La puta eterna

Fuente: @ejanet15 (Twitter)

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Algunas de las prostitutas que habitualmente ejercen su oficio en el entorno de la calle Robadors, en el Raval, se han concentrando cada día a las 12.00 h.- en la esquina con la calle Sant Rafael con el objetivo de denunciar las agresiones y vejaciones de las que han sido objeto a lo largo de las últimas semanas. Tal y como señalan desde determinadas fuentes cercanas a la situación, las protestas en torno a la prostitución no son infrecuentes en un área que estaba llamada a ser una isla de clases medias en el siempre irredento antiguo barrio chino barcelonés. De hecho, en los últimos días, desde algunas entidades se ha denunciado cierto incremento en el nivel de “degradación del lugar”, sumando a los “habituales problemas de prostitución e incivismo”, la aparición masiva de jeringuillas aparentemente abandonadas por los toxicómanos que pueblan la zona.

La identificación constante de la prostitución como un elemento degradante o incívico en los discursos de determinados grupos sociales, pero también, no olvidemos, de las propias instituciones que la persiguen –fue precisamente la prostitución la que llevó al Ayuntamiento de la ciudad a aprobar la Ordenanza Cívica en 2005-, así como la labor de determinados medios de comunicación que les proporcionan el necesario altavoz, abundan en la estigmatización que ha caracterizado históricamente a las prostitutas.

De este modo, la respuesta a la aparición de esta violencia podría estar en el proceso de cosificación que vive este colectivo a través de la elaboración y popularización de determinados relatos, los cuales podrían llegar a justificar, en parte de la población, cierto tipo de acciones con el objetivo de atajar la supuesta amenaza que representan para el conjunto de la sociedad. Salvando las oportunas distancias, fue así como, en la Alemania de los años 30, el gobernante Partido Nazi –con, entre otros elementos propagandísticos, la película El judío eterno– logró hacer recaer sobre el pueblo judío la responsabilidad de sus problemas y, por tanto, la solución mediante su eliminación, de los males que aquejaban al país.

Así, las prostitutas, como miembros más expuestos y débiles ante la violencia patriarcal contra las mujeres, situadas, como nos recordara Jean Paul Sartre, como seres inferiores y, sobre todo, perniciosos, permiten a los violentos no únicamente la “alegría de odiar”, sino también presentarse como seres virtuosos perteneciente a una élite que únicamente busca lo mejor para su ciudad.

En esta ocasión, todo indica a que el Ayuntamiento de la ciudad ha tomado cartas en el asunto y, como acción inmediata, redoblará la presencia policial en la zona en un intento por garantizar la seguridad de estas mujeres a la hora de ejercer su actividad. Sin embargo, no debería -junto al resto de instituciones- de olvidar ese otro ámbito de lucha que son los discursos e imágenes discriminadoras elaborados contra un colectivo que, les guste a algunos o no, forman parte de nuestras calles y plazas y, como tal, son vecinas igual de respetables de nuestra ciudad.

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