El poder de la música

Durante los primeros meses después de trasladarme a Catalunya, tuve que enfrentarme a aspectos y costumbres muy distintos y llamativos a mi propia cultura andaluza. Cuestiones tales como el idioma, el trabajo, la gatronomía o incluso el concepto mismo del tiempo libre, me han sorprendido y me han hecho conocer, a su vez, perspectivas muy distintas a las que estaba acostumbrado. Una de las cuestiones más llamativas para mí ha sido la música. Lejos de querer caer en tópicos regionalistas absurdos, para un sevillano y andaluz como yo envuelto en música desde mi más tierna infancia, la forma en que ésta se vive a mi alrededor me ha sorprendido enormemente. Y no me refiero sólo a los instrumentos (aunque Dios mío, quien inventaría la gralla!?), sonidos o tonadas tan distintas, o al hecho manifiesto de que la música tradicional catalana sea mas instrumental que vocal, sino a la misma relación vital con la música que tienen los catalanes, a su intencionalidad o a la consideración tan dispar a la habitual en mi tierra. Esto me ha hecho reflexionar sobre la propia música como elemento cultural y por esto el presente post.

Los navajos, los aborígenes norteamericanos que conforman la nación más numerosa, con una población total de 298.000 personas y viven en el Suroeste de Estados Unidos repartidos por los estados de Arizona, Nuevo México, Utah y Colorado, tienen un profundo amor por la música y la danza. Son, además, un ejemplo magnífico para mostrar las profundas raigambres culturales que tiene la música en todas sus expresiones. En occidente, sobre todo desde la popularización de la música americana en la segunda mitad del siglo XX, las consideraciones en torno a la música son más bien estéticas. Los criterios de evaluación se enfocan sobre las canciones, como elementos individuales, donde no se considera tanto el sentido de la misma como si es atractiva, bailable, rítmica o transmite sentimientos. Sin embargo, los indios navajos mantienen una visión bastante distante de la música como elemento estético. Su cultura evalúa la música desde un punto de vista funcional, es decir, si sirve para los propósitos que es producida o no. Si atrae la lluvia, si hace crecer las cosechas o proporciona un buen año de caza. En este sentido se dice que la música, las canciones, no son bonitas o feas, sino si son poderosas o no. Otras culturas también mantienen distintas perspectivas sobre la música y los antropólogos estudian esta materia como Etnomusicología, a la que podríamos definir como aquella rama de la antropología que implica combinar la etnología con la musicología, es decir, enfatizar la música por sí misma y referirla a su función social, sin dejar de considerarla parte de la cultura humana.

Así que ahora cuando escucho sardanas o no entiendo por qué no los catalanes/as no pueden tocar las palmas a ritmo, y aunque sigo preguntándome quién inventaría la gralla, simplemente constato como, a tan solo mil kilómentros de mi casa, otra cultura vive la música de forma diferente.

Así que, ahí vamos.

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6 respuestas a El poder de la música

  1. Pingback: El poder de la música

  2. Anónimo dijo:

    Niño! Me he quedado a medias….explica un poco mas lo de la música en Cataluña, que me parece muy interesante (lease sin ningún tipo de ironía) ¿segunda parte del mismo post?

    • Uy! Eso daría para mucho más. Tampoco intentaba mostrar más que lo que ya he escrito. Es decir, trasladar que la música forma parte y es cultura a la vez y que distintas sociedades y/o comunidades la viven de forma distinta. De ahí el ejemplo de los Navajos. Si quieres indagar más en el tema, pincha en el enlace de las Sardanas, donde se hay un estudio no muy largo sobre este tipo de música y su vinculación con la cuestión “nacional” catalana. Aquí te lo pongo en castellano, que lo acabo de encontrar también: http://www.funjdiaz.net/folklore/07ficha.cfm?id=513 Ahora eso sí, si hay demanda, escribo la segunda parte! bs

  3. Anónimo dijo:

    Que soy Bienve, que ha salido anónimo

  4. Helena Madox dijo:

    Lo que más me gusta de tu reflexión, más que la cuestión etnográfica, es el respeto y la seriedad con la que tratas la cultura catalana. Los que somos de aquí, de Catalunya, pero no queremos sentirnos ajenos al mundo (ni mucho menos a España) nos gusta que la gente sepa distinguir lo verdaderamente catalán del barullo del politiqueo barato que, lamentablemente, a otros les interesa más. Un saludo.

    Por cierto, pienso poner un enlace desde mi blog, si no tienes inconveniente. Creo que tenemos algunas cosas en común.

  5. Hola Helena,

    Pues muchas gracias por tus comentarios. La verdad es que otros que he recibido no son tan positivos, ni parece que coicidan contigo en el trato que doy a la cultura catalana. Por supuesto que puedes añadir el link. Gracias de nuevo y un saludo.

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