Donde hay patrón no hay perspectiva de género

Durante mi larga experiencia en el maravilloso mundo del desarrollo rural, tuve la oportunidad de diseñar e implementar numerosos proyectos sobre perspectiva de género, así como trabajar sobre temas de género vinculado a procesos de desarrollo participativo. Y digo la “oportunidad” como sinónimo de coyuntura o conveniencia de tiempo y lugar, es decir, que pudieron pero que no necesariamente tuvieron que llevarse a cabo. Siempre que teníamos la posibilidad de trabajar este aspecto, las llamadas instancias superiores, osease mi jefe de aquel entonces, planteaba su particular punto de vista sobre el tema. Trataré de plasmar aquí una breve conversación sobre esta cuestión con este individuo pare reflejar mejor el caso:

– Técnicos/as: Tenemos la oportunidad de diseñar para este año un proyecto sobre género. Quizás fuera interesante basarlo en introducir un enfoque de género en los procesos de toma de decisiones dentro de nuestro organismo, algo que actualmente no se produce.

– Jefe: Umhmh…. mejor llevamos las mujeres de excursión al Parque de Doñana que es lo que les gusta (sic!)

Y ahí se acababa el tema, porque como sabiamente dice el refrán, donde hay patrón no manda marinero.

Quiero recuperar aquí esta anécdota para tratar de aclarar que no es lo mismo trabajar con mujeres que trabajar el concepto de género, vamos que no es lo mismo el sexo que el género.

Según la antropóloga feminista Gayle Rubin, el concepto de género surge en los años 70 del pasado siglo para tratar de explicar la desventaja social de las mujeres como colectivo. En este caso el género ayuda a entender como la histórica opresión de las mujeres se ha justificado detrás de argumentos que señalaban principalmente un determinado carácter natural ocultando la construcción cultural de una diferencia biológica. Lo central aquí es que, cuando se marcan las diferencias sexuales dentro de la sociedad, éstas se presentan en clave de inferioridad femenina y superioridad masculina. La Teoría de Género, sin embargo, distingue entre lo biológico y los elementos culturales. Para hacer referencia al primer elemento se hace uso del término sexo, mientras que pasamos a llamarlo género cuando se lleva a cabo una distinta valoración sobre las capacidades y comportamientos de hombres y mujeres a través de estas diferencias biológicas y se estiman, de manera desigual, ciertas capacidades asociadas a un determinado sexo. Las diferencias biológicas son universales y, por contra, el género es una construcción social que puede transformarse y variar de un contexto a otro, marcado por procesos de socialización diferenciados.

Dicho esto, no es lo mismo trabajar “con mujeres”, sexo femenino, que trabajar “el género”, con todos los aspectos sociales y culturales que este término lleva asociado. Trabajar la perspectiva de género no es llevar a las mujeres de excursión, ni permitir que se denomine como “Revistas Femeninas” a aquellas publicaciones ligadas a productos de belleza o noticias frívolas, sino desarrollar todas aquellas acciones que permitan transformar los roles tradicionalmente asignados a la mujer, los papeles y las expectativas que tratan de imponerse dando lugar a modos diferenciados de como ser, sentir o actuar.

Lamentablemente, durante mi prolongada experiencia laboral junto a mi jefe, él nunca llegó a entender ésto y, aun hoy en día, seguirá pensando que el género es un tipo de paño, y las mujeres están mejor de excursión en el Coto de Doñana.

Menos mal que nos queda la música.

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7 respuestas a Donde hay patrón no hay perspectiva de género

  1. Pingback: Donde hay patrón no hay perspectiva de género

  2. Anónimo dijo:

    i like it!

  3. pmanrique27 dijo:

    Una auténtica pena que estos patrones sigan trabajando en desarrollo… Bueno, en realidad, más bien una auténtica vergüenza. Un poquito de formación, please…

  4. mv dijo:

    Y lo que no te dijo porque eres hombre, si vieras las que oímos las mujeres ;)

  5. Pingback: Donde no hay patrón no hay, tampoco, ruralidad | El Antropólogo Perplejo

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