Una historia sobre la clase política

Voy a reproducir aquí, de manera más o menos fehaciente, una conversación que mantuve hace ya unos años con una amiga miembra de la “clase política”. Para ello, previamente haré una breve descripción del contexto.

Estamos en un pueblo de la provincia de Sevilla. Una localidad de tamaño medio, unos 25 mil habitantes, situada en la ribera izquierda del Guadalquivir y centrada económicamente en la agricultura y la industria asociada. Desde la capital de la provincia hasta Cádiz hay una autopista, la famosa AP-4, que no cuenta con ninguna vía rápida alternativa, lo que supone, en muchas ocasiones, todo un hándicap para las empresas y el transporte local. Así, una de las grandes reivindicaciones de los pueblos que se hallan en su entorno ha sido la de la “liberalización” del peaje, es decir, que dicha Autopista pase a ser una Autovía, o se construya una vía rápida paralela y alternativa gratuita. El Grupo Político que gobernaba, en el momento de la conversación, en el Ayuntamiento del municipio en cuestión pertenecía al mismo color que el Gobierno Central, responsable de dicha liberalización, el cual se encontraba en contra de la misma. Mientras que la oposición municipal apostaba por la eliminación del peaje. Mi amiga pertenecía a este último grupo opositor.

Amiga: “Hemos decidido, dentro de mi Grupo Político, comenzar toda una campaña de movilizaciones para hacer llegar al Gobierno el sentir de la ciudadanía, que no es más que la liberalización de la autopista y la eliminación del peaje”.

Yo: “Sí, la verdad es que es una putada. Es la única de estas características en Andalucía, y la zona de la Bahía de Cádiz, tal y como está, necesitaría de un pequeño impulso en temas de infraestructuras”.

Amiga: “Por eso, se van a enterar. Para comenzar, movilizaciones y concentraciones en la plaza del pueblo cada cierto tiempo. Luego vamos a proponer, a través de la Mancomunidad, que todos los plenos asociados aprueben un requerimiento igual a través de sus Ayuntamientos.”

Yo: “Muy bien”

Vale, esto pasó, voy a recordar, cuando el Grupo Político de mi amiga estaba en la oposición. Unos años después, no muchos, la autopista seguía sin ser autovía, pero el Gobierno municipal estaba en manos de la antigua oposición. Por otro lado, el color del Gobierno Central también había cambiado y coincidía, incluso, con el de la Junta de Andalucía. Había una conjunción de estrellas total, todos los gobiernos con el mismo color político. Transcribo aquí, con las mismas características que antes, la nueva conversación con mi amiga a propósito del mismo tema.

Yo: “Oye, y ahora, ¿qué va a pasar con la Autopista? Después de toda la que liasteis, ahora tenéis la oportunidad de pasar a la acción de verdad, utilizar vuestros contactos en Madrid, etc.”

Amiga: “No, va a ser que no. Liberar la autopista supondría muchos millones. Lo que se va a intentar es, liberar una parte, y el resto, construir una variante nueva”.

Yo: “A ver, ¿construir una variante?, ¿una nueva vía igual? y, ¿pagar una pasta por una liberalización parcial?”

Amiga: “Sí, esa es la consigna desde Madrid y Sevilla. De todas maneras, el tema tampoco es tan importante”

Y así quedó la cosa. Algunos años después, los Grupos Políticos han ido y venido de los diferentes Gobiernos y/o niveles de la Administración, pero la gente sigue pagando el peaje de la AP-4 religiosamente.

Aprovecho para copiar aquí la definición de Clase que hace el Real Diccionario de la Lengua. Ésta tiene numerosas acepciones, pero yo me voy a quedar con una que me interesa particularmente, la número 2: “Orden en que, con arreglo a determinadas condiciones o calidades, se consideran comprendidas diferentes personas o cosas”.

Porque así es amigos/as, los políticos, ya sea a nivel local o estatal, son una clase, un orden, que comprende a aquellos y aquellas que, si acaso, se entienden y defienden a sí mismos, no a los demás. Ay! Esas consignas desde Madrid, Sevilla o Barcelona…

Salud amigos/as, y música!

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5 respuestas a Una historia sobre la clase política

  1. Pingback: Una historia sobre la clase política

  2. Manel Artero dijo:

    Mi padre era un hombre al que pilló la guerra en plena infancia. En su pueblo se cerró la escuela y los niños quedaron en la calle. Para colmo, pertenecía al bando de los perdedores y no al de los rebeldes fascistas que subyugaron al país. La conclusión es que no tuvo oportunidad de adquirir “conocimientos”. Pero lejos de ser un ignorante, como lo somos la mayoría de españoles que poblamos la península, él fue siempre curioso y lector empedernido. La segunda conclusión es que era sabio mi padre.
    Con ese bagaje y habiendo trabajo con él de peón durante unos años (su oficio era la albañilería) tuve la suerte de que me transmitiera mucho de sus saber de base, de cultura del pueblo: la empatía, la incredulidad, el criterio, nunca dejar de ser yo, no arrepentirme de lo hecho porque no tiene solución salvo el aprendizaje…
    Pero la cosa que me marcó siempre, sobre todo por el margen de aplicación que tiene en el mundo que nos rodea, fue una simple y sencilla frase:
    “DE SER TUYAS A SER MÍAS, ¿CUÁNTAS TE COMERÍAS?”
    Este dicho, en su sencillez, esconde la base del comportamiento humano,

    Genial post, como siempre.
    Un abrazo,
    Manel.

    • El Antropólogo Perplejo dijo:

      Gracias Manel. La verdad es que la frase de tu padre tiene múltiples aplicaciones. Un abrazo y gracias por seguir el blog.

  3. Noemi dijo:

    “Al partido no le importa perpetuarse a sí mismo. Quien tenga el poder no es importante, siempre que la estructura jerárquica permanezca siendo siempre la misma.”
    1984 de George Orwell.
    Eso sí, tampoco me vale eso de “da igual a quien votar si todos son iguales” Eso es lo que nos quieren hacer creer.
    Saludos!

    • El Antropólogo Perplejo dijo:

      Siempre es útil acudir a Orwell. En este caso yo añadiría: “Todos los animales son iguales…, pero hay algunos que son más iguales que otros” ;)

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