Respuestas al Cuestionario sobre Protesta Juvenil

Respuestas al Cuestionario sobre Protesta Juvenil del Grup de Recerca en Joventut, Societat i Comunicació (JOVIScom).

Durant el seminari es va parlar de la gran capacitat de mobilització que ha demostrat la joventut en moments puntuals, però també en la seva menor implicació en el treball diari d’organitzacions polítiques. Com s’explica que hi hagi grans mobilitzacions, si els agents polítics més estables són tan febles? Fins a quin punt això és un fenomen nou o més accentuat que en el passat? Quines diries que en són les causes principals?

Yo creo que si algo caracteriza este tiempo en el que vivimos es, precisamente, el de la disolución de las grandes estructuras clásicas que han dado sentido -y estructurado- el comportamiento de las sociedades capitalistas de las últimas décadas. Podemos discutir los motivos, pero yo soy de los que piensan que es precisamente el giro neoliberal del capitalismo el principal factor para explicar algo así. Este es un fenómeno que explicó Marx en su momento para analizar la emergencia del capital; para que éste se produzca fue necesario, previamente, acabar con otras formas de relacionarse, de producir, etc. El nacimiento del capitalismo se construyó sobre las bases de un momento anterior. Algo así pasa con las nuevas formas políticas: el triunfo de los últimos 40 años de neoliberalismo se deben, en gran medida, a la eliminación de los mediadores clásicos como actores políticos, sociales y económicos: los sindicatos, los partidos políticos, etc. Pero esto no significa que la conflictividad haya desaparecido, todo lo contrario, pero los modos de expresión son distintos. Colectivos más efímeros, más espontáneos, con menos ímpetu por alcanzar el “poder”, sea eso lo que sea, sino más bien centrados es esferas no institucionales. Un ejemplo de esto sería que la conflictividad urbana ya no tiene como escenario la puerta de las grandes instituciones (Generalitat, Estado. etc.) a la que reclamar cambios, sino otros lugares más simbólicos que están relacionados, más bien, con elementos representativos del mundo actual, las sedes de los bancos, de los hoteles, etc. Los movimientos sociales saben dónde está realmente ostentado el poder, y este no es en los diferentes niveles de la administración de lo público.

També es va parlar de l’aparició -sobretot en les protestes post-sentència- de formes de participació més disruptiva o violenta. La literatura coincideix a identificar un allunyament de la joventut respecte les formes de participació més institucionalitzades, creus però, que això va acompanyat també d’una tendència cap a integrar/legitimar repertoris de protesta més disruptius?

La excepción a lo que he comentado antes sería, precisamente, la sentencia del procés. Aquí, serían las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado aquellas instituciones contra los que se dirigió esta conflictividad, en este caso, representada por la Jefatura de Policía de Via Laietana, pero no otros lugares como la Delegación del Gobierno, etc. Si desaparecen los modos tradicionales de vehicular la conflictividad social y política, es normal que ésta se manifieste de manera altamente expresiva, mediante violencia de todo tipo, física, simbólica, etc. Todo está relacionado.

Un altra aspecte molt present en el debat va ser el creixent distanciament de la joventut amb les institucions polítiques i com la protesta permet vehicular la participació a part de la política institucional. Segons el teu punt de vista, perquè es produeix aquest distanciament? Fins a quin punt diries que aquest descontent amb les institucions comporta també un qüestionament més profund de la democràcia liberal com a sistema?

Creo que he respondido a esto en la primera pregunta. Sí, hay un vaciamiento de la democracia y sus formas tradicionales de institucionalización con el neoliberalismo. El Estado y sus diferentes instrumentos están deslegitimados en la misma medida que el propio capitalismo, ya que se han mostrado como elementos útiles a él, no a los intereses de la mayoría. Es por esto que surgen nuevas propuestas y alternativas, que se vieron más profundamente también durante el 15M, en torno a asociaciones y redes de ayuda mutua a nivel de barrio, etc.

En el seminari, els i les activistes també van posar de manifest la contradicció que hi ha entre aquest distanciament institucional i el fet que gran part de les demandes dels moviments socials necessiten que les institucions prenguin determinades decisions. Fins a quin punt creus que aquestes mobilitzacions són efectives per transformar la realitat que critiquen? Quin paper juguen les polítiques públiques?

Yo creo que los poderes públicos se mueven por la presión social. Es decir, si de algo sirven son, precisamente, para mover la actitud y la dirección de las políticas. Otra cosa es si es ahí donde, verdaderamente, reside “el poder”, o es en otros agentes, como bancos, empresas multinacionales, etc. Esto por un lado, por otro, lo que sí manifiesta este tipo de movilización es una tendencia a un cierto “cambio cultural”, es decir, a resignificar valores, actitudes, etc, que hasta este momento tenían una consideración distinta.

Publicado en Antropología Simbólica, Antropología social y cultural, Antropología Urbana | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario

Abajo la gentrificación

Fuente: Euronews

Este artículo fue publicado originalmente el pasado 25/07/2019 en el diario El Confidencial.

Abajo la gentrificación

El pasado día 19 de julio, el conocido economista liberal Juan Ramón Rallo publicaba un artículo en estas páginas titulado “Viva la gentrificación”. En él, y justo después de tan poco disimulado título, Rallo procedía a loar la labor de esta compleja dinámica urbana mediante el siguiente argumento: la gentrificación no deja de ser un proceso beneficioso para los vecinos y vecinas de los barrios desfavorecidos ya que, entre sus características, se encontraría la atracción de determinado capital humano y social que repercutiría positivamente en la zona disminuyendo la pobreza y facilitando la movilidad social.

El texto continúa con una definición de la gentrificación basada en tres elementos principales. Primero, el objeto de la gentrificación, esto es, un vecindario previamente deteriorado. A esto le sigue el hecho de que dicho lugar es transformado por la llegada de nuevos residentes con una mayor capacidad adquisitiva y nivel estudios que los residentes tradicionales. Y tercero, estos nuevos residentes mejoran el paisaje físico del barrio iniciando un círculo virtuoso que acabaría por modernizar completamente la zona. Rallo se extiende en sus consideraciones sobre la gentrificación señalando que la izquierda, ese ente lleno de prejuicios, estaría profundamente equivocada en su análisis de dicho proceso, ya que, como demuestra una investigación en marcha financiada e impulsada por la Federal Reserve Bank of Philadelphia (sic!), la gentrificación no solo no desplaza a los vecinos y vecinas con menos ingresos, sino que éstos, al permanecer en el barrio, pueden disfrutar de los beneficios generados por las mejoras inducidas tras la llegada de los nuevos residentes.

Pero esto no queda aquí, el estudio citado por Rallo –no publicado en revista académica alguna y, por tanto, sin pasar por la prescriptiva revisión científica- también parece demostrar que ese pequeño porcentaje de población que se ve obligado a abandonar la zona –menor al 3%, es decir, la gentrificación no generaría desplazamiento socio-espacial, sino un incremento total de la población-, no ve alteradas sus posibilidades de empleabilidad, pobreza o movilidad, sino que únicamente ve aumentada su “tristeza” por tener que abandonar su barrio, amigos y redes sociales. Por último, una vez superado ese pequeño obstáculo, la gentrificación continuaría inundando la zona con sus beneficios: reducción de la pobreza, incremento de los precios de la vivienda y, atención, aumento de la probabilidad de acceso a los estudios universitarios por parte de los niños y niñas de aquellos entornos familiares más desfavorecidos de la zona, y todo gracias al contacto –y a la magia, se entiende- de éstos con los nuevos residentes universitarios.

Lo más destacable de la argumentación del estudio, y del propio Rallo, es que todo el proceso parece darse en un cierto vacío social, es decir, en un entorno urbano donde no opera ningún sistema social y económico que pueda ser determinado, y determinar, el comportamiento de los grupos sociales que en él interactúan. Esto, no obstante, podría no ser olvido de Rallo, sino, más bien, el principal esquema conceptual con el que trabaja el (neo)liberalismo, esto es, el de supuesta existencia de una sociedad formadas por sujetos conscientes e iguales que toman decisiones altamente razonadas bajo la premisa de la maximización de sus egoísmos particulares, los cuales, bajo una perspectiva agregada conduciría al mejor de los mundos posibles. En definitiva, la gentrificación sería, simplemente, el mercado trabajando.

Ahora bien, si cambiamos el foco y lo situamos en la forma en que la ciudad es producida bajo el capitalismo, quizás podamos añadir un poco más de luz a las causas de la gentrificación y desmontar, de paso, las argumentaciones esgrimidas en el mencionado artículo. Para comenzar, podemos reformular el concepto de gentrificación dado por Rallo de la siguiente manera: estaríamos hablando de aquel proceso desarrollado en una determinada área urbana –una calle, un barrio, etc.- donde los vecinos y vecinas pertenecientes a las clases medias, medias-bajas y bajas son sustituidos por otros de clases medias-altas y altas. La introducción del concepto “clase” no es baladí, pues la gentrificación debe ser considerada como un eslabón más de las dinámicas de acumulación de capital protagonizadas, cada vez más, por las ciudades desde los años 70. La gentrificación, pero también la turistificación, la disneyficación o la museificación de los centros históricos, constituyen desarrollos que expresan, mediante el protagonismo de distintas variables, la constitución de la ciudad en mera mercancía. Así, a raíz del giro neoliberal, las urbes de todo el mundo se han constituido en escenario ideal para la supervivencia del capitalismo; las dinámicas de explotación han saltado las paredes de las fábricas y se extienden a lo largo y ancho de las ciudades vinculadas a la producción inmobiliaria y a los servicios. No se trata únicamente de la vivienda, aunque su protagonismo es ineludible, sino de la totalidad del entorno urbano y de su reconfiguración en espacio de y para el consumo.

Una vez resituado el concepto, la llegada de los nuevos residentes -actores necesarios para la generación de plusvalías y, por tanto, igualmente explotados- con formas de relacionarse entre sí, y con el espacio, distintas de las tradicionales en el vecindario, generaría una sucesión de cambios en el paisaje urbano -el comercio, los servicios, los espacios de socialización, etc.-, inducidos por las formas de hacer ciudad de estos nuevos residentes. Así, el inherente desplazamiento se produciría no sólo por el incremento del precio de la vivienda –aquí Rallo parece olvidar que gran parte de las clases populares de las ciudades no son propietarias de sus viviendas, sino que viven de alquiler y, por lo tanto, no se benefician de su revalorización-, sino también por la nueva especialización funcional del entramado socioeconómico local, el cual originalmente está destinado a la reproducción social. Para demostrar esto no hace falta, como lleva a cabo el estudio financiado por la Reserva Federal de Filadelfia, abarbar los barrios centrales de las 100 mayores urbes de Estados Unidos, aunque también es cierto que seleccionando la muestra, cualquier resultado es posible. Siendo mucho más humildes, para el caso, por ejemplo, del barrio del Poblenou, en Barcelona, entre los años 2008 y 2018, la renta territorial ha aumentado 6,3 puntos, mientras la población y la estructura de edad se han mantenido más o menos constantes. Pese a la evidente dificultad de extraer enseñanzas, desde los censos a la hora de cuantificar los desplazamientos de población,  podemos conjeturar que este incremento de la renta, que además abarca los años más duros de la crisis, no se ha debido a una mejora súbita de los ingresos de las familias, sino de una sustitución parcial de la población local agilizada por la reforma de la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) de 2013, la cual facilitaba una aceleración en la rotación de los inquilinos e incrementos de hasta dos dígitos en la renta los alquileres, al menos en los últimos 4 años.

Además, para que esto ocurra no es necesario que el barrio o la calle se deteriore previamente. De hecho, en aquellas transformaciones altamente vinculadas al turismo sería justo lo contrario: barrios de clase media, ya reformados, que pasan a formar parte de los destinos turísticos; ningún turista se adentra en entornos deteriorados. En este caso, además, el desplazamiento socio-espacial es más evidente, ya que, en gran cantidad de ocasiones, antiguos hogares son mercantilizados como apartamentos turísticos.

Ni la reducción de la pobreza, ni el ingreso en la universidad de los hijos e hijas de las clases populares de barrios bajo procesos de gentrificación son posibles si estos se han tenido que marchar con sus familias a zonas más asequibles, rompiendo un tejido social que, en gran cantidad de ocasionados, sustituye al salario social que, quizás en entornos más generosos, suple la ausencia de escuelas infantiles cercanas y baratas o permite jornadas laborales poco flexibles y empleos bien remunerados.

En definitiva, y como decía hace poco el sociólogo Javier Gil, negar las consecuencias negativas de las dinámicas de gentrificación para las clases más desfavorecidas sería algo así como una forma de terraplanismo inmobiliaro. Abajo la gentrificación

Publicado en Antropología social y cultural, Antropología Urbana, David Harvey, Marx | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario

¡Ah! Pero, ¿esto es una plaza?

Fuente: Propia

Este artículo salió originalmente publicado el pasado día 20/10/2017 en eldiario.es y catalunyaplural.cat/

¡Ah! Pero, ¿esto es una plaza?

Hace unos días realicé un peculiar ejercicio con mis alumnos y alumnas de grado. La idea era, dentro de la asignatura de Introducción a la Sociología y Psicología del Turismo, confirmar o refutar una sencilla hipótesis a través de una práctica breve de observación participante en un espacio cercano a la Escuela. El lugar escogido fue la Plaça dels Països Catalans y la hipótesis la siguiente: “La Plaça no funciona. Se trata de un lugar básicamente de paso debido a su diseño y construcción”. Esto nos dio luego pie a repasar el origen de este tipo de urbanismo en la ciudad y a plantear posibles alternativas.

Como titulaba el periodista Llatzer Moix, hubo un momento en la historia de Barcelona en que ésta fue La ciudad de los arquitectos. La llegada de los socialistas al poder en 1979, de la mano del PSUC, no lo olvidemos, supuso el acceso a la Casa Gran de una nueva generación de políticos y políticas demócratas que, además, provenían supuestamente de una tradición de izquierdas, portando nuevos aires a las formas de entender la política municipal. Y digo supuestamente porque, tal y como señalara el ex Molt Honorable Jordi Pujol, muchos de ellos eran socialistas de Sant Gervasi, esto es, vecinos y vecinas de una parte de Barcelona históricamente poblado de gent benestant.

Sea como fuere, el comienzo de la década de los 80 en la ciudad condal se caracterizó, entre otras cuestiones, por la escasez de recursos económicos, los inicios del sueño olímpico y la acción acelerada de un Gobierno que se veía en la necesidad de satisfacer las peticiones del poderoso movimiento vecinal de aquel entonces, a la vez que trataba de desmantelarlo. El año 80 fue también el de la llegada a la Delegación de Urbanismo del arquitecto Oriol Bohigas. Aunque éste, famoso por su legendaria afirmación en torno a las necesidades urbanísticas de Barcelona –dignificar el centro y monumentalizar la periferia-, no llegó solo al Ajuntament, sino acompañado por muchos de sus ex alumnos, alumnas y discípulos, los conocidos lápices. Toda una generación de arquitectos que pudo, por fin, poner sus manos sobre Barcelona.

El impulso político, la escasez de recursos y las tendencias arquitectónicas en boga entre los lápices llevaron, entre otros, a la popularización de las conocidas como plazas duras. Serían estas aquellas donde abundaba el hormigón y el cemento, siendo la cubierta vegetal un elemento insignificante, cuando no en directa extinción. Un ejemplo de ello es la actual Plaça dels Països Catalans, frente a la Estación de Sants.

El entorno de la Estación de Sants es objeto de controversia al menos desde la época de Trias en el Ajuntament. Suyas son las palabras, allá por 2015, de que la zona era “una vergüenza lamentable”. El Gobierno de Barcelona en comú, acompañado por los socialistas, como no podía ser de otra manera, retomó la idea de intervenir en el área a través de un plan de “recuperación y protección de los espacios públicos modernos en la ciudad”. De este modo, y tras el consiguiente proceso participativo –marca de la casa en comú-, la idea es reconocer el valor de éste y otros emplazamientos, tales como el Moll de la Fusta y los parques de Diagonal Mar.

Entre las conclusiones de los alumnos y alumnas del grado se encontraron algunos elementos que, quizás, puedan ser de interés tanto para el vecindario como para el equipo municipal. Paso a recogerlos a continuación. En general se considera a la plaza como un lugar de paso; la gente viene y va, mucha proveniente de la Estación de Sants: viajeros de negocios del AVE a Madrid, usuarios de Rodalies, etc. Se trata, además, de un lugar sucio, sin bancos donde conversar o simplemente pararse un instante a recuperar el resuello, ni ningún tipo de vegetación. Tampoco existe equipamiento o instalación alguna que permita una cierta presencia constante en su entorno. En las interpelaciones realizadas a los caminantes, éstos se sorprendían incluso de que el lugar tuviera la consideración de plaza, aunque ésta fuera reconocida con un Premio FAD en el año 1984. En general, la percepción de la misma era como un espacio feo, sucio y con poco uso, aunque algunos vecinos y vecinas de la zona todavía recordaban la zona como un lugar de encuentro y esparcimiento. Entre las propuestas elaboradas se encontraban las de dotar a la escena de algo más de colorido, zonas verdes que permitan respirar al paseante; bancos y espacios de descanso colectivos, evitando los equipamientos individuales que impiden la conversación y, por último, la instalación de zonas infantiles, áreas para perros y un entorno delimitado en exclusiva para skaters, verdaderos amos del lugar a determinadas horas del día. En relación con el entorno, pacificar el tráfico, reduciendo la presencia de vehículos en general, y conectar la zona con la cercana Avenida de Roma.

Éstas y otras ideas podrían ser de interés si la intención es, verdaderamente, que se produzca una reapropiación por parte del vecindario de una plaza que, por muchos premios que tenga, no ha sido nunca nada más que una plaza dura. Y, a veces, ni eso.

Publicado en Antropología Urbana | Etiquetado , , , , , , , , | 1 Comentario

Las manos sobre Barcelona

Fuente: Portada del libro

Extracto del capítulo titulado “Las manos sobre Barcelona”, el libro Ciutat Morta. Crónica del caso 4F. Publicacado por Mariana Huidobro, Helen Torres, Katu Huidobro.

Las manos sobre Barcelona

En 2006 Barcelona vivía todavía la resaca del Fòrum de les Cultures 2004, uno de los fracasos más sonados de su historia. La ciudad se había quedado años antes sin poder ser Capital Europea de la Cultura y buscó, de forma casi desesperada, una excusa para llevar a cabo un nuevo e inmenso proceso de transformación en los límites de su última y codiciada frontera urbana: la desembocadura del Besòs. A pesar de las ingentes cantidades de dinero y recursos invertidos por el Ajuntament, la Generalitat, el Gobierno del Estado y el sector privado –más de 3.200 millones de euros y una recalificación de 330 hectáreas, cifra cuatro veces superior a la intervenida para los JJOO de 1992- el megaevento no cumplió ni de cerca con las expectativas generadas en cuanto a público o visibilidad. Como si ello no bastara, barrios fuertemente estigmatizados, como La Mina, quedaron definitivamente aislados y ocultos a la sombra de unas imponentes estructuras hoteleras, inmobiliarias y comerciales surgidas como setas en la zona recuperada.

Pero como todos los fracasos, este también fue relativo. Efectivamente, las inmensas plusvalías generadas mediante esa colosal reforma urbanística,  trasferidas al capital financiero e inmobiliario de la ciudad, supusieron el verdadero “éxito” del Fórum. La ciudad vivía así los últimos años de la impostura del Model Barcelona, una forma de hacer ciudad que vivió su máximo esplendor durante las olimpiadas y que reveló su verdadera cara en ese primer lustro del nuevo siglo.

Del supuesto urbanismo ciudadano y participativo, de la continuidad de la trama urbana, de la apuesta por los espacios públicos y los equipamientos no quedaba nada. Barcelona, entregada al neoliberalismo, proseguía su configuración como “escenario de consumo” y adjudicaba grandes extensiones de terreno a empresas inmobiliarias internacionales como Hines, responsable de Diagonal Mar, para que hiciese de su capa un sayo. Se abandonaba toda veleidad aparentemente socialdemócrata – como las ideas de Oriol Bohigas y su pretensión de “monumentalizar la periferia” y “dignificar el centro”- y la ciudad, más que como “modelo”, comenzaba a venderse cada vez más como Marca.

Unos años antes, el Ajuntament había puesto en marcha el Distrito 22@ en 116 hectáreas del barrio del Poblenou. La intervención, la mayor llevada a cabo sobre la ciudad hasta ese momento, perseguía la creación de un polo empresarial vinculado a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) sobre parte del “obsoleto” tejido industrial del antiguo Manchester català. Los pequeños talleres y empresas auxiliares que ya existían en el área, vestigios de su pasado fabril, fueron despreciados como generadores de crecimiento y empleo y en su lugar se esperó, como maná caído del cielo, la llegada de grandes firmas tecnológicas. Ni que decir tiene que esto nunca ocurrió. Los que sí llegaron fueron muchos hoteles que, aprovechando la disponibilidad de espacios baratos y la apuesta municipal por el turismo en la zona, lograron grandes plusvalías vendiendo el suelo que abandonaban en otras áreas de la ciudad, como el Eixample. La crisis (léase estafa) económica de unos años después hizo el resto y el Poblenou, como muchos otros barrios de la ciudad, mantiene aún hoy día grandes solares vacíos.

Para descargar el capítulo completo, click aquí

Publicado en Activismo, Antropología social y cultural, Antropología Urbana, Denuncia, Memoria, neoliberalismo, Seguridad | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Gentrificación y turismo, ¿dos caras de la misma moneda?

Fuente: Propia

Este artículo fue escrito el 25/05/2017 para el diario Nueva tribuna.

Gentrificación y turismo, ¿dos caras de la misma moneda?

¿Existe una relación entre turismo y gentrificación? Si es así, ¿cómo se interrelacionan ambos fenómenos?, ¿cuándo comenzó su vinculación?, ¿qué hechos históricos, qué políticas contribuyeron a que esto ocurriera? A estas y otras preguntas se les intentó dar respuesta en el marco del debate “Turismo y gentrificación, ¿dos caras de la misma moneda?” que se llevó a cabo el pasado día 20 de mayo de 2017 en el Festival de Turismo Responsable, Vilamon.

Fue en el año 1964 cuando la socióloga británica Ruth Glass puso, por primera vez, nombre a un fenómeno que, cuarenta y tres años después, sigue ocupando numerosos titulares, artículos periodísticos y académicos, así como buena parte de las conversaciones que mantienen los vecinos y vecinas de los barrios y ciudades que se encuentran afectadas por esta dinámica. De forma simple, podemos definir la gentrificación como el proceso de sustitución de un determinado grupo social –perteneciente normalmente a las clases bajas o medias-bajas-, por otros de mayores ingresos y capacidad de consumo –las clases medias y medias-altas- en un determinado territorio. Como señalara el geógrafo alemán Michael Janoschka, pese al cierto abuso que está sufriendo el término, es innegable el poder del concepto para situar mediante una sola palabra un problema en el debate público y, además, convertirse en una “herramienta potente para fortalecer y fomentar las luchas por la vivienda, las luchas por la ciudad”.

Entre las aproximaciones científicas más destacadas a la gentrificación encontraríamos aquellas que sitúan el foco en la producción del fenómeno y que girarían, sobre todo, en torno a la obra de gente como Neil Smith y su teoría del rent gap o diferencial de renta. Existen también otros marcos –más liberales- que sitúan el origen de la cuestión en la simple ley de la oferta y la demanda. Esta corriente explicaría la gentrificación desde una perspectiva culturalista basada en la vuelta al centro de las ciudades de unas clases medias ávidas por experimentar la vida urbana, siendo David Ley uno de sus principales precursores. Sea como sea, ambas aproximaciones no suponen compartimientos estancos, influyéndose una y otra, tal y como han reconocido alguno de sus principales representantes. Lo que sí es innegable es que, si bien en sus comienzos la gentrificación era vista como un proceso centrado, fundamentalmente, en el mercado de la vivienda, hoy en día podemos considerar esta perspectiva como pobre, o incluso miope, pues el fenómeno rebasa con fuerza el simple mercado inmobiliario para abarcar, además, el paisaje urbano, las reformas y proyectos urbanísticos, la reconfiguración de las ciudades y el papel mismo que hoy juegan estas en el sistema económico mundial.

Por su parte, el turismo es uno de los principales sectores económicos mundiales. A nivel estatal, este sector supone casi el 11% del Producto Interior Bruto (PIB) y, en ciudades como Barcelona, esta cifra pude llegar a alcanzar el 14%, según datos de 2015. A este indudable peso económico hay que añadirle su importancia social como elemento-puente útil para el conocimiento de distintas realidades sociales y culturales, como referente en cuanto a actividades de ocio o, incluso, como conquista dentro del marco de unos derechos laborales que garantizan un mes de vacaciones al año y jornadas de trabajo de cuarenta horas a la semana; como eje central de la libertad de movimiento, entre otros.

Dejando de lado el acercamiento que las ciencias sociales –la antropología, la sociología, la geografía, etc.- han realizado al fenómeno turístico en emplazamientos lejanos o exóticos –tradicionales lugares de descanso, recreo y viaje turístico-, la realidad del turismo, en cuando a su relación con la gentrificación, comienza a manifestarse, sobre todo, en los años 90 del pasado siglo cuando éste comienza a fijarse en las ciudades como recurso atractivo y válido para la dinamización de unas economías urbanas en proceso de decadencia y terciarización. A esto, a nivel europeo, habría que añadirle el papel jugado por el Tratado de Maastricht (1992), que garantizaba la libertad de movimiento de capitales, bienes y servicios y personas, en el marco de la Unión; la revolución de los transportes nacionales e internacionales, con la aparición de las compañías low cost, etc.

Es precisamente cuando comienzan a darse estos grandes movimientos –algo que situaría el turismo, quizás, en una perspectiva más amplia relacionada con la movilidad- de masas cuando se detectan los primeros efectos no precisamente positivos del turismo en las ciudades. En el caso de Barcelona, los primeros Planes de Usos que perseguían poner algo de orden en el crecimiento y atractivo de los equipamientos turísticos de su centro histórico son, precisamente, de esa década. Luego hubo otros, como los de 2010 y 2013, más conocidos por sus implicaciones políticas y sociales, y, sobre todo, un primer Plan Estratégico de Turismo en 2009 con un horizonte fijado en el año 2015. A esto habría que sumar, a nivel global, la aparición de una nueva economía centrada en el uso de aplicaciones para móviles y el desarrollo de las comunicaciones, que facilitaría enormemente el intercambio de información y la puesta en contacto de miles, millones de usuarios; cambios en las demandas de los consumidores de productos turísticos, con mayores requerimientos por las experiencias locales; una crisis económica que ha debilitado, en gran medida, el poder de los salarios; un mercado inmobiliario, de nuevo, en alza, etc.

Todo esto, unido a la gran capacidad de renovación y absorción, de creatividad, que tiene el turismo como sector económico que produce bienes, pero sobre todo servicios, experiencias, lo han llevado a sobreponer su dinamismo a las necesidades cotidianas de muchos de los vecinos y vecinas de las ciudades en la actualidad. Tal y como recordaba recientemente la patronal del sector turístico Exceltur, el pasado 2016 fue el primer año en el que las plazas en apartamentos vacacionales superaron –en un 9,76%- a las de los hoteles en los núcleos urbanos de las veintidós principales ciudades españolas. El informe UrbanTUR 2016, elaborado por la citada patronal, recoge toda la oferta, incluida aquella que se ofrece a través de aplicaciones y portales de intercambio privado de viviendas. Como recordara el historiador Agustín Cocola, “la proliferación de apartamentos alquilados por días están conllevando un paso progresivo de vivienda a uso turístico”, sacando del mercado inmobiliario aquellas viviendas que, anteriormente, se destinaban a un uso residencial ordinario, provocando, de paso, un incremento en los niveles de los alquileres y los precios de compra-venta y desplazando, finalmente, a aquellos grupos sociales que no pueden permitirse tales subidas. He ahí parte de su relación con la gentrificación.

Para finalizar, cabría recordar que estos procesos no ocurren únicamente debido al turismo. Cualquier intento de criminalizar el mismo –y sobre todo a los turistas- debe ser, ante todo y por principios, rechazado. No todas las ciudades son iguales, ni todas las áreas dentro de las mismas tampoco. Ni siquiera el turismo tiene el mismo peso en unos emplazamientos que en otros. Además, otros factores, como las reformas legislativas del mercado del alquiler –en España, la reforma de la Ley de Arrendamientos Urbanos de 2013- también tienen una incidencia directa sobre la rotación de los inquilinos e inquilinas y en la subida de los precios de los alquileres.

En definitiva, como las meigas, la relación entre la gentrificación y el turismo existe, pero para poder llevar a cabo afirmaciones rotundas ante determinados hechos es necesario, primero, realizar un análisis conciso de cada situación y, segundo, abordar el tema siempre desde la más alta complejidad. Otras aproximaciones solo contribuirán a confundir a la opinión pública y situar el problema en un campo que, además de ajeno, puede llegar a ser peligroso.

Publicado en Antropología Urbana | Etiquetado , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Entrevista La Directa [Septiembre 2019]

Fuente: publico.es

Entrevista al diario La Directa  17/09/2019) para el texto “Alternatives al model securitari

Vivim una època amb estats d’emergència permanents, alertes antiterroristes, discursos securitaris i el sorgiment i l’extensió del postfeixisme global. Sembla que Barcelona s’enfronta ara a una ‘amenaça per la inseguretat’. Parlem d’una percepció subjectiva, d’un discurs creat, d’una realitat evident o d’una combinació entre aquests factors?

Cualquier intento de acercarse a la cuestión de la seguridad en ámbitos urbanos desde una perspectiva no compleja, multifactorial y contextualizada, es un error.  Una vez dicho esto, la respuesta más adecuada entre las opciones propuestas es la de la combinación de factores. Es verdad que, estadísticamente, Barcelona es una ciudad que cuenta con unos indicadores, en aquello relacionado con la seguridad, que destacan en el conjunto del Estado español, pero también es verdad que, en los manuales de sociología urbana, cuando se trata el tema de la seguridad siempre te encuentras con advertencias del tipo: las estadísticas no son una herramienta definitiva a la hora de realizar una aproximación adecuada. A modo de ejemplo, la sensación subjetiva de inseguridad suele ir acompañada de demandas de más presencia policial en las calles. Sin embargo, una vez se ve cumplida esta solicitud, la sensación de inseguridad se incrementa, en vez de disminuir, ya que la presencia de fuerzas de seguridad tiende a reforzar este sentimiento.

– Segons l’enquesta de victimització de l’Ajuntament de Barcelona 2018, la percepció de seguretat no ha canviat gaire en els ciutadans en els darrers anys. Quin creus que és el rol dels mitjans de comunicació en l’extensió psicosocial d’aquest discurs i alarma securitària?

Lamentablemente, aunque hay que decir que todos los medios no son igual, y tampoco tod@s l@s periodistas, muchas veces actúan de eco, de altavoz de determinados intereses -políticos, económicos, etc.- que se benefician de este discurso. En Barcelona esto no es la primera vez que pasa. Sin ir más lejos, la propia promulgación de la vigente Ordenanza cívica de 2005 por el PSC respondió a una escalada de portadas de determinados medios de comunicación que presentaban la situación de Ciutat Vella, en determinados aspectos -prostitución, menudeo de droga, etc.- , como necesarias de una actuación contundente.

– Darrere dels operatius, batudes policials i crides a la seguretat, sovint s’amaguen identificacions per perfil ètnic o amb un important càrrega i contingut racial, com el cas dels manters, un col·lectiu especialment reprimit col·locat al centre de la diana. Dins d’aquest procés de securització, com es desenvolupen les pràctiques del racisme d’estat?

Son realidades dialécticas. La securitización da pie a la aparición de prácticas racistas y las prácticas racistas a la securitización. Hoy día, aunque disputando cada vez más el protagonismo con otros actores -empresas, etc.- es el Estado el agente con mayor capacidad para delimitar las demarcaciones sociales y producir “realidad social” a través de la creación de categorías y el establecimiento de clasificaciones. Es decir, es desde el Estado que se construye parcial, pero potentemente, la realidad social en la que vivimos. Dicho esto, una vez que esta realidad es establecida -un nosotros versus un ellos- el paso a la deshumanización y degradación del otro, esto es, el racismo, es realmente sencilla. Siempre me acuerdo del apunte que hizo Manuel Delgado, el profesor de antropología de la UB, hace unos años cuando señaló aquello de “no se discrimina, segrega o margina a quiénes se considera inferiores, sino que se considera inferiores a aquellos a quienes se discrimina, segrega o margina”. El racismo, en este caso, serviría de coartada.

– Lobbies de restauració, turisme i comerç, immobiliàries i promotores, partits polítics, sindicats policials… Són agents de pressió dins d’aquest discurs per acabar configurant polítiques. Com es relaciona aquesta “inseguretat” crexient amb la mercantilització de la ciutat i l’espai públic, la pressió urbanística, la desigualtat i el turisme?

Se relacionan totalmente. Tal y como he comentado en la respuesta a la primera pregunta, la realidad urbana es compleja y hay que analizarla como un todo. La ciudad es una totalidad. Sus esferas están íntimamente vinculadas. Cualquier separación de las mismas es meramente artificial. Dicho esto, lo primero que se exige para vender algo, en este caso Barcelona y su marca, es decir, su capital simbólico, es que pueda ofrecerse en condiciones de total tranquilidad. El consumo de ciudad necesita una Barcelona higienizada, esterilizada… segura. Estas semanas hemos escuchado unas declaraciones, por parte de un responsable político, que son muy clarificadoras al respecto: “No puede ser que los turistas lleguen a Barcelona y lo primero que vean son los manteros”. Bien, creo que no hay nada más que añadir.

– Quin podria ser l’interès del/s poder/s en la creació d’un estat o una percepció d’amenaça i inseguretat social?

Si hablamos de poder político, bien, creo que no es la primera vez que las instituciones de esta ciudad están al servicio no de las mayorías, sino de los intereses materiales de la ciudad. Y si hablamos de poder económico, bueno, me remito a la respuesta anterior. El interés, que muchas veces es el mismo, es por conseguir una ciudad-mercancía, una Barcelona que compita en las ligas internacionales -en segunda, tampoco en la premier- por la atracción de visitantes y capital. Lo que se ha venido en llamar “las ciudades globales”. Y estamos viendo los resultados de esta competición: desregularización de sectores, un mercado laboral depreciado, etc.

Les estadístiques parlen d’un augment del 9% dels delictes i un 30% dels crims violents a Barcelona. Una de les principals reivindicacions és la d’augmentar la presència policial de control de l’espai públic i una major repressió del delinqüent. Quins processos de resistència i (auto)organització s’estàn donant des de les esquerres en matèria de seguretat? Es pot fer front a aquesta inseguretat sense resseguir la lògica del control social o del punitivisme i disciplina neoliberal?

Por supuesto que se puede. La verdad es que desconozco si algún movimiento social de la ciudad está haciendo algo al respecto, en el sentido de una respuesta centrada y específica al discurso securitario y la presencia policial en las calles, más allá de los casos que se están dando en el entorno de la Rambla Prim, en Sant Martí, y que me parecen, cuanto menos, inadecuados, o las llamadas “patrullas ciudadanas” de alerta que ponen en riesgo el monopolio de la seguridad en manos del Estado y contribuyen a la construcción de la realidad social que he comentado antes. Lo que sí puedo es recordar actividades que, en principio, pueden parecer ajenas a este tema, como la reapropiación de las calles y plazas del Gòtic que lleva a cabo la gente de Fem Plaça, o la respuesta que desde la ABTS se da a la turistificación de determinados barrios de la ciudad, pero que están íntimamente relacionadas con la misma porque, aunque esto no sale en los discursos y las razones más mainstream en torno a la cuestión de la seguridad, lo primero que es necesario para avanzar en este sentido es contar con un tejido vecinal fuerte y estable que actúe como comunidad y sea capaz de disolver las actitudes individuales que la ponen en peligro. Por otro lado, si desde el Estado, en sus diferentes niveles administrativos, se quiere hacer algo al respecto, ya podrían retomar, al menos, la vieja función fordista de lucha contra las desigualdades, que sí son un problema de seguridad para muchas familias y colectivos. Siempre digo que es curioso que contemos con “Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado”, pero no con unos “Cuerpos y Fuerzas contra la Desigualdad del Estado”.

– Coneixes processos similars al de Barcelona en d’altres ciutats del món? Quina dinàmica pots destacar?

Recuerdo que cuando Rudolph Guliani llegó a la alcaldía de Nueva York en los años 90 instituyó una política de “tolerancia 0”, es decir, de securitización de la ciudad, que solo ocasionó un desplazamiento de la criminalidad hacía otros lugares; aumentó considerablemente la población carcelaria -algo que en EEUU es, incluso, objeto de privatización y mercantilización- y no atajó en ningún momento los problemas reales, que son, como no pueden ser de otra manera, fundamentalmente de carácter socioeconómico.

Publicado en Antropología social y cultural, Antropología Urbana, Seguridad | Etiquetado , , , , , , , , , | Deja un comentario

Respuestas al cuestionario: “La ciudad del capital y las otras ciudades”

Fuente: Propia

Respuestas al cuestionario “La ciudad del capital y las otras ciudades”, proyecto de estudio/análisis parte de un razonamiento crítico sobre C40, una red de ciudades con una visión “ecológica” de la ciudad.

La red de metrópolis C40 y la lógica de los grandes eventos me hacen pensar que la “ciudad” sea hoy un lugar central para el capitalismo y su crecimiento. ¿Podemos afirmarlo?

Creo que podemos afirmarlo sin ninguna duda. El giro neoliberal de los años 70 sitúa a las ciudades como espacios de y para la acumulación del capital. De ser los lugares por excelencia para la reproducción social, pasaron a desempeñar un papel fundamental en las dinámicas de desposesión. La lógica del capitalismo impone que no haya ninguna esfera de lo social, ni ningún espacio físico que quede al margen del mismo y, de esta manera, intentar evitar los problemas de sobreacumulación.

Y si podemos afirmarlo, tratamos de definir la “ciudad del capital” a partir de las especifidades del lugar dónde vives?

Barcelona es, como otras tantas ciudades de tamaño medio y grande de Europa, una ciudad capitalista. Hay cierta tendencia, sobre todo desde las élites locales, a situarla como una ciudad global, a la altura de capitales como Londres, Roma o París. Sin embargo, sus características la hacen más similar a otras como Praga o Dublín. Se trata de ciudades que, tanto por su dimensión como por las características de su propia economía, acogen en su seno actividades del sector servicio, como el turismo, y que, sobre todo, cuentan con un capital simbólico que las hace atractivas para la recepción de jóvenes migrantes en busca de un supuesto espíritu cosmopolita internacional, sus playas, ambiente festivo, etc. Esto hace que se situé como un lugar ideal para la atracción de empresas multinacionales que buscan capital humano de alta formación, a la vez que bajos salarios.

Barcelona cuenta, además, con una especificidad reseñable, y es la experiencia de colaboración público-privada, eso que ahora se denomina private-public-partnership, que atesora desde hace décadas. Esta especial conexión, y disolución, de los intereses públicos en lo privado hacen a la capital catalana única en su entorno económico y social más cercano.

La OTAN en un informe de hace unos años escribió que las guerras del futuro estarán

Fuente: Propia

en las ciudades, de ser así, ¿por qué?

No conozco ese informe de la OTAN, pero entiendo que debe hacer referencia a dos aspectos fundamentales. Primero es que desde 2017, las ciudades, a nivel global, acogen mayor cantidad de población que el mundo rural. Esta mayor concentración de la población unida al desempeño de las mismas como epicentros del capitalismo mundial, y a la vez de la conflictividad inherente a sus dinámicas, la convierten en lugares privilegiados para la guerra.

Si la ciudad es el lugar de reproducción del capitalismo, ¿qué queda para el Estado Nación?

El Estado Nación se ha ido desentendiendo de su capacidad de intervención desde hace décadas. En el contexto de la Unión Europea (UE), con la delegación de competencias en las instituciones comunitarias, y luego, debido a las características de la imposición del modelo neoliberal, que relega al Estado al papel de mero detentador de las políticas de defensa, exteriores, seguridad interior y refuerzo de la justicia y las reglas del mercado, ha ido quedando vacío de su anterior garante del equilibrio entre el capital y el trabajo, así como proveedor de bienes de consumo colectivo. Esto no quiere decir que en todos lados ocurra de manera igual, es decir, los niveles de neoliberalización son distintos. No es lo mismo el Reino Unido que Suecia, Francia o, incluso, España. Este hecho, por otro lado, unido al protagonismo adquirido por las ciudades en las dinámicas de acumulación de capital, ha llevado a que éstas hayan adquirido una relevancia fundamental en las políticas de promoción económica y atracción de capitales, aun, en muchas ocasiones, sin estar dotadas de suficiente capacidad política competencial.

La seguridad es un tema central que a menudo subyace a la lógica capitalista en el rediseño de las ciudades. ¿Estás de acuerdo?

Claro, esto es uno de los elementos clave. No hay inversiones sin seguridad, tanto física, para los turistas y el capital humano, como jurídica, de forma que las inversiones estén aseguradas. Además, es fundamental, tanto por la presencia y predisposición de los correspondientes cuerpos de seguridad y policía, como por otros dispositivos narrativos y simbólicos que sirvan para el control social de la población.

¿Qué formas de resistencia ves hoy en acción contra la ciudad de la capital?

Muchas y muy variadas. Desde las más elementales y visibles, como las vinculadas al ámbito de la producción, sindicatos y demás, hasta aquellos movimientos sociales de carácter urbano que encabezan luchas contra las dinámicas de acumulación por desposesión y la privatización de bienes de consumo colectivo, pasando por el movimiento feminista, el ecologista, etc. Todos ellos conforman una tupida red de resistencias frente al poder homogeneizador y explotador del capital.

¿Puede la construcción de ciudades distintas a las del capital ser la base para el cuestionamiento definitivo del capitalismo?

Solas las ciudades no, desde luego. Primero porque existe el problema de la escala, que afecta tanto a gobiernos locales, como a movimientos sociales, y luego porque muchas de los fenómenos que se producen en las ciudades son de ámbito global. Es necesario una actuación amplia y coordinada, algo muy complicado para las ciudades. Ahora bien, eso no significa que no sea posible “sembrar” un cierto futuro o revertir determinadas políticas desde las ciudades.

Publicado en acumulación por desposesión, Antropología social y cultural, Antropología Urbana, Crítica, David Harvey, Economía, Género, Ideología, Marx, neoliberalismo, Política, privatizaciones, Seguridad, turismo | Etiquetado , , , , , , , , , | Deja un comentario