¿En qué se parece un Congreso Eucarístico al Mobile World Congress?

Fuente: hastalconyometienes.blogspot.com

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Esta es una primera versión en castellano del artículo “Combregant amb el Congrés Mundial de Mòbils” publicado en La Directa el pasado día 02/03/2015 y escrito en colaboración con Giuseppe Aricó.

¿En qué se parece un Congreso Eucarístico al Mobile World Congress?

Es evidente que tan llamativo titular tiene encomendado, como objetivo principal, atraer la atención de un posible lector o lectora hacía el resto del artículo. Con esta estrategia no estamos descubriendo nada nuevo, aunque no nos negarán la originalidad de colocar en una misma línea expresiones a primera vista tan antagónicas como Eucarístico y Mobile Word y, además, que recuerde a un chiste. Lo que está claro es que si a estas alturas continúas leyendo es porque el titular ha tenido éxito y, en principio, sigues interesado en conocer la relación existente entre ambos elementos. Podemos asegurarte que haberla, como las meigas, hayla.

Se celebra estos días en Barcelona un acontecimiento mundial, el Mobile World Congress, el cual, tal y como señala su página web, consigue atraer a más asistentes, y de mayor calidad (sic) que cualquier otro evento de la industria del teléfono móvil. Y no solo eso, sino que cuenta con la presencia de alguna de las principales estrellas del mundo de las nuevas tecnologías y el 2.0, como Mark Zuckerberg, el pope de Facebook. Imagino que la idea de traer a alguien de las características de Zuckerberg está basada, no solo en garantizar el éxito del evento, aumentando el número de posibles asistentes, sino que también cuenta con la intención sincera de ofrecer la posibilidad de escuchar al personaje, de forma que nos ilumine con sus palabras, ideas y proyectos. Pues bien, con solo estos dos hechos ya es posible ver alguna coincidencia entre ambos Congresos Mundiales. En el Congreso Eucarístico, por ejemplo, que se celebró en nuestra ciudad en 1952 nos visitó el Cardenal Tedeshini, al que se le rindió un homenaje tal que pareciera que fuera el mismísimo Papa Pío XII, y también consiguió atraer a un gran público, se estima que casi un millón y medio de personas, aunque no sabemos de qué calidad eran.

Sin embargo, hay algunas cuestiones más profundas, y de carácter socioantropológico, que muestran que ambos eventos tienen otros puntos en común, más allá de la visita de algún personaje destacado o el número de asistentes y sus características. Una de estas coincidencias es el objetivo compartido de intentar transmitir una determinada imagen de la ciudad. Continuando con el ejemplo del Congreso de 1952, su celebración en territorio catalán perseguía, entre otras cuestiones, proyectar una idea muy concreta de Barcelona y, por extensión, del país. Un país profundamente católico, apostólico y unido, como no podía ser de otra manera bajo la Dictadura franquista. El Mobile World Congress, por su lado, retrata una Barcelona moderna, tecnológica y abierta, incluso cosmopolita. La una y la otra son autenticas estrategias de marketing urbano y persiguen situar la ciudad en la sociedad de la época. Pretenden aunar voluntades apelando a elementos de carácter transversal. Unas, como nos recordara David Harvey, apelan al tiempo-espacio mitológico de la religión, las otras, se vinculan a cuestiones de carácter laico, como las nuevas tecnologías o las comunicaciones. Ambas despolitizan la celebración del evento y sus consecuencias, lo mismo que pasó con los Juegos Olímpicos del 92 o el Fòrum de las Culturas en 2004, aunque la apuesta, en esas ocasiones, estaba basada en hechos supuestamente universales, como el deporte, la competición, la paz, la cultura y la sostenibilidad.

El Congreso Eucarístico de 1952 fue, además de una muestra de apertura del régimen, la excusa elegida para urbanizar la zona sur de la Avenida Diagonal, mientras que el Mobile World Congress permite al Ajuntament continuar con el relato de la Barcelona Smart City, una ciudad inteligente donde las grandes empresas de las nuevas tecnologías pueden venir a hacer negocios o, simplemente, turismo. Exactamente lo mismo pasó en los JJOO y el Fòrum, solo que en esa ocasión, el relato construido sirvió para los grandes pelotazos urbanísticos de la Vila Olímpica o la urbanización de Diagonal Mar.

Pero ahí no queda todo. El Mobile World Congress, en cierta medida, supone una celebración religiosa, aunque de tintes profanos. Los congregados estos días en la Fira de Barcelona se reconocen a sí mismos como creyentes de un nuevo culto, el de las nuevas tecnologías asociadas al capitalismo creativo y neoliberal. No habrá comuniones masivas ni adoraciones nocturnas, pero sí se escuchará la palabra de Zuckerberg y se celebrarán jugosos contratos.

En fin, ¿que en qué se parece un Congreso Eucarístico al Mobile World Congress? Las similitudes entre ambos acontecimientos son muchas, aunque siempre nos queda la tranquilidad de saber que el modelo de Barcelona que tenían, por un lado, el alcalde Simarro, o luego tuvo Porcioles, es radicalmente distinto al que tuvo Hereu y ahora tiene Trias, ¿o no?

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