Que viene Susana Díaz. Andaluces, levantaos!

Fuente: elpais.com

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Versión en castellano de un artículo de opinión publicado originariamente en catalán en el diario El Punt_AVUI+ el 17/02/2014 junto a Miquel Fernández.

¿A qué ha venido realmente la Presidenta andaluza Susana Díaz a Catalunya? Las fuentes oficiales dicen que su visita se ha producido con motivo de la presentación de la alternativa socialista a los planes de Artur Mas de llevar a cabo una consulta de carácter soberanista el próximo noviembre. Subrayando el papel de comparsa que está representando Pere Navarro, la propuesta es la misma que ya presentara el Primer Secretario de los socialistas catalanes en el Parlament, y se enmarca dentro de la iniciativa del PSOE de modificar la Constitución española para darle un mayor carácter federal así como una mayor relevancia política y económica a Catalunya. Sin embargo, los motivos para dudar de esto son numerosos. Vayamos por partes.

La llegada de Susana Díaz a la Presidencia de la Junta de Andalucía tiene de todo menos de democrático. La sucesión de manos de un José Antonio Griñán acorralado por el caso ERE, el también llamado fondo de reptiles, se llevó a cabo en un despacho del Palacio de San Telmo, sede de la Presidencia de la Junta, y no en un colegio electoral, vía urnas. Desde entonces, la Presidenta Díaz ha incrementado notablemente su presencia a nivel estatal, realizando declaraciones y participando en numerosos actos más allá de Despeñaperros. La nueva líder, hija de una buena familia sevillana y con un currículum donde no es posible encontrar nada más allá de su actividad dentro del PSOE-A, se presenta como una mujer joven y moderna, digna heredera de las políticas de igualdad implementadas por los primeros gobiernos de Zapatero. El nuevo mirlo blanco del socialismo español.

Como digna sucesora de Griñán, pero también de Chaves y el resto de Presidentes andaluces, Susana Díaz ha sabido mantener la política socialista en su acercamiento a las llamadas Comunidades andaluzas en el exterior, esto es, la migración y sus hijos. Y algo de esto hay en su visita a Catalunya.

Desde los inicios del primer gobierno autonómico, la postura de la administración andaluza hacia la inmigración en Catalunya ha estado marcada por el paternalismo, pero también por el clientelismo. La Junta de Andalucía, junto a otras administraciones, ha distribuido ayudas y subvenciones a grupos afines bajo la teórica premisa de mantener vivas su memoria y tradiciones, algo que se ha traducido en la financiación de cuanta fiesta, feria, romería o similar se llevase a cabo en territorio catalán, sosteniendo, a la vez, una amplia red clientelar. Pero eso no es todo. A esta visión naif de la supuesta realidad andaluza en el exterior, hay que añadirle un total desconocimiento de la sociedad catalana, hija de mil padres y mil madres, charnega y mestiza por naturaleza, pero catalana al fin y al cabo.

La Presidenta de la Junta de Andalucía ha venido a Catalunya a eso, a recordar a los catalanes de origen andaluz su deber con el mantenimiento del status quo del Estado, a meter miedo a sus hijos e hijas con la presunta extranjería de sus padres, como si el proceso que se vive ahora en Catalunya necesitara de tutelas externas y muchos catalanes, como sociedad, no hubiéramos dejado atrás ya la infancia y necesitáramos que alguien nos condujera por el camino correcto.

Yo abandoné Andalucía hace cuatro años por voluntad propia y no precisamente por una cuestión económica, pero hace poco, en una de mis últimas visitas a mi familia, un amigo de Sevilla en paro desde agosto, me comentaba: “Andalucía social y económicamente está como en los años 60s”. Quizás la Sra. Díaz debería centrar toda su atención y esfuerzo en los andaluces de hoy –es decir los que hoy viven allí- los del paro y los que siendo la generación más formada de la historia, deben seguir el camino de sus abuelos y abandonar Andalucía. Que se preocupe de ellos, más que de los andaluces que huyeron de los sabañones causados por el frío y el trabajo a destajo, de la represión y de los caciques después de la Guerra Civil. Estos, los que mantienen algunos de sus recuerdos, mientras quieren olvidar otros, los andaluces de ayer que son hoy sin pudor andaluños, los que, ante todo, permanecen atentos a otras realidades sin necesidad de patrocinio alguno.

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