Comencemos por la Antropología Urbana

Todo el mundo tiene en su familia una oveja negra, un “bala perdida”. En mi caso era un tío materno. Mi tío el “bala” se caracterizaba por llevar una vida ligera, consistente ésta en no tener un trabajo fijo ni ingresos, vivir en casa de mi abuela hasta pasados los 30 o cambiar frecuentemente de pareja. Hasta aquí parece un retrato tipo de la juventud andaluza y española actual, pero no, de ésto que hablo hace ya más de 20 años! Sin embargo, estas cualidades no eran el principal atractivo de mi tío, para nada, su principal atractivo consistía en que era un frecuente visitante de… la Alameda.

Para el que no la conozca, la Alameda es un barrio sevillano que, aparte de poner nombre a un conocido grupo de música de los 70s, podría homologarse al Raval de Barcelona, el Carme en Valencia y otros tantos sitios conocidos como Barrios Chinos por actividades tales como prostitución o menudeo de drogas, todo aderezado con profusión de infraviviendas, falta de higiene en las calles y otras lindezas similares. Junto a esto siempre existieron patios de vecinos, bares y colmaos, verdaderos centros de cultura popular, redes sociales potentes (pre-2.0) tejidas a lo largo de años por los vecinos y vecinas del lugar. Sin embargo, de esto también hace más de 20 años!

La Alameda hoy es un barrio “gentrificado”, entendiendo este concepto como aquel proceso de transformación urbana en el que la población original de un sector o barrio deteriorado y paupérrimo es progresivamente desplazada por otra de un mayor nivel adquisitivo a la vez que se renueva. Lo digo porque lo he comprobado con mis propios ojos este fin de semana. Afortunadamente ya no hay ni casi menudeo ni prostitutas, aunque sí muchos restaurantes de diseño, bares modernos de distinto pelaje e incluso atracciones infantiles para los más pequeños. Vamos, que a la vez que rebajaban el nivel del suelo para reurbanizar todo con adoquines dorados, subían de forma alarmante los precios de viviendas y alquileres. Ni mi tío reconocería el barrio. Además, este fenómeno parece llevarse a cabo, no solo con la venia de las Administraciones Públicas, sino también con su impulso. Menos mal que hay gente, colectivos y asociaciones, que luchan desde hace tiempo por reivindicar otra forma de ciudad, en definitiva, otra forma de relacionarnos, como el Centro Vecinal Ocupado “El Pumarejo”.

Ánimo a los compañeros de El Pumarejo y, también, a los que pagan altos alquileres por vivir en el centro y ser modernos. Para ellos:

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