Barcelona, ¿turismo (i)rresponsable?

Fuente: Propia

Fuente: Propia

El otro día me volvieron a invitar a participar en un debate, esta vez en la radio. ¡No me digáis que esto no se está volviendo ya una costumbre! La cosa iba de turismo, de turismo en Barcelona y, por extensión, en toda Catalunya. No soy un gran experto, pero pensé que algo podría aportar y decidí aceptar la invitación.

Junto a mí había un par de especialistas en la materia, consultor uno, investigadora y formadora la otra. La conductora del programa, tras presentarnos, nos lanzó una serie de preguntas en torno a aspectos muy amplios relacionados con el turismo: futuro del sector, situación en la ciudad, características del mercado y cosas así. Las intervenciones de mis compañeros de debate incidieron en elementos como la promoción de la Marca Barcelona, sus posibilidades de crecimiento, el empleo que genera, etc.

Cuando me llegó el turno de intervenir pensé que, para marcar algo la diferencia y, reconociendo mi poca experticia en el tema, me centraría en cómo está influyendo el turismo en la vida cotidiana de los vecinos y vecinas de Barcelona. Para ello hice referencia a casos muy concretos y conocidos como, por ejemplo, la saturación de muchas de las plazas y calles de terrazas del centro de la ciudad, la transformación que han sufrido algunos barrios, sobre todo los situados en el Districte Ciutat Vella o los hechos acontecidos el año pasado en la Barceloneta y que atrajeron la mirada de la prensa sobre este popular barrio de Barcelona. Sobre este último tema quise dejar clara mi postura y señalé que, en cierta medida -aquí quizás abusé de exceso de prudencia-, algunos medios de comunicación presentaron la situación producida el verano pasado como una reacción vecinal contra el incivismo, cuando lo que, según mi humilde opinión había ocurrido verdaderamente, fue que se manifestaron los límites del modelo de ciudad que hoy día tenemos: aquel que apuesta por la extracción de rentas de la misma, su valor de cambio, frente al que entiende la ciudad como el espacio de reproducción de la vida social, esto es, su valor de uso.

Mi compañera de debate, una vez volvió a retomar la palabra, aprovechó que yo había puesto sobre la mesa el tema de la Barceloneta para decir algo así como que “Barcelona es una ciudad muy permisiva” y que, sin duda, no podíamos permitirnos el lujo de transmitir la imagen de una ciudad a la que se puede venir a hacer lo que uno quiera. ¡Acabáramos! pensé. ¿Barcelona una ciudad permisiva? Fue aquí cuando confirmé mi exceso de prudencia al hablar del papel de algunos medios de comunicación.

Barcelona, a través de su Ordenanza Cívica del año 2005, tiene una de las normativas más estrictas en lo relativo a la regulación de los comportamientos en su denominado espacio público. Es más, según La Vanguardia, en un artículo publicado hace unos dos meses, los incumplimientos relativos a dicha ordenanza son los que generaron más denuncias (129.440), aunque unas pocas menos que en 2013. Y si nos remontamos algo más atrás, a hace cinco años, cuando la Ordenanza cumplía su primer lustro, el total de denuncias por infracción superaban ya las 400.000 para la totalidad del periodo. Así que permisiva, lo que es permisiva, Barcelona no lo es.

Otra de las consideraciones que tratamos en el debate fue la importancia del turismo como generador de empleo. Mi compañero de mesa, el consultor, hizo unas cuentas simples: Dividió el número de visitantes por el de empleos creados el año pasado y dedujo que, en líneas generales, por cada 30 turistas, creo recordar, se crea un empleo. Yo respondí a esta cuestión señalando que el empleo que crea el turismo es muy estacionario y, además, en muchas ocasiones no aporta un salario lo suficientemente alto como para permitir llevar una vida digna. Y aquí volvió la polémica, porque mis compañeros entendieron que mi alusión a la limitación de los salarios iba en el sentido de que, determinados empresarios, no cumplen con la normativa laboral vigente. Pero yo no iba por ahí. Recientes estudios, como el llevado a cabo el año pasado por CCOO, abundan en señalar que en el sector turístico existe un fuerte deterioro en la calidad del empleo creado a causa de la inestabilidad y estacionalidad laboral, de los bajos salarios, de la intensificación del trabajo, la polivalencia en múltiples tareas y el incremento de la externalización. Y todo dentro de la más estricta de las legalidades, porque es precisamente esta legalidad vigente la que ha fomentado esta situación.

En fin, no me extenderé más. No tengo nada en contra del turismo, yo mismo he disfrutado y disfruto, haciendo turismo cuando puedo, pero la verdad es que salí del debate con la sensación de que, cuando se habla y se diseñan planes o proyectos turísticos, siempre se hace desde la más estricta tecnocracia, desde un despacho donde se realizan sesudos cálculos mediante hojas de excel, pero sin tener contacto con la realidad más inmediata de la calle o con los efectos que estos planes y proyectos pueden tener sobre la vida de la gente. Y, cuando esto se hace, se hace forzados por la situación y a toda prisa.

En fin, lo de siempre. A ver si me llaman para algo más animado la próxima vez.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Antropología Urbana y etiquetada , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s