Detectives Fernández Díaz

Este artículo fue publicado originalmente en eldiario.es y catalunyaplural.cat el pasado día 23/06/2016.

Detectives Fernández Díaz

Cuando era pequeño, mis padres me llevaron a un colegio fuera del barrio. Todos los días tenía que atravesar media Sevilla para llegar al mismo. Recorría parte de la actual (entonces todavía inexistente) Autovía de Málaga, la cual, al penetrar en la ciudad, cambia su nombre por el de Avenida de Andalucía; pasaba por delante de la legendaria fábrica de la cerveza Cruzcampo (posterior objeto de especulación inmobiliaria bajo gobiernos municipales supuestamente de izquierdas), enfilando finalmente a la izquierda por la Avenida del mismo nombre hasta llegar a la Gran Plaza y, desde ahí, al colegio.

Es bien sabido que la memoria tiene sus propios caminos, rincones y cajones, y, en alguno de ellos, he guardado durante todo este tiempo un cartel, visible desde el semáforo que guardaba el cruce de las avenidas anteriormente citadas, que anunciaba la agencia de Detectives Walker. Recuerdo mi sorpresa al notar que, en aquellos años y en una ciudad de provincias de la década de los 80s, tal empresa pudiese existir. Yo dejaba volar mi imaginación y, claramente influenciado por las pelis de Hollywood, imaginaba sofisticados agentes de incógnito que andaban tras la pista de importantes secretos industriales. Pasado el tiempo, volví a interesarme, por simple curiosidad, por tal agencia, comprobando para mi íntima e infantil satisfacción que ésta todavía seguía existiendo.

Viene esto a colación con los hechos que estos días copan las portadas de los principales medios de comunicación, así como las columnas de opinión, debates y tertulias, en relación con la exclusiva del Diario Público sobre la entrevista que mantuvieron, hace ahora dos años, el actual ministro, el inefable Jorge Fernández Díaz, con el responsable de la Oficina Anti Frau catalana, Daniel de Alfonso.

Decía Marx en “El manifiesto comunista”, que “el poder público viene a ser, pura y simplemente, el Consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa”. Marx, a través de tal afirmación, dirigía sus dardos, entre otros, contra Hegel y su consideración del Estado como elemento “de libertad universal y objetiva” en la contienda social. El papel del Estado fue un elemento central del debate social y filosófico de mediados del siglo XIX. Los liberales ingleses ya habían señalado, años antes, que la función de éste habría de ser la de, simplemente, garantizar el libre desempeño de los diversos actores sociales y económicos, los individuos, en una búsqueda egoísta que determinaría “la riqueza de las naciones”. La historia ha demostrado que Marx tenía razón. El Estado no es un elemento ciertamente neutral, y ha desarrollado, bajo distintos marcos económicos e históricos, papeles muy importantes para el conjunto de la población, desde el desarrollo de las políticas keynesianas que, tras la Segunda Guerra Mundial, garantizaron 30 años de crecimiento, así como un relativo equilibrio entre las fuerzas del trabajo y el capital, mediante el establecimiento del conocido como Estado del bienestar, hasta su reconfiguración y vuelta a los orígenes decimonónicos en el neoliberalismo, como garante de la seguridad jurídica, el control de las fuerzas de seguridad y orden, y el establecimiento del marco regulatorio básico para el desarrollo pleno del mercado bajo un sistema capitalista. Como nos recordara David Harvey, con la excusa de la imposibilidad de mantener las políticas sociales, dicho neoliberalismo logró imponer hace cuatro décadas el discurso de la  necesidad de liquidación del gasto público, cosa que se tradujo, más bien, en una reestructuración del mismo hacia partidas de seguridad y defensa, tal y como la experiencia americana bajo Ronald Reagan acabó demostrando.

Las actuales élites que dominan los resortes del Estado continúan, así, manteniendo su consideración de “Consejo de administración”, tal y como lo demuestran las prerrogativas, ayudas, desregulaciones, etc., que desde el aparato del poder se realizan en beneficio de los bancos y las grandes corporaciones empresariales de este país. Pero a esta consideración le han sumado una más, la de agencia de detectives al servicio de sus propios intereses. El Consejo de Ministros español actúa, de esta manera, como dicho “Consejo de administración”, mientras que el Ministerio del Interior pasa a desempeñarse como la Agencia de Detectives española o, más bien, como la Agencia de Detectives “Fernández Díaz”.

Ejemplos tenemos todos los días. Desde el intento de “fichar” a destacados referentes activistas de la ciudad de Barcelona (imperdible la investigación realizada por La Directa en este sentido), pasando por la fabricación de pruebas ad hoc para desacreditar fiscalmente a determinados líderes de partidos emergentes o la filtración de supuestos datos contables de gente como el ex alcalde Trias, hasta llegar al contubernio entre Fernández Díaz y Daniel de Alfonso con el objetivo de deslegitimar y desacreditar a destacados dirigentes independentistas catalanes.

Es así como he vuelto a recordar a la honrada gente de Detectives Walker y a pensar que, quizás, Fernández Díaz podría enviar su currículum a la agencia una vez que, crucemos los dedos, él y su Gobierno, con Rajoy a la cabeza, sean desalojados del poder este próximo domingo. Experiencia para ello tiene.

Quién sabe si, quizás otro niño yendo a la escuela, al fijarse en el cartel pueda pensar “ahí trabaja un ministro”. Amigos de Walker, estén preparados.

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