Desarrollo rural, cooperación y cultura

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Fuente: eldiario.es

Artículo publicado en la Revista ARA-Tierra Sur, Otoño – 2008, nº47.

Desarrollo rural, cooperación y cultura

La cooperación internacional ha pasado, a lo largo de su historia como disciplina, a estar avalada por numerosos modelos y corrientes teóricas, como corresponde a cualquier intervención en las ciencias sociales. Desde finales de la Segunda Guerra Mundial, ésta ha pasado a ocupar un papel cada vez más destacado dentro de los asuntos exteriores de los estados debido, fundamentalmente, a las nuevas relaciones que las potencias europeas pasaron a mantener con sus antiguas colonias. Así, ya desde los primeros años del siglo pasado, disciplinas como la sociología y la antropología, junto con la planificación económica, geografía, etc., recibieron un gran impulso por parte de Europa y EEUU, hasta llegar a convertirse en importantes instrumentos de intervención, comprensión y apoyo para dichas relaciones entre las antiguas metrópolis y los nuevos estados emergentes.

Tras décadas de políticas de cooperación, marcos teóricos, programas y proyectos, todavía encontramos ejemplos relevantes de fracasos sobre dichas cuestiones. Hemos pasado de “dar peces a enseñar a pescar”, invertido grandes cantidades de dinero, creando planes nacionales de cooperación al desarrollo, agendas de cooperación, etc., sin embargo los errores siguen apareciendo en los resultados finales.

Los pasos dados a través de la cooperación descentralizada, intervención a través de las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs), nos han mostrado luces y sombras, aunque las primeras prevalezcan sobre las segundas, pero también es cierto que estamos asistiendo a una vuelta a la “cooperación directa” por parte de las distintas Administraciones Públicas, no sabemos si por un exceso de celo en el tratamiento de los fondos públicos, o por un redescubrimiento de las políticas de cooperación como instrumento de acción exterior en un mundo cada vez más globalizado por parte de unos Estados cada vez menos poderosos.

Nos estamos encontrando, hoy en día cada vez más, con el hecho de que las políticas e intervenciones que creemos funcionan en determinados territorios, no funcionan en otro. Nuestra concepción del desarrollo rural, un modelo andaluz y europeo, puede no funcionar cuando se aplica en América Latina, Asia o África. Los condicionamientos culturales, sociales y económicos son fundamentales a la hora de diseñar intervenciones sobre el medio rural o cualquier otro ámbito que implique el trabajo con distintas poblaciones. Dentro de las ciencias sociales se impone la necesidad del llamado “nivel intermedio”, esto es, la imposibilidad de aplicar grandes modelos globales a solucionar problemas individuales o a buscar soluciones únicas y completas a pequeñas situaciones complejas, sino diseñar aplicaciones intermedias con suficiente flexibilidad de intervención. El modelo de desarrollo rural andaluz, europeo y capitalista, puede no funcionar en países como Marruecos, donde no existe una democracia equivalente a la europea, o un medio social lo suficientemente articulado como para poder crear instituciones u organismos representativos equivalentes. Sucede lo mismo en algunos países latinoamericanos donde la población indígena en el medio rural es amplia y no comparte los valores occidentales de los medios urbanos o las áreas más influenciadas por la colonización española.

Esto no quiere decir que no puede haber una adaptación, o rediseño, de los modelos de intervención occidentales en áreas y regiones que no comparten los mismos valores culturales o sociales, sino que éstos deben estar pensados, modificados, teniendo en cuenta las especificidades de cada territorio. Hallamos un ejemplo de esto en las actividades que desarrolla la Fundación Vicente Ferrer en el distrito indio de Anantapur. La formación de los llamados Comités de Desarrollo Comunitario (CDC) en cada una de las comunidades donde trabaja, supuso, en un principio, una adaptación del modelo de desarrollo comunitario americano, aunque adaptado a las especificidades del entorno social y cultural del medio rural indio del estado de Andhra Pradesh. Estos Comités están conformados, a partes iguales, por hombres y mujeres, en un número de seis, un profesor, un representante de la Asociación o Shangam de mujeres de la comunidad y un representante de la Asociación o Shangam de personas con discapacidad. Este CDC, a su vez, traslada las necesidades de la población a la ONG en temas relacionados con la educación, ecología, mujer, sanidad, vivienda y personas con discapacidad, de forma que el trabajo es conjunto y común. No existe una gestión presupuestaria, ni la intervención de una entidad legal constituida, como un Grupo de Desarrollo Rural andaluz, bajo el paraguas del derecho civil, ya que esta circunstancia sería impensable para la realidad india.

En esto, la Fundación Vicente Ferrer no se diferencia de otras ONG, a no ser en su compromiso de permanencia con el distrito de Anantapur, y a su enfoque global del desarrollo y la erradicación de la pobreza. Estamos, por tanto, asistiendo a un proceso de “recentralización” de las políticas de cooperación al desarrollo por parte del Estado, además de un continuo proceso de aprendizaje sobre las intervenciones, que nos debe llevar a aplicar políticas suficientemente probadas y adaptadas a los lugares y países empobrecidos donde las distintas agencias y organizaciones trabajan.

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