Cuando la señora Burocracia conoció al señor Mercado

Autor/a: M. O.

La señora Burocracia se dirijió al King Cole bar con la intención de degustar uno de los mejores Bloody Mary del mundo y, por qué no decirlo, encotrar ahí al señor Mercado. La Señora Burocracia era mayor que él, pero sabía que tenían algo en común.

– Hola guapo, ¿qué te trae por aquí?

– El señor Mercado apartó la vista del whisky de malta que se estaba tomando para contemplar la oronda belleza que le estaba interpelando.

– Hola, tu cara me resulta familiar.

– Claro, tus padres, los señores Usura, vinieron a inscribirte a mi oficina cuando eras un niño.

– ¡Oh!¡Si! recuerdo un generoso escote rodeado de papeles, ¿cómo te va la vida?

– ¡Muy bien! Conseguí mi objetivo y amplié mis sucursales a todos los barrios del mundo. Ahora los demandantes de empleo se han multiplicado y forman hemosas y largas colas en todas mis oficinas, algo que te tengo que agradecer.

– Agradécemelo con un Bloody Mary.

La señora Burocracia y el señor Mercado ocuparon una de las mesas redondas del King Cole, y pidieron sendos cócteles. Hablaron durante toda la tarde y estuvieron calculando sin parar. Las uñas largas y rojas de Burocracia no pararon de teclear una de esas calculadoras para miopes, y solo interrumpía su trabajo para lanzar alguna carcajadas a propósito de las bromas del señor Mercado.

– ¿En serio? ¿Se han creído todo eso de tu prima?

– ¡Si, si, la prima de riesgo los tiene como locos!

– ¡Jajajajaja! Oye, y a la señora esa alemana, ¿de dónde la has sacado?, en serio que da el pego, es como ver a una madre regañando a sus hijos díscolos: ¿Cómo? ¿Te has gastado toda la paga del domingo? ¡Si es solo lunes! ¡Malo, malo, malo!

– ¡Ya te digo! Al principio pensé que no colaría, pero en el fondo Freud tenía razón, estimulas algo no resuelto de su infancia y los tienes a todos cara a la pared!

– ¡Jajajajaja! ¡Buenísimo! ¿Y qué me dices de Francia? ¿Te cansaste del narizotas?

– ¡Oh! Bueno, el escenario tiene que ir cambiando, ya sabes, como en España tuvimos que poner al zezé, solo para que la gente se entretenga y extraiga conclusiones, nosotros mientras vamos recogiendo la sangre.

– ¿Y todo el rollo del 15M?

– ¡Bah! Los que pueden causar problemas están ya entre rejas, o los machacaremos la próxima, mientras hemos puesto a algunos tóxicos para que se cree mal rollo y haya muchos subgrupos, de momento están más que entretenidos en pelearse entre ellos. Y mientras tanto, ¡no joden!

– Muy listo, ¡si señor! Muy listo. ¡De tal palo, tal astilla!

– Y de los bancos malos, ¿qué me dices? ¡Hay que ser idiota para tragarse eso!

– Impresionante, en la radio hablan de ellos como si fuesen de verdad, te imaginas: ¿Podría usted abrirme una cuenta mala? ¡Claro, luego le daremos una hipoteca por la que pagará el doble de lo que vale su vivienda, es lo que aquí llamamos un dos por uno! ¡Es usted un hombre con suerte!

– Tenían razón tus padres, cuanto más gorda se la meten más tranquilos se quedan.

El señor Mercado recogió su maletín y encedió un puro al salir del bar, la señora Burocracia lo asió del brazo y anduvieron paseando, muy juntos, toda la noche.

Música,

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