Me estoy poniendo en plan soviético

Cuando yo era pequeño (A long time ago in a galaxy far, far away), el planeta estaba dividido en dos grandes bloques políticos. Bueno, Bloques, con “B” mayúscula. Estos Bloques eran agrupaciones de países, regiones enteras de todo el mundo, detrás de las dos potencias político-militares de entonces, a saber, los Estados Unidos de América (USA) y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Se suponía que uno era bueno (USA) y el otro malo (URSS) y así se encargaban de recordárnoslo diariamente los medios de comunicación, las películas y toda la corriente de pensamiento e imagen en la que nos veíamos envueltos (se me olvida aclarar que nosotros/as, los/as españoles/as de entonces, estábamos en el Bloque correcto, el pro-USA). A mí esto, sinceramente, me daba bastante igual a no ser por los momentos en que, en casa, mi comportamiento no era correcto y mi madre, para recriminármelo, me decía que “me estaba poniendo en plan soviético”, algo que tenía connotaciones más que negativas.

Viene esto a cuento de un concepto que la antropología ha trabajado mucho y que, incluso muchos autores, citan como base esencial de esta ciencia, el concepto de “Otredad”. Así, ésta puede aparecer definida como “el estudio de la otredad cultural, de la alteridad cultural o de la diversidad cultural”, de tal manera que la antropología sería la ciencia que estudiaría a ese “otro cultural“.

Las diferentes corrientes antropológicas se han acercado a esta “otredad” desde diferentes visiones o perspectivas. Así, a la par que la Antropología iba elaborando explicaciones sobre la “otredad”, iba modelando también su objeto, es decir, una imagen, un modelo de esa “otredad”. Algunas, como las perspectivas evolucionistas y neoevolucionistas, no se limitaron a explicarla si no que la construyeron en torno a las “diferencias”, culturales en este caso. Posteriormente comenzamos a oír hablar de la “otredad” como un objeto caracterizado por su singularidad y aparecieron términos como el de “diversidad cultural”. Y por último, cuando la idea de la dominación de una cultura sobre otra se manifestó en toda su crudeza, el objeto antropológico se vehiculó en torno a la noción de desigualdad, donde el otro cultural era producto de dicha desigualdad. Diferentes perspectivas de “lo otro”, algunas construidas, otras separadas, pero siempre diferentes, aunque no fue hasta mucho después que lo “otro” fue plenamente aceptado no como inferior, primitivo o atrasado, sino simplemente distinto.

Mi madre igualaba la “otredad” con lo “sovietico”. Los soviéticos eran los malos, lejanos y construidos, separados, desiguales. Tenían bombas atómicas, fábricas inmensas, granjas con nombres imposibles, siempre hacía frío y celebraban enormes desfiles militares que asustaban al más pintado. Los nuestros eran distintos. Amables, sonrientes, llenos de colores y sol, morenos y sanos, actores que viajaban a lejanos países para salvar a un solo hombre o mujer por deber, en defensa de unos valores universales y positivos. Los otros no, los otros simplemente nos detestaban. Cuando me madre me decía que “me estaba poniendo soviético”, personalizaba en mí toda una serie de elementos negativos, ajenos, desordenados. Tenía que volver a lo positivo, lo próximo y lo ordenado, en definitiva a la obediencia. ¡Qué cosas!

Lo que es realmente cierto es que mi generación asistió al final de una guerra evidente y enorme que duraba desde hacía más de cuarenta años. Una guerra que occidente ganó, y que desde entonces nos ha impuesto un modelo económico, cultural y político, un modelo al que algunos llaman globalización.

Ahora veo, leo, noticias e imágenes que, aunque parezca extraño, son consecuencia de aquella guerra ganada, y qué queréis que os diga, yo me estoy poniendo en plan soviético.

PS: Por si no os habéis enterado, ha parido la abuela, o sea, que hemos sido rescatados!!! Yupi!

Música!

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5 respuestas a Me estoy poniendo en plan soviético

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  2. Ignacio L. Moreno dijo:

    La verdad es que esa otredad funciona siempre como forma de cohesión interna de colectivo que la crea, como el “enemigo objetivo” del que hablaba Rosa Luxemburgo… yo a veces me pongo en plan soviético, y creo que la sociedad en general está tendiendo más hacia la desobediencia, en parte porque se ha caído la zanahoria que llevaban delante nuestra con un caña, y en parte porque algunos ya no queremos esa zanahoria.
    Ahora tenemos otras URSS, ya sea Al Qaeda, o los anti-sistemas, o el desempleo. El lenguaje de querra con continuas referencias a los sacrificios y los costes que tenemos que pagar para triunfar inundan los medios de comunicación. Tal vez haya que empezar a pensar que ser cívico es contraproducente…

  3. El Antropólogo Perplejo dijo:

    Sí, tienes toda la razón. Lo curioso, también, es que el “enemigo objetivo” es completamente relativo, o sea, heterocrónico y heterotópico, poniéndonos pseudointelectuales. Por ejemplo, en Cuba, donde desde hace décadas es USA.

    • Ignacio L. Moreno dijo:

      Claro, es una entelequia que cumple una función interna para otro colectivo. Es algo que ocurre hasta en el fútbol, y los esquemas son muy simples: deshumanización, hiperbolización, sadismos… http://youtu.be/51Be0QG_-Gw

      • El Antropólogo Perplejo dijo:

        Quizás un poco al modo communitas también no? Es decir, reforzando la identidad…

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