Artur Más, el rey de los símbolos

Estos días hemos escuchado hasta la saciedad el enorme favor que le ha hecho el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) al Presidente de la Generalitat haciendo coincidir su cita a declarar por el 9N con el aniversario de la muerte de Companys.

Dejando a un lado lo incómodo que ha resultado siempre el último President republicano de la Generalitat –no olvidemos que Companys rompió con cierta corriente catalanista de finales del XIX cuyos valores representarían hoy día partidos como Unió i Convergència, situándose al lado del movimiento obrero y encarnando los valores del republicanismo- para la casta gobernante en Catalunya desde su reinstauración, aunque el día hubiese sido otro, el resultado, a nivel simbólico, no hubiese variado mucho.

Si por algo tuviéramos que definir al Presidente en funciones es por el manejo de los tiempos, así como de la escenografía que envuelve todo ritual político. El paseo de Artur Mas recorriendo el casi kilómetro existente entre el Parlament de Catalunya hasta el Palau de Justicia –espacio que me atrevo a aventurar siempre ha realizado en coche oficial o, como mucho, en taxi- junto a decenas de cargos públicos de su partido, y otros afines; vitoreado por una multitud que ondeaba senyeras y esteladas;  con una presencia masiva de medios de comunicación nacionales e internacionales, hubiera bastado para que el citado día se situara entre los primeros puestos de la amplia gama de mitos que conforman el Procés.

Si la salida de Artur Mas del Palau –situado, por si alguien todavía no lo sabe, en la Avinguda Lluis Companys-; su plante en la parte superior de las escaleras, rodado de parte de su corte, y, al pie, los alcaldes más allegados enarbolando sus bastones de mando, pusieron la guinda a toda una puesta en escena que se encontraba pensada, planificada y diseñada desde hace días, la conferencia de prensa posterior, donde Mas se presentó como único responsable, supuso el climax.

Y, por si faltara poco, los detalles, insignificantes algunos, que sirvieron para redondear el guión. Yo me quedo con la apropiación que hace el Presidente de la bandera catalana y que expresa, a la mínima ocasión, con sus propias manos. Sí, porque, por si alguno no se había dado cuenta, los saludos de Artur Más escondiendo el pulgar y dejando ver los cuatro dedos restantes al aire representan las cuatro franjas rojas-sangre de la senyera. Si Yasser Arafat utilizaba un pañuelo en la cabeza, algo poco usual entre los palestinos, dejándolo caer sobre su hombro conformando el mapa de su ansiada Palestina, el Presidente no necesita de accesorios y su propio cuerpo le sirve para fundirse con uno de los símbolos más vigorosos de la nación catalana.

En la gestión de los mismos Artur Mas, y su equipo, son auténticos expertos. Los símbolos son poderosas armas expresivas que pueden oponer, al desorden de lo real, el orden de lo imaginario, y que, en esta ocasión, sirven para presentar al Presidente como heredero y encarnación del devenir de todo un pueblo.

En resumen, como dice el refrán, el diablo está en los detalles, y en la selva de los detalles, Artur Mas es el rey.

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Una respuesta a Artur Más, el rey de los símbolos

  1. Interesante el ritual político simbólico que se puede observar en el texto. Un abrazo colega!!! :)

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