Historia de cómo Marx le explica a Engels la Ley Wert en un bar de Bruselas

marxcomicEs que me lo imagino. Marx y Engels sentados en La Maison du Cigney, en Bruselas, justo donde redactaron el Manifiesto Comunista, delante de dos pintas de cerveza y comentando el hecho.

– Karl, la que están liando en España con la nueva Ley de Educación – comenta Engels.

– Ya te digo, aunque bueno, se veía venir ¿eh? – contesta Marx.

– ¡Coño! ¿Y eso?

– A ver, esta más claro que el agua del Volga. ¿Te tengo que hacer un dibujo o qué?

– Bueno, una breve explicación no me vendría mal, la verdad. Es que siempre te piensas que todos somos como tú… ¡Que intensito que eres…!

– Bueno, vale, no te enfades. Te cuento. Yo lo veo según dos puntos principales. El primero está basado en mi concepto de Relaciones Sociales de Reproducción. Ya sabes que ninguna sociedad puede producir continuamente, esto es, re-producir, sin reconvertir y transformar una parte de sus productos en medios de producción.  El ejemplo más claro de esto es la educación. El sistema de producción capitalista necesita, para continuar con el proceso de acumulación, introducir novedades tecnológicas, mejoras en la productividad, además de una clase trabajadora que sea capaz de participar de ese proceso. Esta es la base de la educación y la formación públicas, la de convertir a los hombres y las mujeres en herramientas básicas del sistema productivo. Ahora bien, ¿qué pasa si, debido a una reestructuración del sistema productivo, digamos, el paso de una producción fordista, de fábrica, a otra post-fordista, más fléxible y basada en los servicios, ya no es necesaria una mano de obra formada en determinadas actividades y procesos? ¡Está claro! Que el sistema educativo también necesita reestructurarse.  Pero es más, ¿qué pasa si el sistema de producción capitalista alcanza una fase donde los servicios financieros, y otros similares, alcanzan tal grado de desarrollo que se han convertido en una de las principales variables de producción mundial? Pues que la gente sobra, como dice mi amiga Saskia Sassen. ¿Para que vamos a tener a gente formada e instruida en determinadas cuestiones, si dándole a una tecla en un ordenador de Nueva York generamos tanta riqueza y capital como en una fábrica a las afueras de Beijing? Es más, ¿qué pasa si la gente ya no es necesaria ni como consumidora, puesto que no se producen bienes o servicios de consumo? ¿Lo ves ahora Frederik?

– ¡Ondia! Es verdad. Un ejemplo de eso, se  me ocurre, es la subida de tasas universitarias. ¿Para qué son necesarios universitarios si el sistema productivo ya no los requiere? O también, la creación de itinerarios educativos diferenciados a edades cada vez más tempranas. Así se avanza en una dualización y diferenciación social. Una reproducción de las propias élites. ¡Joer que mal se ha entendido a Darwin!

– Ya te digo. Pero espera, que aun hay más…

– ¿Mas?

– Sí. Porque a ver, si avanzamos en este sentido, el que tu has definido tan bien como dualizador, estamos creando grandes diferencias sociales, un gran salto entre las clases altas y burguesas y los trabajadores, precarios y excluidos. Hay un gran riesgo de caer en la anomia, en el desorden, la barbarie. Una gran olla a presión. Social, pero presión al fin y al cabo. Y esto no conviene para hacer negocios. Hay que buscar un pegamento social, algo que, vendido todo el patrimonio público y privatizados los servicios, sirva para mantener a la gente tranquila en el día a día. Digamos, una ideología. Y aquí, por antiguo que parezca volvemos a la religión y la moral conservadora. ¿No es que la Ley de Wert vuelve a introducir la enseñanza de la religión, bajo principios evangelizadores, en la escuela pública? ¿No es que en los servicios informativos de los medios de comunicación públicos te recomiendan que reces para encontrar trabajo? ¡Pues está claro! Se trata de que mediante una nueva/vieja moral, neoconservadora y estructurante, se acepten las nuevas condiciones, se queden todos tranquilos en casa sin protestar…

– ¡Joer lo que se aprende contigo! En eso no había caído.

– Y más cosas que no te cuento porque se me está calentando la cerveza. Anda, pide algo para picar que tengo hambre. ¡Estos belgas es que no te ponen ni unas aceitunitas para picar..!

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3 respuestas a Historia de cómo Marx le explica a Engels la Ley Wert en un bar de Bruselas

  1. MaiteUró dijo:

    Grande, tío, tu eres grande! Gracias por hacernos reír cuando tenemos ese nudo rabioso en el estómago.

  2. OLoR dijo:

    que tal que estuvieran vivos y hablaran del futuro proximo .

  3. El Antropólogo Perplejo dijo:

    Ey! Gracias por los comentarios y por seguir el blog (y por lo de grande!)

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