La solidaridad con Países Emergentes: El caso de la India

Hay algunas frases muy manidas pero que están cargadas de razón. Por ejemplo, decir que la India es un país de contrastes es un enorme tópico, pero también una gran verdad. La India, más que un país es un subcontinente (otro tópico) con una historia y una cultura diferente, muy alejada de los cánones europeos. Aunque actualmente es harto conocida, la difusión de sus tradiciones, música, espiritualidad y gentes, algo que comenzó con la cultura pop de los años 60, alcanzó su máximo nivel después de su “apertura” al mundo a partir de la caída del Muro de Berlín.

Además, la India es un país de contrastes no sólo por sus manifestaciones culturales, sino también por el hecho de que pese a ser la duodécima economía mundial, su renta per cápita es solo de poco más de mil dólares y su Índice de Desarrollo Humano (IDH) de 0,547, lo que la sitúa en el puesto 154 de un total de 169 países.

La India es un país de los llamados emergentes, aquellos que en los últimos años han alcanzado grandes cotas de crecimiento económico, más de un 7,5% de incremento del PIB/año, y se sitúa junto a China, Brasil, Rusia y Sudáfrica (BRICS) dentro de los nuevos actores internacionales con capacidad de influencia e intervención.

Sin embargo, siguiendo los datos del Banco Mundial, el porcentaje de personas que viven con menos de 1,25 dólares al día es, todavía, del 42% (según datos de 2005), lo que sobre una población de más de mil millones, supone más de 400 millones de personas que persiguen “sobrevivir”, más que vivir cada día. Otros datos son: Esperanza de vida al nacer 65 años, tasa de alfabetización de adultos 63% o tasa de mortalidad infantil 62,7 por mil.

La India es un país con un fuerte carácter nacionalista, algo que se entiende perfectamente después de los varios siglos de colonización británica. Esta particularidad les ha llevado a rechazar la colaboración y la cooperación internacional en numerosas ocasiones, entendiendo esta cooperación como aquella que llevan a cabo las instituciones internacionales o los países de forma directa, llegando a calificar estos acercamientos como “intervencionistas”. Sin embargo, la India no ha rechazado nunca la ayuda de la sociedad civil de otros países, es decir, la intervención de las Organizaciones No Gubernamentales de Desarrollo (ONGD). Muchas de estas ONGD han estado  realizando proyectos de desarrollo en su territorio desde hace décadas y son casos muy conocidos los de Ayuda en Acción o la Fundación Vicente Ferrer. Sin embargo, las diferentes Agencias y Administraciones Públicas españolas no consideran a la India como un país prioritario a la hora aportar ayudas a las actividades que las organizaciones españolas llevan a cabo en el país. Las prioridades geográficas de, por ejemplo, la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo (AECID), no contemplan al subcontinente indio. Pese a esto, el apoyo sigue siendo necesario por diferentes razones.

La India solo recauda vía impuestos el 13% de su PIB, y tiene una población enorme que atender. Se podrá alegar que este Estado mantiene un elevado gasto militar, más del 2,5% sobre el PIB, lo que casi duplica las inversiones en partidas similares de otros países como España. Pero también es cierto que la India jugó un papel fundamental, como país no alineado, durante la Guerra Fría en el continente asiático. Dicho papel conllevó, además de su tradicional enemistad con Pakistán, un esfuerzo de gasto enorme en una contienda que le era completamente ajena. Por otro lado, la crítica a las prioridades de su Gobierno, en sus diferentes niveles, no debe ser excusa para eliminar o limitar el apoyo que diferentes sectores de la sociedad india necesitan. Es obvio que, sobre todo en época de crisis económica y falta de recursos públicos, es necesario priorizar la atención y soporte que reciben determinadas áreas geográficas, sin embargo, llevar a cabo delimitaciones por países, y sobre todo con países tan enormes como la India, es un recurso fácil y discriminatorio a la hora seleccionar esta las intervenciones, cuando podría llevarse a cabo en base a contextos (rural/urbano), género, sectores u otros elementos.

En definitiva,

–          La India es un país rico bajo ciertos indicadores que, como el PIB, muestran cifras absolutas, pero que ocultan realidades como los altos índices de pobreza (42%) o mortalidad infantil (62,7 por mil)

–          Se trata de un país que arrastra una historia de explotación colonial, así como pieza clave en conflictos ajenos (Guerra Fría) que todavía se deja notar en nuestros días en las prioridades de su gasto público.

–          Los criterios de selección de zonas geográficas de intervención de la Ayuda Pública Internacional son, a menudo, discriminatorios.

–          La solidaridad internacional no puede verse limitada por las fronteras o las medidas políticas locales, la justicia social no entiende de países, solo de pobreza.

Por todo lo anterior, la cooperación y la solidaridad con países como la India sigue siendo fundamental, y el papel que juegan numerosas ONGD debe seguir siendo apoyado y respetado, incluso en contextos de dificultad económica y crisis como en el que estamos inmersos.

Música,

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3 respuestas a La solidaridad con Países Emergentes: El caso de la India

  1. Gracias Pepita, lo leeré con interés! Ah, y en respuesta a tu “?” quería decir, a través del Google Traslator, “Despedida!!” ;)

  2. karen denis dijo:

    Jaja que feooo hacer la tarea

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