¿Es la hora de la Via Laietana?

Fuente: Giuseppe Aricó

Fuente: Giuseppe Aricó

Este artículo fue publicado originalmente el día 17/04/2016 en eldiario.es y catalunyaplural.cat.

¿Es la hora de la Via Laietana?

Los vecinos y vecinas de Barcelona nos encontramos estos días las calles empapeladas con carteles de decidim.Barcalona, la dinámica participativa puesta en marcha por el Gobierno de Barcelona en Comú con el fin de recoger propuestas para la elaboración de un nuevo Pla d’Actuació Municipal (PAM). Son cientos, miles, las ideas recogidas por la aplicación web que vehicula las iniciativas. Sin embargo, entre ellas encontramos algunas que, como la remodelación de la Via Laietana, parecen aparecer y desaparecer, cual ectoplasma, por la historia reciente de la ciudad.

Aunque ya se habían dado algunos pasos en ese sentido -el Alcalde Trias eliminó la posibilidad de aparcar para los autobuses turísticos en la zona y urbanizó la Plaza Ramón Berenguer- cuestiones más peliagudas, como la posibilidad de ampliación de las aceras o la pacificación del tráfico, quedaron pendientes.

Ha sido un manifiesto impulsado por la Associació de Comerciants de Via Laietana el que ha vuelto a poner el tema sobre la mesa de debate al proponer y publicitar una iniciativa en este sentido presentada al PAM. El texto, titulado Per un nou eix cívic a Barcelona, humanitzem la Via Laietana, viene a recordar la idea original del diseño y construcción de la calle, esto es, la conexión entre el puerto y la ciudad, apostando por la revitalización comercial, la mejora de los espacios públicos y la reducción del ruido, aunque olvida otras cuestiones menos evidentes y, quizás, menos agradables a la memoria de la ciudad.

La apertura de la Via Laietana comenzó en 1908 y no se dio por finalizada hasta pasado, exactamente, medio siglo. Su concepción original es debida a Ildefons Cerdà, el creador del Plan de Reforma y Ensanche, y se encontraba en la línea de lo que se venía haciendo en otras ciudades del orbe europeo, como el Plan Haussmann para París, un proceso de tal envergadura que daría lugar a la expresión haussmannización para referirse a un tipo de intervención urbanística destinada a higienizar las ciudades. Así, bajo la excusa de abrir la ciudad a la circulación del aire a través de la creación de amplios corredores y avenidas, evitando el hacinamiento y la consiguiente insalubridad, se encontrarían otras intenciones, como la de facilitar y mejorar el control de las revueltas populares que precisamente se llevaban a cabo en estos barrios y, de paso, facilitar la circulación de mercancías y la instalación de los nuevos sistemas de transporte que necesitaba el incipiente capitalismo. Es de esta manera que Barcelona, al llevar a cabo su particular haussmanización, eliminó como por ensalmo 300 viviendas obreras y dejó en la calle, sin ningún tipo de compensación, a más de 2000 familias en la zona donde hoy se encuentra la popular Via.

Evidentemente, toda comparación con el pasado es odiosa, pero no deja de ser menos cierto que intervenciones como la que actualmente se proclama como necesaria para la Via Laietana mantienen algunos puntos en común con aquella llevada a cabo hace más de cien años. Si por entonces la conexión entre el puerto y la ciudad se veía como necesaria para facilitar la salida de los productos de la Barcelona industrial mediante el transporte marítimo, en la actualidad, cuando el proceso de acumulación del capital ha pasado de un sistema industrial fordista a otro más flexible basado en los servicios, la ciudad tendría que adaptarse a una economía basada en el turismo, el comercio y el sector inmobiliario. Una nueva haussmannización amplificaría el efecto Born acabando con los restos del popular barrio de la Ribera. Eso explicaría por qué una reforma de tal envergadura estaría siendo impulsada por una asociación de comerciantes y contaría con el beneplácito del Colegio de Arquitectos, los hoteles de la zona, el Palau de la Música, así como con el aplauso, más o menos entusiasta, de CCOO y Foment del Treball, entidades que tienen sus sedes –y por tanto, intereses- en las inmediaciones.

Afortunadamente, parece ser que entre las prioridades de los comunes no se encuentra reformar la Via Laietana. Sin embargo, esta formación podría ser prisionera de la retórica que siempre acompaña a sus declaraciones: la necesidad de procesos participativos que tengan en consideración a los barrios, al espacio público y que conviertan este tipo de emplazamientos en verdaderos ejes cívicos. Será al detallar estos significantes que será posible ver si Barcelona en Comú entiende que toda intervención urbanística supone una prueba de justicia espacial, esto es, la oportunidad de evitar que el derecho a la ciudad sea un derecho solo para unos pocos.

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