Vashali, el futuro de la India tienen nombre de mujer

Primera versión en castellano de un texto escrito a demanda de la ONGD Farmamundi con motivo de la publicación de un dossier sobre género, cooperación y salud.

Vashali, el futuro de la India tienen nombre de mujer

Según el último informe publicado por el Banco Mundial en 2013[1], de las  aproximadamente 1.252 millones de personas que viven en la India, un 29,1% son menores de catorce años y, de estas, unas 175 millones son niñas. Una de estas niñas podría ser Vashali.

Vashali se levanta cada mañana, muy temprano, y durante todo el día no hace otra cosa que cocinar, limpiar, dar de comer a la familia, cuidar a los niños, llevarlos al colegio, recogerlos, volver a cocinar, limpiar, dar de comer a la familia, cuidar a los niños… Sin un solo segundo para ella, para leer, pasear o trabajar fuera de casa. Así dicho parecería una situación bastante frecuente hasta hace bien poco, e incluso hoy día, en las familias más tradicionales de nuestro propio país. Sin embargo, la cosa cambia si añadimos que esos niños no son suyos, ni la casa, ni la comida, sino que son sus hermanos y hermanas, la casa es de su padre y su abuela paterna y la comida es la que procura su padre y hermanos con su trabajo. Vashali tienen diez años y ni un minuto libre. Aunque quisiera leer no podría porque no sabe, como tampoco puede pasear -¿dónde va a ir?-, ni, en un futuro, tener un trabajo digno y adecuadamente remunerado, ya que no posee ningún conocimiento sobre nada, más allá de los muy importantes aunque poco valorados, que ha adquirido en el desarrollo de las tareas del hogar y el cuidado de la familia a lo largo de toda su vida.

Vashali no existe como tal. Se trata de un símbolo que representa a esas millones de niñas que viven en la India. Podría ser una de las chicas que habitan los slums de Bombay; la hija de unos campesinos sin tierra de Andhra Pradesh; o incluso formar parte de algunas de las nuevas familias de clase media que pueblan las tecnológicas Bangalore o Hyderabad. Podría ser brahmí, miembro de la más alta casta del sistema de estratificación social tradicional de la India, o dalit, intocable, de tan baja extracción que ni siquiera formaría parte de casta alguna. Podría ser hindú, musulmana, budista o cristiana. Indudablemente, realizar generalizaciones en un país tan poblado y amplio, un subcontinente, sobre la situación de la infancia en femenino es, cuando menos, arriesgado. Sin embargo, en el presente artículo trataremos, al menos, de trazar algunas pinceladas sobre su realidad.

Una estructura familiar particular

El papel desempeñado actualmente por las niñas en la India no puede ser entendido sin tener en cuenta la estructura patriarcal clásica de la organización social y familiar del país. Esta estructura determina una distribución de roles, tareas y poder desigual entre hombres y mujeres, con una total preeminencia de los primeros sobre las segundas. La descendencia es fijada por vía patrilineal, es decir, son los hombres los portadores del apellido familiar, pasando la figura femenina a gozar de escasa consideración a la hora del reparto de derechos y propiedades que la familia pudiera tener. Las nuevas parejas, una vez constituidas, construyen su hogar en casa de los padres del marido. A esto se denomina patrilocalidad y es un factor altamente relevante, pues la mujer pasa a depender completamente de su familia política, en el seno de la cual ocupa un lugar subordinado.

La mujer ideal en la India patriarcal es aquella que da a su marido un hijo varón. El círculo vicioso del patriarcado necesita de la mujer para reproducirse a la vez que intenta prescindir lo más pronto posible de ella. Desprovista de derechos y de posibilidades, las niñas no tienen otro futuro que el de casarse lo antes posible. Solo así dejarán de representar una carga para unas familias que tienen que alimentar, educar y vestir a un miembro que, más adelante, no repercutirá dicha inversión sobre la misma. No olvidemos que aproximadamente unos 400 millones de personas viven en la India con menos de 1,25 dólares al día[2], un país con una renta per cápita de 1.570 dólares[3] que no cuenta con sistemas de seguridad social institucionalizados fuertes, por lo que, en muchas ocasiones, la única forma de sobrevivir es mediante el apoyo que se encuentra en el seno de las familias.

Además, una sociedad que prima con tanto énfasis a los hijos varones sobre las hembras manifiesta otros efectos perversos, como los abortos selectivos (se estima que más de 600.000 mujeres al año interrumpen su embarazo una vez han tenido conocimiento del sexo de su futuro hijo), o las mayores tasas de mortalidad infantil –de hasta un 40%-  entre las niñas[4].

Así pues, Vashali, nuestra niña-símbolo, si llega a nacer será portadora de los apellidos paternos, aunque esto no significará mucho a la hora de dar continuación al linaje familiar. No heredará las tierras ancestrales, en caso de ser hija de agricultores de la árida Meseta del Decán, o la pequeña tienda familiar de comestibles, en caso de habitar en los suburbios de Calcuta. No contará con derechos de primogenitura, mantendrá un papel secundario en los asuntos públicos, ya sean estos políticos o religiosos, y tendrá pocas posibilidades de desarrollar un trabajo ajeno a los tradicionalmente relacionados con los cuidados.

Sin embargo, conviene señalar que la India tiene una Constitución ampliamente progresista que, en su artículo 15, no solo adjudica al Estado el papel de lucha contra la discriminación por razones de religión, raza, casta, sexo o lugar de nacimiento, sino que, además, abre la puerta a elaborar leyes concretas que garanticen el acceso a sus derechos de mujeres y niños (Artículo 15.3)[5]. Así pues, la mayoría de las situaciones anteriormente reseñadas se dan en los márgenes en la ley, algo que, por desgracia, ocurre con bastante frecuencia en aquellos sectores de la sociedad donde la tradición juega un papel fundamental y/o en aquellos lugares que, por circunstancias geográficas o políticas, la acción del Estado se ve reducida, como el mundo rural, donde habita el 68% de la población[6].

Una nueva ley educativa

Otro de los aspectos donde se manifiesta esta singular, por desigual, posición del género femenino es en la educación. Según datos del World Economic Forum (WEF) para el año 2014, el Índice de Desigualdad de Género (IDG)[7] calculado por esta institución situaba a la India en el puesto 114 de un total de 142 países, lugar en el que se ha mantenido durante los últimos siete años. Este mismo organismo ofrece datos muy relevantes en lo referente a la participación de la mujer en la fuerza de trabajo. Así, únicamente un 30% de la población femenina tiene un trabajo remunerado, frente a un 84% de la masculina, mientras que los ingresos anuales que obtiene ese importante sector de la población suponen sólo un 25% del correspondiente a los hombres, siendo de unos 1.980 dólares para las mujeres y 8.807 dólares para estos últimos.

Es imposible no relacionar esta desigual situación en cuanto a ingresos y participación en el mercado de trabajo con el acceso de la mujer, o más bien la falta del mismo, a la educación. Únicamente el 51% de las mujeres sabe leer y escribir, frente a un 75% de los hombres. Afortunadamente, esta situación está comenzando a cambiar. El último informe publicado por Naciones Unidas (ONU) sobre el grado de cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM)[8] muestra, para finales de 2012, una tasa neta de matriculación en enseñanza primaria del 94%, cuando en el año 2000 era del 80% y, en 1990, del 75%. Sin embargo, aunque no muy acentuadas, si descendemos a nivel de detalle por género, vemos que la diferencia en las tasas de matriculación entre niños y niñas puede ser de hasta tres puntos.

Según una encuesta realizada por la ONU en 2014[9], además del género, la pobreza y el lugar de residencia fueron algunos de los factores responsables de esta disparidad. Un análisis elaborado entre 2006 y 2012 en diversos países empobrecidos reveló que los niños del 20% de los hogares más pobres, y en edad de acudir a la escuela primaria, tenían una probabilidad tres veces menor de asistir a la misma que los niños del 20% de los hogares más ricos. Por otro lado, en los hogares más pobres las niñas tenían mayor probabilidad que los niños de ser excluidas de la educación. Esta situación es muy frecuente en la India, un país altamente rural donde, además, los niños de estas zonas tienen la mitad  de posibilidades de asistir a la escuela que los de las zonas urbanas.

No podemos olvidar que no ha sido hasta el año 2009 que la India ha contado con una Ley que garantiza a los niños el derecho a acceder a una educación pública y obligatoria. La Right of Children to Free and Compulsory Education Act, además de estipular las normas y reglamentos relativos al número de profesores y profesoras, la formación necesaria para ello, así como diseñar los planes de estudio, ha obligado a los Gobiernos y autoridades locales a proporcionar colegios, de forma que ningún niño o niña quede sin escolarizar. La ambición de la Ley ha llegado al punto de establecer un rígido cronograma de capacitación para más de un millón de nuevos docentes durante los cinco años siguientes a su aprobación.

Sin embargo, y pese a la fuerte apuesta realizada, todavía hay un gran camino por recorrer. Según un censo de 2011[10], aproximadamente 4,35 millones de niños y niñas de entre 5 y catorce años no asisten a la escuela porque ejercen como mano de obra infantil. Con los altos niveles de pobreza antes señalados, no es de extrañar que muchas familias no tengan más remedio que enviar a sus hijos e hijas a trabajar si quieren sobrevivir.

De este modo, en vez de asistir como otros niños y niñas a la escuela, Vashali podría estar limpiando como asistenta en alguna de las elegantes casas de Delhi; recogiendo y tallando piedra en las canteras de arenisca de Gujarat, o trabajando en un restaurante, horno de ladrillos, o telar de los que dan fama a las milenarias alfombras indias, porque no fue hasta 2012 que la India prohibió el trabajo infantil, haciendo ilegal el trabajo de todos los niños y niñas menores de catorce años, en sintonía con la Ley de educación obligatoria.

La alimentación como la otra cara de la moneda de la educación

Los datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) muestran que, para el año 2014 en la India, el 15,2% de los niños y niñas menores de 3 años sufría problemas de desnutrición[11].

Si los ODM habían fijado, para el año 2015, que la proporción máxima de niños y niñas menores de 5 años cuyo peso debía estar por debajo del normal no podía exceder del 25%, para el 2012 los informes de la ONU señalaban que el nivel alcanzado en la India (Asia Meridional) era del 30%, añadiendo que, en los restantes tres años, sería muy difícil alcanzar el objetivo establecido.

Sin embargo, aunque útiles, si algo tienen los grandes índices macro es que resultan insuficientes para reflejar la complejidad que tiene intervenir en cuestiones vinculadas a la seguridad alimentaria y a sus múltiples aspectos. Así, hay países en los que, aun con mejoras notables en la nutrición o donde la población ha incrementado notablemente su acceso a los alimentos, los datos siguen mostrando, persistentemente, que los niños y niñas continúan pesando por debajo de lo normal y subsisten retrasos en el crecimiento. Y esto es así porque hay una relación directa y estrecha entre salud y nutrición, de forma que la alta incidencia de ciertas enfermedades olvidadas, o tratables en Occidente, (diarreas, malaria, tuberculosos o VIH/SIDA) no permite mejoras sustanciales en otros aspectos.

Por tanto, además de políticas dirigidas a mejorar el acceso de la población a los alimentos, también son necesarias otras medidas destinadas a garantizar buenas condiciones, por ejemplo, de higiene urbana, suministro y evacuación de aguas, o educación. Esta última, la educación, mantiene una relación dialéctica con la nutrición y la alimentación en general. Muchas organizaciones no gubernamentales (ONG), administraciones públicas y agencias internacionales así lo han entendido.

Los niños y niñas que acuden a la escuela no obtendrán unos resultados adecuados sino están, en primera instancia, bien alimentados. Y no estarán bien alimentados sino reciben, tanto ellos como sus familias, una mínima formación en lo relativo al fomento, el conocimiento y las características de los alimentos. Es por esto que muchas instituciones y organismos llevan tiempo implementando proyectos que unen educación y alimentación. De esta forma, los niños y niñas, cuando acuden a la escuela, reciben un plato de comida que ha sido elaborado siguiendo recetas adecuadas y nutritivas para su edad. Las familias ahorran algo del presupuesto familiar destinado a su alimentación, saben que sus hijos e hijas comerán correctamente y, además, promueven su educación. Es una relación win-win. Pero esto no queda aquí, ya que suelen ser las mismas escuelas las que forman y capacitan a las familias para que sean competentes en la elaboración de sencillos y alimenticios menús caseros basados en accesibles productos locales. Esta relación alumnos/as-escuela-familia puede garantizar mejoras notables en los programas de seguridad alimentaria.

De esta forma, Vashali, aun viviendo en las desérticas tierras del Rajastán, al Norte de la India, podrá disfrutar de un nutritivo plato de daal-baati, con base de trigo y lentejas; o de un calórico y alimenticio plato de arroz con curry y legumbres, si vive en Sivakasi, al Sur de Tamil Nadu, algo que le permitirá crecer adecuadamente.

El retraso en el crecimiento puede reflejar más precisamente que el peso los efectos acumulativos de una nutrición insuficiente y de una salud precaria en los niños y niñas menores de 2 años. Según datos de la ONU[12] para 2012, el retraso en el crecimiento fue una problemática más frecuente que el peso inferior al normal, y afectó a 1 de cada 4 niños en todo el mundo. Y si bien se han conseguido notables progresos en la lucha contra ese retraso, descendiendo más de 15 puntos desde 1990 al 2012,  aún se estima que 162 millones de niños y niñas menores de 5 años siguen corriendo el riesgo de tener un menor desarrollo cognitivo y físico asociado con esta forma crónica de nutrición insuficiente.

Para finalizar, señalar que existen medidas sencillas de aplicar que permiten reducir el retraso en el crecimiento y otras consecuencias de esta insuficiencia, como el fomento de la nutrición materna, algo que una cierta malentendida modernidad ha ido desplazando durante las últimas décadas de la cotidianidad de la vida de muchas familias.

A modo de conclusión

En 2012, la ONU creó el Equipo de Tareas. Su principal misión es el de dar apoyo a la preparación de una Agenda de Desarrollo post 2015. En su primer informe, “El futuro que queremos para todos”[13], presentado en junio de ese mismo año, ya se señalaban algunas recomendaciones basadas en un enfoque amplio de políticas de carácter integrado, considerando aspectos tales como el desarrollo económico y social, pero sin olvidar cuestiones como la paz y la seguridad, y la sostenibilidad ambiental.

En dicho informe se resalta que, en algunos países empobrecidos de Asía, donde la India es un ejemplo, aunque se ha logrado reducir la brecha existente en cuanto a la calidad de vida de sus habitantes, las desigualdades en ingresos y riqueza se han incrementado a lo largo de las últimas 3 décadas. De esta forma se presentan diferencias notables en el acceso a la tierra y otros medios productivos; a una alimentación adecuada y nutritiva; al agua potable, sobre todo en medios urbanos altamente degradados y en zonas rurales; a servicios sanitarios adecuados, o a una educación básica apropiada. Esto ha llevado a que, los niños y niñas de las familias con menos recursos no hayan tenido buenos resultados en su escolarización y mantengan altas tasas de mortalidad y retraso en el crecimiento, siendo éste de 2 a 4 veces mayor que en las familias de sectores de población con mayores ingresos.

Así, Vashali  y otras niñas como ella tienen un largo camino por delante si quieren vivir una vida digna, plena de oportunidades que les permitan alcanzar su completo potencial como personas, así como la posibilidad de contribuir al desarrollo de sus familias y su comunidad. De esta forma, quizás un día, realmente el futuro de la India tenga nombre de mujer.

[1] Banco Mundial http://datos.bancomundial.org/pais/india

[2] Objetivos de Desarrollo del Milenio. Informe 2014 http://www.un.org/es/millenniumgoals/pdf/mdg-report-2014-spanish.pdf

[3] Banco Mundial, op. cit.

[4] El Rotativo http://medios.uchceu.es/elrotativo/2013/02/07/desigualdades-de-genero-en-india-un-problema-por-resolver/

[5] Constitución de la India http://india.gov.in/my-government/constitution-india/constitution-india-full-text

[6] Banco Mundial, op. cit.

[7] World Economic Forum http://reports.weforum.org/global-gender-gap-report-2014/

[8] Objetivos de Desarrollo del Milenio. Informe 2014, op.cit.

[9] Íbid.

[10] Inter Press Service http://www.ipsnoticias.net/2015/02/a-pesar-de-las-leyes-el-trabajo-infantil-perdura-en-india/

[11] FAO http://faostat3.fao.org/browse/D/FS/E

[12] Objetivos de Desarrollo del Milenio. Informe 2014, op.cit.

[13] El futuro que queremos para todos http://www.un.org/en/development/desa/policy/untaskteam_undf/unttreport_sp.pdf

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