El PSOE, los símbolos y el viaje a la centralidad

Nos hemos levantado esta mañana con la noticia de que Pedro Sánchez, en su proclamación ayer como candidato socialista a las elecciones generales del próximo noviembre, hizo uso explícito y abundante de uno de los símbolos del Estado, la bandera. Muy bien, tiene cierta lógica en un partido que tiene la E –de español- dentro de su propio nombre. Pero, ¿por qué hace esto ahora Pedro Sánchez?, ¿qué persigue con ello? Y, ¿qué piensan las bases del PSOE de esta exhibición?

Comenzaré por la última de las cuestiones, pues creo que es la más fácil de responder. Para empezar, el mensaje que intentó transmitir ayer Pedro Sánchez no estaba destinado a las bases del partido. Éstas son ya, por definición –y con más o menos ganas y convicción,- votantes socialistas. Por otro lado, cualquiera que conozca las bases de un partido -las agrupaciones de barrio, las juventudes, etc.- sabe perfectamente que éstas están más escoradas ideológicamente, a izquierda o derecha, que sus líderes y aparatos. Así, a más de uno y una, en cualquiera de las Casas del Pueblo que el PSOE todavía tiene a lo largo y ancho del territorio peninsular, la ocurrencia de Pedro Sánchez y sus asesores no le debe haber hecho ninguna gracia.

Pero es que ellos no eran los destinatarios del mensaje. No, los destinatarios eran otros, los indecisos, esa gran bolsa de votantes oscilantes que han permitido, hasta ahora, turnarse en el poder desde hace casi 40 años a los dos grandes partidos. Y es precisamente este “hasta ahora” el que permite unir esta respuesta con la primera de las cuestiones antes expuestas.

El PSOE ha escogido este momento para envolverse en la bandera para defenderse de las denuncias de radicalidad que le prodigan desde el Partido Popular. Una radicalidad que le viene de pactar, en muchos Ayuntamientos y CCAA con la gente de PODEMOS y que le permite dar un paso más, otro, en su viaje hacía la centralidad política –expresión que no es más que un eufemismo para no utilizar centro, o sea, de derechas, y no espantar a esos votantes oscilantes-.

Pero esto no es todo. Porque, paradójicamente, lo que está haciendo el PSOE para alejarse de la imagen que genera en su supuesto acercamiento a PODEMOS es, de hecho, imitarlo. Sí, porque fueron estos los primeros que rescataron conceptos que tradicionalmente se han asociado a la derecha española, como Patria, en un intento de disputar la hegemonía discursiva, y los votantes, a los dos grandes partidos, atrayéndolos hacía esa centralidad política.

La bandera, acompañada del discurso, junto a la exhibición de la mujer de Pedro Sánchez, copian, además, las formas norteamericanas de hacer campaña. Unas formas que presentan al candidato-solución como la personificación de la realidad del país. La fusión de Pedro Sánchez con la bandera, tanto real como simbólica, persigue, precisamente, identificar a la sociedad con el propio candidato.

En definitiva, nos encontramos ante las primeras fases de una campaña electoral que será, cuando menos, distinta a las anteriores, y donde los símbolos y su apropiación jugaran un papel relevante en la búsqueda de unos votos que habrá que luchar, gairebé, de uno en uno. Veremos.

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