Ciudadanismo. La reforma ética y estética del capitalismo [RESEÑA]

Esta reseña fue publicada el pasado día 7/04/2017 en la Revista Andaluza de Antropología. Os la podéis descargar en formato pdf en el siguiente enlace.

Ciudadanismo. La reforma ética y estética del capitalismo [RESEÑA]

En el año 2011, y en la misma editorial, Manuel Delgado publicaba su alegato contra la mercantilización e higienización actual que sufren las calles de nuestras ciudades, El espacio público como ideología. En esta obra, el antropólogo catalán parecía exorcizar  un fenómeno que ese mismo año daría la vuelta al mundo como ejemplo sumario, él diría como epitafio, de una efervescencia política y social que venía fraguándose desde comienzos del nuevo siglo con las movilizaciones antiglobalización: el 15M. Delgado intuía que el espacio urbano representado por las calles y las plazas de muchas de las urbes del Estado español, primero, y luego, como metástasis, del resto del planeta (Occupy Wall Street y Gezi Park, entre otras) devendrían el escenario privilegiado de una nueva fase de agitación protagonizada por aquellos que se han venido en llamar, desde ciertas perspectivas, los new, new social movements (Feixa, Pereira y Juris, 2009). No en vano, esa ideología a la que el autor hacía referencia presentaba calles y plazas como espacios idóneos para unos movimientos líquidos, posmodernos, efímeros, reacios a cualquier forma de organización jerarquizada y conformados mayoritariamente por unas clases medias que encontraban en ellos su anhelada utopía de ciudades pacificadas, tranquilas, en definitiva, muertas (Delgado, op. cit.).

Para evidenciar tal ficción Manuel Delgado echaba mano de la filosofía política liberal representada por, entre otros, Hannah Arendt y Jurgen Habermas, en obras como La condición humana ([1958] 2003) o Facticidad y validez ([1992] 2010), respectivamente, artífices del nuevo impulso académico dado a ese artificio que ya Hegel ([1821] 1968) en el siglo XIX situaba en el centro del tablero de la modernidad, la sociedad civil, pero también de Ervin Goffman ([1959] 1993) y su concepción del espacio público como “espacio de y para las relaciones en público”, es decir, de aquellas que se producen en situaciones de tránsito cuando una o varias personas coinciden en el mismo sitio y debido a lo cual deben realizar una serie de acciones de reajuste para adaptarse a esta circunstancia momentánea y efímera

Y así, cinco años después, llegamos a la presente obra donde el autor vuelve a reflexionar sobre el tema aunque centrando su atención, esta vez, en la mochila política que portarían aquellos que, entre otras cuestiones, hacen uso y bandera del espacio público como auténtico proscenio de su acción colectiva, los ciudadanistas.

El libro, de escasamente ciento cuatro páginas, comienza con una introducción dónde el autor proyecta su visión del ciudadanismo como corriente teórica que actualmente triunfa en los rescoldos de aquello que alguna vez fueron las fuerzas de la izquierda transformadora. Siguiendo las líneas establecidas por el folleto publicado en el año 2001 por el colectivo Alain C., El impasse ciudadanista, Manuel Delgado cuestiona, de esta manera, un sistema ideológico que pivota, principalmente, sobre la ilusión de que el remedio contra los males del capitalismo pasa, simplemente, por una profundización de las prácticas democráticas; prácticas que deben, a su vez, partir de una ciudadanía activa y activada de forma continua que, a través del correcto manejo de las instituciones ya existentes, lograría finalmente acceder y fortalecer el aparato estatal de forma que dichas prácticas pudieran ponerse en marcha. En definitiva, y como citaban los de C. “la finalidad expresa del ciudadanismo es humanizar el capitalismo” (Ibíd.), no derribarlo. En suma, estaríamos ante un auténtico ejemplo de autonomía de lo político sobre las bases materiales que rigen la sociedad o, como citaba el geógrafo sevillano Ibán Díaz Parra, de un movimiento “acrítico(s) con la democracia institucional o con el poder ejercido por los medios de comunicación” (Díaz Parra, 2016). De esta manera, las propuestas de gestión y/o transformación de dichas bases materiales, de lo económico, en definitiva, pasarían por una reimplantación y revisión de las prácticas socialdemócratas tradicionales, aunque en versión 2.0., adecuando y actualizando en la medida de lo posible el defenestrado Estado del bienestar. No en vano es precisamente esta tibieza a la hora de proponer líneas y acciones de carácter político que el ciudadanismo ha resultado atractivo incluso a los, ahora en claro retroceso, partidos socialistas europeos. Solo hay que recordar la influencia que autores como Philip Petit, ideólogo del republicanismo cívico, tuvo en el último de los Presidentes del Gobierno del Estado español, José Luis Rodríguez Zapatero (Navarro, 2001).

Una vez retratado el fenómeno del ciudadanismo desde un punto de vista teórico, el libro de Manuel Delgado continua, o quizás sería más acertado decir retoma, el papel que el concepto de “espacio público” -una de las grandes bestias negras de este profesor barcelonés- juega en las retóricas ciudadanistas. El capítulo dedicado a ello actualiza algunas de las consideraciones ya aparecidas en su obra anterior, proponiendo precisamente este tipo de espacios como “la espacialización de los principios morales que hacen posible la convivencia ordenada y la crítica moral al poder en un contexto nominalmente democrático […], una conformación de agentes dispersos que se ponen de acuerdo no en qué pensar o sentir, sino en qué hacer y cómo hacerlo a través de la negociación y el consenso” (Delgado, 2016: 29), es decir, como si la forma por excelencia de la expresión organizativa ciudadanista, la asamblea, se hiciera carne entre nosotros. Sin embargo, esa manifestación cuasi-espiritual de la democracia ciudadanista no puede llevarse a cabo en un entorno duro y vivo como las calles y las plazas de las ciudades, sino en otro más armónico y aséptico que le sirva de plataforma desde donde producir su ideal de igualdad: el espacio público.

Esta consideración de los nuevos movimientos sociales como constelación conformada por agentes dispersos, y no como “conjunto homogéneo de componentes humanos” (Ibíd.), da pie al antropólogo catalán para tratar otro de los temas recogidos en el libro: la oposición entre masa y público, o lo que es lo mismo, entre los movimientos sociales tradicionales –obreros, sindicales, etc.- y los representados por la nueva onda ciudadanista. Para ello, Manuel Delgado recurre a las aproximaciones que, desde unas incipientes ciencias sociales, se llevaron a cabo con respecto al fenómeno de las masas a finales del siglo XIX. Autores como Gabriel Tarde, Gustave Le Bon, etc., ya teorizaron en estas primeras fases de la sociología y la psicología social sobre lo que entonces era considerado el gran miedo burgués (Baigorri, 1994). De esta forma, y como no podía ser de otra manera en un autor que se considera en gran medida deudor del pensamiento durkheimiano del Année Sociologique, Delgado traza una continuidad histórica que llega hasta casi nuestros días de la mano de autores como Toni Negri y Michael Hardt, representantes del pensamiento postoperario, el  cual recupera, en cierta medida, la importancia del sujeto y, por tanto del público, en una especie de traición al pensamiento y acción de las masas triunfante tras la Segunda Guerra Mundial. Es así que obras como Imperio ([2000] 2002) o Multitud ([2004] 2005) llegaron a convertirse en auténticos referentes de aquel movimiento antiglobalización que copó las portadas de la mayoría de los medios de comunicación globales en las protestas de Seattle, Génova o la misma Barcelona en el cambio de siglo.

Ahora bien, si las masas obreras, generalmente organizadas en torno a un partido o un sindicato de clase fuerte, contaban con el agit prop como estrategia de acción y agitación política, el movimiento ciudadanista lleva el arte a la protesta callejera a través de la fusión del artista y el activista en una nueva especie a la que se podría denominar como artivista. Este artivismo tiene como objetivo principal el de conjurar los espacios urbanos como auténticos referentes de y para la crítica, destacando la potencialidad que se oculta tras los encuentros fortuitos y casuales que se producen siempre en las calles, y proyectándolos como referentes a la hora de despertar conciencias y desencadenar nuevas formas de acción subversivas. Manuel Delgado recoge y reconoce dicha potencialidad, pero también advierte de alguno de los peligros que se ocultan tras ella: el de caer en un mero esteticismo que sea posteriormente absorbido por un sistema institucional-cultural plenamente integrado en un sistema, el capitalista que, como nos recordara Marx se caracteriza “por el constante y agitado desplazamiento de la producción, por la conmoción ininterrumpida de todas las relaciones sociales, por una inquietud y una dinámica  incesantes” (Marx, [1948] 2013: 54-55). Es de este modo que las prácticas artísticas potencialmente revolucionarias pueden acabar por actuar en favor de procesos ya conocidos de gentrificación, turistificación, etc.

En su último capítulo, el libro recaba en otra de las prácticas comúnmente conferidas al movimiento ciudadanista, el cosmopolitanismo. Así, bajo esta particular forma de comprender la diversidad cultural, al que también podríamos denominar interculturalismo o multiculturalismo, Manuel Delgado señala que no se escondería otra cosa que una nueva forma de racismo; un racismo que ya no estaría centrado en cuestiones vinculadas al color de la piel o los rasgos faciales, sino en las diferencias culturales. De este modo, el pensamiento ciudadanista, bajo el velo de eufemismos tales como minorías étnicas, otras culturas, migrantes, etc., lo que verdaderamente estaría manifestando sería una actitud ciertamente superior, aquella devenida de la capacidad de las clases medias y altas de las sociedades occidentales de ser capaces de desterritorializarse, desanclar sus raíces culturales y proyectarse como una especie de seres libres y globales que, generalmente por arte de la magia de su educación superior, comprenden y se comportan adecuadamente en cualquier ámbito social, cultural, económico y territorial. En definitiva, los y las cosmopolitas se muestran así mismo como seres superiores, en claro contraste con aquellos otros, las minorías, los migrantes, a los que toleran –esto es, aguantan- siempre que se dediquen única y exclusivamente a manifestar su unicidad a través de festivales multiculturales, de Festes del Món, de gastronomía solidaría, etc. Es precisamente este fenómeno, invisible, pero presente aun en nuestros contextos más cercanos, el que permite a algunas instituciones potenciar y proclamar su amor por los refugiados o celebrar el International Community Day, a la vez que persiguen por las calles e impiden unas mínimas formas de subsistencia a estos mismos grupos sociales.

Nos encontramos, para finalizar, con una obra en cierta medida menor –y con algunos y subsanables defectos de edición- del antropólogo catalán, pero no por ello menos importante. En una época en la que parecen abundar términos como nueva política o nuevos municipalismos, en referencia a formaciones y formas de hacer política emergentes que han renovado las esperanzas de cambio de la mayoría social del Estado español, se hacen necesarios autores como Manuel Delgado, los cuales son capaces de apartar el grano de la paja, de desfetichizar, si tal acción existe, unos modos y unas corrientes teóricas e ideológicas que se presentan como nuevas, pero que podrían no suponer más que una vuelta a viejas formas de acción y pensamiento que, por otro lado, estarían dejando en la cuneta la oportunidad de aquellos verdaderos y profundos cambios que la sociedad necesita.

Bibliografía

Arendt, Hannah [1958] (2003) La condición humana. Ed. Paidós: Barcelona.

Baigorri, Artemio (1994) “El gran miedo burgués”. Insumisos www.insumisos.com/bibliotecanew/El%20miedo%20burgues.pdf [Consultado el 14 de octubre de 2016]

C., A. (2001) “El impasse ciudadanista. Contribución a la crítica del ciudadanismo”. Arrezafe https://arrezafe.blogspot.com.es/2015/09/el-impasse-ciudadanista-contribucion.html [Consultado el 14 de octubre de 2016]

Delgado, Manuel (2011) El espacio público como ideología. Ed. Libros de la Catarata: Madrid.

Delgado, Manuel (2016) Ciudadanismo. La reforma ética y estética del ciudadanismo. Ed. Libros de la Catarata: Madrid.

Díaz Parra, I. (2016) “Hipotecas de autonomía de lo político”. Diagonal Periódico https://www.diagonalperiodico.net/la-plaza/28927-hipotecas-la-autonomia-lo-politico.html [Consultado el 14 de octubre de 2016]

Feixa, Carles, Pereira, Inês y Juris, Jeffrey S. (2009) “Global citizenship and the ‘New, New’ social movements: Iberian connections”. Young, Nordic Journal of Youth Research, nº 17(4), pp. 421-442.

Goffan, Ervin [1959] (1993) La presentación de la persona en la vida cotidiana. Ed. Amorrortu: Buenos Aires.

Habermas, Jürgen [1992] (2010) Facticidad y validez. Sobre el Derecho y el Estado democrático de derecho en términos de teoría del discurso. Ed. Trotta: Madrid.

Hegel, Georg Wilhlem [1821] (1968) La filosofía del derecho. Ed. Claridad: Buenos Aires.

Marx, Carlos [1948] (2013) El manifiesto comunista. Fundación de Investigaciones Marxistas: Madrid.

Navarro, Julia (2001) El nuevo socialismo, la visión de José Luis Rodríguez Zapatero. Temas de Actualidad: Madrid.

Negri, Toni y Hardt, Michael [2000] (2002) Imperio. Ed. Paidós Ibérica: Madrid.

Negri, Toni y Hardt, Michael [2004] (2005) Multitud. Ed. Debolsillo: Barcelona.

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