Vender la sociedad del miedo

Estos días es posible escuchar, en algunas cadenas de radio, unos curiosos comerciales de la empresa de alarmas y sistemas de seguridad Securitas Direct. Digo lo de curiosos porque, entre otras cosas, estos spots anuncian un tipo de alarma -denominada de detección anticipada-, que “detecta la presencia del ladrón antes de que entre en tu casa”. Sinceramente, la primera vez que escuché este anuncio me acordé de la infame película de Steven Spielberg Minority Report, aunque en una versión más peninsular. Durante un rato me permití imaginar en qué momento comenzaba esta detección anticipada: si cuando el ladrón salía de su casa, si cuando se le ocurría realizar el robo y lo comentaba con su mujer, si cuando estudiaba en el Instituto… Luego entré en la página web de dicha empresa y, mi gozo en un pozo, resulta que el mencionado sistema lo que hace es “activar la alarma en cuanto se abre un punto de acceso protegido”, es decir, alguna puerta o ventana de la casa en cuestión. O sea, un poco lo de siempre.

Otros comerciales de Securitas Direct, abandonando la perspectiva spielberiana, se centran en relatar escenas de la vida cotidiana donde la seguridad o, más bien, la falta de ella, es la protagonista. Por ejemplo, está aquel donde una pareja comenta la necesidad de vender su piso ya que les han entrado a robar y, para ellos, éste ya no es seguro. También está aquel en el que dos compañeras de trabajo preguntan por una tercera que se ha ausentado de su puesto debido a que la noche anterior le han entrado a robar. Y, el último que comentaré, aquel de la pareja que se ha tenido que volver de vacaciones antes de tiempo porque –adivínenlo- ¡han entrado a robar en su casa!

Más allá de la simplicidad de los comerciales o del sensacionalismo narrativo de la detección anticipada, éstos evidencia una realidad en las sociedades contemporáneas: el énfasis en la cuestión securitaria. En nuestra modernidad líquida –homenaje a Bauman- el protagonismo de la sensación de incertidumbre y el individualismo es más que evidente. El neoliberalismo, como última versión triunfante del sistema capitalista, otorga un papel relevante, en su gestión de los grupos sociales excluidos (o explotados), al uso del miedo. Como nos recordara el sociólogo francés Loïc Wacquant, tradicionalmente los Estados han contado con diversas estrategias a la hora de tratar aquellas conductas que se han considerado, en cada momento, como socialmente indeseables. Así, estás aproximaciones estarían basadas en la socialización cuando se ha pretendido actuar al nivel de las estructuras y en los mecanismos colectivos que las reproducen; en la medicalización, cuando se han prescrito soluciones médicas a los problemas detectados; y, finalmente, aquellas basadas en la penalización cuando se ha producido la conversión directa de los excluidos en delincuentes. Estas estrategias han estado siempre presentes, aunque actuando con diferente identidad. Si durante los famosos Golden Thirties y el despliegue del Estado de bienestar las estrategias basadas en la socialización han sido las preponderantes, en la actualidad abundan las tácticas centradas en la penalización de la exclusión y la disidencia. Solo así es posible interpretar decisiones judiciales tan estúpidas como el reciente enjuiciamiento de los tweets sobre Carrero Blanco, la sentencia contra César Strawberry o, a un nivel más general, la promulgación de la denominada Ley Mordaza o el arresto preventivo de mil inmigrante la noche de fin de año en Berlín.

Siguiendo con Wacquant, la persecución de esta supuesta criminalidad está basada en una puesta en escena teatralizada. Se plantean unos objetivos inalcanzables mientras que se reafirma la autoridad del Estado. Se propone la cárcel como la única y posible solución, de forma que es posible generar una cierta sensación de orden.

Y es ahí donde empresas como Securitas Direct han encontrado un hueco de mercado. Vendiendo esa seguridad anticipada en un país, España, que viene viendo desde hace años como los índices de criminalidad bajan. A modo de ejemplo, desde enero a septiembre del pasado año 2016, las infracciones penales han bajado un 1,4% respecto al mismo periodo del año anterior. Y no lo digo yo, sino el señor que aprobó la Ley antes señalada.

De esta forma, la criminalidad baja pero las ganancias suben, y no solo las de las empresas de seguridad, sino también las de un Estado que ha encontrado en la garantía de la seguridad su razón de ser bajo un sistema, el neoliberal, que necesita de la fuerza para seguir existiendo.

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2 respuestas a Vender la sociedad del miedo

  1. pasalomoco dijo:

    Hola, gracias por compartir estas reflexiones

    ¿podrías incluir la bibliografía de Loïc Wacquant a la que te refieres en el texto?

    muchas gracias !! :) :)

    • El Antropólogo Perplejo dijo:

      Castigar a los pobres. El gobierno neoliberal de la inseguridad social. Gracias por tu comentario!

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