Bertín Osborne también es catalán

Hace unos días, en una conversación con una amiga, nos sorprendíamos del tipo de programas que era posible encontrar en televisión. Concretamente, nos maravillaba que figuras como Bertín Osborne estuvieran en boca de todos, así como que su programa se hubiera convertido en objeto de deseo para algunas -si bien no todas- de las principales figuras políticas en campaña electoral.

Para mí, nacido y educado entre las clases populares de Andalucía, pero que vive, desde hace años en Catalunya, es imposible desligar la figura de este cantante y presentador de lo que tanto él como los suyos representan. Jerezano miembro de una familia de terratenientes y bodegueros, Bertín Osborne es la imagen del señorito andaluz por excelencia, aunque él se encargue, cada vez que tiene ocasión, de aclarar que trabajó desde muy joven y precisamente fuera del ámbito de su familia. Sin embargo, su procacidad y condescendencia, entre otras cuestiones, tienen poco que ver con esa supuesta autonomía familiar y mucho con la cuna que le vio nacer; una cuna donde tal confianza, superioridad y autosuficiencia eran patrimonio exclusivo de aquellas clases sociales situadas en la cumbre de la pirámide social.

De esta forma, si Bertín Osborne cuenta un chiste de mariquitas en un programa infantil, no se trata tanto de una cruel burla homófoba sino, más bien, de una gracieta de sinvergüenza. O si es condenado a pagar una multa a Hacienda y a pasar un año de cárcel, no lo es tanto porque no pueda hacer frente a sus impuestos, sino porque esas cosas no van con él o porque, simplemente, se le había olvidado.

Existe el hecho de que, y comienzo a centrarme en el asunto, desde determinados sectores catalanes -muy minoritarios-, la figura de Bertín Osborne, así como sus exabruptos, representarían la españolidad por excelencia. Así, y volviendo a mi amiga, para ella y cierto imaginario, el humor exhibido por el Sr. Osborne sería”el típic humor espanyolista“. Esta afirmación es, en sí misma, muy representativa de una forma de entender lo catalán por oposición a lo español. Sí, porque para cierto sector social catalán, lo español, sea eso lo que sea, es grosero, zafio, derrochador, agresivo, vago e imperialista; son las tinieblas, la banalidad, el mal absoluto, son el dragón frente a un Sant Jordi de luz, seny, austeridad y educación.

Pero hete aquí que nos plantamos en un momento decisivo de la historia catalana. Unas elecciones planteadas en forma de plebiscito donde una de las opciones que concurren, legítimamente, entiende que no puede dar su apoyo al líder de un partido corrupto, neoliberal y agotado que no ha obtenido la mayoría suficiente para llevar a cabo sus planteamientos . Esta opción legítima entiende, además, que la independencia del país no es un objetivo en sí, sino el camino para “canviar-ho tot“, es decir, un instrumento para, en la medida de lo posible, acabar con la desigualdades sociales que partidos corruptos, neoliberales y agotados representan. “Gossa infernal” es uno de tantos calificativos que han aparecido estos días para referirse a una de estos representantes que, insisto, con toda la legitimidad se negaban a apoyar Mas de lo mismo. Donde Bertín Osborne contaba chistes de mariquitas, aquí vuelan adjetivos como “hipòcrita, lletja o enterradora”, ofensivos, zafios, agresivos, en definitiva, iguales unos a otros. Y no solo contra ella, sino contra toda una opción política.

Desde luego, si todo esto ha servido para algo ha sido para darnos cuenta, no solo de que aquello del oasis catalán era un espejismo (gràcies Pujol i familia), sino que nosotros, els catalans, som iguals, exactament iguals que la resta de pobles de l’Estat.

 

PS: Desde ya puedo decir que maldita la gracia que nos hace a muchos andaluces que los elementos que singularizan nuestra cultura sean proyectados -y mercantilizados- como referentes de la totalidad del Estado. Pero si a eso le sumamos que alguien como el Sr. Osborne, hijo mayor y único varón de Enrique Ortiz y López-Valdemoro, VIII Conde de Donadío de Casasola, representante de una clase social y una aristocracia que participó de la represión franquista y que durante siglos acaparó tierras y trabajo para desgracia de muchos andaluces, se presente como símbolo de lo español, hay un trecho, casi un delito.

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