La vivienda como garantía de la vida urbana

Fuente:: Propia

Llegan las elecciones locales y los diferentes partidos políticos van haciendo públicos sus programas, así como sus primeras medidas en el caso hipotético de alcanzar el gobierno. Revisando esta particular literatura podemos encontrar un poco de todo: desde mejoras en el transporte público hasta promesas de celebración de grandes mega-eventos, como una nueva Exposición Universal o unos Juegos Olímpicos.

Pienso honestamente que el principal problema y el que debería ser objeto de especial y esforzada atención ha de ser la cuestión de la vivienda. Sin vivienda no hay nada más: no hay vida de calle, no hay usos mixtos, no hay espontaneidad en las relaciones sociales, no hay, en definitiva, vida urbana. Es más, con vivienda, me atrevería a decir, no existirían, al menos no con la fuerza que los estamos sintiendo últimamente, procesos de gentrificación y turistificación.

La vivienda, de por sí, es la garantía de un tejido social fuerte y diverso. Para ello, no puede ser calificada como una mercancía, igualándola al resto de bienes y servicios que caracterizan nuestra sociedad capitalista. Igual que consideramos, después de mucho esfuerzo y lucha, que la salud no se puede dejar al albur de las fuerzas del mercado, y para ello tenemos un magnífico –aunque siempre mejorable- sistema público sanitario, la vivienda debe ser considerada bajo el mismo prisma.

Solo mediante la consideración de la vivienda como un derecho inalienable avanzaremos verdaderamente hacía el tan manido –y poco comprendido- derecho a la ciudad. Este derecho, hijo del mayo del 68, no es, como han intentado algunos y algunas, alcanzar el cumplimiento de los derechos humanos en el ámbito territorial que supone la ciudad. Pese a las voluntariosas aproximaciones que han perseguido objetivarlo e incluirlo en códices legales, el derecho a la ciudad escapa siempre a dicha consideración porque, en realidad, hablamos del derecho mismo a la vida urbana y ésta no puede ser garantizada por ley. Así, la vida urbana significa situar, por encima de todo y todos, el valor de uso en la ciudad, esto es, considerar la sociabilidad como un fin en sí mismo, escapando de cualquier atisbo de mercantilización. Lamentablemente avanzamos en sentido contrario. Ahora bien, lo que sí puede ser protegido mediante medidas legales es el acceso a una vivienda digna para todos y todas. La vivienda es la garantía del posible desarrollo, de la simiente, de la vida urbana.

De este modo, en las cercanas elecciones locales hay que saber buscar, elegir bien, entre las distintas propuestas quienes están a favor de la expansión y el fomento de esta vida urbana. O más fácil aun, quien está a favor de garantizar el derecho a la vivienda.

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