Los muertos

Cuando yo era pequeño, cada tres meses la muerte llamaba a la puerta de mi casa. Esto puede parecer algo tétrico pero es la más pura realidad. En nuestro pequeño piso familiar de Sevilla, un tercero sin ascensor ni portero electrónico, a veces el tiembre sonaba y cuando uno se atrevía a preguntar: “Quien es?”, al otro lado de puerta respondían: “Los muertos”. Y así, 4 veces al año. Durante toda mi infancia lo ví como algo normal, natural, y no fue hasta pasados muchos años, ya en plena madurez, que no fui consciente de su total significado.

Llegados a este punto tengo que aclarar, para que no cunda el pánico, que no era la tétrica parca, sino el cobrador del seguro de defunción de Seguros Santa Lucía que tenía contratado mi madre para toda la familia. El buen hombre se pateaba el barrio entero, casa por casa, en busca del cobro puntual de los recibos y, a la vez y sin quererlo, nos recordaba lo efímero del paso del ser humano sobre la tierra.

Visto así puede parecer una escena de una película de Berlanga. Pero no. Afortunadamente el país y la sociedad han cambiado y estas escenas ya no se dan en nuestras ciudades y pueblos. Sin embargo, yo tengo la teoría de que la muerte sigue llamando a nuestras puertas, pero de una forma más sútil y afilada.

Precisamente estos días estamos asistiendo a un encendido debate en los medios de comunicación, con voceros de un tipo y otro, en torno a los recortes presupuestarios y las posibilidades del establecimiento de tasas, copagos o repagos, en aspectos tales como la sanidad o la educación. En lo referente al llamado copago sanitario, esto es, el hecho de volver a pagar (es necesario recordar aquí que ya pagamos por nuestra sanidad, mal llamada gratuita, en función de nuestros ingresos y a través de los impuestos) por acceder a un diagnóstico y asistencia médica o a una medicación adecuada, no está aun muy clara la cosa. Parece ser que algunas pruebas médicas o algunos tratamientos dejarán de ser sufragados en parte o en su totalidad por el Estado, o incluso que finalmente acabemos pagando por cada receta al acudir a las farmacias, a modo de impuesto a la enfermedad. Forma parte del debate, además, el hecho de dilucidar en qué medida o cómo rebajarán estas medidas el gasto o inversión sanitaria y nos conducirán hacía un futuro de garantía del sistema y de eficiencia sin par: ¿Déjara la gente de ir al médico?, ¿se gastarán las familias menos en medicinas? o ¿se dejarán de llenar, sin casos realmente urgentes, los servicios de urgencias de los Hospitales Públicos?. En definitiva, ¿es correcta una medida de este tipo para racionalizar el gasto sanitario y/o farmacéutico?, ¿saldremos todos/as beneficiados/as con una mejor y más eficiente sanidad pública?

Para contestar a este último punto, desde mi modesta opinión, hay que acudir a los clásicos, pero no a los filósofos griegos (pobres, si levantaran la cabeza), ni a los economístas clásicos, no. Me refiero a los clásicos de la novela negra o las historias de misterio. Agatha Christie, Poe, Conan Doyle, estos son los clásicos que necesitamos. Ellos, para responder a preguntas como las que tenemos sobre la mesa, llevaban a sus inquisitoriales protagonistas a preguntarse: ¿quién sale beneficiado de esta situacion, en su caso, de este crimen? Y ahí es donde está el quid de la cuestión.

¿Quién sale beneficiado del mal llamado copago? Nosotros/as? Pobres seres humanos sensibles a la enfermedad? ¡Pues no! los muertos, esto es, Santa Lucía y todas las compañías de seguros que ya (sí, hoy día 12 de abril mientras estoy escribiendo el presente post) están ofreciendo un seguro contra el copago. Así, sin ambages, sin medias tintas ni ocultarse. ¿Quiere ud. evitar el copago? ¡Contrate un seguro con nosotros! Y punto. Porque queridos/as todo/as serán las compañías de seguros, y por tanto los bancos, los que verdaderamente saldrán beneficiados del sistema de copago, sí. Tendremos que contratar una maravillosa póliza para evitarnos tener que sacar la tarjeta cuando acudamos al médico. Sep!

¿Les suena eso de que los que provocaron la crisis más grande y dura de los últimos 50 años están imponiendo las condiciones para salir de ella? Pues es cierto, los muertos vuelven a llamar a nuestras puertas.

Música!

PS: Eramos pocos y parió la abuela: “El FMI pide bajar pensiones por “el riesgo de que la gente viva más de lo esperado

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