Entrevista La Directa [Septiembre 2019]

Fuente: publico.es

Entrevista al diario La Directa  17/09/2019) para el texto “Alternatives al model securitari

Vivim una època amb estats d’emergència permanents, alertes antiterroristes, discursos securitaris i el sorgiment i l’extensió del postfeixisme global. Sembla que Barcelona s’enfronta ara a una ‘amenaça per la inseguretat’. Parlem d’una percepció subjectiva, d’un discurs creat, d’una realitat evident o d’una combinació entre aquests factors?

Cualquier intento de acercarse a la cuestión de la seguridad en ámbitos urbanos desde una perspectiva no compleja, multifactorial y contextualizada, es un error.  Una vez dicho esto, la respuesta más adecuada entre las opciones propuestas es la de la combinación de factores. Es verdad que, estadísticamente, Barcelona es una ciudad que cuenta con unos indicadores, en aquello relacionado con la seguridad, que destacan en el conjunto del Estado español, pero también es verdad que, en los manuales de sociología urbana, cuando se trata el tema de la seguridad siempre te encuentras con advertencias del tipo: las estadísticas no son una herramienta definitiva a la hora de realizar una aproximación adecuada. A modo de ejemplo, la sensación subjetiva de inseguridad suele ir acompañada de demandas de más presencia policial en las calles. Sin embargo, una vez se ve cumplida esta solicitud, la sensación de inseguridad se incrementa, en vez de disminuir, ya que la presencia de fuerzas de seguridad tiende a reforzar este sentimiento.

– Segons l’enquesta de victimització de l’Ajuntament de Barcelona 2018, la percepció de seguretat no ha canviat gaire en els ciutadans en els darrers anys. Quin creus que és el rol dels mitjans de comunicació en l’extensió psicosocial d’aquest discurs i alarma securitària?

Lamentablemente, aunque hay que decir que todos los medios no son igual, y tampoco tod@s l@s periodistas, muchas veces actúan de eco, de altavoz de determinados intereses -políticos, económicos, etc.- que se benefician de este discurso. En Barcelona esto no es la primera vez que pasa. Sin ir más lejos, la propia promulgación de la vigente Ordenanza cívica de 2005 por el PSC respondió a una escalada de portadas de determinados medios de comunicación que presentaban la situación de Ciutat Vella, en determinados aspectos -prostitución, menudeo de droga, etc.- , como necesarias de una actuación contundente.

– Darrere dels operatius, batudes policials i crides a la seguretat, sovint s’amaguen identificacions per perfil ètnic o amb un important càrrega i contingut racial, com el cas dels manters, un col·lectiu especialment reprimit col·locat al centre de la diana. Dins d’aquest procés de securització, com es desenvolupen les pràctiques del racisme d’estat?

Son realidades dialécticas. La securitización da pie a la aparición de prácticas racistas y las prácticas racistas a la securitización. Hoy día, aunque disputando cada vez más el protagonismo con otros actores -empresas, etc.- es el Estado el agente con mayor capacidad para delimitar las demarcaciones sociales y producir “realidad social” a través de la creación de categorías y el establecimiento de clasificaciones. Es decir, es desde el Estado que se construye parcial, pero potentemente, la realidad social en la que vivimos. Dicho esto, una vez que esta realidad es establecida -un nosotros versus un ellos- el paso a la deshumanización y degradación del otro, esto es, el racismo, es realmente sencilla. Siempre me acuerdo del apunte que hizo Manuel Delgado, el profesor de antropología de la UB, hace unos años cuando señaló aquello de “no se discrimina, segrega o margina a quiénes se considera inferiores, sino que se considera inferiores a aquellos a quienes se discrimina, segrega o margina”. El racismo, en este caso, serviría de coartada.

– Lobbies de restauració, turisme i comerç, immobiliàries i promotores, partits polítics, sindicats policials… Són agents de pressió dins d’aquest discurs per acabar configurant polítiques. Com es relaciona aquesta “inseguretat” crexient amb la mercantilització de la ciutat i l’espai públic, la pressió urbanística, la desigualtat i el turisme?

Se relacionan totalmente. Tal y como he comentado en la respuesta a la primera pregunta, la realidad urbana es compleja y hay que analizarla como un todo. La ciudad es una totalidad. Sus esferas están íntimamente vinculadas. Cualquier separación de las mismas es meramente artificial. Dicho esto, lo primero que se exige para vender algo, en este caso Barcelona y su marca, es decir, su capital simbólico, es que pueda ofrecerse en condiciones de total tranquilidad. El consumo de ciudad necesita una Barcelona higienizada, esterilizada… segura. Estas semanas hemos escuchado unas declaraciones, por parte de un responsable político, que son muy clarificadoras al respecto: “No puede ser que los turistas lleguen a Barcelona y lo primero que vean son los manteros”. Bien, creo que no hay nada más que añadir.

– Quin podria ser l’interès del/s poder/s en la creació d’un estat o una percepció d’amenaça i inseguretat social?

Si hablamos de poder político, bien, creo que no es la primera vez que las instituciones de esta ciudad están al servicio no de las mayorías, sino de los intereses materiales de la ciudad. Y si hablamos de poder económico, bueno, me remito a la respuesta anterior. El interés, que muchas veces es el mismo, es por conseguir una ciudad-mercancía, una Barcelona que compita en las ligas internacionales -en segunda, tampoco en la premier- por la atracción de visitantes y capital. Lo que se ha venido en llamar “las ciudades globales”. Y estamos viendo los resultados de esta competición: desregularización de sectores, un mercado laboral depreciado, etc.

Les estadístiques parlen d’un augment del 9% dels delictes i un 30% dels crims violents a Barcelona. Una de les principals reivindicacions és la d’augmentar la presència policial de control de l’espai públic i una major repressió del delinqüent. Quins processos de resistència i (auto)organització s’estàn donant des de les esquerres en matèria de seguretat? Es pot fer front a aquesta inseguretat sense resseguir la lògica del control social o del punitivisme i disciplina neoliberal?

Por supuesto que se puede. La verdad es que desconozco si algún movimiento social de la ciudad está haciendo algo al respecto, en el sentido de una respuesta centrada y específica al discurso securitario y la presencia policial en las calles, más allá de los casos que se están dando en el entorno de la Rambla Prim, en Sant Martí, y que me parecen, cuanto menos, inadecuados, o las llamadas “patrullas ciudadanas” de alerta que ponen en riesgo el monopolio de la seguridad en manos del Estado y contribuyen a la construcción de la realidad social que he comentado antes. Lo que sí puedo es recordar actividades que, en principio, pueden parecer ajenas a este tema, como la reapropiación de las calles y plazas del Gòtic que lleva a cabo la gente de Fem Plaça, o la respuesta que desde la ABTS se da a la turistificación de determinados barrios de la ciudad, pero que están íntimamente relacionadas con la misma porque, aunque esto no sale en los discursos y las razones más mainstream en torno a la cuestión de la seguridad, lo primero que es necesario para avanzar en este sentido es contar con un tejido vecinal fuerte y estable que actúe como comunidad y sea capaz de disolver las actitudes individuales que la ponen en peligro. Por otro lado, si desde el Estado, en sus diferentes niveles administrativos, se quiere hacer algo al respecto, ya podrían retomar, al menos, la vieja función fordista de lucha contra las desigualdades, que sí son un problema de seguridad para muchas familias y colectivos. Siempre digo que es curioso que contemos con “Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado”, pero no con unos “Cuerpos y Fuerzas contra la Desigualdad del Estado”.

– Coneixes processos similars al de Barcelona en d’altres ciutats del món? Quina dinàmica pots destacar?

Recuerdo que cuando Rudolph Guliani llegó a la alcaldía de Nueva York en los años 90 instituyó una política de “tolerancia 0”, es decir, de securitización de la ciudad, que solo ocasionó un desplazamiento de la criminalidad hacía otros lugares; aumentó considerablemente la población carcelaria -algo que en EEUU es, incluso, objeto de privatización y mercantilización- y no atajó en ningún momento los problemas reales, que son, como no pueden ser de otra manera, fundamentalmente de carácter socioeconómico.

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