Barcelona turística, ¿renacimiento urbano o ciudad medieval?

Fuente: propia

Durante la primera década del nuevo siglo, algunas de las más importantes ciudades del Reino Unido pasaron por un periodo que, desde ámbitos académicos y mediáticos, se ha venido denominando urban renaissance o renacimiento urbano. A lo largo de esos años, urbes como Liverpool, Manchester, Leeds, Cardiff, Bristol y otras, cuyo denominador común sería el hecho de haber vivido tiempos mejores durante el fastuoso pasado industrial del país, y que venían desarrollando un potente proceso de periferización y pérdida de población desde los años 50 del pasado siglo, despertaron a una suerte de regeneración con un alto protagonismo de sus centros urbanos. Es precisamente esta dinámica, basada en el desarrollo de políticas con base en incentivos fiscales, así como en la desregulación de parte de sus normativas urbanísticas, la que ha pasado a la posterioridad y ha servido de modelo a numerosas ciudades a nivel global.

Es de entender que la calificación de renacimiento urbano para este tipo de procesos/políticas vendría fundamentado en la acepción canónica de renacimiento como “acción de renacer”, es decir, de vuelta a comenzar después de un periodo en el que, se entiende, estas ciudades habrían muerto. Gran parte de las críticas realizadas a los efectos de estas políticas no provinieron de sectores afectados por su potente impacto, o por una academia siempre radicalizada, sino desde instituciones y organismos de tinte conservador que subrayaron la incapacidad de las medidas diseñadas de hacer frente a los futuros problemas de estas ciudades. Así, el think tank Policy Exchange, en un informe elaborado en 2008 y titulado Success and the city, señalaba cómo la planificación elaborada preparaba a estas urbes para un modelo económico atrasado, similar al del siglo XIX, afectando, de paso, a otras ciudades que, en ese momento, comenzaban a despuntar. En definitiva, mediante la implementación de las mencionadas políticas comenzaba un proceso de competencia por la atracción de capital y visitantes que afectaba a los intereses de su entorno inmediato.

El fenómeno de la competencia global de las ciudades fue magníficamente descrito por David Harvey en su canónico artículo de 1989 From managerialism to entrepreneurialism the transformation in urban governance in late capitalism. En él, el geógrafo inglés describía los resultados que tales políticas suponían para las ciudades, entre las que podemos mencionar “the vigour of inter-urban competition for capitalist development (investment, jobs, tourism, etc.) [that] has strengthened considerably” (Harvey, 1989: 10).

En el caso de la ciudad de Barcelona, el papel desarrollado por las administraciones local, regional y estatal, en este fortalecimiento de la competencia capitalista, venía llevándose a cabo desde hacía décadas, aunque no es descabellado afirmar que vivió un impulso decisivo a raíz de la declaración de la ciudad como sede de los Juegos Olímpicos de 1992. Es ahí que Barcelona comienza a vivir su particular urban renaissance, hecho que tuvo particular incidencia en barrios como el Poblenou.

Aunque parte de las instalaciones olímpicas –estadios, pistas deportivas, etc.- se establecieron en Montjuïc y otras zonas periféricas de la ciudad, la acelerada desindustrialización que venía viviendo el Poblenou lo situaba como ubicación ideal para el paso de suelo industrial a residencial, esto es, para la instalación de la Villa Olímpica, además de, tras la tan ansiada apertura de Barcelona al mar, de acoger en sus inmediaciones equipamientos tan importantes como el Puerto Olímpico, hoteles, zonas de esparcimiento, centros comerciales, etc.  Nada de esto fue fruto de la improvisación, pues la misma zona había sido objeto, tal y como nos recuerda la historiadora y geógrafa Mercè Tatjer (1973), de un potente intento de transformación en los años 60 por el ampliamente conocido Plan de la Ribera.

Además, una vez finalizados los Juegos, la dinámica urbanizadora no se detuvo. Con posterioridad a la venta en el mercado libre de las viviendas que habían ocupado los deportistas durante la celebración del evento, la continuidad de la Diagonal hasta el Besòs, el desarrollo del Front Marítim, inicialmente conocida como Vila Olímpica 2, la creación de Diagonal Mar y el parque de Miralles, el Centro Comercial, la zona hotelera y de convenciones situada al final de la Rambla de Prim, el Fòrum de les Cultures de 2004 o el diseño del Distrito 22@, también a comienzos del nuevo milenio, supusieron una transformación completa de su paisaje urbano. El imaginario local, que situaba sus confines entre Prim, Diagonal, Marina y el mar, quedó fragmentado en numerosas teselas al más puro estilo de archipiélago urbano, tal y como propusiera el urbanista griego Stavros Stavrides (2015). Una revolución espacial que, como no podía ser de otra manera, supuso un radical cambio social. Tanto es así, que los últimos datos ofrecidos por la Administración Tributaria muestran que, en el Distrito Sant Martí, basta cruzar la Avenida Diagonal, cicatriz urbana que separa el barrio de Diagonal Mar i Front Marítim del Poblenou del Besòs i el Maresme, la renta pasa de 20,9 mil a 10,2 mil euros per cápita, una disminución superior al 50%.

El carácter turístico de la ciudad se vio acelerado por y tras la mal llamada Gran Recesión. Las medidas puestas en marcha desde el Ajuntament por los últimos gobiernos socialistas, así como por el primer y único gobierno convergent de la ciudad, supusieron, con la excusa de la salida de la crisis, una nueva vuelta de tuerca en la terciarización de tintes turísticos de la economía urbana de Barcelona. Claro que esto no puede ser entendido sin la labor del Gobierno central del Partido Popular (PP), el cual, mediante la reforma del mercado laboral y la desregularización de determinados sectores productivos, empujó, no solo a la capital catalana, sino a otras muchas localidades de todo el territorio, hacía la especialización turística como forma de reactivar la maquinaria económica urbana, ni sin la especialización geográfico-productiva de España dentro del contexto europeo.

Las nuevas prácticas turísticas, por otro lado, desbordan la burbuja turística, esto es, la clásica separación entre el espacio del turismo y el espacio del residente, típica del turismo fordista. Han aparecido nuevos conceptos, nuevos términos, como el de lifestyle Tourism, turismo sostenible, Smart Tourism, turismo local, etc., los cuales conciben el turismo como un consumo del espacio sobre la ciudad que no conoce límites, que supera los hitos y elementos patrimoniales característicos y recorre completamente su entramado mediante una nueva mirada. La ciudad, por tanto, ha pasado toda ella a ser una mercancía.

Para Max Weber (2002), uno de los padres de la sociología, si queremos buscar el origen de la ciudad tal y como la conocemos hoy en día, tenemos que buscar en los burgos de la Europa medieval. Centros urbanos que se crearon y crecieron alrededor de un mercado cuya “población local satisface una parte económicamente esencial de su demanda diaria en el mercado local y, en parte esencial también, mediante productos que los habitantes de la localidad y la población de los alrededores producen o adquieren para colocarlos en el mercado” (2002: 939). En la ciudad medieval, el mercado, por tanto, forma parte de la ciudad, es parte intrínseca de la misma, a diferencia de la ciudad renacentista que está más caracterizada por su carácter político y su renovada visión artística.

Así, para finalizar, ciudades que, como Barcelona, han devenido mercancía, navegan en un mercado que ha desbordado sus fronteras inmediatas, ha trascendido la lógica espacial para situarse a nivel global y simbólico; todo es mercado en el mundo capitalista actual. Así, como bien señalara Marx, el espacio ha sido aniquilado por el tiempo, y las ciudades actuales, por su consideración de meros puntos espaciales en el mercado global, se parecen mucho más a las ciudades medievales que a la más ordenada y democrática ciudad renacentista.

Referencias bibliográficas

Harvey, D. (1989). From managerialism to entrepreneurialism the transformation in urban governance in late capitalism.Geografiska Annaler. Series B, Human Geography Vol. 71, No. 1, The Roots of Geographical Change: 1973 to the Present (1989), pp. 3-17.

Marx, K. (1992). El capital. vol. I. Moscú: Ed. Progreso.

Policy Exchange (2008). Success and the city. Learning from international urban policies. Localis: London. Disponible en https://www.policyexchange.org.uk/wp-content/uploads/2016/09/success-and-the-city-mar-08.pdf

Stavrides, S. (2015). Normalización y excepción en la metrópolis contemporánea. En Observatorio Metropolitano de Madrid (eds.), Enclaves de riesgo. Gobienro neoliberal, desigualdad y control social (pp. 107-126). Madrid: Traficantes de Sueños.

Tatjer, M. (1973). La Barceloneta. Del siglo XVIII al Plan de la Ribera. Barcelona: Libros de la Frontera.

Weber, m. (2002). Economía y sociedad. Madrid: Fondo de Cultura Económica.

 

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