En defensa de la cooperación

La semana pasada cené con una amiga que trabaja en una ONGD muy conocida en nuestro país. Como siempre que nos juntamos, la conversación giró en gran medida sobre nuestras respectivas experiencias en el campo de la cooperación, además de recordar antiguas vivencias y experiencias comunes como corresponde a dos personas que se conocen desde hace tiempo, pero se ven en contadas ocasiones. Me contaba mi amiga como, recientemente, había sido testigo de un proyecto “fallido” llevado a cabo por su organización en una ciudad costera del África Subsahariana. La ONGD no sólo había trasladado una experiencia que una agencia multilateral había desarrollado en otro país africano, directamente y sin evaluar, sino que además se trataba de un proyecto con tecnologías muy avanzadas, extrañas para la zona en cuestión. Ésto imposibilitaba su correcta gestión y mantenimiento, algo que había llevado al evidente fracaso del mismo una vez se retiró la ayuda de la organización. Ambos nos maravillábamos de que todavía se cometieran y repitieran los mismos errores del pasado.

Viene esto al caso porque hace unos días cogí de la biblioteca de mi barrio el polémico libro de Gustau Nerín “Blanc bo busca negre pobre”, con el que el autor, con experiencia como cooperante además de antropólogo, ha levantado ampollas con sus críticas a las ONGD que trabajan en África y otras partes del mundo. Nerín pretende relatar con ironía los abusos que, según él, comete Europa así como la inutilidad de la ayuda y soporte que desde aquí damos al desarrollo del continente africano. Vaya por delante que el libro está lleno de mala leche, obviedades, cierto revanchismo, algo que no deja de ser paradójico en alguien que ha trabajado y vivido de la cooperación, amén de que el autor eleva las anécdotas a la categoría de generalidad. Sin embargo, aunque resulta interesante desde el punto de vista de alguien que trabaja en el mundo de la cooperación al desarrollo, creo que puede llegar a ser algo “perverso” para todos/as aquellos/as ajenos a la cuestión. Va por ellos este nuevo post.

Es verdad que todavía se cometen errores en los proyectos que llevan a cabo las ONGD, lo reconozco. En mi propia experiencia me he encontrado ante este tipo de situaciones. Recuerdo hablar con un grupo de personas, técnicos y técnicas en cooperación, sobre la sostenibilidad de un proyecto con placas solares en zonas rurales de la India donde se confundía la sostenibilidad ambiental de la intervención, con la tecnológica y temporal. Y también es verdad que ninguna intervención llevada a cabo por ONGD alguna sustituye al papel que deberían tener los Estados, del Norte y del Sur, a través de acuerdos internacionales, en la búsqueda de soluciones justas a aspectos tales como el comercio internacional, el acceso a la financiación o la simple libertad para elegir sus propias políticas de desarrollo.

Es verdad que, en este sentido, se ha logrado mucho en un país como el nuestro, tradicionalmente receptor de ayuda. Se ha avanzado bastante en la lucha contra la pobreza a nivel micro en proyectos concretos de actuaciones en comunidades que han visto cómo su vida mejoraba sensiblemente mediante su colaboración con ONGD del Norte. Además, se ha progresado mucho desde el punto de vista académico y universitario en el estudio de soluciones “posibles“, de tecnologías adecuadas y han aparecido nuevas corrientes de pensamiento económico y social que apuestan por una nueva forma de ver y trabajar en la cooperación. Y, por último pero no menos importante, se ha trabajado en la sensibilización de las sociedades del Norte, intentando rebatir parámetros de excesos consumistas. Sin duda hemos dado pasos, aunque todavía queda mucho camino.

Por ello, y pese al pesimismo latente en esta sociedad occidental y posmoderna de principios siglo, sigo creyendo en la actuación de las ONGD, las cuales no dejan de ser sociedad civil organizada en lucha por la consecución de unos objetivos tan dignos y respetables como mejora de la vida de las personas.

Música maestro!

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5 respuestas a En defensa de la cooperación

  1. Pingback: En defensa de la cooperación

  2. Muy interesante esta reflexión, pero, aun creyendo en este trabajo de ONGDs, me asaltan preguntas: quien supervisa estas acciones que no son mas que una perdida de recursos, humanos, materiales y energéticos? Cómo se puede avanzar sin una evaluación crítica y sincera de li ya hecho? No crees que en esa perversión e ignorancia pueden ocultaras intereses para que ciertos proyectos ocurran y fracasen, para evitar así que se retomen, que se hagan?, y finalmente, qué podemos hacer, los ciudadanos de a pie, que sí creemos en el trabajo voluntario y que apostamos por estas organizaciones, para que errores de peso no se repitan? Un abrazo!

  3. Por qué son una perdida de recursos?Quizás haya una falta de coordinación y, sobre todo, de articulación de las acciones, pero no tiene que haber una perdida de recursos siempre. La idea original es que sería la sociedad civil organizada la que decidía y apoyaba las actuaciones. Son a ellos a los que había que rendir cuentas. Al entrar los fondos públicos en juego, se trata de la ciudadanía en general. Somos nosotros/as/ellos/as los que tenemos que pedir cuentas y denunciar. Ahora bien, nos tomamos esa molestia, no solo en esto, sino en muchas mas cuestiones? Es cierto que hay secretismo en las evaluaciones, no solo en las ONGD sino también en las actividades de las agencias gubernamentales. De nuevo dirijo mis quejas a nosotros/as mismos/as, cuando se trata de políticas públicas, y a los socios/as cuando se trata de organizaciones privadas. La cuestión aquí es huir de las “generalizaciones” excesivas que tanto daño hacen. Por ejemplo ahora se está hablando de la ONG de Urdangarín… por favor..!! Un beso para tí!

  4. Lis dijo:

    No es un secreto para nadie que ha habido algunas organizaciones que se han lucrado a costa del bolsillo inocente de muchos, y es que en cooperación, como en cualquier sector hay personas y malas bestias. Ahora bien, ¿ha habido algún donante que se haya arruinado por haber donado una cantidad a una ongd con ánimo del lucro? Vamos! Lo que hay aquí es mucho lector de Gustau Nerín que con sumo gusto retira una mínima colaboración y respira aliviado. Y es que no se trata de donar (maldito verbo que implica a quien tiene y a quien no tiene), se trata de darse cuenta de hasta donde te la meten, y quienes te la meten no son las ongd, son todas las multinacionales, los bancos, el casero, el del supermercado. Vivimos agachaditos ante todo ello. Dejando que nos la metan bien, y sin exigirle cuentas a nadie,¿ o va alguien y se queja a la farmacéutica que le vende litro y medio (y se lo cobra) de jarabe cuando necesita siete cucharadas? Avergoncémonos de no saber mirar a la cara a quien nos usurpa la vivienda, nos roba la comida con precios privativos, en lugar de generalizar los errores que se cometen, como en todos lados, en cooperación.

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