El Poblenou y el Monte Zilbeti, dos caras en la moneda de la acumulación.

Fuente: ekologistakmartxan-nafarroa.blogspot.com y femrambla.wordpress.com

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Marx acuñó el concepto de “acumulación primitiva” para denominar el doble proceso, ocurrido al final de la Edad Media europea, mediante el cual, por un lado, el tercer estado –la plebe- se vio privada de su derecho consuetudinario a explotar y cultivar determinadas parcelas pertenecientes al señor feudal, que se las ofrecía a cambio de una parte de la producción y de protección frente al exterior, y, por otro lado, a la privatización de las tierras comunales (tierras comunes, montes, ruedos, etc.) que eran propiedad común de los habitantes de pueblos y villas y que eran explotadas por estos colectivamente en usufructo. Esta privatización y desposesión generalizada de los medios de producción tradicionales de los campesinos tuvo, como consecuencia directa e inmediata, la generación de un grupo social que, hasta ese momento era inexistente o minoritario, el obrero asalariado.

A esta acumulación habría que sumar la producida mediante los grandes descubrimientos coloniales, los cuales llevaron a las potencias imperiales a apropiarse  de las tierras y los bienes hasta entonces propiedad de los pueblos conquistados.

Aunque ya las grandes rutas comerciales habían permitido a un sector incipiente de la población, la burguesía mediterránea, acumular grandes fortunas, al no producirse ningún fenómeno de expropiación de medios de producción, las relaciones y, por tanto, los modos de producción no habían cambiado notoriamente. Es mediante este nuevo proceso de privatizaciones y conquista en el que se produce el empujón final en el cambio de paradigma.

Así, toda esta enorme cantidad de capital acumulado es la que pone a funcionar, en parte, la industrialización que, a su vez, se nutre de la mano de obra huérfana que se había liberado con la privatización de los comunes y la expulsión de los siervos de las tierras feudales. Esto es lo que llamamos capitalismo.

El capitalismo, como modo de producción, utiliza el capital como herramienta de producción y se basa, principalmente, en el establecimiento de unas determinadas relaciones sociales –relaciones de producción- que permiten su reproducción y circulación y donde el trabajador contribuye a su creación mediante la venta de su fuerza de trabajo. Con parte del capital producido, esto es, acumulado, los empresarios, como clase, realizan una serie de inversiones, búsqueda de nuevos mercados, productos, etc., algo que les permite continuar con la dinámica. Sin embargo, el capitalismo, por definición, mantiene ciclos discontinuos que lo llevan a la generación de crisis periódicas. Estas crisis del capitalismo serían, básicamente, crisis de acumulación del capital ya que este, para mantener al sistema a flote, necesita estar continuamente (re)produciéndose y circulando. De este modo, las crisis podrían ser definidas como momentos en la historia del capitalismo en el que éste se reconfigura  en búsqueda de nuevas formas de reproducción y acumulación.

Ahora bien, el capitalismo, como sistema, aunque mayoritario y prevalente en la mayoría del planeta, convive generalmente con otras formas de producción, teniendo vedada, en cierta medida su entrada en determinados sectores y áreas. Este es el caso de la existencia, en gran cantidad de zonas (en la Europa rural, en la América campesina e indígena, etc.) de medios de producción colectivos o determinados elementos o sectores sociales y económicos que, aun hoy día, se considera deben estar fuera del mercado.

Así tenemos el ejemplo de los montes y tierras comunales todavía existentes en gran parte del territorio del Estado español, sectores completos de actividad económica como la sanidad o la educación, donde el sector privado no tiene apenas presencia, o los mismos pueblos y ciudades como medios de reproducción social.

Ahora bien, que estos elementos se encuentren desmercantilizados, en el sentido de que la actividad privada socioeconómica no los ha podido alcanzar como medio de producción, no significa que esto se pueda llevar a cabo en algún momento. En el ámbito de las ciudades tenemos lo que David Harvey ha denominado, parafraseando a Marx, como “acumulación por desposesión”, por cuando se trata de un fenómeno de acumulación (mediante la privatización de bienes públicos fundamentalmente) que priva de acceso a la población general tal y como venía sucediendo hasta ahora. La privatización de la sanidad pública sería una muestra de ello, pero también el espacio urbano como medio de producción y reproducción de la vida social, un buen ejemplo de lo cual lo representaría el intento de ampliación del espacio para terrazas de la Rambla del Poblenou o el (ab)uso turístico de la Barceloneta, ambos casos en Barcelona. Así, la puesta en valor de las calles y plazas de los pueblos y ciudades, su privatización parcial, su mercantilización al fin y al cabo, puede entenderse como una nueva vuelta de tuerca en el avance del sistema capitalista en su necesidad de (re)producir y hacer circular el capital. Aunque en este nuevo modelo de acumulación no estamos ante la creación de una nueva clase social (o sí, pero ese ya es otro debate), sí es evidente que asistimos a nuestra transformación como vecino o vecina, como usuario y persona con derechos, en un simple consumidor de productos y servicios.

El paralelismo con la privatización y explotación de los restos de tierras comunales que quedan -principalmente en las áreas rurales del Estado español-, y donde el intento de instalación de una empresa minera en el monte Zilbeti, en Espinal (Navarra) representa un último ejemplo, es evidente

En definitiva, ambos procesos de acumulación se nos muestran como las dos caras de una misma moneda, una moneda representada por un sistema socioeconómico que no puede dejar parcelas fuera de su orbe, ya que genéticamente necesita estar continuamente en expansión.

PS: Sobre el intento de privatización de la explotación, mediante la instalación de una cantera, del Monte Zilbeti existe un interesante documental –LUR– elaborado por Mercedés Mangrané.

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