(Leroy) Merlín vuelve a Camelot

Fuente: yelp.es

Leroy Merlín, pero también Ikea y otras marcas dedicadas a la venta de muebles y decoración, han comenzado a abrir tiendas en el centro de las ciudades. Si bien, en lo que concierne al Estado español, la combinación de las políticas desarrollistas del Franquismo con el interés de las nuevas clases medias, siguiendo el modelo estadounidense, de mudarse a las afueras, desplazaron, a lo largo de los años 60 y 70, el eje del consumo y producción generales a la periferia, una nueva combinación, un coctel de precariedad milenial y revanchismo urbano, parece empujar a las grandes superficies destinadas al ocio y el consumo a modificar sus prácticas y dimensiones habituales y buscar ubicación en -volver a- los centros urbanos.

La ciudad, de nuevo, se muestra como principal epicentro del proceso de acumulación capitalista en Occidente. Una vez expulsada la industria y convertidas las urbes en verdaderos emplazamientos de consumo, turismo y ocio, con la consiguiente atomización del trabajo y sus organizaciones, la competencia por acceder a esos potenciales consumidores ha llegado, también, a las antiguas grandes superficies. La lógica podría ser la siguiente: estos librecompradores tienen una capacidad de consumo limitada, precaria, no poseen vehículos privados propios por lo que no pueden acceder a los grandes polígonos industriales de las afueras donde tradicionalmente se han instalado estas empresas. Por otro lado, su gusto por lo urbano les hace aborrecer, en cierta medida, la vida del extrarradio. De este modo, la opción que les queda a estas multinacionales es desplazarse ellas mismas en busca del cliente en una nueva versión del clásico: “Si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahona”.

Ahora bien, ¿qué consecuencias puede tener este tipo de iniciativas para el paisaje urbano actual? Elucubrando un poco habría que señalar, en primera instancia, una mayor competencia y, por tanto, un incremento del precio, por el siempre escaso suelo urbano. Por pequeñas que sean, estas empresas necesitan espacio suficiente como para mostrar, tocar, oler, sus productos; lo virtual está muy bien, pero cuando se trata de un mueble, mejor es ver cómo queda/es físicamente. Y en segunda instancia, esa subida del coste del metro cuadrado acabará por mermar la capacidad, siempre limitada, competitividad del tejido comercial tradicional. Si bien hasta ahora podían sobrevivir por incomparecencia del competidor, desde ahora pasarán a jugar en la misma liga; y no una liga cualquiera, sino en la premier league de los empleados precarios, la casi infinita capacidad de financiación, las inteligentes campañas de marketing, la economía de escala, etc.

De esta forma daremos un paso más en la uniformidad de nuestro paisaje urbano, en la precariedad de los trabajadores -nosotros mismos-, en la disminución, cuando no directa eliminación, del comercio tradicional y, claro, en el desplazamiento de los propios habitantes de las ciudades, incapaces de subirse al carro de esta nueva senda de consumo. Eso sí, todos y todas podremos tener unos muebles bonitos y baratos en nuestros pequeños y caros hogares.

Así que bienvenido (Leroy) Merlín, de nuevo, a Camelot.

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