No volem els vostres projectes urbanistics. El caso del Born, Barcelona.

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Fuente: Beatriz Almón Vidal

No volem els vostres projectes urbanistics. El caso del Born, Barcelona.

Una de las características del llamado “Modelo Barcelona” es el supuesto carácter participativo del proceso de transformación urbana que el mismo conlleva. Algo así como si los intereses públicos y privados caminaran de la mano hacía un horizonte de armonía y bienestar común. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Barcelona, como todas las ciudades, es una ciudad en disputa y el supuesto proceso participativo es más que deficiente. Todo el que conozca este sistema institucional sabe que una cosa es participar y, otra muy distinta, tener capacidad de decisión.

Decía Lefebvre en “La revolución urbana” (1972) que “hasta hace poco tiempo no se podía imaginar otra producción que la de un objeto […], una máquina, un libro, un cuadro. Hoy, todo el espacio entra en la producción como un producto en función de su compra, venta […]”. Así, el espacio ha devenido, además de en soporte para el sistema productivo capitalista -allí donde se asientan las fábricas y las empresas- en producto en sí, en objeto de compra y venta. De ahí derivan la especulación inmobiliaria, las grandes obras, etc. El control por el uso del espacio genera conflictos entre los usuarios, los vecinos y vecinas, y los distintos poderes institucionales y privados.

Un ejemplo de esto lo tenemos en el recientemente inaugurado Born Centre Cultural. Un gran equipamiento ubicado en el antiguo barrio de la Ribera de Barcelona, hoy rebautizado como “Born”. Su inauguración oficial el pasado 11 de septiembre, coincidiendo con la Diada Nacional de Catalunya (algo que no es gratuito como veremos luego) fue objeto de protesta por parte de los vecinos y vecinas del barrio. Aunque las reivindicaciones vecinales pasaban por obtener una mayor cantidad de espacios verdes, así como aparcamientos accesibles y lugares de carga y descarga, el Ajuntament de la ciudad, en lugar de eso, había optado por un proyecto de priorización del uso privado del espacio, dando lugar a una mayor cantidad de bares y terrazas (aunque quede para un “futuro” Pla d’usos) , la apertura de nuevos establecimientos turísticos, albergues, etc., con la intención de convertir al barrio en un eje más de la Barcelona turistificada. El conflicto, así, está servido, y la manifestación del día de su inauguración fue prueba de ello.

Sin embargo, excavando un poco vemos como hay algo más profundo en todo este proceso. No se trata solo de una batalla perdida contra un poder municipal que ha logrado instalar un equipamiento elitista en un barrio popular de la ciudad, sino de toda una guerra, la que significa el inexorable proceso de gentrificación que lleva tiempo produciéndose en el barrio. Como señalaba un vecino de la zona, “han echado a la puta calle un montón de abuelos y familias que vivían donde ahora hay todos los talleres de artistas multicultiguay […] hoteles, o museos Picasso o bistró de última generación”. Esto solo acaba de empezar.

Algo que añade interés a todo el proceso es el uso que se ha hecho de la memoria colectiva de la ciudad a la hora de justificar las obras. El barrio de la Ribera fue objeto de una gran transformación, al igual que otras partes de la ciudad, una vez que Catalunya capituló tras la Guerra de Secesión de 1714. Los poderes borbónicos arrasaron una parte importante del barrio para construir una Ciudadela militar desde donde controlar la Barcelona rebelde. Posteriormente, ya en el siglo XIX, los muros de esta mole fueron derribados y su interior dio lugar al Parc de la Ciutadella actual. Lo interesante del tema es cómo el Ajuntament ha usado esta parte de la Historia para hacer un lavado de cara a su intervención. Al más puro estilo de “invención de la tradición”, tal y como nos recordara Eric Hobsbawn (2002), el Centre Cultural (cuya gestión está externalizada) está lleno de referencias históricas al 1714. Incluso el día de la inauguración, una instalación artística situada en balcones de alrededor del edificio recordaba los apellidos de las familias que habitaban el entorno en aquellos años, hace casi tres siglos. De los años del popular y obrero barrio de la Ribera, ni la instalación ni el Ajuntament parecieron acordarse.

Lo que este ejemplo nos muestra, como señalábamos al principio, es cómo la ciudad se ha vuelto objeto de valor, elemento en disputa, y cómo el urbanismo aparece como sistema ideológico y técnico que lo proyecta y justifica.

Como señalaba Lefebvre, “el urbanismo […] bajo una apariencia positiva, humanista y tecnológica, esconde la estrategia capitalista: el dominio del espacio […]”

Referencias bibliográficas

Hobswamn, E. (2002) La invención de la tradición. Ed. Crítica, Madrid.

Lefebvre, H. (1972) La revolución urbana. Ed. Alianza, Madrid.

Fotografías 

Autora: Beatriz Almón Vidal (aquí)

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3 respuestas a No volem els vostres projectes urbanistics. El caso del Born, Barcelona.

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