No os engañéis, el PSOE es un nuevo movimiento social

Poco a poco va apareciendo el desencanto. Es normal, excepto los más pro, el resto, o bien hemos tenido tiempo suficiente para metabolizar el subidón de la moción de censura y los primeros nombramientos del Gobierno Sánchez –dimisión exprés incluida-, o, directamente, nunca nos loshabíamos acabado de creer.

Desde antes de la toma de posesión de los nuevos Ministros y Ministras, sin biblia pero con Rey, ya era posible recopilar -desde medios de comunicación y redes sociales- toda una lista de demandas dirigidas a los recién estrenados gobernantes. Una auténtica carta a los Reyes Magos de la Moncloa que incluía desde la subida de las pensiones a la derogación de la reforma laboral, pasando por la reforma de la Constitución, la retirada de la Ley Mordaza, el acercamiento de los presos-políticos-presos a Catalunya y otras tantas ideas y peticiones.

Pero no nos engañemos, ni el PSOE tiene la capacidad, solo 85 Diputados y Diputadas de un total de 350, ni puede conformar las alianzas posibles, tanto PNV como PDCat representan sectores liberales, conservados y democristianos en sus respectivos territorios y Ciudadanos y el PP siguen estando ahí, ni disponen del tiempo necesario, menos de dos años en caso de que Sánchez quiera estirar el tiempo hasta el límite, ni tampoco lo pretenden. El PSOE post-Transición no ha dejado de demostrar, año tras año, que tiene un interés verdadero por modernizar España, sí, pero siempre desde una posición que lo hace mucho más cercano a los postulados de Tony Blair, Renzi o Gerhard Schröder que a, que a… intentando buscar una referencia a la izquierda en Europa me he quedado sin palabras. En definitiva, los socialistas del Siglo XXI son un partido español de corte socio-liberal, mucho más preocupados por el debate cultural que por auténticas propuestas que modifiquen un ápice los cimientos del bloque que maneja los hilos del poder político y económico desde hace décadas en el Reino de España. Es por eso que los he tildado de nuevo movimiento social en el título del presente artículo.

Justo ahora que se cumple el 50 aniversario de Mayo del 68 cabría recordar que, si algo trajo ese mes francés, fue una reforma de los usos y costumbres en el mundo desarrollado capitalista. Debajo de los adoquines no estaba la playa –o sí, pero no la que muchos pensaban- sino la disolución del viejo mundo de la posguerra, con sus rígidas relaciones sociales, la preponderancia del valor del trabajo y el mundo masculino industrial, la homogeneidad que otorgaba la cultura de masas, el modelo de familia tradicional, la separación entre cultura y naturaleza, y otros tantos aspectos. Es precisamente uno de los sociólogos que mejor supo interpretar los impactosgenerados a nivel social por el 68 parisino, Alain Touraine, el que acuñó un término que ha pasado a la historia como referente a la hora de denominar las recién inventadas formas de acción colectiva que parecieron surgir entonces: los nuevos movimientos sociales.

Como bien describe Touraine, la sociedad post-industrial se haya en permanente conflicto, pero éste no estaría ocasionado por cuestiones de orden material sino, más bien, por las nuevas prácticas sociales –las costumbres y formas de vida antes reseñadas-, y la categorización del campo cultural, esto es, los significados que pueblan cotidianamente dicho orden. Los nuevos movimientos sociales, nuevos por la consideración de antiguos de aquellos relacionados con la esfera productiva, es decir, los sindicatos y organizaciones laborales, vendrían a realizar propuestas sociales aprovechando las contradicciones existentes. Punto.

Es en esta liga que juega el PSOE. Por eso la preponderancia de mujeres en el Consejo de Ministros y Ministras –ojo, que conste que me alegro enormemente, pero como decía Irantzu Varela, un Gobierno conformado por mujeres no tiene porqué ser necesariamente un Gobierno feminista-; el golpe de efecto con el Aquarius, el barco de los refugiados que el mísero Gobierno italiano no ha querido acoger en sus puertos–aunque ahora dice Marlaska que lo de refugiados ya se verá-; un Ministro de Cultura y Deporte como Màxim Huerta –ah, que ya no está-; una Ministra encargada de la Transición Ecológica –aunque la reforma energética es algo a lo que, de todas maneras, nosobliga Bruselas-, etc.

El partido socialista intentará poner en el centro del tablero cuestiones como la igualdad, el medio ambiente, la solidaridad, etc., cuestiones que sin duda marcarán la diferencia con respecto al Gobierno de Rajoy. Pero que nadie se haga ilusiones, en los temas más importantes, como decía la vieja canción quincemayista: “PSOE y PP, la misma… es”.

Anuncios
Publicado en Política | Etiquetado , , , , , , , | 2 comentarios

¿El turismo contra los barrios?

Fuente: eldiario.es

Fuente: eldiario.es

Este texto lo escribí a modo de Editorial para el número 1 de la Revista Marea Urbana, de la Taula Veïnal d’Urbanisme de Barcelona, publicada en febrero 2016.

¿El turismo contra los barrios?

Que la ciudad es un espacio de y para el conflicto es un hecho sencillo de comprobar abriendo cualquier periódico: huelgas en los servicios públicos, represión de la venta ambulante irregular, vulneraciones de la legalidad urbanística vigente, manifestaciones varias, desahucios, luchas por la apropiación del espacio urbano, etc. Barcelona, en este sentido, no se queda atrás. Es más, dada su envergadura y su carácter político, social y económico, no puede más que arrastrar toda una historia de conflictividad urbana con conocidos y, a veces, recordados picos de actividad. Desde los sucesos de la Semana Trágica, pasando por la Revolución del 36 y los movimientos vecinales de los años 70, hasta llegar al 15M y sus asambleas de barrio, las acciones de la Plataforma d’Afectats per la Hipoteca (PAH), las ocupaciones de inmuebles destinados a la especulación o, más recientemente, unas protestas vecinales que han puesto de moda un, cada vez más, difundido neologismo, la turistificación.

Si hubiera que establecer un punto de partida, una fecha simbólica en el calendario, desde donde disponer el inicio de estas movilizaciones contra un fenómeno que ha llegado a alcanzar cotas de reconocimiento internacional, este podría ser el verano del año 2014, cuando las protestas llevadas a cabo por los vecinos y vecinas de la Barceloneta saltaron a las páginas de los periódicos y a las pantallas de nuestros aparatos de televisión. Los hechos son por todos conocidos: el Ajuntament, gobernado por Convergéncia i Unió (CiU), era interpelado por un barrio que veía como, pese a unas estadísticas oficiales que decían que únicamente 72 de los 604 apartamentos turísticos legales con los que contaba Barcelona se encontraban dentro de sus límites, la realidad más dura se empeñaba en señalar lo contrario, esto es, la existencia de cientos de pisos turísticos sin licencia y una clara pasividad municipal al respecto. El comercio tradicional desaparecía, los vecinos y vecinas se mudaban, imposibilitados para hacer frente al alza de los alquileres, hoy en día desorbitados, y el barrio, tal y como había sido conocido hasta ese momento, caminaba hacía su desaparición.

Se denunciaron entonces los efectos que años de políticas, tanto municipales como autonómicas y estatales, de barra libre o tarifa plana (términos en aquel tiempo de moda), estaban erosionando gravemente el tejido social de la Barceloneta, pero también de otros barrios emblemáticos como el Gòtic, la Sagrada Família, Poble Sec o Gràcia. Para ello se puso el acento, no solo en criticar la ausencia de una regulación específica y restrictiva sobre todo tipo de establecimientos turísticos -hoteles, pensiones, apartamentos, hostels, albergues, etc.-, así como las prácticas incívicas de algunos de los visitantes, sino también la permisividad institucional con la proliferación de un tipo de turismo de carácter depredador, así como la apuesta por modelos elitistas para zonas como el Port Vell o Diagonal Mar.

No creemos que sea un error adjudicar parte del éxito de una fórmula electoral como Barcelona en comú a, por un lado, el saber hacer suyas las exigencias vecinales y, por otro, a la implicación de algunos de sus líderes en conflictos que escapaban al ámbito más inmediato de los barrios, alcanzando niveles de ciudad. No obstante, también es cierto que los vecinos y vecinas no se quedaron cruzados de brazos en espera de una hipotética resolución de la problemática por parte de las renovadas instituciones municipales. La Assemblea de Barris per un Turisme Sostenible (ABTS), a nivel suprabarrial, así como plataformas y entidades de menor tamaño, como EnsPlantem en el Poblenou, o la Xarxa Ciutat Vella No Està en Venda, nacieron o tomaron nuevos bríos en este nuevo contexto local, coordinando esfuerzos y compartiendo dinámicas y acciones.

Como dice Claudio Milano en su artículo, incluido en el presente número, “Turismofobia: cuando el turismo entra en la agenda de los movimientos sociales”, las resistencias vecinales contra la presión turística suponen un fenómeno ciertamente novedoso en el panorama europeo, así como en el Estado español, y más aun las reflexiones en torno a la relación entre el turismo, el derecho a la vivienda, la justicia espacial, el acceso al espacio urbano o los procesos especulativos. Es por esto que los artículos que conforman el dossier central la Revista, elaborados por miembros de la propia ABTS en base a su experiencia o sobre las conclusiones recogidas durante la celebración del 1er. Fòrum Veïnal sobre Turisme -celebrado durante los primeros días de julio de este año-, recogen los anhelos, demandas y propuestas de un amplio movimiento vecinal que no deja de estar alerta.

Se completa el número 1 de Marea Urbana, además de con otras secciones estables, con un artículo que persigue ser una reflexión sobre el turismo de masas; con otro que ahonda en la cruda realidad de las externalizaciones presentes en el sector hotelero, para finalizar con un texto que pretende hacernos reflexionar sobre las formas, escasamente democráticas y fuertemente vinculadas al sistema neoliberal, en las que se diseñan las políticas urbanas a nivel global. Las conferencias preparatorias continentales, así como la cita final de la Agenda Urbana de Habitat III (un capítulo de políticas que estará vigente en el marco de Naciones Unidas por un periodo de veinte años), han pasado desapercibidas para la opinión pública, permaneciendo su crítica y conocimiento restringido a los ámbitos más cercanos de la alta empresa, la academia y la política local.

Esperamos que el presente ejemplar sirva para consolidar una Revista con vocación crítica que no pretende otro objetivo que el de convertirse en una herramienta útil en manos de diferentes colectivos, vecinas y vecinas de Barcelona, y recoger sus principales debates, inquietudes y propuestas.

Publicado en Antropología Urbana | Etiquetado , , , , , , , , , | 2 comentarios

El trabajo instantáneo

Este artículo fue publicado originalmente el pasado día 20/07/2016 en Eldiario.es y Catalunyaplural.cat

El trabajo instantáneo

El verano ha llegado con fuerza y, además de un importante incremento de las temperaturas, nos trae nuevamente algunas campañas publicitarias que, al menos, nos deberían dar que pensar. En concreto, me estoy refiriendo a aquella que muestra una aplicación para teléfono móvil que te garantiza conseguir trabajo en pocos días, incluso en 24 horas, y que algunos autobuses urbanos del conjunto del Estado lucen en sus laterales. El hecho de que una simple app te pueda conseguir un trabajo instantáneamente y no el esfuerzo coordinado de miles de agentes públicos y privados que cuentan con décadas de experiencia en tal cuestión, nos debería dar una idea del tipo de sociedad en la que vivimos y del papel que el propio trabajo juega en ella, algo en lo que las políticas de flexibilización puestas en marcha a lo largo de las últimas décadas tienen una enorme responsabilidad.

Los debates en torno al trabajo como mercancía tuvieron cierta importancia a mediados del siglo pasado. Autores como Karl Polanyi advirtieron que aquello que se daba como un hecho natural, el que la gente tuviera que vender su fuerza de trabajo en el mercado para poder sobrevivir, era un elemento relativamente reciente en la historia de la humanidad. Polanyi también destacó cuestiones como la consideración de la tierra como factor de producción, objeto también, por tanto, de las disposiciones del sistema capitalista, o la indiferenciación, en las sociedades denominadas tradicionales, de la economía del resto de esferas constitutivas de la vida (la familia, la política o la religión), versión popularizada por los autores liberales ingleses y americanos.

Nuestra consideración del trabajo es, por tanto, una realidad reciente y se encuentra fundamentada, sobretodo, en las grandes transformaciones que se produjeron en Europa y Estados Unidos a lo largo de los siglos XVIII y XIX, donde la revolución industrial y la expansión del capitalismo contribuyeron a polarizar la vida de las grandes ciudades en torno a sectores sociales dispares, esto es, los trabajadores y la burguesía poseedora de fábricas, bancos, etc. Sin embargo, ya en las primeras aproximaciones críticas a la dura realidad de la vida obrera, el trabajo se mostró como un elemento cardinal de identidad y liberación. Las clases sociales no serían solo asépticas y neutrales formas clasificatorias, sino que podrían actuar como auténticos referentes y agrupar aquellos sectores de la población que vivían situaciones similares de explotación. Ser un trabajador -ser de clase obrera- se convirtió en un poderoso elemento de adscripción.

Los principales, y más efectivos, ataques a esta consideración del trabajo como elemento de identidad y lucha tuvieron lugar en Europa en los años 70s y 80s del siglo XX de la mano de Margaret Thatcher y su Partido Conservador. La principal victoria conseguida por la líder tory no fue tanto la privatización de los amplios medios de producción públicos o doblar la mano a los poderosos sindicatos, que también, sino lograr una profunda transformación de la cultura del país. El trabajo y los trabajadores dejaron de ser los elementos primordiales de la estructura productiva del Reino Unido para pasar a ser considerados casi como enemigos del Estado. La apuesta conservadora por destacar la importancia del individuo y la familia, negando la existencia misma de la sociedad y, por tanto, de las clases que la conformaban, tuvo el efecto deseado de romper los mecanismos de adscripción identitaria y solidaridad de clase que tan profundamente arraigados estaban en la sociedad británica. El Reino Unido, y con posterioridad el resto de Europa, así como Estados Unidos de la mano de Reagan, dejaron de ser espacios relativamente igualitarios con fuertes Estados del Bienestar, y se transformaron en tierras de oportunidad donde, en una lucha de todos contra todos, cualquiera podía triunfar y alcanzar la cima. La estigmatización que sufrieron aquellos que no pudieron, no quisieron o no supieron, subirse al carro de la prosperidad capitalista ha sido magníficamente descrito por gente como Owen Jones en su imperdible Chavs. Y es imposible negar que parte de la responsabilidad del Brexit pudiera recaer en unas asustadas y empobrecidas clases sociales trabajadoras que siguen existiendo y que han acabado reconociendo su enemigo no tanto en aquellos que los explotan y en los mecanismos que lo hacen posible, sino en el fontanero polaco, el tendero pakistaní o el refugiado sirio.

De este modo, la lucha por un trabajo que garantice una vida digna, no instantánea, no es solo aquella por la supervivencia diaria, sino que es necesario englobarla en una disputa ideológica global y a más largo plazo donde éste juega un importante papel identitario. Como referente en la lucha contra una explotación que se produce en diferentes ámbitos, el trabajo tiene que recuperar su posición central en el tablero social.

Publicado en Economía, Ideología, Política | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Pepe Rubianes y la construcción de la memoria espacial de la ciudad

Fuente: barcelona.cat

El Gobierno de Barcelona, en manos de los comunes, ha aprovechado el aniversario de la proclamación de la II República Española para celebrar lo que han denominado Primavera Republicana. Se trata de toda una semana de diferentes actos -conciertos, exposiciones, charlas, ofrendas, etc.- con el que pretenden rendir homenaje a unos de los pocos periodos realmente democráticos -el único, si tenemos en cuenta la historia constitucional, según el catedrático Pérez Royo- de la historia reciente de España.

Entre los eventos programados se encuentra el cambio de nombre de una calle del barrio de la Barceloneta. Se trata éste, la mayoría de las veces, de un acto de carácter burocrático, solicitado y aprobado en instancias poco glamurosas de los Ayuntamientos, alejadas de los plenos y las comisiones donde realmente se decide el futuro de las ciudades. Sin embargo, el rebautizo de la calle que va desde el Passeig Joan de Borbó hasta el Passeig Marítim de la Barceloneta, de Almirall Cervera a Pepe Rubianes, no ha dejado indiferente a muchos y muchas. Desde luego, en ello seguro ha tenido que ver la calma tensa que vive la política catalana y, por extensión, la barcelonesa, con la elección del próximo President de la Generalitat de fondo, las manifestaciones por los políticos encarcelados y la vigencia total del artículo 155 de la Constitución. Sin embargo, no debemos olvidar añadir a ello, la situación de relativa debilidad del Gobierno de Ada Colau, la proximidad de las próximas elecciones, las medidas tomadas por el Ayuntamiento de los comunes, etc. Realmente, la coyuntura podría no ser la más propicia para la realización de dicho cambio en el nombre de la calle, aunque claro, ante esta cuestión también cabría preguntarse, entonces, ¿cuál sería ese momento?

De lo que no podemos tener ningún tipo de duda es de que, si algo posee la institución municipal, es de la legitimidad para realizar este tipo de actos. Una legitimidad -basada en el hecho de haber ganado, aunque sea por la mínima, unas elecciones- que no solo le da la capacidad de actuación, sino que también le otorga el poder de replantear y redefinir la memoria espacial de la ciudad. Así lo hicieron muchos de sus antecesores.

Las calles de Eixample de Barcelona no reciben nombres tales como Girona, Aragó, València, Viladomat o Conde d’Urgell por una cuestión gratuita. Los políticos que manejaron las riendas de la ciudad cuando el ensanche diseñado por Cerdà tomaba forma, no solo permitieron que se incumplieran escandalosamente los planes diseñados por este, sino que trazaron, mediante el callejero de la ciudad, un relato basado en su visión de Barcelona como capital de Catalunya. Es exactamente el mismo espíritu que les llevó a levantar un Barri Gòtic de la nada como referente simbólico de una clase social, la burguesía de aquellos años, ávida de unas referencias históricas y patrimoniales que, hasta ese momento, no habían tenido.

Tanto la posterior República, como el oscuro Franquismo, no tardaron en hacer lo mismo. Todavía es posible encontrar en Barcelona gente que llama Avenida Primo de Rivera a lo que hoy conocemos como Gran Via de les Corts Catalanes, o Plaza Calvo Sotelo a la actual Plaça Francesc Macià. Con este tipo de acciones, los poderes establecidos tratan de diseñar un imaginario colectivo acorde a sus propuestas y decisiones políticas. Influyen en una memoria colectiva local incidiendo en el espacio.

De este modo, este último cambio en el nomenclator barcelonés no deja de ser, más allá de una relativa molestia para sus vecinos y vecinas, un intento por recuperar para ese imaginario un referente de la cultura catalana como es Pepe Rubianes. Un tipo que tuvo la osadía de decir que la “unidad de España la sudaba la polla por delante y por detrás”, un provocador, un cómico. Un personaje, en definitiva, que encaja con la proyección de la ciudad que lleva en su ADN político Barcelona en comú. Y fijaos, no puedo estar más de acuerdo.

Publicado en Antropología Simbólica, Antropología Urbana, cambios, Ideología, Memoria, Política | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

¡Todo el poder a la Asamblea (de Barrios por un Turismo Sostenible)!

Fuente: Propia

Fuente: Propia

Este artículo fue publicado originalmente en catalán el pasado día 21/06/2016 en La Directa.

¡Todo el poder a la Asamblea (de Barrios por un Turismo Sostenible)!

El pasado día 5 de junio, diferentes colectivos, así como vecinos y vecinas a título individual, agrupados bajo el paraguas de la Plataforma #EnsPlantem, tras llevar a cabo una ruta por las principales obras especulativas del Poblenou, acabaron okupando un amplio solar, conocido popularmente como de La Vanguardia y situado entre las calles Llacuna y Roc Boronat, con el objetivo de denunciar el proceso de agresiva turistificación que está viviendo el barrio.

Entre las decisiones adoptadas por la asamblea, informalmente reunida y conformada en dicho solar, estuvieron las de continuar con las acciones de #EnsPlantem a lo largo del mes de julio; difundir, entre los vecinos y vecinas, las consecuencias que la turistificación está suponiendo para el barrio, y participar en las reuniones y acciones que planteara la Asamblea de Barrios por un Turismo Sostenible (ABTS) para el ámbito de la ciudad, entre otras.

El uso del adjetivo “agresivo” para calificar el avance de la actividad turística en el Poblenou no es gratuito. Las estadísticas indican que, entre los años 2011 y 2014, se inauguraron 8 nuevos establecimientos hoteleros en el Distrito Sant Martí (según las estadísticas oficiales del Ajuntament de la ciudad), algo que supuso pasar de 9.679 plazas en el primero de los años considerados, a un total de 11.505 plazas para el último, esto es, un incremento cercano al 20% en solo cuatro años. En ausencia de datos distribuidos por barrios, aunque dada la cercanía a las playas y la abundancia de solares y emplazamientos para este tipo de establecimientos en los barrios de la Vila Olimpica, el Poblenou y Diagonal Mar i Front Maritim, no sería descabellado conjeturar que dichos equipamientos turísticos se abrieron, principalmente, en los tres barrios señalados. Esto sin contar las innumerables habitaciones, pisos y apartamentos turísticos que legal, o ilegalmente, florecen en estas zonas. Solo es necesario realizar una sencilla búsqueda en plataformas como airbnb para encontrar más de 200 ofertas disponibles únicamente en el Poblenou.

Si de lo que hablamos es de licencias de terrazas, el proceso es aun más notable. Para el mismo periodo considerado con anterioridad, las licencias anuales concedidas a bares y restaurantes pasaron de 383 en el año 2011, a 480 en 2014, lo que representa un aumento superior al 25%. Como dato curioso, añadir que las licencias semestrales pasaron de 164 en 2012 (no existen datos estadísticos para el 2011), a solo 90 en 2014, algo que podría tener que ver con la desestacionalización del turismo en la ciudad, hecho que hace rentable pagar licencias anuales en vez de estacionales. Por otro lado, estas terrazas pasaron de ocupar 5.361,6 m2 en 2011 a 7.514,7 m2 en 2014, con un incremento mayor al 40% en su apropiación del espacio urbano del Distrito.

Por si alguien no se ha dado cuenta, el periodo temporal considerado no es baladí, por cuanto se trata de aquel en el que Convergència i Unió (CiU), con el Alcalde Xavier Trias a la cabeza, estuvo al frente de la principal institución de la ciudad y durante el cual, el proceso de privatización del espacio común que suponen las calles y las plazas, vivió una dinámica acelerada.

Así que de aquellos polvos, estos lodos, de modo que los intentos de domesticar la bestia turística puestos en marcha por el gobierno de Barcelona en comú y plasmados en el establecimiento de una moratoria en la concesión de licencia hoteleras, la prohibición de la apertura de nuevos apartamentos turísticos, la revisión de la ordenanza de terrazas (ya iniciada por Trias), o la elaboración de un Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos (PEUAT), es imposible que contenten a nadie. Ni a los lobbies financiero, inmobiliario y turístico, que ven como se les acaba la gallina de los huevos de oro, ni al gremio de la restauración, que en el Poblenou llegó a declarar un día de huelga de terrazas hace unas semanas, ni, por supuesto, al propio Partit dels Socialistes-versión local, padre ideológico de la criatura, cuyos regidores, nada más prometer el cargo, criticaron la moratoria de nuevas aperturas e emplazaron a “pensar en el empleo”.

Pero es que incluso la Asamblea de Barris por un Turismo Sostenible (ABTS) ha presentado multitud de alegaciones al PEUAT, calificando sus medidas como “blandas”, hecho que, conjuntamente con otras circunstancias, ha llevado al Consistorio a retrasar su aprobación para después del verano.

En definitiva, nos encontramos ante el viejo dilema que enfrenta el valor de uso y el valor de cambio aplicado a la consideración de la ciudad como mercancía, esto es, a la Barcelona aparador frente a aquella popular que reclama mantener, ampliar y mejorar sus espacios tradicionales de socialización lejos de las dinámicas mercantilizadoras que acompaña a los procesos turístificadores intensivos. Y, no nos engañemos, a un nivel menos teórico, a la imposibilidad de un Ajuntament en  minoría de cumplir con aquello que prometió, por la incapacidad práctica de domeñar lo económico desde lo político a estas alturas, pero también, por una serie de errores acumulados (procesos participativos teledirigidos, alianzas políticas contra-natura, etc.) que pueden llegar a desilusionar a muchos de aquellos y aquellas que contribuyeron a auparlos a las instituciones.

Mientras, la ABTS ha convocado, para los días 1 y 2 de julio, un Primer Fórum de Turismo Sostenible desde donde intentarán mostrar a los poderes públicos y privados de la ciudad su posición como vecinos y vecinas de Barcelona y a la que, desde barrios como el Poblenou, no se dudará en contribuir demandando, entre otras cuestiones, la declaración del barrio como área saturada y necesitada de decrecimiento turístico, y la cancelación de aquellos proyectos de hoteles planteados, pero no construidos aun en el barrio.

Publicado en Antropología Urbana | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Contra la justicia global

Fuente: enjusticiaglobal.wordpress.com

Fuente: enjusticiaglobal.wordpress.com

Este artículo fue publicado el pasado día 17/05/2016 en Periódico Diagonal

Contra la justicia global

Imaginemos una inmensa máquina diseñada para fabricar muñecos. Por un extremo el dispositivo recibe ciertos inputs, esto es, el plástico necesario para conformar las partes fundamentales del juguete, la tela para su ropa, el nylon y el vinilo para su cabello, etc., mientras que por el extremo contrario, y tras una compleja elaboración que implica numerosos procesos y transformaciones, se obtienen los muñecos.

Sin embargo, y como consecuencia del propio dispositivo, hete aquí que el resultado final siempre aparece dividido en dos partes: por un lado la cabeza y, por otro, el resto del cuerpo. Tras reunirse y recapacitar sobre ello, la solución de los técnicos al cargo de la máquina pasa por disponer, apostadas en la bandeja de salida, tantas personas como fueran necesarias para que, conforme cuerpo y cabeza vayan saliendo, sean juntadas a toda velocidad una parte con la otra de forma que se obtenga un producto a todas luces aceptable.

Pues bien, en relación al concepto de justicia global, aquellas propuestas aparentemente más progresistas son, en su mayoría, del tipo “máquina de muñecos”. Así, dentro de los planteamientos, tanto teóricos como prácticos, que se discuten hoy día en el ámbito académico e institucional –e incluso dentro de algunas organizaciones no gubernamentales- priman los relacionados con la responsabilidad negativa de los estados del Norte enriquecido sobre el Sur empobrecido y, dentro de ambos, de las élites sobre las clases populares. Es decir, entendiendo que la situación actual en muchos países es consecuencia de las actuaciones y los intereses económicos de grandes bancos y empresas multinacionales, así como de las políticas nacionales e internacionales llevadas a cabo por los gobiernos de Europa y Estados Unidos principalmente, se plantea la necesidad de intervenir para equilibrar la situación aludiendo al concepto de justifica global, aunque siempre desde una perspectiva moral. En este sentido, Thomas Pogge, filósofo de moda en ciertos círculos y movimientos pro-derechos humanos, propone por ejemplo el establecimiento de una especie de “Dividendo Global de los Recursos”, o DGR, como medida de justicia redistributiva que permitiera en cierta medida reparar los daños producidos en los países y en los sectores perdedores como consecuencia del funcionamiento del actual sistema económico mundial, esto es, debido a la actuación de las anteriormente citadas políticas y empresas multinacionales occidentales. Pogge añade, además, que las medidas redistributivas deben ser puestas en marcha sin ocasionar una alteración tangible en el sistema económico mundial. Se trata de una propuesta altamente realista, uno de cuyos ejemplos prácticos podría ser la puesta en marcha del impuesto a las transacciones internacionales o Tasa Tobin.

Dejando de lado otras propuestas, como las elaboradas desde la filosofía política liberal por Habermas o Rawls, que ni siquiera contemplan la posibilidad de implementar medidas de corte redistributivo en el ámbito económico y limitan la justicia global a mínimas intervenciones de defensa de los derechos humanos básicos –en el sentido de evitar violaciones masivas de los mismos- es necesario señalar que planteamientos como el de Pogge no entran de lleno en una cuestión fundamental: la necesidad, para la existencia de una verdadera justicia, de superar las relaciones estructurales de poder y dominación que determinan y reproducen las situaciones de pobreza y dependencia en el mundo.

Así, cualquier acercamiento al concepto de justicia global que no pase por un profundo conocimiento y análisis del funcionamiento del sistema capitalista y no proponga soluciones, quizás inicial y aparentemente poco realistas, pero más efectivas, que evidencien la necesidad de cambios estructurales; esto es, mientras continuemos únicamente con discursos plenos de significantes vacíos (como sociedad civil, participación o transformación social) y no pasemos a rediseñar la “máquina de muñecos”, seguiremos ante el mismo –y no tan metafórico- resultado final: juntando cuerpos y cabezas.

Publicado en Cooperación | Etiquetado , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

¡Es la plusvalía, estúpido!

Fuente: Propia

Fuente: Propia

Este artículo se publicó originalmente el 17/08/2016 en eldiario.es y catalunyaplural.cat

¡Es la plusvalía, estúpido!

Vaya por delante que el presente artículo no pretende insultar ni difamar a nadie. Y que, por si a estas alturas todavía alguien no lo sabe, el título del mismo no es de mi invención, sino que está tomado de la campaña electoral que, en el año 1992, enfrentó a George Bush padre contra Bill Clinton en la carrera por la Presidencia norteamericana. A lo largo de la misma, Clinton logró darle la vuelta a unas elecciones, que en principio parecía tener perdidas, centrando sus intervenciones, además de en la situación económica general del país, en la posibilidad de cambio tras los tres periodos de gobierno republicanos de Ronald Reagan y Bush, así como en la necesidad de reformar y mejorar el acceso a la salud de los estadounidenses.

Sin embargo, este texto no va de elecciones norteamericanas ni de campañas electorales, sino de ciertos discursos que buscan hacerse un hueco en el debate público y que, como el Guadiana, vuelven a aparecer cada cierto tiempo. Me estoy refiriendo a aquellos relativos a los problemas ocasionados por los agresivos procesos de turistificación que viven muchas ciudades a lo largo y ancho del Estado español y que cuentan con Barcelona como caso paradigmático.

Cuando hace dos años, la foto de unos turistas desnudos entrando en una tienda de la Barceloneta dio la vuelta al mundo mostrando la realidad cotidiana con la que vivían los vecinos y vecinas de ese popular barrio, ya hubo intentos de atajar el problema centrando la atención sobre la falta de civismo y de respeto que mostraban algunos de los visitantes de la ciudad y en la posibilidad de fomentar la convivencia y la tolerancia entre estos y los residentes. Así, determinados medios de comunicación se apresuraron en señalar los efectos, más que las causas, de la situación, algo que, de forma evidente, pararía por atajar el denominado turismo de borrachera, controlar los numerosos incidentes que se producían en las calles o disminuir el ruido nocturno que impedía el correcto descanso del vecindario, entre otras cuestiones. Y aunque también reconocían las consecuencias del elevado número de pisos dedicados ilegalmente a alojar turistas, este factor era tratado con gran superficialidad y quedaba restringido al ámbito de la Barceloneta. Afortunadamente, las manifestaciones y actos de protesta que se llevaron a cabo desde este mismo emplazamiento, y que posteriormente se han ampliado al resto de la ciudad, contribuyeron a poner en evidencia tal falacia y reclamaron a las instancias municipales medidas contundentes que contribuyeran a poner freno a la situación. La llegada al poder de Barcelona en comú en las elecciones del año siguiente no es ajena a tal circunstancia, como tampoco lo es el hecho de que esta fuerza política tenga entre sus prioridades la aprobación de un Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos (PEUAT) que ya se retrasa demasiado.

Estos días somos testigos de otro intento de centrar el debate en torno a los supuestos problemas ocasionados por la falta de civismo que muestran los turistas que se alojan, en esta ocasión, en apartamentos alquilados a través de la plataforma Airbnb. Más de dos docenas de propietarios de viviendas de la ciudad han emprendido una campaña con la intención de sabotear el sistema implementado por el Ajuntament de cara a recoger denuncias sobre apartamentos turísticos que funcionan de forma irregular. De nuevo la falta de civismo, andar sin camiseta, el ruido o la celebración de fiestas son los motivos empleados para rechazar tal sistema, esgrimiendo que se trata de conflictos puntuales que ponen en peligro las hipotéticas bondades que aporta a los propietarios la citada plataforma online de economía colaborativa.

Los beneficios de un debate en torno al civismo son evidentes, pues las autoridades e instituciones suelen responder elaborando o endureciendo normativas de control y regulación del comportamiento en el espacio urbano -ordenanzas cívicas, leyes anti-botellón, etc.-, y desviando la mirada sobre el problema real, esto es, el constante avance hacia la conversión total de las ciudades en mercancías y, en este caso, en la transformación del papel social de la vivienda en un elemento más del proceso de acumulación del capital. Porque es la plusvalía, no el civismo, lo que aquí está en juego. La conversión de las ciudades en parques temáticos no solo utiliza a los vecinos y vecinas como extras de un paisaje urbano a explotar, sino que acaba por imposibilitar el desarrollo mismo de la vida urbana. Es la búsqueda de la maximización de las rentas monopolísticas lo que lleva a los propietarios de fincas urbanas a ponerlas al servicio, regular o irregular, de la industria turística, excluyendo a unas clases sociales depauperadas que se ven incapaces de afrontar el pago de las mimas. Y si no, que se lo digan a los venecianos, cuya ciudad, visitada cada año por más de 24  millones de turistas, pierde anualmente más de 1.000 habitantes. Es, por tanto, la posibilidad de extracción de plusvalías la que contribuye a agrandar el problema y no encontrarse turistas sin camiseta en los ascensores de nuestros edificios.

Para finalizar, y volviendo a las elecciones norteamericanas de 1992, el resultado es de sobras conocido: Clinton ganó, pero ni cambió nada ni el sistema de salud mejoró en absoluto. Eso sí, a lo largo de sus años al frente de la Casa Blanca vivimos el auge de internet y el estallido de las gran burbuja de las puntocom. Hace bien el Ajuntament de Barcelona en comú en reclamar insistentemente, a los poderes con competencia sobre ello, una regulación del alquiler, aunque no debe ni dejarse chantajear ni olvidar otras medidas, como las ya emprendidas de ampliación del parque de viviendas públicas, si quiere ser verdaderamente algo más que un cambio de siglas al mando del poder municipal y no dejar de ser una fuerza política con el apoyo de las clases populares.

Publicado en Antropología Urbana | Etiquetado , , , , , , , , , | Deja un comentario