La estética de la violencia en las calles de Brasil

Los recientes acontecimientos políticos y mediáticos acaecidos en el estado español han alejado nuestra atención sobre lo que pasa en Brasil y sus calles. Sin embargo, basta escarbar un poco, incluso en los medios de comunicaciones generalistas, o bichear un rato por internet, para darse cuenta de que aquel país sigue vivo y muy vivo, tanto que parece que cierta prensa tiene alta necesidad de matarlo.

Concretamente en el diario El País apareció hace unos días una Tribuna que, bajo el título de “¿Están siendo secuestradas las manifestaciones de protesta de Brasil?”, contribuía al proceso de demonización de las manifestaciones y movimientos de protesta que están llevando a cabo los grandes mass media del gigante latinoamericano. El artículo gira sobre la posible transformación de unas manifestaciones que, hasta el momento han transcurrido de forma pacífica y estable, en verdaderas hordas de violencia desenfrenada llevadas a cabo por grupos políticos radicales de derecha y, sobre todo, de izquierda. No pasaría de ser un intento demagógico más por mostrarnos una realidad completamente desenfocada (algo bastante frecuente en El País cuando se trata de su patio latinoamericano), sino fuera porque, en más de una ocasión, la Tribuna cae en el ridículo cuando no en la más absoluta de las vergüenzas. Y si exagero, solo tenéis que echar un ojo sobre el siguiente párrafo, donde llega a comparar las protestas brasileñas con la Baader-Meinhoff alemana de los años setenta, así como con el asesinato, en Italia, de Aldo Moro:

“ (…) los actuales grupos violentos (…) pueden ser una reencarnación de movimientos que ya sufrió por ejemplo Alemania con el grupo Baader-Meinhoff e Italia en los años setenta y ochenta con la mística revolucionaria de las Brigadas Rojas, de Lucha Continua o Autonomía obrera” (…) “Fue aquella estética de la violencia la que llevó a las Brigadas Rojas al secuestro y asesinato de Aldo Moro como símbolo de lucha contra el “compromiso histórico” entre la Democracia Cristiana de Moro y el Partido Comunista reformista de Berlinguer”.

Una pasada.

Lo que está claro es que para los poderes establecidos y las élites, brasileñas o de donde sean, una cosa es manifestarse por la subida del precio del transporte público, y otra bien distinta, reclamar verdaderos cambios sociales y políticos. Solo hay que fijarse en quién firma el artículo donde aparece la referencia a la Baader-Mainhoff, un periodista de O Globo, el mayor conglomerado mediático del país, una empresa acostumbrada a hacer y deshacer, incuso a quitar y poner Presidentes (para los interesados aquí podéis ver un vídeo sobre las manipulaciones de la Red O Globo para dificultar el acceso de Lula al poder en la pasada década de los 90s ).

No sorprende, por tanto, el uso del concepto “estética” que hace el articulista. Si seguimos a John Poshill, antropólogo especializado en el uso de las nuevas tecnologías y las redes sociales, podríamos definir “estética de la protesta” como “aquel grupo de principios que subrayan el trabajo subcultural y el estilo de un  movimiento de protesta particular”. Es decir, que siguiendo la Tribuna, los principios que siguen las manifestaciones son de carácter violento y, por lo tanto, execrables. De hecho, este mismo antropólogo, en un artículo titulado “Spain’s indignados and the mediated aesthetics of nonviolence” resalta como uno de los grandes éxitos del 15M español fue el uso de la no violencia para atraerse la atención de los grandes medios de comunicación del país. Algo que consiguieron con gran éxito. Una visión blanca y pacífica de la realidad que no ponga en duda el carácter básico del sistema, esto es, las desigualdades crecientes que supone el capitalismo neoliberal.

En este sentido, precisamente El País, publicada estos días una entrevista a una diputada del Parlamento islandés. Hay que recordar que, en más de una ocasión, desde el 15M y otras instancias y movimientos sociales, se ha puesto como ejemplo el caso de Islandia, donde supuestamente, la movilización ciudadana logró encarcelar a los responsables de la  crisis, cambiar al gobierno y reformar la constitución. No es necesario recordar que, finalmente, esto no ocurrió. Es más, el mismo partido que llevó al país al desastre, gobierna en la actualidad en Islandia. Pues bien, Birgitta Jónsdóttir, que es como se llama esta diputada, señala cómo, si bien en un principio creyeron posible el cambio desde las movimientos sociales, poco después se darían cuenta de que “el capitalismo no se puede cambiar, se tiene que destruir, destrozar”, para lo que propone, además de la movilización ciudadana, entrar en el parlamento para hacer política desde las instituciones.

Y esto es lo que los medios de comunicación y las élites burguesas brasileñas no tolerarían. Una marcha ciudadana es una cosa, pero otra bastante distinta es que ese malestar se transforme en movimiento político y cambie las reglas del juego.

Para finalizar, citar un reciente artículo en torno a los hechos acaecidos en Brasil, donde David Harvey recuerda a Dom Mitchell, otro antropólogo radical, el cual señalaba que:

(…) el derecho a la ciudad es un grito, una demanda, entonces es un grito que se escucha y una demanda que tiene fuerza en la medida en la que hay un espacio, a partir del cual y dentro del cual, ese grito y esa demanda son visibles. En el espacio público, en las esquinas de los parques, en las calles durante las revueltas y manifestaciones, las organizaciones políticas pueden representarse a sí mismas y, a través de esa representación, imprimir alguna fuerza a sus gritos y demandas. Para recuperar el espacio público, el crear espacios públicos, los propios grupos sociales se hacen públicos”.

Referencias

Postill, J. (2013) Spain’s indignados and the mediated aesthetics of nonviolence. Melbourne: RMIT University (Aquí)

Harvey, D. (2013) A liberdade da cidade, en Cidades Rebeldes, Boitempo Editorial (También aquí)

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3 respuestas a La estética de la violencia en las calles de Brasil

  1. Penylane dijo:

    Totalmente de acuardo. Discurso del poder que quiere imponer como siempre la relación manifestación-violencia, para tapar lo violento que es aqui la educación, la sanidad, las desigualdades, el racismo… El black bloc es el único que esta dadondo continuidad a las protetestas, que por otro lado fueron iniciadas también por grupos anarquistas. Si alguien está secuenstrando la portesta ahora mismo son los medios de comunicación al servicio del poder.

  2. Pingback: La estética de la violencia en las calles de Brasil

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