Capital simbólico y Modelo Barcelona. Participación en la Mesa Redonda “Barris, veïns i democràcia”.

El imprescindible libro de Marc Andreu, “Barris, veïns i democràcia, El moviment ciutadà i la reconstrucció de Barcelona (1968-1986)“, cuenta, en un capítulo dedicado a relatar el papel de la Federació d’Associacions de Veïns i Veïnes de Barcelona (FAVB) durante la Transición política española, con un muy acertado epígrafe donde se enumeran algunas de las batallas ganadas por la FAVB, sobre todo en lo relativo a la paralización de determinadas obras especulativas, la okupación de solares o la implementación de determinadas acciones recogidas en los numerosos Planes Populares elaborados unos años antes por distintas plataforma y asociaciones de vecinos. Entre las mismas podrían citarse los terrenos dedicados, hoy día, al Parc de l’Espanya Industrial, en los barrios de Sants y Hostafrancs, la Casa Golferics, centro cívico municipal de l’Eixample, o los equipamientos de la Sedeta, en la zona de la Sagrada Familia, a lo que hay que sumar una acumulación de suelo público, hasta 126 has., que el Ajuntament de la ciudad pudo realizar en aquellos días, todavía bajo el franquismo, y que, a día de hoy, es el acopio más grande de suelo urbano realizada en la ciudad por instancias públicas en la reciente historia de Barcelona.

La tesis del historiador, la cual defiendo y de la que estoy totalmente convencido, es que, tanto las paralizaciones como la compra de suelo urbano, solo pudieron realizarse mediante la presión popular, una presión organizada y articulada, en gran cantidad de ocasiones, por las AAVV de aquel entonces y por su federación local, la FAVB, lo cual pone de manifiesto la realidad de la ciudad como escenario del conflicto por excelencia. Dicho epígrafe se denomina “Pressió veïnal i acumulació popular de capital”, y la referencia a dicha acumulación de suelo es directa. Recogiendo unas declaraciones de Joan Antoni Solans, por entonces Delegado de Urbanismo del Ajuntament y redactor del Plan General Metropolitano (PGM) de Barcelona del año 1976, se esboza una primera definición del Modelo Barcelona, donde esta presión -debida sin duda a las imperiosas necesidades que tenían los barrios-, junto con las posibilidades técnicas que ofrecía el PGM, al momento político y la crisis económica, serían los elementos determinantes de una forma diferente de construir la ciudad.

Y aunque el autor, inmediatamente, levanta la sospecha de si dicho Modelo tuvo, o no, efectos sociales de progreso o de carácter redistributivo, tengo que formalizar mis discrepancias precisamente sobre esa primera definición del Modelo, de si éste giró sobre un proceso de acumulación popular de capital inmobiliario o, más bien, de explotación de capital simbólico.

Dejando de lado que, finalmente, el suelo no estaría en poder de los vecinos, o de las AAVV, participando éstos las menos de las veces en su gestión, lo que podríamos entender como una acumulación popular real, sino más bien en manos del  Ajuntament de la ciudad, creo que lo que define el Modelo Barcelona es, precisamente, la (sobre)utilización y apropiación de dicha acumulación de capital simbólico popular por parte de este último. Un capital forjado por años de lucha contra la Dictadura, contra los desmanes del Ajuntament de Porcioles, por la mejora de calles y plazas, por los equipamientos, en terribles condiciones de falta de libertad, muchas veces en la clandestinidad, etc., que fue, a continuación, reelaborado y descafeinado por las instancias municipales, para ser, finalmente, proyectado como elemento clave que posibilitara la entrega de la ciudad a los mismos que, en algún momento, habían sido los contrincantes de los propios vecinos. Triste ironía de ciudad revanchista.

Así, el Modelo Barcelona, más que una forma de entender la ciudad, de construirla popularmente, se nos aparecería como una forma de pacificarla a través de la explotación de lo que, una vez, fue realmente una de sus grandes valías: la capacidad de movilización y lucha de sus gentes. El hecho de que, posteriormente, se intentara vender dicho modelo como experiencia transferible, esa ya, es otra historia. ¿O no?

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