Carta abierta a Víctor Bretón

Estimado Prof. Bretón,

Voy a contarle una historia. Hace ya unos años que desarrollo mi labor profesional en el llamado tercer sector. Durante todo este tiempo he trabajado en varias Organizaciones No Gubernamentales para el Desarrollo (ONGD), las cuales llevan a cabo proyectos en distintos sectores y países: desarrollo agrario, vivienda, sanidad, género, Cuba, la India, El Salvador, etc. Cuando comencé no era yo más que un vil ingeniero, pero ahora que me he convertido en “Licenciado en Antropología Social y Cultural”, porque lo de ser antropólogo es otra cosa, como ud. sabe, y he estudiado sus artículos y propuestas sobre el papel de las ONGD y el neoliberalismo en contextos neocoloniales, quería escribirle estas líneas. Como comprenderá, cuando empecé a estudiar sus escritos mi sorpresa fue mayúscula, yo que pensaba que hacía el bien, ¡¡y resulta que era un secuaz del FMI!! Ahora bien, tengo que señalar que conforme fui entendiendo y adentrándome en sus planteamientos, le fui perdiendo el miedo y creando una opinión propia al respecto. Quiero, desde mi humilde punto de vista, explicarle los motivos por los que creo que su postura me parece respetable, aunque no en exceso ajustada. Como le decía, voy a comenzar con una pequeña historia.

Daba yo una charla a la “Escuela de Padres” (sic!) de un elitista colegio de Sevilla sobre el papel de la ONGD para la que trabajaba entonces cuando, al finalizar la misma, se me acercó un señor muy bien vestido que me dijo: “Hola, quería preguntarte una cosa. Me interesaría ser voluntario de tu organización, viajar al país donde lleváis a cabo vuestros proyectos y echaros una mano”. “Bueno, gracias por el interés, la verdad, pero no aceptamos voluntariado internacional ni expatriados pues entendemos que deben ser los propios nativos los que tienen que implicarse en su futuro y encabezar los proyectos”, le respondí yo. “Sí, pero algo habrá que pueda hacer, no? Es decir, puedo echar una mano, limpiar, no se, alguna cosa habrá”. “Verá, tiene ud. que entender que eso que plantea lo pueden hacer ellos/as mismos, y no es necesario que vaya nadie de aquí a llevarlo a cabo. Además, imagino que no entenderá el dialecto local, por lo que su labor puede llegar a ser difícil si no puede comunicarse correctamente”, le repliqué. “Sabes lo que te digo? Que las ONGD, todas, sois unas seguidoras del capitalismo, ¡¡todas”!!. Y ahí acabó la conversación, de la forma más abrupta, aunque tengo que decir que mantuve la compostura y mi buena cara en todo momento.

Con esta historia quiero dar a conocer que, incluso fuera de los ámbitos académicos, existe la percepción, correcta o incorrecta, del papel que muchas veces juegan las ONGD en los países y territorios donde intervienen. Sin embargo, después de mi experiencia y conocimientos quería aprovechar este medio para “discutir” con ud. sus planteamientos sobre  la funcionalidad del “modelo ONG” de cooperación al desarrollo con la lógica del ajuste neoliberal tal y como aparecen recogidos en su artículo “Las organizaciones no gubernamentales y la privatización del desarrollo rural en América Latina“.

1.- Una sustitución no traumática del Estado. La gran crítica que ud. elabora al papel de las ONGD viene caracterizada por el papel de las mismas en un entorno geográfico concreto, esto eso, América Latina. Sin embargo, creo que la situación de las mismas allí, por el contexto histórico, institucional, económico, social y medio ambiental, no puede hacer que su argumentación se vea extendida a todo el mundo. El contexto africano, por ejemplo, es completamente distinto, con ausencia tradicional de un Estado “desarrollista” o incluso de las instituciones más básicas que conforman un Estado moderno. Por lo que, en este caso, las ONGD no pueden llevar a cabo la sustitución de un Estado que no existe o no ha existido nunca. Es verdad que ud. ya comenta en sus artículos que es difícil hacer generalizaciones aunque, de todas maneras, dichas generalizaciones no le sobran cuando se trata de hacer valer su tesis. Por último quiero señalar que ud. parece atribuir un papel “bondadoso” al Estado, algo que no le voy a negar. Pero tampoco me negara que su postura es, ante todo, ideológica, por cuanto el papel del Estado no es blanco ni negro, sino determinado por las prácticas y políticas de los grupos que lo manejan. Basta con abrir un diario hoy en día para ver el rol que el Estado, por ejemplo en Europa, está desempeñando en la crisis económica actual. Su gestión no parece ser, desde un determinado punto de vista ideológico, de lo más afortunada en cuestiones como los recortes o el problema de la Banca. Precisamente en este asunto es la sociedad civil la que ha dado un paso adelante en cuestiones como la institucionalización de la banca ética o la denuncia de los desmanes de los banqueros.

2.- Fragmentación del aparato interventor y dispersión paradigmática. Este aspecto está ampliamente relacionado con el anterior. Es decir, si anteriormente no había aparato interventor, difícilmente este será, ahora, fraccionado. Sí tiene ud. razón en que las agencias financiadoras de las actividades de las ONGD suelen poner, como contrapartida a la aportación del dinero necesario para llevar a cabo los proyectos, algunas condiciones. Sin embargo, y aunque es discutible, tiene ud. que entender que, por un lado muchas veces se trata de dinero público, con lo que esto conlleva de necesidad de transparencia, por ejemplo, por lo que la financiación tiene que ir vinculada a una política pública concreta de la que las Administraciones Públicas (AAPP) no pueden desentenderse. Por otro lado, y esto se lo digo desde el profundo conocimiento del sector como profesional del mismo, le puedo asegurar que tampoco se trata de “condicionamientos cerrados” y están muy vinculados, en la mayoría de las ocasiones, a las disponibilidades presupuestarias. Puede ud. argumentar que los grandes organismos financiadores, FMI o BM, tienen otros criterios, si bien es cierto que, tanto las ONGD como los beneficiarios de los proyectos no son tan dóciles como se piensa, y saben muy bien a qué “arboles se arriman”.

3.- La silenciosa domesticación de la capacidad crítica. Aquí no le voy a quitar razón, si bien no voy a dejar de recordarle que su perspectiva del asunto es, en exceso, latinoamericana, y además se olvida de dar la importancia que merece a las “otras financiaciones” e intervenciones llevadas a cabo por países no alineados aunque con gran carga ideológica. Por otro lado, creo necesario recoger aquí que este proceso de “desideologización” que viven las ONGD y los movimientos sociales locales no es único y exclusivo de las mismas, sino que se engloba en un sistema que también afecta a los países del Norte y está íntimamente relacionado con las sociedades postindustriales y los procesos de urbanización que ocurren en todo el mundo. Así, las organizaciones, a pesar de ser en muchos casos herederas de movimientos asociativos anteriores, tienen un aire nuevo: su organización tiende a adquirir un carácter más reticular y fluido, representan a grupos sociales de perfiles más amplios y se encuentran a veces profesionalizadas y cercanas a los poderes públicos. Las nuevas luchas son definidas más como subjetivas, expresivas y reivindicativas que como instrumentales. Se adhieren a la retorica de los derechos humanos, que ya no son los derechos de una colectividad, nación o clase, sino los del individuo. No ha que ir muy lejos para encontrar ejemplos de ello.

4.-  Una derrota clamorosa en el combate contra la pobreza extrema. Tiene ud. razón en que es difícil determinar el papel que las ONGD han jugado en la lucha contra la pobreza, y que “la substitución de los poderes públicos por la actual constelación de entidades particulares que forman las ONG tampoco se ha traducido en avances significativos en lo que a la calidad de vida de la población rural se refiere”, pero es que aquí nadie ha hablado de “substituir” nada. Creo, estimado profesor, que una vez más se fija ud. en demasía en el caso latinoamericano y los procesos de ajuste que estos llevaron a cabo en los años 80s. Le puedo señalar más de un caso de éxito significativo en la lucha contra el hambre, y para muestra un botón en el caso de Mauritania y su colaboración con UNICEF.

5.- Unas relaciones con los beneficiarios políticamente controvertidas. Aquí quiero volver a retomar y recordar mi relato. No todas las ONGD mantienen esa aptitud paternalista y “de arriba a abajo” condicionada por la financiación que ud. relata. Las hay, como la que yo pertenecía, las cuales, al revés, potencian la participación de la población local en todos los ámbitos, inculcando en los mismos el sentido de compromiso y responsabilidad para con su propio futuro, y no dependen de financiación pública o controvertida.

Nada más, agradecerle, eso sí, que nos haga pensar y recapacitar sobre el asunto.

Espero que pase un buen verano, un saludo.

El antropólogo perplejo,

Música,

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3 respuestas a Carta abierta a Víctor Bretón

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  2. Inarco dijo:

    Un interesante artículo. Desconocía yo las tesis del profesor Bretón, cuyo artículo tendré que leer, pero también supongo que la percepción que a veces tenemos de las ONGs se debe a que hay mucho intrusismo. Creo que la acción de Médicos sin Fronteras en Grecia sería un buen ejemplo de que las ONG no son culpables de la muerte del estado, sino que simplemente lo sustituyen cuando ha desaparecido.

    • El Antropólogo Perplejo dijo:

      Inarco, en el caso que comentas de MSF en Grecia es precisamente el tipo de caso que comenta el Prof. Bretón. Es decir, el papel del Estado que, según mi punto de vista, el determina como “proveedor de servicios”. Algo que comparto, pero que no tiene porque ser así. El papel de MSF en Grecia viene un poco en este sentido, dando por tanto, fuerza a su argumentación.

      Gracias, un saludo

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