencia o casta. Esto tiene una explicación lógica. Las familias indias son familias extensas, no se encuentran basadas, como en nuestro entorno más cercano, por un núcleo relativamente estable conformado por una pareja más los hijos de esta. Además es patrilocal, lo que quiere decir que, las parejas, cuando se forman, van a vivir al hogar de origen del marido. Así, lo normal es que en cada casa habiten, no solo la pareja y sus hijos, sino también la madre, padre y familiares del esposo. También es patriarcal, de modo que las propiedades y los derechos se heredan a través de la línea paterna. Estos dos motivos se encuentran íntimamente relacionados con el rol desempeñado por la mujer en la India. Al casarse, esta sale de su casa para pasar a formar parte de la familia del marido, además de no tener derecho a la herencia familiar.

Como decía, estas familias extensas desarrollan lazos de solidaridad y reciprocidad, hacía dentro y hacía fuera, que van más allá de su más inmediata localización. De esta forma, es posible moverse de un sitio a otro y encontrar siempre un punto de apoyo. De hecho, cuando aun bajo la ocupación colonial británica, comenzaron a establecerse los primeros hoteles en la India, muchos pensaron que era tirar el dinero. ¿Para qué pagar un hotel cuando puedes quedarte en casa de familiares o amigos? Aun así, la población de los slums, como todo en las ciudades, es dinámica y las familias van saltando de una calle a otra, de un slum a otro, conforme se hallan asentadas, mejoran sus ingresos o cambian de trabajo.

Sin embargo, estos movimientos poblacionales pueden llegar a dificultar la labor de las administraciones públicas o de las ONGD en su trabajo con las comunidades. Escolarizar a un niño o una niña, controlar su vacunación o dar un microcrédito a una mujer para que ponga en marcha una actividad económica, es muy complicado sin un mínimo de estabilidad. Es por esto que, cualquier política pública que pretenda mejorar la calidad de vida de los habitantes de los slums tiene que pasar, primero, por proporcionar una vivienda en condiciones a los mismos, así como las condiciones para su mantenimiento. Un sitio donde desplegar tu intimidad, desarrollar una vida individual y familiar, trabajar, pero también un punto desde donde relacionarte con tu entorno más cercano, encontrando apoyos con vecinos y vecinas, formar parte de una comunidad.

Una vivienda es más que una casa, es un hogar.

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Algo va mal con las Smart Cities

Fuente: Propia

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Artículo publicado originalmente en el Periódico Diagonal el 09/02/2015

Algo va mal con las Smart Cities

La apuesta del Ayuntamiento de Barcelona por el concepto Smart City es clara. La capital catalana, entre otras cosas, acoge cada año desde 2011, la Small City Expo World Congress, primera Feria internacional dedicada al tema; destina grandes esfuerzos e inversiones a potenciar su imagen como ciudad inteligente, patrocinando eventos y actividades que lo manifiestan ampliamente; cuenta, entre su equipo de Gobierno, con algunos de los principales valedores de esta estrategia, y subvenciona proyectos y programas que articulan las últimas novedades relacionadas con las tecnologías de la información y la comunicación, las famosas TIC, con un teórico nuevo concepto de ciudad que persigue la mejora de la calidad de vida de sus ciudadanos. Ahí es nada.

Entre la retórica que acompaña su conversión en Smart City, aparte de la tan manoseada expresión “calidad de vida”, es posible encontrar conceptos tan ambiguos y genéricos como innovación, autosuficiencia, desarrollo, eficiencia, etc. A mi todo esto me recuerda a aquello que Levi Strauss, recogiendo las aportaciones lingüísticas de Saussure, definiera bajo el concepto de significante flotante, es decir, aquel capaz de asumir múltiples encarnaciones. Los significantes aparecen siempre después que los significados mostrando, de esta forma, que el lenguaje y el conocimiento son siempre una potencialidad, o lo que es lo mismo, estarían constantemente en construcción. De esta manera, estos conceptos ciertamente indefinidos toman forma, a lo largo del tiempo, en función del discurso dominante, o como dirían Laclau y Mouffe, en función de las operaciones de hegemonía. Así, como ciudad neoliberal inmersa en la competencia global por la atracción de capitales, en Barcelona estas nociones adquirirían un significante neoliberal, donde cuestiones como “innovación”, querrían decir competencia, “autosuficiencia”, individualismo, “desarrollo”, capitalismo, y “eficiencia”, economía.

En realidad, tras el concepto de Smart City no se escondería nada novedoso sino, más bien, otro ejemplo de la transformación que han sufrido nuestras ciudades tras la finalización de los cincuenta años de capitalismo embridado posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Una apuesta firme por aquello que los holandeses han venido en denominar, eufemísticamente, sociedad participativa, y que no viene a ser otra cosa que el paso de la consideración de las ciudades como espacios para la reproducción de la vida y la sociabilidad humana, a espacios de inversión y consumo. De esta forma, las ciudades son hoy día áreas para la extracción de rentas, ya sea a través del mercado del suelo, la privatización de los servicios públicos con el establecimiento de nuevos y constantes copagos en los mismos, o la puesta en marcha de novedosos servicios que no suponen más que una nueva forma de liberalización encubierta.

El nivel de aplicación de esta receta está directamente relacionado con la capacidad de aceptación de la misma por la población, es decir, de la intensidad que adquiere el discurso en la búsqueda del dominio hegemónico. Por ello, la mayoría de discursos oficiales se afanan en hacernos creer que vivimos en una ciudad nueva, limpia, agradable y desconflictivizada donde, según el relato oficial, incluso sería posible reducir las desigualdades sociales presentes hoy día a través de la apuesta firme de las Smart Cities. Lo curioso de todo esto es que, con solo rascar un poco, es posible eliminar, aunque sea levemente, dicha pátina impecable y mostrar la cruda realidad.

Mi desconfianza ante la construcción del discurso oficial de Barcelona como Smart City me llevó, hace unas semanas, a investigar un poco sobre el entramado institucional que lo envuelve y, más que información, encontré humo, aunque este casi se podría calificar como tóxico. Entre los ejemplos de este humo tendríamos la Fundación Barcelona Digital Technology Centre, en cuyo Patronato, además del Ayuntamiento de la ciudad y la Generalitat, es posible encontrar a empresas como Abertis Infraestructuras, CaixaBank, Capgemini, Fujitsu, Hewlett Packard, IBM, Tecnocom, T-Systems, la Cambra Comerç de Barcelona, la Fundación ESADE, la Universitat Oberta de Catalunya, la Universitat Politècnica de Catalunya, la Universitat Pompeu Fabra y la Universitat Rovira i Virgili, e invitados permanentes como Microsoft, Oracle y Telefónica. Cosa curiosa es que la presidencia de dicho Patronato recae sobre CaixaBank. La misión de dicha Fundación es la de “impulsar el crecimiento del sector de las TIC y la transformación empresarial hacia la nueva Sociedad Digital, mediante la investigación y el desarrollo de nuevos productos y servicios intensivos en conocimiento y de alto valor añadido, para la mejora de la competitividad de la economía catalana”. Mientras escribo estas líneas, su página web solo cuenta con la Memoria para 2013, aunque lleva funcionando desde hace unos años. Y en concreto, dentro de dicha Memoria, aparte del humo tóxico discursivo que antes referí, en el apartado económico solo aparecen datos relativos a ingresos y no a gastos, con lo que no es posible delimitar su balance.

Como no quise detener aquí mi labor investigadora, dentro de la misma web acudí a la pestaña de “Contacta” con la intención de solicitar una más amplia información. He aquí que me encontré con una nueva sorpresa, pues el formulario de solicitud no funciona, éste te informa de un error con un metafórico mensaje sobre la realidad de las ciudades inteligentes: “Oops, something went wrong”. Luego de esto, dediqué sin resultado toda una semana a informar, vía Twitter, a la Fundación de esta anomalía. Sé que solo es un ejemplo, pero algo va mal con las Smart Cities cuando uno de los instrumentos creados ad hoc para la promoción de las iniciativas empresariales vinculadas a las nuevas tecnologías y la mejora de la calidad de vida, ni siquiera es capaz de ofrecer una respuesta adecuada a los requerimientos de información al respecto.

Queda de nuestro lado ser capaz de, al menos, socavar el discurso hegemónico que puebla hoy día Barcelona y otras ciudades, y mostrar, en la medida de nuestras posibilidades, que bajo su apariencia humanística y tecnológica, no se encuentra más que el dominio del espacio por el capital.

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#CARRERS: Pijos y turistas

Vist al Passatge Mas de Roda, Barcelona (05/11/2016)

Font: Pròpia

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¿Por qué supone un estigma social casarse con un primo? Cuestionario Buena Vida

La periodista Alexandra Lorez, de la sección Buena Vida, de El País.com, me envió un cuestionario sobre el origen de la familia y el parentesco. Os dejo aquí lo que respondí por si le interesa a alguien.

¿Por qué supone un estigma social casarse con un primo? En EEUU está prohibido en más de la mitad de los Estados. He leído que porque se relaciona con una práctica que llevaban a cabo los redneck y los inmigrantes. Sin embargo, dentro de la corte británica se ha llevado a cabo, y por eso allí no se prohíbe. ¿Crees que tiene algo que ver con estas cuestiones o es un rechazo que se encuentra arraigado en el ser humano?

El siglo pasado, Levi Strauss estableció el punto de partida de la aparición de la cultura humana a través de una aproximación al concepto de “incesto”. Para este antropólogo francés, la prohibición del incesto como cultural universal, es decir, su aparición en casi todas las culturas conocidas, es debido a la exigencia de la búsqueda de alianzas. Así, la necesidad de que no se produzcan prácticas incestuosas aparece cuando el ser humano se da cuenta de que tiene que establecer alianzas con otros grupos humanos por su propia supervivencia. Casarse dentro de un mismo grupo mermaba las posibilidades de subsistir, de forma que establecer relaciones de afinidad y reciprocidad con otros grupos humanos a través del intercambio de mujeres (matrimonios fuera del grupo), fue la forma que se encontró de establecer estas alianzas con carácter firme y duradero. Levi Strauus llegaba a decir que ese hecho determinaba la aparición de la cultura y, por tanto, de la propia realidad del ser humano, el momento fundador, digamos. A partir de ahí, las distintas culturas han “santificado”, usando un término religioso, la prohibición del incesto y lo han adecuado a sus propias características. Tradicionalmente, el papel normativo en las sociedades estaba asociado a la religión, de ahí mi referencia. Esta capacidad de la religión comenzó a declinar con la aparición del Estado moderno a partir de los siglos XVII y XVIII. En el catolicismo, por ejemplo, existe esta prohibición entre hermanxs y padres/madres, pero no así entre primxs. Y este hecho podría estar vinculado a la necesidad que tenían los Reyes Europeos por mantener esas alianzas entre reinos, de forma que los casamientos entre familias eran muy normales y el poder Papal se limitaba a hacer de “notario”. Era una relación de beneficio mutuo entre los reyes y el papado. Estados Unidos, sin embargo, se caracteriza por ser un país donde la religión ha jugado y juega un papel fundamental a la hora de dictar las conductas sociales todavía hoy. Desconozco exactamente el caso, pero posiblemente, sean aquellos estados con una mayor presencia de sectas protestantes las que han acabado elevando la restricción de las relaciones entre primos al carácter de ley como forma de evitar la consanguinidad de los rednecks y, a su vez, la expansión de la minorías inmigrantes. Al final, todo es una cuestión de poder.

En 2008, el ministro de medioambiente británico, Phil Woolas atribuyó el alto porcentaje de bebés con defectos genéticos a la práctica que es tan habitual en la comunidad pakistaní. ¿Se amparaba el político en ello para llevar a cabo una política racista? ¿Conoces más casos?

Creo que esta cuestión estaría vinculada un poco con la pregunta anterior. Es decir, y realizo una interpretación antropológica de una realidad, la pakistano-británica, que desconozco en profundidad, los pakistaníes realizarían uniones entre ellos como forma de mantener la comunidad unida mediante el establecimiento de alianzas. Se trata, como decía, de crear vínculos y, por tanto, redes de solidaridad. Ahora bien, eso puede llegar, en determinadas condiciones extremas, a crear problemas de consanguinidad. Si yo fuera el ministro británico me preocuparía más por el hecho de saber porqué los pakistaníes, a día de hoy y en un país como UK, siguen necesitando mantener esas prácticas para poder enfrentar la realidad social de su país. Algo que posiblemente estará relacionado con el hecho de que UK se ha vuelto uno de los países más desiguales del mundo (los datos muestran que un 1 % de la población del país, alrededor de 634.000 británicos, tiene 20 veces más patrimonio que el 20 % de la población con los menores recursos, unos 13 millones de personas).

¿Por qué al principio de los tiempos era tan común y sigue siéndolo (más del 10% de matrimonios en todo el mundo es entre primos carnales o segundos? 

Ya he respondido un poco en las anteriores preguntas. Hoy en día, la familia es la “seguridad social” de muchos países. Incluso en España esto es así. Y sino, que se lo pregunten a todos esos abuelos y abuelas que mantienen con sus pensiones al resto de la familia.

¿Por qué algunas comunidades lo siguen llevando a cabo (como en el norte de África y en algunas partes de Asia)? ¿Qué ventajas les reporta a sus miembros? Algunos médicos aseguran que los avisan de las posibles complicaciones y que aun así ellos prefieren tener una familia numerosa, y una estabilidad social y marital.

Respondido arriba ;)

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Un slum de propietarios

Este artículo fue publicado en la sección “Seres Urbanos” del diario elpais.com el día 04/01/2015

Un slum de propietarios

Una de las ventajas que tiene el hecho de trabajar para una ONGD, es que tienes la posibilidad de establecer relaciones con gente muy diversa y, a veces, interesante. En mi caso, tengo la suerte de tener compañeros y compañeras que conocen profundamente la realidad de Bombay y de aquellos contextos que dan cobijo al 60% de su población, los slums.

Hace poco hablaba con una de estas compañeras sobre diferentes cuestiones relacionadas con la vivienda en estos emplazamientos, sobre los programas de rehabilitación promovidos por los poderes públicos, sus condiciones sanitarias, la falta de equipamientos, etc.  Yo siempre había tenido dudas sobre las razones que llevaban a las familias beneficiarias de estos programas, una vez que han obtenido una vivienda pública nueva, a preferir alquilarla y volver a sus casas originales, por muy malo que fuera el estado en el que éstas estuvieran. Reconozco que tenía una visión romántica del tema. Mi razonamiento estaba basado en cuestiones tales como la ruptura de las redes sociales que puede llegar a suponer pasar de vivir horizontalmente, en habitáculos adosados, a un bloque vertical de viviendas; la pérdida de sus pequeños negocios, los cuales muchas veces se desarrollan en la puerta de sus casas; la minimización del contacto con los vecinos y vecinas, la desaparición de los consiguientes mecanismos de reciprocidad, etc. Así, cuando mi compañera me respondió sencillamente no pueden permitírselo. La casa será gratis, o muy barata, pero aun así tienen que pagar la luz, el agua, el condominio, el gas, los impuestos, etc., prefieren alquilarlos y sumar los ingresos a sus rentas familiares”, me llevé una ligera sorpresa.

Desde las ciencias sociales, la sociología y la antropología, podríamos definir el concepto habitar como aquellos fenómenos sociales que transcurren en el marco que establece cada sociedad concreta entre sus habitantes y las viviendas que habitan, esto es, habitar, vivir, no es solo la provisión de un techo, de una casa, sino también aquellos procesos sociales relacionados, cuestiones como el trabajo, el ocio, etc. Hasta aquí todo bien, bajo esta definición podría haber justificado mi pensamiento anterior a la conversación con mi compañera. Para habitar es necesario mantener relaciones sociales y si estas se rompen, alteran o interrumpen, produciéndose una modificación significativa del habitar, las comunidades donde se llevan a cabo estos programas podrían rechazarlas o no aceptarlas.

Un estudio llevado a cabo en las favelas de Río de Janeiro sobre el mercado del suelo y los derechos de propiedad escrito por Clara Irazábal, de la University of Columbia (USA), señalaba cómo los “residents of favelas in Rio de Janeiro, for instance, are often opposed to regularization of land titles. Contrary to a common shared belief among analysts […], professional planners and international organizations (e.g. the World Bank), many informal settlement residents do not want to be subjected to property taxes or building codes and are not attracted to formal credit systems because they do not have a steady income to repay debts […]”[1]. Así, los habitantes de este tipo de sitios no desean acceder a la propiedad de sus casas, o del suelo donde están levantadas, porque no tienen los ingresos mínimos necesarios para poder hacer frente a los créditos que supone su adquisición, sus posibles mejoras, sus impuestos y suministros. Simplemente no tienen la renta suficiente para poder subsistir, ellos y sus familias, y además hacer frente a este nuevo gasto. Esto explicaba el comentario de mi compañera mucho mejor. Habitar no es solo una casa, es todo lo que se encuentra a su alrededor. Como decía la definición clásica, los fenómenos sociales entre los habitantes, las casas y la sociedad.

La vivienda forma parte del sistema de reproducción social de la fuerza de trabajo. Esto es, la vivienda inserta a sus habitantes en el marco de unas determinadas relaciones de producción. Así que podríamos decir que la vivienda como producto de consumo supone una forma más de relación de la gente con el sistema de producción capitalista. Los habitantes de los slums no quieren una vivienda pública de protección social, quieren una vida digna, y vida y dignidad podrían ser incompatibles con un sistema económico que considera la vivienda un bien de consumo más, situado al mismo nivel que, por ejemplo, un crucero por el Báltico.

La clave podría estar en aquello que dijo el primer ministro franquista de la vivienda, José Luis Arrese, en el año 1957, sobre la necesaria transformación de los proletarios españoles en propietarios. Pero, ¿quieren los habitantes de los slums ser propietarios?

—-

[1] Irazábal, C. (2009) Onesize does not fit all: land markets and property rights for the construction of the just city. International Journal of Urban and Regional Research, 33.2, 558–63

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#CARRERS: Símbols

Vist a la porta del Born Centre Cultural i de Memòria, Plaça Comercial (18/10/2016)

Font: Pròpia

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