La Flor de Maig somos nosotros

Fuente: Propia

Fuente: Propia

Buenas tardes a todos y a todas,

Primero de todo, agradecer la presencia aquí de familiares y amigos, vecinos y vecinas del barrio del Poblenou, miembros del Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU) y, por supuesto, al resto de compañeros y compañeras de la UB.

Tengo el firme propósito de, durante mi intervención, no decir nada que venga ya recogido en la copia de la Tesis que los miembros del Tribunal tienen ante sus ojos. Antes al contrario, trataré, precisamente, de plantear y reseñar todas aquellas cuestiones que, por un motivo u otro, no están recogidos en la misma.

Primero de todo quiero ofrecer mis disculpas por el resultado final obtenido. Creo que soy, más o menos, consciente de algunas de las insuficiencias –y también relativos fracasos-, que presenta el trabajo que hoy vengo a defender, algo que me puede haber llevado a no alcanzar algunos de los objetivos perseguidos. Y digo algunas porque otras, sin duda, serán expuestas por los miembros del Tribunal.

Comenzaré haciendo hincapié en que esta tesis es un trabajo eminentemente etnográfico. Se trata de una opción deliberada que, creo, se encuentra patente a lo largo de sus más de 300 páginas. La idea que siempre tuve en la cabeza fue, no tanto la de elaborar un gran constructo teórico, sino, más bien, la de compartir una experiencia que creo que es única: el acompañamiento, como uno más, de un proceso social de casi dos años de duración que no volverá a repetirse.

Es, por tanto, un trabajo histórico-etnográfico o, como su propio título indica, una etnografía de la memoria.

Aspectos tales como las dinámicas de gentrificación y terciarización del barrio del Poblenou, o la perspectiva comparativa –aunque sí que aparecen referencias a casos como Can Vies, el Hotel Madrid, etc.,- son señaladas aunque no profusamente abarcadas. Sin embargo, esto tiene algunos motivos de peso. El primero es la idea de elaborar un documento con un número no excesivo de páginas, creo que las 315 con las que cuenta, son más que suficientes para los objetivos expuestos. El segundo es el que he señalado con anterioridad, el hecho de haber optado, desde el principio, por centrarme en las gestas que se daban en torno a la Flor de Maig y los usos de la memoria, y el tercero es dejar abierta la posibilidad, a futuros investigadores, de avanzar allí donde yo dejé el trabajo. A este último punto me referiré con posterioridad.

Me gustaría destacar también el cierto carácter especial de mi papel como investigador, es decir, la realidad implicada del trabajo etnográfico. Tal y como he intentado reflejar en la parte metodológica, soy de los que piensan que es perfectamente posible desarrollar un trabajo con cierto nivel científico y, a la vez, participar, compartir, comprender e impulsar los hechos que se están investigando. Sin duda, esto podría acarrear cierto peligro de pérdida de “extrañamiento” antropológico, pero también algunas ventajas, como el hecho de acceder a los procesos sociales estudiados de una manera mucho más directa, abierta y honesta.

La tesis cuenta con una parte autobiográfica introductoria que llega, precisamente, hasta mi primer contacto con el Ateneu y con el planeamiento de cambio de objeto de estudio. De centrar mi investigación en los colectivos de inmigrantes principalmente africanos que poblaban, y pueblan, el Poblenou, pasé a poner el foco en la Flor de Maig. Sin embargo, confieso que mi primer acercamiento a los procesos que allí se producían no estaba, ni de cerca, vinculado a los usos de la memoria.

No, al principio me interesé por la Flor de Maig como un espacio de frontera, su vinculación con el concepto de liminalidad, a lo Turner, los okupantes como viajeros, etc. Es decir, consideraba el espacio del Ateneu como un lugar donde se producía un cambio hacía algo, aunque no se sabía muy bien qué.

Recuerdo que leí un artículo de Doreen Massey que aparecía en el libro, recopilado por Nuria Benach y Abel Albet, “Doreen Massey. Un sentido global de lugar”. Había un caso muy similar relacionado con Occupy London. Este movimiento había ocupado un edificio en plena City de Londres.

Una frontera política en el sentido de baluarte, de resistencia frente a las dinámicas que lo circundaban: el 22@, la turistificación incipiente del barrio, los procesos de gentrificación, en definitiva, del modelo de uso del espacio impulsado desde las distintas administraciones con competencias en la ciudad.

Sin embargo, este baluarte que se presentaba como radicalmente democrático y abierto podía no ser considerado así. Era evidente que presentaba espacios de exclusión, no todo el mundo era bienvenido… pero, ¿no son todos así realmente? En fin, no me convencía mucho el planteamiento, la verdad.

No fue hasta que un compañero del OACU, Marc Dalmau, tomando un café me planteó algunas referencias relacionadas con la memoria colectiva, Halbwachs y su paso por Chicago, que comencé a vislumbrar otras posibilidades para acercarme a la Flor de Maig como objeto de estudio. Recuerdo que me leí “La memoria colectiva”, casi del tirón en un viaje de trabajo a Valencia. Todas las piezas comenzaron a encajar.

Aspectos a los que no había prestado mucha atención hasta ese momento, como las referencias al pasado cooperativista, la lucha obrera, al movimiento vecinal de los 70s, símbolos como la Flor de Maig3 se presentaron ante mí como algo evidente. Las aportaciones teóricas iniciales que encontré en Halbwachs fueron completadas por mis directores de tesis con otros grandes referentes, como Bergson, Todorov, etc. De esta forma pude ver como esas piezas a las que he hecho referencia con anterioridad encajaron en un puzle inmenso que me mostraba una imagen clara y nítida.

Algunos de los actores, tanto colectivos como individuales, que okupaban la Flor de Maig se mostraban altamente heterogéneos en muchos de sus planteamientos, algo que no supone más que una reflejo de la sociedad urbana actual. Como decía Halbwachs, la memoria social en las sociedades tradiciones es compartida, pero en las ciudades contemporáneas es colectiva, esto es, común. Sin embargo, esta memoria está fraccionada, no es única, sino plural. Los usos de la memoria permiten, sin embargo, cierta unificación. Esta memoria política constituye un discurso claro y homogéneo que permite legitimar una manera de interpretar el pasado y proyectar el futuro. Y ese ha sido el papel de la Flor de Maig, ser la base sobre la cual se ha constituido una memoria política dirigida congruente y orgánica al servicio de los okupantes.

Claro que esta memoria, o antimemoria, se bate continuamente con la memoria oficial, que por sus propios e inmensos medios casi siempre lleva las de ganar.

El relato recogido en la tesis acaba en 5 de julio de 2014 con la celebración de la Diada del Cooperativisme a las puertas de la Flor de Maig en la calle Doctor Trueta. Sin embargo, desde aquel día muchas cosas han sucedido. La cesión del Ajuntament del edificio a los okupantes conllevaba una serie de deberes y obligaciones, como hacerse cargo de un canon anual de 650 euros, más IVA, así como el pago de los suministros de luz y agua, algo que supone un coste considerable y que antes no era considerado.

Por otro lado, se han conseguido también algunas obras de mejora por parte del Ajuntament, como el arreglo de las fachadas. Todo esto obliga al actual Ateneu a ser mucho más efectivo en la gestión económica de los recursos con los que suele contar, algo que ha llevado, entre otras cuestiones, a ser más cauto y exigente a la hora de ceder las salas, además de poner en marcha un sistema de cuotas y a la creación de la figura de socio, al estilo más clásico, de los Ateneus. Esto, por otro lado, podría suponer un hándicap para un sitio que solía ser considerado como un “lugar de activistas”.

Queda también pendiente llenar de contenidos sus espacios y retomar muchas de las discusiones, algunas con un fuerte carácter ideológico, que se aplazaron en su momento debido a las necesidades que planteaba la okupación.

Para finalizar, retomo aquí las consideraciones que hice al principio en relación con la línea de investigación abierta en torno a la Flor de Maig. Preguntas como, ¿qué grado de institucionalización se alcanzará y cómo afectará ésta a un espacio como el Ateneu?, ¿diferencias y similitudes, desde una perspectiva comparada, con espacios de similares características, ¿es posible el establecimiento de una red de este tipo de espacios en la ciudad de Barcelona, tal y como ya está planteado?

En resumen, un montón de preguntas a las que todavía hay que buscar respuestas.

Gracias

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