La mercantilización del Jaleo y sus efectos sobre la identidad menorquina

Esto es un texto introductorio a un proyecto sobre la relación existente entre la mercantilización del patrimonio inmaterial menorquín y los cambios en la identidad colectiva de sus habitantes.

La mercantilización del Jaleo y sus efectos sobre la identidad menorquina

No hace mucho se cumplió el centenario de una de las obras canónicas del pensamiento sociológico de todos los tiempos: Las formas elementales de la vida religiosa (1912). El trabajo realizado por Emile Durkheim, pese a la gran cantidad de críticas que ha recibido desde su concepción, supuso un primer e influyente paso en la consideración de los hechos religiosos más allá de cuestiones de carácter emocional o intelectual, avanzado en un planteamiento de signo sociológico. Para este autor francés, la sociología ha de concebir a la sociedad como una realidad objetiva, como un organismo exterior al observador científico. De esta forma, una reunión de hombres y mujeres funciona como un auténtico ser vivo, como un organismo que se rige por las mismas leyes que se rige la naturaleza. Entendiendo a la sociedad así, como una estructura psicofísica, es posible ver en ella una conciencia colectiva que se desarrolla sobre un determinado sustrato material. Este planteamiento, además, permite comprender la peculiaridad espiritual de los fenómenos sociales, en tanto que formas de pensar y de sentir como expresiones de la conciencia colectiva.

Ahora bien, como ha sido recordado tantas veces, no es en la obra del padre de la sociología francesa donde habría que buscar sus mejores ideas, sino en la Escuela que él crearía y, sobre todo, en sus herederos dentro del pensamiento antropológico, los cuales incluirían una perspectiva empírica y comparativa.

Esta configuración permite a los antropólogos señalar algunas de las cuestiones que ya se encontraban en las obras de Durkheim, aunque con una aplicación contemporánea. El hecho de que, determinados hechos sociales que en apariencia se encontrarían lejos de cualquier atisbo de religiosidad, se manifiestan, en realidad, bajo las mismas premisas. Los fenómenos sociales pueden mostrarse bajo formalidades religiosas pero, también, como manifestaciones de identidad compartida. Este es el caso de las fiestas populares. Hechos que, en principio, podrían tener un marcado carácter espiritual, pero que en realidad proyectarían formas colectivas de adscripción identitaria.

Entre estas fiestas populares habría que destacar el Jaleo Menorquín. Podemos encontrar las primeras referencias a esta fiesta en la antigua iglesia rural de Sant Joan d’Artrutx, Ciutadella, en el siglo XIV, cuando para administrar esta parroquia se creó una obreria formada por diferentes elementos representativos de los estamentos medievales entonces vigentes (el obrers o caixers eran un sacerdote, un noble, un maestro artesano y un par de arrendatarios de fincas). La celebración de una misa en vísperas de Sant Joan en una ermita que se encontraba fuera de la población, y que determinaba la necesidad de acudir a la misma a caballo, fue el origen del actual Jaleo, ahora extendido a toda la isla. Aunque originariamente se trataba, sin duda, de una expresión de control social de contenido altamente simbólico (el desfile a caballo, verdadero “animal de poder”, y el reparto de los cargos –el cual se mantiene hoy día, aunque con criterios ciertamente democráticos-, así lo evidencian), no podemos dejar de ver actualmente en dicha manifestación un elemento altamente revelador de la identidad local. Es a través de la participación en las fiestas del Jaleo en la que lo menorquín se hace carne.

Sin embargo, como toda manifestación de cultura humana, entendiendo cultura como aquellas formas que tienen los hombres y las mujeres de relacionarse con el mundo (Lévi-Strauss, 2012), ésta se encuentra en constante cambio y evolución. El mundo contemporáneo, sujeto a los vaivenes de un sistema socioeconómico, el capitalismo en su acepción neoliberal neoliberal, ha abolido las fronteras del capital con el resultado de la libre circulación de éste que, en forma de inversiones, recorre el mundo en busca de mayores rentabilidades. La terciarización de la actividad productiva en Europa y Estados Unidos, junto a cuestiones relacionadas con la aparición y crecimiento de las clases medias que trajo consigo el capitalismo de postguerra, ha llevado a la aparición de toda una industria, la industria del turismo.

Ahora bien, este sector económico, el cual ya se lleva manifestando en Menorca, así como en el resto de las Islas Baleares, con distinta consideración e importancia, algunas décadas, no deja de tener una influencia real y notable sobre las distintas manifestaciones de identidad colectiva. El Jaleo Menorquín, auténtico patrimonio cultural inmaterial perteneciente a todos los habitantes de la isla, se ha convertido en un recurso turístico más, junto a la creación de equipamientos hoteleros, la apertura de nuevos restaurantes, la urbanización de pueblos y ciudades o la creación y ampliación de los puertos y la puesta en valor del patrimonio cultural material e inmaterial menorquín, a partir de sus vestigios talayóticos. Sin embargo, pese a los beneficios que tal industria pudiera conllevar, es indudable que también desarrolla un importante impacto en la forma en que estas fiestas populares se manifiestan. La mercantilización de lo popular interviene poderosamente en la forma de apropiación que los propios menorquines y menorquinas realizan del Jaleo.

Es en este contexto donde se quiere enmarcar el presente proyecto a través de la búsqueda de respuestas a las siguientes hipótesis y preguntas:

  • ¿Cuáles son las transformaciones más importantes que ha sufrido el Jaleo Menorquín a lo largo de los últimos tiempos?, ¿cómo ha visto la población menorquina estas transformaciones?, ¿y los visitantes?
  • ¿Sigue siendo el Jaleo una fiesta popular?, ¿qué grado de apropiación tiene actualmente por parte de los menorquines esta fiesta?, ¿siguen viéndola como una fiesta propia?
  • ¿Es posible seguir considerando el Jaleo como algo menorquín?, ¿cómo oven los menorquines el proceso de turistificación vivido por el Jaleo?, ¿y los turistas?
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